domingo, abril 17, 2011

Bilbao: El fin de semana a grandes rasgos

Parque del Arenal, Bilbao

Hacía muchos meses que llevábamos preparando este fin de semana. El 4 de junio y el 13 de agosto se casan dos amigas, así que decidimos preparar las despedidas en todo un fin de semana. Entre varias posibilidades, optamos por este y entre Valladolid y Bilbao, elegimos esta última ciudad.
En Bilbao hemos estado casi todas con anterioridad. Al menos yo he visitado dos veces el Guggenheim y la Gran Vía (incluído el Corte Inglés que se ubica en esta calle). No es una ciudad que me emocione, ya que la veo un tanto gris. En mi mente, siempre veía Bilbao como una ciudad metida en un agujero entre montañas y con una nube de polución a modo de tapadera. No es fruto de mi imaginación el hecho de que mi imagen de Bilbao sea esa, ya que la primera vez que visité la ciudad, con doce o trece años, fuimos al parque de atracciones, que lleva varios años cerrado. Entonces, el parque de atracciones se ubicaba en lo alto de uno de los montes que rodean Bilbao, el día de la excursión amaneció gris y desde allí arriba sólo se apreciaban las nubes grises, aunque sabíamos que la ciudad estaba debajo.
Después ya he entrado en la ciudad, las dos veces anteriores para ver el Guggenheim. El museo me atraía como un imán, aunque reconozco que lo que más me gusta es la estructura exterior, ya que el contenido no merece mucho la pena. Lo cierto es que nunca me canso de mirar al Guggenheim desde fuera.
Lo que no conocía de Bilbao era el ambiente nocturno. Debo decir que la noche bilbaína también deja mucho que desear. Y así se lo dije a algunos vasquitos, que se picaban… Pero la fiesta allí fue decepcionante. Entramos en dos bares/pubs. Y con esto creo que lo digo todo.
Entrábamos en la ciudad a las dos de la tarde del sábado por una zona un tanto peculiar. Tanto que cerramos las ventanillas y echamos los seguros, porque nos acojonamos con la gente que pasaba al lado del coche, por estrechas callejuelas en pendiente. Es la zona de San Francisco, más concretamente la calle de Las Cortes. Desaconsejable, pues era como un barrio chino dejado de la mano de Dios.
Calle Santa María, Casco Viejo de Bilbao

Entonces cruzamos la ría, en dirección al Casco Viejo. Teníamos la pensión en la zona de Siete Calles, en pleno corazón de la ciudad. Caminábamos con las maletas cuando todo el mundo estaba de tapeo. Y nosotras dormiríamos allí.

Pinchos típicos en un bar del Casco Viejo

Optamos por dejar las maletas y bajar a la calle, donde el ambiente era el más deseable. Eran las tres cuando íbamos de pinchos por Siete Calles.
Esto es inmejorable, pues ya se sabe que en el País Vasco se come bien y los pinchos estaban riquísimos. La zona de tapeo cierra a las cuatro, así que en aquella hora estuvimos recorriendo los bares poco a poco hasta que nos encontramos ahítas y optamos por tomar el café.

Puente del Arenal y tranvía

Tomamos el café en una cafetería en el Arenal, un enorme paseo que hay junto a la ría. Estaba lleno de gente y es de agradecer que había salido el sol y el día acompañaba.
Después estuvimos dando una vuelta por Siete Calles, en busca de bares para la noche. Aunque nuestra búsqueda no tuvo mucho éxito.

Plaza Nueva

Casco Viejo de Bilbao

Plaza Miguel de Unamuno, en homenaje al literato que nació en una casa que se ubicaba en esta plaza

Unamuno me persigue allí donde vaya. Reconozco que yo admiro mucho la forma de escribir del vasco, aunque no había leído nada de él hasta que llegué a Salamanca. En la ciudad universitaria hay todo un universo creado en homenaje al autor, que fue rector de la Universidad y que optó por quedarse a vivir allí los últimos años de su vida.


Busto de Unamuno en la plaza que lleva su nombre, Bilbao

Plaza Miguel de Unamuno, Bilbao

Estaba claro que las dos novias de la despedida no podían pasar junto a un tiovivo sin que las subiéramos a los caballitos.
Casco Viejo de Bilbao

Casco Viejo de Bilbao

Casco Viejo de Bilbao

Todo el Casco Viejo estaba lleno de banderines anunciando la korrika, que viene a ser un acto para recaudar fondos para las ikastolas. Se trata de una carrera que va por todo el País Vasco para financiar el euskera. Este fin de semana el recorrido era en Bilbao.
Cuando ya habíamos disfrazado a las novias y anochecía, e íbamos al encuentro de la siguiente sorpresa, nos encontramos con una procesión de Semana Santa, que paralizaron todo el tráfico del centro de la ciudad.



La sorpresa no pudo ser más glamourosa. A las nueve y cuarto de la noche una limusina blanca hacía su aparición en medio del Arenal. Y era para nosotras.
Champán en la limusina

Durante una hora estuvimos decantando los placeres del champán mientras saludábamos a los viandantes que se quedaban mirando hacia el largo vehículo. Fue genial. Algo inusual.
Ayuntamiento de Bilbao


Museo Guggenheim


Museo Guggenheim

El restaurante estaba muy cerca del Guggenheim. Y ver el célebre museo de noche era todo un espectáculo.
Entrada al restaurante para despedidas

El restaurante donde cenamos estaba enfocado a las despedidas de soltera. El espectáculo estaba amenizado por un travesti (operado de todo), que imitaba a Rocío Jurado divinamente, y un drag queen que nos hizo reírnos imitando a Sara Montiel. Lo cierto es que la velada tuvo sus risas, sus chistes, sus pruebas a las novias…







A las dos llegó el momento de marchar. Yo sabía que nos tocaba hacer un largo paseo hasta el Casco Viejo. Aunque sólo fuera por las dos veces que habíamos pasado con la limusina junto al Guggenheim. No me equivoqué. Tardamos una hora en llegar al Casco Viejo y allí los bares se encontraban cerrados a las tres. Tras preguntar en un par de ocasiones, nos indicaron que la fiesta se trasladaba a Abando, cruzando el puente, junto a la estación de tren. Allí encontramos un único bar abierto y allí estuvimos un rato. Muy cerca había dos filas inmensas para entrar en, creemos, dos discotecas, pero nosotras teníamos sed, que después del largo paseo no podía ser de otra manera.
Junto a dos bilbaínos, uno de los cuales tenía casa en Nájera, nos encontramos cantando Vicio en el Azkena, que estaba bastante bien, pero no lo hubiéramos encontrado por nosotras mismas. Es decir, que los bares están escondidos, hay que saber dónde ir y dónde buscar, o al menos juntarse con gente que sepa. El caso es que estaba cerrándose casi todo.
Allí nos dieron las cinco y la mayoría optamos por ir a dormir, quizás porque la caminata ya nos había dejado baldadas.
Edificio modernista que me encandiló

El domingo por la mañana desayunamos tarde, en pleno Arenal y con las maletas a cuestas, puesto que los coches estaban en un parking cercano. Lo cierto es que había de nuevo mucha gente por las calles y que el día acompañaba.
El Nervión

He resumido mucho, porque estaba pensando que aún no he deshecho la maleta, que ni siquiera he quitado el candado. Y que lo tengo que hacer ahora. Pero también me estaba acordando de que he llegado con una resaca terrible, me he tomado un paracetamol y me he quedado durmiendo, y he soñado con un ángel. No podré ir a la cama sin pensar en lo maravillosamente bello que era ese sueño.

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