
Empecé a leerme este libro hace ya unas semanas. No suelen durarme en las manos los libros tanto tiempo, pero éste se me ha hecho muy cuesta arriba. Y no es cosa del autor, ya que Mario Vargas Llosa es un magnífico narrador (no en vano recibió el Premio Nobel de Literatura el año pasado).
El argumento se me ha hecho muy pesado, aunque trata sobre un personaje que existió realmente. Sin embargo, las crueldades y los momentos de sexualidad (o mejor dicho, homosexualidad) eran difíciles de digerir, tanto que estuve a punto de dejarlo. Al final, me obligué a terminarlo, porque no consideraba de recibo dejar un libro del último Premio Nobel a medias.
La primera parte del libro se me ha hecho muy pesada, mientras que de la mitad para adelante me ha parecido mucho más amena. El libro trata de un personaje que, en su época, fue degradado hasta límites insospechados, pero su figura emerge de nuevo ensalzada a mitad del siglo XX. Ese personaje es Roger Casement, el celta que tenía un sueño: ver a su pueblo (Eire – Irlanda) independizado de la Corona Británica, sueño que nunca llegó a ver hecho realidad, aunque sentó las bases, junto a otros nacionalistas de su tiempo, para el movimiento armado que vapulearía las islas británicas durante todo el siglo XX, el IRA, y que afortunadamente hoy en día ha depuesto las armas y son representados en el Parlamento inglés por el Sinn Fein.
Lo sorprendente de este personaje es que fue ejecutado por la Corona inglesa, la misma para la que había trabajado durante la mayor parte de su vida, ya que fue cónsul británico en el Congo belga y en la Amazonía. Sus informes suscitaron polémicas de toda índole, pero nos muestran a un acérrimo defensor de los derechos humanos. Pero sus ideas nacionalistas, que le llevarían a rechazar el trabajo de cónsul en Brasil, se volvieron contra él.

Roger Casement
Roger Casement era muy joven cuando comenzó a trabajar en una compañía naviera inglesa. Siempre miraba el mar, deseando conocer aquellos países del África colonial de los que le contaban tantas historias. Un día le llegó su oportunidad y se enroló en un barco como cónsul británico para investigar los trabajos forzados de los indígenas en el Congo belga. Roger denunció las prácticas coloniales en la que los indígenas eran tratados como animales o como salvajes, sin derecho a remuneración alguna. La visión soñadora y exótica que tuviera Roger antes de comenzar el viaje se vio truncada por los malos tratos que él describió en su informe sobre el Congo, y que el Foreign Office haría llegar al monarca belga, Leopoldo II.
Convertido en un personaje célebre, gracias a su informe sobre el Congo, Roger no paró mucho tiempo en Londres, ya que fue enviado a investigar a la empresa inglesa cauchera de Julio César Arana, la Peruvian Amazon Company, sita en el Putumayo peruano.
Roger Casement, acompañado de una comisión, estuvo a punto de perder la vida allí, debido a las intrigas de los principales responsables de la compañía de caucho, incluso intentaron sobornarle para que no denunciara las correrías, por las que los indígenas peruanos eran apresados y obligados a recolectar el caucho. Muchos meses después, cuando su informe fue presentado en el Foreign Office, y luego hecho público, la Peruvian Amazon Company comenzaría a decaer, al no encontrar apoyos financieros de ninguna entidad bancaria.
Vuelve Roger Casement a Inglaterra, donde le pretenden entregar una medalla que él rechaza. Llevaba esbozando durante años la idea de las semejanzas entre el Congo ocupado por colonialistas extranjeros y el Putumayo también ocupado con la Irlanda esclava de la Corona Británica. Él consideraba que los irlandeses (del Norte) también habían de buscar su independencia de las fauces inglesas, ya que comienza a madurar la idea de que los ingleses son otro tipo de colonizadores, más sutiles e hipócritas, pero colonizadores de todas formas.
Se alía a todos los movimientos pro irlandeses, y su nacionalismo radical le llevará a perder algunos buenos amigos que rechazan sus ideas, así como su alineación junto a la Alemania de Bismack, a punto de entrar en guerra. Cuando Casement pide armas a los alemanes, pues considera que es un buen momento para rebelarse contra Inglaterra, al llegar a la costa irlandesa es apresado y enviado a Pentonville Prison.
Mientras que está en la cárcel, son numerosas las peticiones de clemencia, que no tuvieron éxito, pero también fueron encontrados sus diarios, en los que se profesaba una homosexualidad exorbitante. Los periódicos ingleses subrayaron esta vocación sexual para hundirle, sobre todo porque sería rechazado, de plano, por la religión cristiana irlandesa, que no vería con buenos ojos las inclinaciones sexuales de Casement.
Roger fue ejecutado, mediante la horca, el 3 de agosto de 1916.
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