A las once menos cuarto ya debería haberme vestido y maquillado. Y aún me queda hacer todo. Tengo ganas de ver a un ángel, de mirarle a los ojos, de sentir que el mundo es perfecto siempre que está él.
Hoy no puedo volver a casa sin haberle susurrado que está cada día más guapo. Aunque seguro que al final se me olvida.
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