domingo, abril 24, 2011

La noche en que empiezas a morir

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Después de varios días de fiesta, hoy llega el merecido descanso. En realidad, tengo ganas de salir hoy también, y además ha dejado de llover.
Anoche, o esta mañana cuando volvíamos, tuve una conversación con un amigo. Primero estábamos pendientes por si había control de alcoholemia (debieron ponerse sobre las tres, pero nosotros cogimos el coche varias horas más tarde). Fui en primer lugar, guiando a la comitiva que venía después. Quizás porque sólo me tomé dos cervezas, quizás porque estaba como si no hubiera tomado nada. En realidad estaba pero era como si no estuviera. No sabría explicarlo. Mi mente estaba muy muy lejos de la lluvia, de la carretera, del último cigarro en la plaza. Sentía una indescriptible tristeza, un vacío insólito, imposible de llenar con nada. Y recordaba su mirada antes de dar la espalda. Sólo recordaba esa mirada. Y el recuerdo de esos ojos me dolía.
La noche dio paso al día y el día ha pasado sin hacer ruido. No tenía ganas de escribir. Mi mente sigue en otro lugar, muy lejos de aquí. Recuerdo haber pasado una hora en un bar, de cinco a seis, y no recuerdo las conversaciones ni los rostros ni la música de fondo. Sin duda alguna, ya me había evadido. Me hubiera dado igual estar allí que estar durmiendo.
Tengo miedo a la noche. Tengo miedo a que lleguen los fantasmas de la noche y me envuelvan en una nube de dolor.
Una vez vi una película donde a alguien le habían borrado todos los recuerdos. Era Ben Affleck y la película era Paycheck. Estaba pensando que algo así podría haberme ocurrido hoy a mí, porque todos esos recuerdos, esbozados en una sublime belleza, que antes me hacían sonreír, hoy hacen daño. Aunque no estoy tan segura de querer borrar esos recuerdos.

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