Antes tengo que contar que no le he visto. O no le he visto tan cerca como quisiera. Por circunstancias de la vida, me encontraba sentada en una terraza con mi padre cuando él ha pasado con el coche justo al lado, pero no me ha dado tiempo más que a levantar la vista para reconocer su coche. He sonreído, sé que he sonreído. Pero ha sido todo tan fugaz que ni siquiera he podido retenerlo en la retina.
Seguro que estaba guapísimo.
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