viernes, abril 08, 2011

Lo que ya no existe


Esta tarde estaba cerrando los ojos cuando he escuchado los cencerros. Mi mente los ha relacionado con vacas. Era como si de repente me hubiera trasladado a la infancia. Porque ya nadie tiene vacas en mi pueblo, por tanto no podían ser vacas. Cuando era una niña sí que había, las paseaban por las calles y era algo espectacular. Claro que los tiempos cambian. Los que tenían vacas vendían leche, y cuántas veces iba con la cántara de leche, que luego en cada casa llevaba todo un proceso de pasteurización manual que ahora ya no existe. Recuerdo que la leche se calentaba a temperaturas muy elevadas para eliminar los gérmenes. Ahora es relativamente más sencillo ir al supermercado y coger los tetrabrick.
Los cencerros que se escuchaban debían ser de las cabras que acompañan a uno de los dos rebaños de ovejas que aún hay en mi pueblo. Supongo que el oficio de pastor también es algo que tiende a desaparecer con la modernización.
Otra de las cosas que recuerdo de la infancia es el sonido de los pitos y gaitas que acompañaban a los circos itinerantes que recorrían todos los pueblos de la zona, que montaban una diminuta carpa en el campo de fútbol de la escuela y, pese a que no tenían animales peligrosos, nos deleitaban durante unas horas con sus saltos y sus trapecios. Ahora, para ver un circo, debemos desplazarnos a una gran ciudad. Es normal que ya no deambulen de pueblo en pueblo, pues al menos en mi pueblo casi no hay niños.
Me gustaría compartirlo con alguien muy especial. Aunque le preguntaría primero: ¿Qué recuerdas de tu infancia que haya desaparecido en la actualidad?

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