martes, abril 26, 2011

Los despojos de los sueños


En este preciso instante todo se desprende, se desvanece, se evapora.
Me encuentro escribiendo en la soledad de la noche, esclava de mí misma, destrozada por pasiones prohibidas, de ilusiones olvidadas al ritmo del minuto que pasa demasiado rápido, de esperanzas descafeinadas, de añoranzas cargadas de desolación y tristeza, rota por las alegrías que me negaron, cautivada por los deseos incumplidos, desgarrada por las grietas en la piel que aún sigue soñando su cama. Aquí sigo, esperando un nuevo mañana esperando otro día sin color, ahíto de ojeras que describen la última noche, colmado de ausencias extrañas y de distancias mayores, cargado de un dolor que marchita lo que hasta hace unos días fue mi alma.
Perezco lentamente en mi interior. Muero cada día varias veces, para renacer ante un dolor que se acrecienta con el paso de las horas. Me he sumido en los escombros de las ruinas de lo que persiste de todo aquello que antes era una vida que ni siquiera en sueños existió.
Es un delirio de susurros y lamentos, de un quizás de amor, de la tempestad por anhelar lo no vivido, por vivir lo soñado, por soñar lo que no está escrito, mientras esperaba una palabra de sus labios sellados.
Cada noche sin él es una nueva grieta en la piel.

Yo nunca pedí despertar a su lado, me conformaba con soñar abrazada a él.

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