jueves, febrero 23, 2012

Le echo de menos

Me gusta saber que él está tan cerca. A eso de las cinco he visto su coche, estaba tan próximo. 
Un rato después me ha parecido verle pasar junto a la oficina.
Le echo de menos... demasiado, más de lo que había llegado a imaginar. Esta mañana a las doce he regresado porque me urgía hacer algo. Entonces he ido a tomar café. Pero él no estaba...
Le echo tanto de menos...
Cuando he regresado a casa, su coche ya no estaba.
Intento no pensar en él pero cada calle me recuerda a él. Creo que ahora le quiero más que nunca, incluso aunque no le vea.

miércoles, febrero 22, 2012

¿Dónde estaba la magia?

Hoy era el día más inesperado para encontrarme con él. Con los ojos hinchados, los labios agrietados, los kleenex en la mano y la voz quebrada, lo que menos esperaba era cruzarme con ese ángel de mirada perfecta. Hoy era uno de esos días en que deseaba no encontrarme con él. 
También es cierto que esta mañana he pensado muchas veces en si debía o no ir a la oficina, tal y como me encontraba. Al final he ido; tenía demasiadas cosas que hacer.
Llevo dos tardes en cama, pero puedo decir que ya me encuentro mejor. O quizás es que cuando me encuentro con él siempre me encuentro mejor. En ese momento he sentido algo inexplicable. Evitando mirarle a través de las gafas de sol, he vuelto a sentirme tocada de nuevo. Su magia... ¿cómo he podido vivir sin ello...?
Estaba guapísimo. Es un ángel.

martes, febrero 21, 2012

Gripe de tres días

¿Gripe de tres días?
Mi rostro era un poema cuando el médico me ha dicho que tenía la que llaman "gripe de tres días". Creo que si en Urgencias me hubiera atendido otro doctor no le hubiera dicho desde cuándo me encontraba así. Pero al ver aparecer a mi médico no podía decirle más que la verdad.
Se supone que mañana ya remitirá. 

Así que lo mejor que puedo hacer es dormir y soñar con un ángel. Me pregunto cómo estará. Son demasiados días sin verle, sin saber nada de él, aunque hoy he preguntado si le había crecido el pelo. Necesito soñar, hacerme un ovillo e inhalar la menta que viene desde el vicks vaporub que acabo de echarme en la piel.

lunes, febrero 20, 2012

Antes de embarcarme en los sueños

Aún no sé qué hago despierta. Debería ir a dormir, porque mañana me espera un día muy largo. No importa que sea largo si me encuentro con un ángel de mirada perfecta. Eso sería como un regalo caído del cielo. 
Hoy me he despertado imaginando cómo sería despertar a su lado cada día. Entonces cada nuevo amanecer sería simplemente perfecto. Es la magia que siempre llega con él.

domingo, febrero 19, 2012

Lo que programan los astros

¿Qué ocurrirá cuando me encuentre con él? Supongo que nada, sólo que me da la sensación de que mirarle a los ojos será mucho más costoso que si me hubiera cruzado con él la primera semana de enero. Y cuando digo esto me refiero a esos momentos en que me paro a hablar con él, en que siento el hormigueo de mil mariposas en mi interior, que anhelo susurrarle mil palabras de amor que se quedan en mi garganta, esperando en silencio.
Le quiero con locura.
Aunque a veces llego a dudar. La semana pasada creía que me estaba desenamorando, pero bien sé que no es así, bien sé que esos pensamientos llegan desde el momento en que dejo de verle, desde que no sé nada de él. Pero sé que cuando me encuentre con él amaré, si cabe, con más fuerza.
Ayer debería haberme encontrado con él, pero el mundo se puso en mi contra. Tengo tal picoteo en pecho y garganta, que no sé si pasará con un poco de leche con miel y vicks vaporub. Quizás mañana, si no dejo de toser, me acerque al centro médico a que me receten algo. 
Lo de aquella noche me parece un sueño, algo muy lejano. En estas semanas, muchas veces he pensado si fue correcto haber puesto todas las cartas boca arriba. Cuando me lo he encontrado después, que le he visto de lejos, me ha dado la sensación de que él estaba bien, siempre sonriendo, siempre con esa mirada angelical. 
Ahora tengo muchas más preguntas de las que tenía hace dos meses. Y ninguna respuesta. Pero la única pregunta que le haré será acerca de sus sueños. Quiero saber cuáles son sus sueños.

Le echo muchísimo de menos. Tanto como nunca antes le había echado de menos.

Sombras en el tiempo

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Conocí la literatura de Jordi Sierra i Fabra cuando tenía quince o dieciséis años. Era un gran desconocido, mis horas libres en el internado las dedicaba a leer cuando comenzaba a devorar libros, cuando descubría nuevas historias en cada página. Sierra i Fabra me hechizaba en sus novelas para jóvenes, que siempre tocaban temas que a un adolescente le podían interesar: el mundo de las drogas, la música, los primeros amores, etc., y siempre los protagonistas eran jóvenes, por lo que era sencillo identificarse con los protagonistas.
Sin embargo, este libro no tiene nada que ver con aquellas novelas juveniles a las que me había acostumbrado el autor. Este es un libro histórico, basado en la reciente posguerra de nuestro país, en una época de penurias y pobreza, en un país dividido en dos, que empezaba a despertar hacia un futuro incierto, pero lleno de esperanza. Es un libro muy crudo que habla de las penalidades de una familia emigrante que tiene que abrirse el camino en una tierra donde no les quieren.
La familia Cerón es murciana. A causa de las pocas posibilidades que les ofrece Mazarrón, se ven obligados a emigrar a Barcelona, donde cuatro años antes había emigrado el padre de familia, Antonio.
Antonio Cerón lleva varios años ganándose el sustento de albañil, vive en casa de unos primos. Pasado el tiempo, considera oportuno que su familia se reúna con él en la ciudad condal.
Carmen es una mujer muy hermosa, tanto que arrastra un oscuro secreto que sólo conoce ella misma. Es madre de cuatro hijos, y a veces suspira por un niño de dos años que murió durante la guerra.
Ginés es el primogénito. Se encuentra en Cartagena haciendo el servicio militar y, cuando lo termine, se reunirá con ellos en Barcelona.
Fuensanta comienza trabajando en la Hispano-Olivetti, pero su belleza es un problema, ya que el encargado de su sección en la fábrica le pide unos favores sexuales a los que ella no está dispuesta a ceder. Es una mujer fuerte y, cuando encuentra la oportunidad en una perfumería que está a punto de inaugurarse, no lo piensa dos veces y ofrece sus servicios a la dueña, que la contrata al encontrar en ella sinceridad y valentía.
Úrsula siempre había soñado con ser artista y quizás es la más afortunada de los Cerón, ya que le han buscado trabajo de criada en una casa bien, pero los dueños son encantadores, excepto en que la obligan a aprender el catalán. Su hijo Jorge, que es el que más la ayuda, también está obsesionado con ella. Es un niño que está despertando en el primer amor y la mujer más cercana que tiene es Úrsula.
Salvador es el único hijo que se dedicará a estudiar. Es el el colegio donde conoce a Fernando y a Ana. Fernando es hijo de un falangista y Salvador desea en secreto que fuera su padre el señor Francisco.
La trama se complica.
Cuando Ginés se reúne con su familia en Barcelona, resulta ser un mujeriego. No es como Rogelio, el hijo de los primos dueños de la casa donde se alojan, que lucha por sus ideales y se convierte en un anarquista en busca de una libertad que el franquismo no puede ofrecerle. Ginés se encapricha de toda mujer con faldas, incluida la mujer que les da cobijo, por lo que se verá obligada toda la familia a buscar otro alojamiento. Trabaja en la obra con su padre, pero Ginés aspira a más, por lo que se convierte en contrabandista que, para conseguir más dinero, ha de robar a su propio jefe, que le desfigurará la cara.
¿Por qué Ginés se ve obligado a robar?
Antonio se encuentra llevando una viga junto a un compañero, hay un accidente y el chico se cae por el hueco del ascensor, que se encontraba sin protección. Él se ve obligado a mentir y, a cambio, el constructor le traslada a un almacén, con mayor seguridad y mayor sueldo, con tal mala suerte que un día que va al banco para cobrar un cheque de quince mil pesetas es estafado. Ese dinero se lo tendrá que devolver a su jefe y, para ello, Ginés le ayuda, pero Antonio no soporta desconocer de dónde procede el dinero que le entrega cada día Ginés.
Fuensanta se divide entre dos amores: la admiración por Rogelio y la seguridad que le brinda Pablo, el hijo de un abogado catalán acomodado de la burguesía de Barcelona. Rogelio va a buscarla antes de marcharse al extranjero, pero ella se quedará con Pablo, que está loco por ella. Hasta que su madre no necesita un abogado no lo tiene claro, que es cuando va a buscarle y se afianza la relación.
Úrsula canta y baila en casa de sus señores, hasta que don Enrique le habla de su talento a un amigo, que le hace una prueba. Es tan buena que enseguida es colocada en los escenarios junto a Víctor, un guitarrista gitano que poco a poco se enamora de ella. Sólo cuando el representante pide a Úrsula algo más que su talento, ella se da cuenta de que es un infierno y sólo cuenta con la ayuda de Víctor, que quiere marchar a América. Al final, la convencerá y triunfarán en México.
Salvador pasa muchas tardes en casa de Ana y Fernando. La muchacha se está enamorando de él, pero Salvador siente por Fernando, a quien le dará un beso. A partir de aquí y recién descubierta su homosexualidad, es rechazado por la familia. Pero Salvador descubrirá las caricias masculinas de la mano de otro joven, hasta que son encontrados por la policía. Jaime morirá, pero Salvador pasará unos días en prisión, de la que saldrá gracias a su madre.
Carmen es la piedra angular de la familia. Una mujer con muchos secretos y mucha tristeza en su interior, pero una mujer con una fortaleza tremenda, sin duda alguna. Los padres de Carmen querían que se casara con el hijo de un cacique de Mazarrón, que además se había prendado de ella, Sebastián Moreno. Pero Carmen se había enamorado de Antonio, con quien huyó para volver embarazada de Ginés. Pero Sebastián no pudo soportarlo y, cuando estalla la guerra civil, asesina al padre de Carmen, que es el único impedimento que le separaba de ella, y la viola, pero planta su semilla, puesto que Salvador es hijo de Sebastián.
Cuando llevan unos meses en Barcelona y Carmen cierra la droguería donde trabaja, se encuentra de nuevo con Sebastián. Él sigue obsesionado con ella y no va a cejar en su intento de conseguir estar con ella de nuevo. Ella le rechaza, sólo le busca porque tiene poder para ayudar a sacar a Salvador de la cárcel. Le confiesa que es su hijo, pero él le pide además tres citas. La tercera nunca tendrá lugar, porque Carmen se lo encontrará apuñalado. Carmen saldrá de prisión pronto, gracias a los hilos que mueve el padre de Pablo, que descubre que había sido la autora del delito otra amante celosa.

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Barcelona, años 50

Corren los años 60. La familia se reúne en torno a la mesa de Nochebuena. Sólo faltan Úrsula y Víctor, que se han convertido en un dúo famoso en Latinoamérica. Ginés ha asentado la cabeza junto a una mujer que era su vecina y a la que nunca hubiera hecho daño, Fuensanta tiene tres hijos junto a Pablo. Han pasado los años y ellos han mejorado en una España que ahora tiene esperanza. 

sábado, febrero 18, 2012

Tantas estrellas

Esta mañana me he levantado con la garganta rasposa. Poco importa que anoche tomara leche con miel. Me duele toda la garganta y me está bajando por todo el pecho. Cuando más lo noto es al tragar saliva o al hablar, que me ahogo. Será cuestión de unos días, de lo que me dé el médico.
Mis amigos se han ido a Vitoria al carnaval. Yo he preferido quedarme. Si vuelven pronto esta noche sería posible que saliera para tomar algo. 
Últimamente me veo menos por aquí. No es que no tenga ganas ni que se me hayan acabado las ideas. Supongo que influye que ya no me encuentro casi nunca con él. Quizás esta noche tampoco le vea.
A las ocho he salido a dar una vuelta. El perro necesitaba salir un rato. Hoy es una de esas noches perfectas, con un firmamento estrellado capaz de quitarte la respiración durante unos minutos, y la temperatura era bastante agradable. Cuando miraba al cielo, me acordaba de un ángel de mirada perfecta. Las estrellas siempre me llevan a añorarle y les pregunto dónde estará él.

En realidad, en estos momentos me encuentro un poco mareada. Creo que es de toser. Pero pensar en él me relaja.

viernes, febrero 17, 2012

Los días sin él

A las tres de la tarde regresaba a casa... y comenzaba un fin de semana sin nada de trabajo. Se me han olvidado cómo son los fines de semana largos. A veces me gustaría ponerme en contacto con él, llamarle y decirle que nos vayamos adonde nos lleve el viento, olvidándonos por unas horas de todo lo que nos rodea habitualmente.
Esta mañana he sentido una punzada en medio del corazón. Tampoco ha venido hoy al café, pero sí sus allegados, las personas que le ven todos los días. Y luego he pensado en que si salgo mañana quizás le vea, entonces he empezado a sentir que mi corazón se revolucionaba...
Le echo mucho de menos...

jueves, febrero 16, 2012

La magia de una ciudad que te envuelve

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Hay momentos en que miro hacia atrás y me gustaría regresar a esos años en que las preocupaciones eran mínimas. Cuando pienso en ello, inevitablemente vuelvo a Salamanca, a los primeros años en la facultad de periodismo, a las nuevas amistades, a aquella ciudad que tenía magia en sus calles, a aquellas noches que nos íbamos a ver películas a casa de alguien y el sol aparecía en la ventana. Recuerdo nítidamente las camas improvisadas para cinco o seis personas mientras la televisión nos enviaba fotogramas de una historia ajena. Ni siquiera podría recordar qué películas veíamos entonces. De repente, había amanecido y era hora de marchar, de quitarnos la ropa de la noche anterior, de salpicar las briznas de resaca que aún pudieran quedar. 
No sé cómo lo hacíamos. Estábamos en un Colegio Mayor y nos las arreglábamos para pasar toda la noche fuera hasta que viniera el panadero. Algunos días incluso no teníamos suficiente y aparecíamos en el Muérdago. El Muérdago lo abrían a las seis de la mañana y hace pocos años lo cerraron definitivamente por asuntos de drogas. Me resulta extraño haber estado en lugares así, haber entrado en un cuarto de baño y encontrarme en una situación atípica. No sé cómo aguantábamos, pues ni mis amigas ni yo consumíamos drogas, si bien de vez en cuando nos fumábamos algún peta. Pero al menos yo nunca pasé de ahí. 
Es curioso, porque ahora, mirando hacia atrás, no me imagino en lugares así. 
Pasaron los años, el Muérdago cerró y la gente se asentó. Hoy en día apenas suelo acordarme de mis primeros años en Salamanca, quizás viviéramos como si fuera el último día de nuestras vidas, eran los veinte años y estar fuera del nido. Hoy en día, lo que mejor recuerdo es la gente, pero no las personas que conocíamos de noche, que la mayor parte estaban muy pasadas de rosca, sino aquellas personas que dejaron una huella en mi corazón. Son numerosas y cuando volví no quise mirar atrás, pero es cierto que ahora, cuando lo pienso, vuelvo a sentir el hormigueo de la nostalgia. Aquella ciudad me dio mucho, aunque también me quitó mucho, pero dejó una huella inmensa en mi alma.
Algún día tengo que regresar, pero cuando lo haga no quiero hacerlo sola, quiero ir de la mano de un ángel de mirada perfecta. ¿Por qué con él? Quizás porque me dijo que no conocía Salamanca, pero quizás porque quiero darle algo de mí, quiero darle lo que dejé allí, quiero que vea mi corazón emocionado, que escuche las historias de uno u otro rincón a través de los recuerdos narrados en primera persona, quiero que descubra la magia que yo sentí allí durante una época de mi vida. 

Le echo de menos

Está lloviendo demasiado. La humedad entra por los rincones de la piel y aparece el deseo de que salga el sol durante un momento.
Y el deseo de que el sol en sí mismo aparezca por cualquier calle y en cualquier momento. Le echo demasiado de menos. A veces me llega su recuerdo, cada vez más difuminado, y me estremezco repentinamente. Y vuelve el anhelo de verle. 
Quizás este fin de semana.

Antes le veía siempre los jueves. Seguro que está guapo. 

miércoles, febrero 15, 2012

¿Dónde estará?

Hoy me costará dormir. Unos pocos minutos para la una y no tengo ningún sueño. Supongo que leeré, que leeré hasta quedarme dormida, hasta que los párpados se cierren y hasta dejarme mecer por la imagen del recuerdo de su mirada perfecta.
Me acuerdo mucho de él y, de hecho, me gustaría encontrarme con él, pero no en unos minutos donde tan sólo intercambiamos un saludo, sino para mirarle a los ojos, aunque me ruborice, pues sé que mis pensamientos van a recordar, van a ir más allá del momento presente. Necesito encontrarme con él de noche, aunque no sé lo que haré cuando llegue el fin de semana. 
Me encuentro algo apagada. Necesito la magia que me brinda.

martes, febrero 14, 2012

14 de Febrero

Me hubiera gustado encontrarme con él, pero hoy no era el día más indicado, no por ser el día que es, sino porque mi cabeza estaba centrada en algo completamente diferente. Ahora, ya descansada y más tranquila, me doy cuenta de que el 14 de Febrero termina, que no me he acordado siquiera de enviarle un mensaje, aunque es obvio que él ya lo sabe y que no creo que necesite que le diga nada. Al final, sigo pensando que 14 de Febrero son todos los días y no un único día al año. Le amo cada mañana y no hoy más por ser el día que es.
Pero no es un día que haya podido saborear plenamente. Más bien, anoche a última hora me traje un problema a casa que no me dejó dormir, a las seis me he levantado y media hora después estaba en la oficina, pues era preciso que el problema se solventara cuanto antes. Al mediodía ya sabíamos todo, pero sin acceso a los ordenadores porque nos han quitado la luz no podíamos proseguir. Sin embargo, ya está solucionado, sólo falta plasmarlo en la base de datos. 
A las cuatro estaba durmiendo como un bebé. Creo que nunca había pillado la cama y el sueño tan bien. Ahora me siento descansada, ahora puedo permitirme pensar en el amor que siento, en la mirada de un ángel, me pregunto dónde estará, rememoro su sonrisa y su voz, y puedo permitirme sonreír. 
No sé cómo dormiré esta noche. Pensando en él, soñando con él todo lo que no pude soñar anoche.
Le echo mucho de menos.

lunes, febrero 13, 2012

Un segundo de ilusión

Estaba en la puerta de un bar, a punto de entrar a comer.
Le he visto venir desde muchos metros atrás. Mi corazón ha empezado a latir de manera descontrolada.
Me encontraba hablando, pero en ese momento sólo estaba él. Su perfil perfecto, su mirada al frente, su rictus serio. Ni siquiera ha mirado hacia mi lado.
En ese momento he estado a punto de enviarle un mensaje, pero he preferido que no. Él no me ha visto.
Estaba guapísimo.

A punto de soñar

Tengo media hora antes de dormir para poder sumergirme en un libro. De hecho, para empezarlo. Pero me apetece pensar en un ángel, recordar sus ojos magnéticos, su sonrisa misteriosa, su voz sensual. 
La semana pasada me vi enviándole un sobre con pétalos de rosa de color rojo. Sin escribir nada, sin firmarlo. Él sabría de quién vendría aquello y su significado. Pues ¿acaso no son las rosas rojas un símbolo del amor? Ahora que ya sabe lo que siento por él tendría sentido enviarle algo para que le llegara el martes. 
Llevo unos días pensando en ello. No lo voy a hacer porque sobre este tema me siento muy insegura a veces, porque su silencio para mí sigue siendo un muro transparente. Y después de hacer cualquier cosa me arrepentiría después de haberlo hecho. No tendría por qué, puesto que amar es sentir algo muy hermoso. Ser amado también. Sólo que no es justo. Tendría sentido para hacerle saber que, aunque me haya distanciado, sigo queriéndole. También le podría escribir una historia. 
Al final, si hago algo seguro que no saldrá en su dirección, que engrosará los recuerdos de esa caja donde guardo cientos de cosas para él. 
¿Desde cuándo no me permito hacer locuras por amor? Quizás tema su reacción, no sé. Algo me está frenando. 
De todas formas, el martes es un día más. Yo amo todos los días, unos con más intensidad que otros, pero cada día me levanto, pienso en él y me siento feliz. Al pensar en él me siento desbordada de muchos sentimientos positivos, siento cariño, unas ganas inmensas de abrazarle y un deseo que me resulta desconocido en ciertas ocasiones. Muchos días, cuando abro los ojos y pienso en él me siento agradecida, me apetece gritar gracias al mundo, me apetece susurrarle gracias a él, por todo lo que me da quizás sin saberlo, por hacerme sentir así.

Llevo demasiados días sin verle. No puedo vivir sólo de recuerdos ni únicamente de sueños. Pero ahora sí es un buen momento para sumergirme en el mundo onírico, donde siempre aparece él. 

Posible viaje en Semana Santa

Mi hermano pequeño ha estado en Ámsterdam estos últimos cuatro días. Era la primera vez que cogía un avión y creo que la segunda que sale de España (la primera fue en coche a Portugal). Ha llegado tan emocionado que sólo tenía oídos para todo lo que tenía que contar. Quizás porque yo aún no he visitado Holanda, pero sobre todo porque me he visto en un espejo, ya que cuando vuelvo de cualquier viaje me da la sensación de que cuando cuento algo lo estoy reviviendo, igual que mi hermano esta noche.
El miércoles le metí miedo con el aeropuerto, le dije que le iban a quitar casi toda la ropa en el control policial. Se lo decía en broma, pero parece ser que en Barajas le dejaron únicamente con la camiseta y el pantalón, amén del cacheo al que se vio sometido. 
Cuando ha llegado les ha dicho a mis padres: "En cuanto haya un fin de semana largo me voy con mi hermana a cualquier ciudad europea". Mentalmente he recordado el calendario: el 19 de marzo cae lunes y es fiesta, pero ese fin de semana no puedo marcharme. El siguiente fin de semana largo es Semana Santa. Entonces se lo he dicho: "Vamos a Londres en Semana Santa, de jueves a domingo". Me ha dicho que de acuerdo. Se lo volveré a preguntar esta semana. Si le veo seguro reservaré, en unos pocos días, billetes y alojamiento, ya que en Semana Santa se mueve mucha gente.
De Londres conozco únicamente el aeropuerto y ya va siendo hora de hacer una visita en condiciones. Si mi hermano no cambia de opinión nos vamos. Si cambia de opinión me marcho yo sola. La verdad es que me apetece. Llevo demasiados meses sin moverme del sitio y en cierto modo, cuando he pensado en moverme, aunque sólo sean cuatro días, he sentido que volvía a respirar.
Como es natural, me prepararé yo misma ese viaje a Londres.

domingo, febrero 12, 2012

Esta noche dime que me quieres

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Un día exacto me ha llevado leer esta novela. Me ha gustado tanto que era imposible dejarla a medias y así he llegado, casi sin quererlo, al final.
Como indica el título ésta es una novela de amor. Pero no empalaga, sino que va en la misma línea de todas las novelas anteriores de Federico Moccia. Al final, el lector se queda con la incógnita sobre cómo termina la historia de amor de los protagonistas, como si faltara una segunda parte; te preguntas: ¿entonces no terminan juntos...? Pero si los últimos capítulos parecen decir que sí.

Sofia es una pianista magnífica que vive en Roma junto a su marido Andrea. No es feliz, puesto que se vio obligada a casarse con Andrea al sentirse culpable por un accidente de moto que tuvo él cuando se dirigía a su casa, que le dejó paralítico. En el hospital donde le operaban, entró en la capilla e hizo una promesa: si Dios no le quitaba la vida a Andrea ella no volvería a tocar el piano nunca más. Así que en los últimos años se ha dedicado a dar clases de piano a niños, pero jamás se ha sentado en uno ni ha tocado más de dos notas seguidas.
Tancredi es un multimillonario que disfruta destruyendo la felicidad ajena. Tiene todo lo que puede esperar un hombre, pero no es feliz. Se siente culpable de que su hermana se suicidara cuando un día ella le dijo que tenía que hablar con él. Tancredi tenía tanta prisa que pospuso esa conversación, pero cuando regresó a casa ella se había tirado desde el tejado, perdiendo la vida. Jamás se ha perdonado no haberla escuchado. Tampoco sabe el motivo por el que se suicidó. Es un hombre que levanta pasiones, hasta que conoce a Sofia. Su asesor personal investiga a la mujer, él intenta acercarse a ella, sabe que es muy complicado, que no es como las otras mujeres que han caído rendidas a sus pies. Sabe que lo de ella no es una cuestión de dinero, sino de principios. Así que encuentra un motivo para que ella vaya a su lado: existe en Atlanta un profesor y médico japonés que ha hecho varias operaciones para conseguir que personas paralíticas vuelvan a caminar. Sus asesores envían un boletín informativo a Andrea. Sofia decide aceptar la oferta que le ha presentado un abogado de Tancredi, a cambio de un precio: cinco millones de euros para pagar la operación de su marido. Sin embargo, ella tendrá que pasar cinco días junto a Tancredi. Sus hombres le proporcionarán las coartadas perfectas para que Andrea no sospeche nada. Ella llega a una isla propiedad del italiano, donde termina entrando en una burbuja de amor. Por primera vez Tancredi se enamora, ella se siente cómoda y feliz a su lado y le da los pasos para que descubra lo que ocurrió a su hermana.
Tancredi descubre el escondite de su hermana, donde encuentra una carta. La joven se había suicidado porque había sufrido desde los cuatro años abusos sexuales por parte de su padre. Cuando Tancredi va a buscar a su padre, éste ha entrado en coma. Comprende que no puede decirle la verdad a su madre. Ahora es el momento de ir a buscar a Sofia, así que la llama para empezar un capítulo juntos, para empezar a ser felices.

Conocer a alguien especial


Hoy he leído lo siguiente: “Cuando conocemos a una persona nueva, se abren ante nosotros muchos caminos nuevos”.
Es una frase que me ha hecho pensar. He regresado al pasado, a hace casi tres años, a cuando le vi por primera vez, a lo que me hizo sentir. Unos meses después le conocí y sentí algo especial, algo extraño, algo que nadie me había hecho sentir antes. Se abrieron nuevos horizontes. En cierto modo, hasta que él apareció en mi vida llevaba unos meses sintiendo un vacío extraño, no tenía ganas ni ilusión por amar a nadie, era complicado que sonriera sinceramente, más bien eran sonrisas como escudos. Entonces apareció él y me quedé sin defensas.
En sus ojos descubrí todos los sueños, todas las ilusiones, todas las esperanzas. Y si una persona a la que no conocía podía haber obrado un milagro así merecía la pena conocerle. La primera vez que le miré a los ojos, que le escuché, que le hablé fue especial. Me sentía como si hubiera empezado a caminar por un sendero que hasta entonces se había mantenido oculto. Supe que la persona que tenía delante era, por lo menos, un ángel.
Estoy conociendo a diario a gente nueva. Pero un día conoces a una persona que es demasiado especial, que llama la atención sin pretenderlo, que brilla con luz propia. Aún recuerdo aquella noche como si hubiera ocurrido ayer. Demasiado especial.

sábado, febrero 11, 2012

"El Imperio del Sol"

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Hace años que me hablaron de esta película. Me dijeron que era un peliculón, pero no me atraía. No es porque sea cine bélico, pues he visto películas bélicas que me han encantado. Hace unos años no me atraía, aunque quizás si me hubiera fijado por quién estaba dirigida (Steven Spielberg) o quiénes eran los protagonistas me hubiera pensado verla hace tiempo.
En realidad es una buena película, una de esas películas de los años 80 (1987) que siempre quedan pendientes. Y es que ya no hacen películas como éstas, que te toquen la fibra sensible, que den mensajes de profundidad, que no se queden en la superficie, que remuevan algo en nuestro interior.

Una familia inglesa asentada en Shángai en 1941 tiene la vida perfecta de unos colonos adinerados: una enorme mansión, una vida regalada, criados chinos, fiestas exclusivas, todo tipo de lujos... Cuando acontece la invasión japonesa del ejército de Hirohito sobre el norte y el este de China (1937-1945), la familia Graham se separa. Mientras que el matrimonio consigue salir del país, el muchacho, Jamie (Christian Bale), sobrevive a duras penas hasta que es enviado al campo de concentración Soo Chow, que se ubica en las inmediaciones de un aeropuerto militar, ocupado por la aviación japonesa. Jamie es un muchacho espabilado, que consigue no sólo caer bien tanto a sus compañeros occidentales sino que además consigue caer en gracia al sargento Nagata (Masato Ibu), jefe del campo. Jamie se hace amigo del líder nato de todos los prisioneros, Basie (John Malkovich), un estadounidense que antes de la guerra sino-japonesa había sido contrabandista en Shángai.
En 1945, los soldados de los países aliados consiguen entrar en China, liberando a todos los prisioneros. Una de las imágenes más emotivas de la película es cuando los Graham encuentran a su hijo, al que abandonaron siendo un niño, que físicamente sigue siéndolo, pero su mirada es la de un adulto.

Un beso muy sensual

Me quedé dormida antes de medianoche. Leía, pero mis párpados se cerraron mientras soñaba con un beso. Era un beso de amor, demasiado dulce, demasiado sensual, demasiado emotivo. Era él, que también correspondía al beso. Durante un pequeño instante abrí los ojos, pero regresé a ese beso cuya duración me resulta enigmática. Recuerdo que mis manos empezaron a acariciar su pecho por encima de la ropa, pero la dulzura de su beso eclipsaba todo lo demás. Recuerdo que mi mano derecha acarició su barba durante un breve instante y me volví a sumergir en ese beso tan sensual. 

Es muy dulce quedarse dormida de esta forma.

Aleph

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"Yo no puedo ver y tú lo sabes todo.
Aun así, mi vida no será en vano,
porque sé que volveremos a encontrarnos
en alguna divina eternidad".
(OSCAR WILDE)

No es uno de los libros de Paulo Coelho que más me ha gustado, quizás por el tema que toca: el regreso a una vida pasada. Es obvio que el autor cree en la reencarnación, y yo no creo en ello, quizás por eso me decepciona el libro.
Según la novela, el Aleph es una especie de círculos (por el hecho de que un círculo no tiene ni principio ni fin) donde el hombre se está moviendo, está rotando. Esos círculos serían todas sus vidas y existen diversos puntos espaciales donde nos podemos sentir "dentro" de una vida pasada.
En este libro, el autor decide cruzar Rusia a bordo del Transiberiano (9.288 km), desde Moscú hasta Vladivostok. En el viaje en tren, que a veces es demasiado tedioso, un traductor chino, una joven rusa, los editores rusos de Coelho, diversos periodistas y el propio autor comparten un vagón donde tienen diversas conversaciones. Sin embargo, hay una persona que atrae la atención: Hilal. Nacida en Turquía, con un don para tocar el violín, vive en Ekaterinburg, pero aparece en Moscú para acompañar al autor en su viaje por Rusia. Ella dice estar enamorada de él. Coelho al principio no la hace caso, pero finalmente junto a ella consigue regresar a un momento de una vida pasada, donde él trabajaba para un inquisidor en Córdoba y ella era una joven de la que estaba enamorado y a la que envió a la hoguera. Dice Coelho que siempre nos volvemos a reencontrar con aquellas personas de vidas pasadas con las que tenemos una cuenta pendiente.

"Hace mucho tiempo aprendí que, para curar mis heridas, necesitaba tener el valor de enfrentarlas".


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Iglesia de la Sangre, Ekaterinburg

De entre todos los lugares donde el Transiberiano hace sus paradas, hay una ciudad que me ha llamado la atención: Ekaterinburg (queda más o menos a mitad de viaje entre Moscú y Vladivostok). Hoy en día es una ciudad muy industrializada. Aquí se encuentra la Iglesia ortodoxa de la Sangre, levantada entre los años 2000 y 2003, en el lugar donde se encontraban las ruinas de la casa Ipátiev. En esta casa fueron asesinados el zar Nicolás II y toda su familia.

viernes, febrero 10, 2012

En cuestión de segundos

Anhelaba tanto verle que al final hoy he terminado viéndole. No porque le haya buscado, sino que simplemente, cuando hablaba con un amigo suyo, ha pasado con el coche. Adorable y guapísimo, pese a ocurrir en cuestión de segundos.
Si mañana no nieva es posible que me encuentre con él. Después de más de un mes... Tengo ganas de verle, aunque me tiemble la voz, aunque no pueda mirarle a los ojos, aunque sienta el rubor en mis mejillas... Tengo ganas de escuchar esa voz perfecta, esas palabras certeras, ese timbre tan sensual pronunciando siempre sabiduría.

Cuando a las siete me marchaba su coche estaba demasiado cerca. He sentido su cercanía y en mi pensamiento deseaba que él viniera, que nos encontráramos en ese preciso momento. Seguro que está guapísimo. Adorable. 

Ein Milchkaffee, bitte


Cuando le vi la primera vez, supe que ésos iban a ser los cafés más dulces. Entonces cambié el enlace del blog, a propósito de unos cafés cuya atracción única y exclusivamente estaba en él. Como un imán, cada día a las doce, hace dos años largos, me dirigía a ese encuentro mágico, donde una persona a la que no conocía me atraía tanto que me resultaba terrible el día en que no le veía.
Pasaron los meses y la atracción crecía. Él se encontraba ajeno a mis miradas, nunca miraba a su alrededor, entonces tuve que dar un paso más, porque la curiosidad hizo eco en mí: tenía que saber quién era, su nombre, a quién pertenecía esa mirada angelical, tan profunda que era un imán para mí. Recuerdo que entonces me resultaba ya difícil no mirar en su dirección. En mi fuero interno, una vocecita me susurraba que me encontraba ante un ángel, ante una persona demasiado especial.
Y así fue.

Hoy voy al café un rato antes. No para no coincidir con él, pues los cafés sin él se han convertido en amargos, pero ahora me siento más vulnerable, ahora sé que podría ruborizarme cuando sus ojos se posen en mí, de forma inesperada. Ahora estoy enamoradísima. Y sí, hace tres años mi intuición no falló: aquella persona que me atrajo desde un primer momento con esa mirada profunda y perfecta es alguien muy especial.

La necesidad imperiosa de él

Me pregunto si con decir unas palabras a una persona sería suficiente para hacer que las sensaciones que ahora parecen tan lejanas con esta ausencia que me está matando por dentro vuelvan a fluir como hace unas semanas. Y no las palabras que a él le gustaría leer, sino lo que tanto deseo decirle. Esta tarde me imaginaba escribiéndole un mensaje diciéndole "Te echo de menos", para luego pensar en que sería mejor escribirle "Te quiero muchísimo", porque esto último va directo al corazón. Sé que si llegara a escribirle un mensaje así llegaría una concatenación de actos y ya no podría dar marcha atrás.
Sería sencillo escribirlo, incluso darle a "enviar", pero sería responsable de todo lo que desencadenaría ese mensaje, no sé si podría vivir nuevamente en un "sinvivir" lleno de silencios.
A veces me gustaría ponerme en contacto con él sólo para quedar con él. Estos días pensaba en la nieve, en lo poco que me gusta, y sé que un paseo con él me haría ver la nieve desde otra perspectiva. No quedaría con él para tomar algo, sino para mostrarle algo, para caminar hasta el puente y preguntarle qué ve. Ahora el río no se encuentra subterráneo, e igual que sus aguas buscan su camino, quiero mostrarle que no quiero que su magia deje de fluir, necesito confesarle que le necesito. 
Varias semanas de distanciamiento han sido suficientes para darme cuenta no de que estoy enamorada (esto ya lo sabía) sino de que le necesito en mi vida, que necesito mirarle a esos ojos cada mañana, esos ojos que contienen tantas cosas buenas, que necesito escuchar su voz cada día, que necesito de él. 
Ahora comprendo que el amor sin la persona amada es un suplicio terrible. Quiero que los días vuelvan a ser azules. 

Al menos siempre me quedarán los sueños. Esos sueños donde siempre aparece él. Pero su imagen cada noche aparece más difuminada. Podría ver fotos, pero no es eso. El amor no está en una imagen sino en la realidad del momento presente, en mi corazón. Las mejores imágenes siempre vienen en forma de recuerdos, de sentimiento, de deseos, de sueños. 

Sí, sé que si quiero verle podría ir a buscarle, encontraría cualquier excusa en cuestión de segundos, lo mismo ocurriría si quisiera hablar con él, pues sólo tendría que descolgar el teléfono. No es eso lo que busco ahora. No quiero situaciones forzadas. Deseo que sea el azar el que cruce nuestros pasos. Tarde o temprano nos encontraremos. Y entonces sé que mi corazón volverá a latir fuertemente, que mi alma se sentirá tocada de nuevo por ese ángel de carne y hueso que es adorable, encantador, que siempre trae la magia. Y mi mente ha anotado que tengo una pregunta en el tintero, que he de preguntarle cuáles son sus sueños. Seguro que en ese momento preciso mi mente se quedará en blanco, siempre me ocurre.

jueves, febrero 09, 2012

Como témpanos de hielo

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El agua de la fuente siempre fluye, va de un lado para otro, nunca se encuentra en el mismo lugar. Pero un día hiela y el agua deja de fluir, se convierte en un témpano y el agua queda estática, sin movimiento. A veces y, sobre todo últimamente, me siento así. Parece como si todos estos días sin él se hubieran paralizado, como si la última vez que estuvimos cerca se encontrara a años luz, como si todo se hubiera queda en un témpano de hielo colgado en una fuente. Y necesitara el sol, la magia, la luz. Todo lo que necesito para que ese témpano de hielo se derrita. A él.
Que el agua vuelva a fluir y eso sólo puede ocurrir cuando vuelva a encontrarme con él. Cuando la dulzura de su mirada y la sensualidad de su voz derritan todos esos témpanos de hielo.

miércoles, febrero 08, 2012

Como subir una montaña

Últimamente peco de remolona. Me cuesta ponerme delante de la pantalla para escribir cuando tengo tiempo para hacerlo y en el resto del día apenas respiro.

Cada día sin él es como una montaña muy alta, a medida que voy ascendiendo me cuesta más respirar. Necesito aire y ese aire sólo podría venir con él. Como la magia. Llevo tantos días sin verle que me resulta asfixiante, aunque sé de él de vez en cuando. Hay períodos en que nos vemos todos los días, incluso varias veces en un día, y períodos donde apenas coincidimos. Ahora estoy pasando por uno de esos períodos en que los planetas se han puesto de acuerdo para que no me cruce con él al azar.

¿Y si me olvidara de las dulces facciones de su rostro? Esta pregunta es utópica, porque es imposible olvidarme de un ángel que deja una huella tan profunda. Me pregunto dónde estará. Me gustaría encontrarme con él tan sólo para mirar esos ojos perfectos, para encontrar en ellos de nuevo todas las cosas buenas del mundo, para escuchar esa voz tan sensual. Y para sentirme abrazada por su magia, para sonreír durante horas, para tener esa sensación de que todo lo que me rodea siempre es perfecto cuando él aparece.

Le quiero tanto...

Más nieve

Y seguro que mañana seguirá todo blanco. Y seguro que mañana volverá a amanecer nevando.
Es bonito verlo... pero de lejos. 

No tan bien

Hoy no ha sido un buen día. Necesito unos días para desconectar. 
Sé dónde ha estado mi hermano esta mañana y, cuando me lo ha dicho, creo que se me salían los ojos de las órbitas.
Lo único bueno que he hecho hoy es hacerme socia de la Cruz Roja. De repente, un día alguien te ofrece esa posibilidad y decides aportar tu granito de arena a la sociedad.

Debería ir a dormir, pero hoy daré vueltas y más vueltas en la cama sin conseguir pegar ojo. Tendré que recurrir a la imagen perfecta de un ángel, cada vez más difuminada en mis recuerdos, esa imagen que me calma, que me hace sonreír, que me recuerda que cada día vuelve a salir el sol y que cada día puede tener un halo de magia. Le echo de menos. Son demasiados días sin él. En estos momentos me gustaría abrazarle, sentir que el mundo es perfecto entre sus brazos.

martes, febrero 07, 2012

Brownies, duendes golosos... y sensibles

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Desde pequeña, Cristina se había acostumbrado a ese hombrecito que la miraba desde el día en que nació. Conocía perfectamente cada uno de sus rizos, su rostro de color oscuro, como sucio, aunque se acabara de lavar en la fuente, sus enormes cejas, las arrugas de su cara y sus ojitos negros y burlones.
La niña notó muy pronto que los adultos no veían al brownie con el que ella jugaba, y por eso decidió callarse y no hablarles nunca de su existencia. Juntos pasaban la tarde riéndose y, cuando el sol se ponía, el duendecito recogía todos los juguetes y le limpiaba la habitación; a cambio, ella le llevaba por la noche algún dulce que encontrara en la despensa. Al brownie le perdía el chocolate.
Pero los años iban pasando, Cristina crecía y el brownie no parecía notarlo. Una mañana, antes de salir para el colegio, la niña dijo en casa que ese día llegaría más tarde. Era su primera salida y estaba muy ilusionada. Había quedado con unas amigas para ir a un parque cercano; allí pasarían la tarde y se tomarían unos helados.
Aquel día, Cristina llegó a casa más tarde de lo que solía. Estaba tan feliz que sólo pensaba en lo mucho que se había divertido. Se puso su pijama y se fue muy rápido a la cama. El brownie estuvo casi tres horas esperando que la niña le llevara su dulce de esa noche. Cuando vio que la niña roncaba y que ya nadie se acordaría de él, metió sus poquitas prendas en un pequeño saco y se marchó para siempre.

A dos suspiros de él

Al quedarme hasta tan tarde la noche pasada, hoy tardaré unos minutos en cerrar los ojos y embarcarme en el mundo de los sueños. 
Está nevando... otra vez. Al mirar los copos de nieve que cubrirán todo de color blanco, me acordaba de él. Me gusta saberle tan próximo cuando voy a casa, pero siempre llega ese anhelo de decirle unas palabras para que no se marche tarde a casa. Hoy también su coche estaba muy cerca. En esos momentos, mis ojos se pierden en la calle, siempre llega el deseo de un encuentro con él, pero sé que nunca me voy a cruzar con él a esas horas, que él siempre se va más tarde.

Esta mañana tampoco le he visto, aunque sí estaban las personas que suelen ir con él. En ese momento, en medio de una lluvia incesante, pensaba en él, en lo que me gustaría que él también estuviera allí, en lo que me gustaría besarle bajo las gotas de lluvia, sin importar lo demás. ¿Acaso no soñé una vez algo parecido...?

Los párpados se me caen de sueño. Sin duda, es un buen momento para ir a soñar con un ángel, con su mirada perfecta, con sus caricias imaginadas. Le quiero tanto, tanto, tanto...

lunes, febrero 06, 2012

Más de las dos

No sé cómo lo he hecho esta noche para que sean más de las dos y aún me encuentre desvelada. Es extraño. De la una puede pasar, pero más de las dos... No me imagino cómo estaré mañana. 
Me iré a dormir en unos minutos y susurraré a la noche el deseo de verle mañana. Ya podría ser.

A veces me gustaría ser capaz de llamarle y decirle que necesito sus ojos, su voz y su sonrisa. Pero le di mi palabra de que no le llamaría si no era por motivos de trabajo. De momento, la estoy cumpliendo.

domingo, febrero 05, 2012

Lo que nunca le he susurrado

A veces siento ese anhelo de decirle algo, de preguntarle cómo le va, de susurrarle que es adorable. Sé que no lo haré. A veces me da la sensación de que me estoy enfriando, igual que el suelo que piso desde hace unos días. Anoche pensaba en ello. Sé que no es así, pero sí es cierto que, a base de frenar los impulsos, he terminado por no hacer ni decir nada, y bien sé todo lo que le susurraría en estos momentos.
Cada vez es más fuerte esa necesidad de él, de mirarle a los ojos y sonreír, porque él siempre me hace sonreír aunque todo lo que me rodee esté impregnado de colores blancos y negros y grises, tristeza y nieve, dolor.
Hay muchas tardes en las que me gustaría decirle que nos fuéramos a tomar algo, cuando camino hacia el coche y veo que él está tan cerca, cuando la nieve cubre su luna trasera y siento el deseo de dibujarle un corazón enorme.
A veces me gustaría susurrarle simplemente que es adorable, que le quiero como jamás he querido a nadie.

Los asesinos del emperador


Cuando estudiaba Historia de España en el colegio, una de las partes que menos me gustaban era la Historia de Roma, quizás por toda la complejidad de un imperio que ocupaba casi toda Europa y zonas de Asia y África, pero sobre todo porque había de estudiarme toda esa profusión de palabras complejas, muchas en latín, con que se designaban los diferentes elementos de ese entramado político, social, bélico y familiar que habían formado nada menos que un imperio que duró muchos siglos, y cuyo legado podemos ver aún en nuestros días.
No me gustaba estudiar la Antigua Roma porque tenía que emplear el doble de tiempo que para otras civilizaciones, al ser tan amplio todo aquello que abarcó el Imperio (cuando hablo del Imperio Romano, también me refiero a la previa República; es un modo de designar, de algún modo, este amplio período). Y, sin embargo, siempre he sentido curiosidad insaciable por esta cultura, quizás porque hoy somos testigos directos de mucho de lo que hicieron y que ha perdurado hasta nuestros días, aunque también porque para formarse aquel Imperio tan complejo fueron necesarios muchos arquitectos, ingenieros, estrategas, abogados, políticos y una amplia red de individuos que no pueden dejar de sorprendernos. Tenían que tener muy buenos arquitectos para levantar un anfiteatro como el Coliseo (21 siglos después aún se puede contemplar en la capital italiana); ingenieros para, por ejemplo, suministrar agua a las ciudades, dejando mella en ciudades como Segovia o Mérida, donde sus acueductos aún siguen en pie, y por donde podría aún circular el agua de suministro a las ciudades, según dicen los expertos actuales; estrategas que ampliaran el Imperio hasta Siria, para asediar y terminar conquistando Jerusalén, para conquistar Alemania y la Europa del Este, así como Gran Bretaña y el Norte de África, lugares todos ellos donde todavía hoy se pueden contemplar los restos romanos; abogados, pues en un Imperio creciente había muchos crímenes, así que los romanos inventaron un sistema para poder juzgar a aquellos individuos que habían cometido delitos (no en vano hoy en día en las Facultades de Derecho hay una asignatura que se llama Derecho Romano); políticos, pues muchas de nuestras democracias son herencia directa del sistema político romano, con su Senado y su Primer Ministro (éste vendría a ser el emperador en la Antigua Roma, siempre respaldado por el Senado, que votaba democráticamente).

Durante 35 años de Historia, se suceden en el Imperio Romano nueve emperadores diferentes: Nerón, Galba, Otón, Vitelio, Vespasiano, Tito, Domiciano, Nerva y Trajano. Esta novela nos muestra facetas de esa época desde que Nerón se ve obligado a escapar a través del suicidio, hasta el nombramiento de Trajano como emperador.
En aquella época, era impensable que un hombre no nacido en Roma, y ni siquiera en Italia, pudiera llegar a ser emperador. Ni siquiera las provincias hispanas contaban en aquel entonces con la ciudadanía romana.
Marco Ulpio Trajano había nacido en Itálica (cerca de Sevilla), fue cónsul, legatus augusti en las fronteras del Rin y del Danubio, estuvo en el asedio y posterior conquista de Jerusalén junto al César Tito, tenía numerosas condecoraciones como guerrero ejemplar y su figura era respetada por todas las legiones desde todos los confines del Imperio. Trajano es el primer emperador romano de origen hispano de la Historia.

La novela comienza con un capítulo donde se describe el asesinato del emperador Domiciano. Más tarde, casi al final, las páginas del libro retomarán este capítulo. Si bien los primeros emperadores tras Nerón apenas nos dejan unos pocos brochazos de lo que fue su reinado, es interesante pararse en Vespasiano, de la Dinastía Flavia. Éste se encontraba asediando Jerusalén con su hijo Tito cuando recibe el mensaje de que ha sido nombrado emperador por el Senado y tiene que regresar a Roma. Deja a su hijo Tito terminando la batalla contra los judíos, mientras que el nuevo emperador acude raudo a Roma para hacerse cargo del poder que le han conferido. Se dice de él que fue un emperador magnánimo, querido por el pueblo. Allí tenía otro hijo más joven, Domiciano, que ya desde muy niño ansiaba ser emperador. Domiciano se encaprichó de una mujer patricia que ya estaba casada, Domicia Longina, hija del general Corbulón (obligado a suicidarse por el emperador Nerón).
Tito volverá cubierto de gloria a Roma y se convertirá en la mano derecha del emperador Vespasiano, su padre, que ha nombrado Césares a sus dos hijos varones. Durante el Imperio de Vespasiano, las fronteras se mantienen en paz, con un Trajano en Germania, al que ya se le conoce como “el Guardián del Rin”. En esta época comienza a construirse el Anfiteatro Flavio (Coliseo) el mayor anfiteatro del mundo. Cuando Tito se convierte en emperador, su hermano se mantiene alejado, pero la novela insinúa que fue envenenado y que Domiciano le dejó morir.
Domiciano asciende al poder sin haber hecho ningún mérito, como muchas veces le recuerda su esposa Domicia Longina, que se ha dado cuenta de la depravación de su marido. Sabe que su marido sólo desea insuflarle miedo, terror, dolor, y ella le odia, pero espera durante años la venganza.
Domiciano se convierte en un tirano, que desconfiado de todo y todos, derrocha el dinero del Imperio para pagar a la guardia pretoriana para que le proteja de cualquier enemigo, pero sobre todo manda asesinar a cualquiera que pudiera resultar una amenaza para su Imperio, generalmente son personas sobresalientes en las fronteras que, por ganar varias batallas, se convierten en enemigos del emperador. Domiciano está cada día más loco y cualquiera podría ser el siguiente para enviar al patíbulo.
Entonces, Partenio, el consejero imperial, empieza a formar el entramado de piezas con las que creará una conjura para asesinar al emperador loco. Tiene que encontrar a unos hombres que sean capaces de enfrentarse a los guardias petrorianos que defienden la figura imperial y que siempre le rodean. Esos hombres los encuentra en los gladiadores.

Marcio, el mejor gladiador de Roma en el año 96 d. C., había sido obligado a enfrentarse en la arena del anfiteatro junto a su mejor amigo, Atilio, en una lucha a muerte, y el emperador Domiciano, que ya se considera un dios en vida, manda asesinar. Desde entonces Marcio le guarda cierto rencor, así que no le importará mucho la venganza del que le mandó asesinar a su mejor amigo. Recluta a varios gladiadores que le ayudarán en la conjura. Para entrar en el palacio de Domus Flavia, residencia real, cuentan con el pasadizo secreto que comienza en el hipódromo y termina en las habitaciones reales de la emperatriz, que está dispuesta a darles acceso para que terminen con la vida del hombre que ha convertido su propia vida en una tortura. Partenio convence además a un jefe del petrorio, Petronio, para que rebaje la guardia alrededor del hipódromo, a espaldas del otro jefe del petrorio, Norbano, que es un fiel seguidor de Domiciano. Según la novela, quien empuña la daga que termina con la vida de Domiciano es su esposa Domicia Longina.
Entre los senadores votan a Nerva como emperador tras la muerte de Domiciano, pero es un hombre débil. Norbano y Casperio, que sustituye a Petronio como segundo jefe del petrorio, buscan a los culpables del asesinato de Domiciano y torturan a todos ellos. Sólo Marcio el gladiador y la gladiatrix Alana consiguen escapar de Roma en dirección a las tierras del norte, donde había nacido ella. También Domicia Longina consigue escapar como conjurada.
El emperador Nerva, al ver que el Imperio se desintegra lentamente, nombra a Trajano como hijo adoptivo, César y tribuno. Al nombrarlo hijo adoptivo y ser respaldada su decisión por el Senado, Trajano podrá llegar a ser emperador y cambiar el rumbo de la historia, pese a ser un emperador extranjero.
El libro termina con la primera audiencia de Trajano en Roma, tras haber asentado las fronteras en el Danubio y el Rin, haber pactado con Nigrino, al frente de las legiones de Siria, y haber acabado con los jefes del petrorio, Norbano y Casperio.

Es un libro increíblemente emocionante. También lo tengo firmado por el autor. Tiene más de 1.100 páginas. Siempre he pensado que los libros largos cuentan buenas historias que no te saben a poco. Éste no iba a ser menos.

Emociones intensas

Anoche me hubiera gustado salir. Me apetece verle, encontrarme con él. Anoche me quedé dormida imaginando sus brazos alrededor de mí y la sensación era muy agradable.
No me gustan estos días tan fríos, como nunca me han gustado el frío ni la nieve, pero recuerdo lo que me dijo una persona una vez cuando me quejé de la lluvia tokiota: "El tiempo siempre es el que tiene que ser, sólo que nosotros nunca estamos conformes". Tenía razón: si hace sol nos quejamos del calor, si nieva nos quejamos del frío, cuando llueve nos quejamos de las gotas de lluvia, cuando hace viento nos molestan las ráfagas de aire que nos azotan el rostro. Es febrero y está nevando todo lo que no nevó en los meses anteriores.
Se me hacen muy grises porque no me encuentro con él, porque le echo de menos, y hace días que no le veo, que no miro a esos ojos que contienen todo lo mejor del mundo, echo de menos esas emociones de un minuto que consiguen tocarme el alma.

Le amo, le amo con locura.

sábado, febrero 04, 2012

No ha parado de nevar

Me apetece salir, verle, escuchar su voz, perderme en su mirada perfecta, tocarle el pelo, disfrutar de unos minutos con él...
Pero hoy no puede ser. Tal y como está la noche, el suelo, la carretera y todo es preferible quedarse en casa. Anoche ni siquiera me di cuenta de que me había quedado dormida antes de medianoche. Al menos me había puesto el pijama, pero de madrugada sentía que el frío se filtraba por algún hueco, ya que me encontraba tapada únicamente con el edredón, por lo que he tenido que deshacer la cama, casi entre sueños, para dormir mejor.

Me apetece verle, pero tendrá que ser otro sábado que no tenga nieve.

"Colombiana"

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La tarde invernal invita a ver películas. Aunque mejor sería verlas junto a un ángel. Me he tapado hasta la nariz y he visto la película de "Colombiana", un poco elegida al azar entre el listado de películas que aparecen en el iPad. Se me eriza la piel con sólo imaginar una tarde de cine junto a él, tapada hasta la nariz y sintiendo su piel tan cerca. Entonces no sé si veríamos muchas películas, pero me gusta imaginar una situación así.

"Colombiana" es una película de acción, que trata de una venganza personal, donde se mezclan las mafias colombianas con los sobornos a la CIA americana, pero en esta película se conjuga a la perfección esa máxima que dice que "la venganza se sirve en plato frío", pues habrán de pasar varios años para que esa venganza, trazada a la perfección, tenga lugar.
La película es entretenida.

Cataleya es una niña cuando ve el terrible día en que ve con sus propios ojos cómo los hombres del mayor mafioso de Bogotá, D. Luis, asesinan a sus padres. Consigue escapar de ellos y utiliza todos los instrumentos que le ha dado su padre, antes de morir, para "comprar" un pasaporte para Estados Unidos. Allí consigue escaparse de la policía que la custodia para ir en busca de su tío y de su abuela, que viven en Chicago. Nada más llegar, le dice a su tío que le enseñe a ser una asesina a sueldo.
Han pasado los años, Cataleya (Zoë Saldana) se ha convertido en una mujer muy escurridiza. Ha cometido 22 asesinatos y las víctimas siempre aparecen con un dibujo en el pecho. Nadie sabe qué significa, hasta que el agente del FBI, James Ross (Lennie James), descubre que el dibujo es una "cattleya", un tipo de orquídea que crece en el Amazonas, y que coincide, además, con el nombre de la asesina que están buscando. 
Sólo cuando el FBI decide publicar el dibujo en los periódicos es cuando llega a su verdadero destinatario: D. Luis, que decide ir a atraparla a Chicago. Ella conseguirá vengarse y escapar, consiguiendo al final cerrar el círculo.

viernes, febrero 03, 2012

Noches blancas

Venía muy despacio por la carretera. Los copos de nieve chocaban contra el cristal y apenas me dejaban ver. Venía atemorizada, porque aunque no hay hielo no me gusta conducir con nieve. Era consciente de que lo peor estaba llegando a mi pueblo: en el empalme, en la curva, en el momento de meter el coche. Y es que las calles de mi pueblo ya se encontraban blancas.
Pero mi mente venía aferrada a una imagen, al coche de un ángel aparcado muy cerca, al anhelo de dibujarle un corazón en medio de los copos de nieve que cubrían la luna trasera de su coche. Tan cerca...
Le echo de menos. Echo de menos su mirada repleta de tantas cosas buenas, echo de menos la magia que desprende su presencia, echo de menos esa voz tan sensual y la sabiduría de las cosas que dice.

Cuando he quitado el contacto del coche he suspirado. Por fin estaba en casa.

Nunca digas nunca jamás

Hay una pregunta en el Trivial que dice qué significa "Nunca digas nunca jamás". Es una definición del amor. Es conciso, define en unas pocas palabras algunos sentimientos casi imposibles de definir.
Le echo de menos. Muchísimo, demasiado, mucho más de lo que podría llegar a imaginar. Echo de menos su voz, sus manos, sus ojos, su sonrisa, su... todo. 
Podría pasarme sin cualquier cosa, pero no podría pasarme sin él. En cuanto pasan unos días sin él, siento un nudo terrible en la boca del estómago.

Es tarde. Es un buen momento para abrazar la almohada, para imaginar que le abrazo a él, para soñar con sus besos, sus caricias, su voz sensual. 

jueves, febrero 02, 2012

La nieve sólo sería perfecta junto a un ángel


La nieve está bien siempre que se vea a través de la ventana, como ahora. Sabiendo que está helando pero yo me encuentro al abrigo de los muros de casa, junto al calor que llega desde un radiador cercano.
La única manera que existiría para que me gustara la nieve es si caminara junto a él, en esa calle solitaria, vacía, silenciosa. Y aun así, preferiría estar abrazada a él frente a una chimenea mientras nieva fuera o con el edredón hasta la nariz escuchando al lado su respiración.
Esta tarde he estado hablando con alguien cercano a él, alguien que posiblemente esté con él ahora. No me atrevo a preguntarle. Esa pregunta siempre se queda silenciosa en mis labios, aunque me gustaría saber de él. 

Vuelve a nevar


En Ezcaray ha empezado a nevar otra vez.

Tanta nieve

No me gusta la nieve. Al menos no cuando me impide hacer algo. La nieve está bien si puedo mirarla a través del cristal y no tengo que salir a la calle a hollar mis pisadas sobre el blanco suelo. 
Y lo peor es que hoy me tocaba venir a Ezcaray, que si SD está nevado... de Ezcaray ni hablamos.
El coche se ha quedado en casa y he podido deleitarme con el paisaje a medida que veníamos a Ezcaray.
Vaya frío.

Y amanecer al sol

Daría un mundo por abrazarle y quedarme dormida junto a él, compartiendo los sueños, esos sueños por los que él me preguntó una vez y sobre los que no respondí. Daría un mundo por amanecer al sol, a su vera, perdida en su mirada perfecta.
Y echo de menos los momentos de magia. Adoro cerrar los ojos, antes de que avance el sueño, para imaginar que él duerme, para recordar su rostro perfecto, su mirada cargada de tantas cosas bellas, la suavidad de sus dedos de artista.
Es que le echo de menos. Y le quiero tanto, tanto, tanto...

Es un buen momento para ir a dormir.

miércoles, febrero 01, 2012

Cosas del miércoles

Esta tarde deseaba escribir, pero era imposible. En cuanto me he echado a leer me he quedado dormida. Quizás tenía sueño atrasado, ya que las últimas noches me han dado las dos de la mañana, pero es cierto que en cuanto me entra el sueño duermo profundamente hasta que suena el despertador. 
La última imagen antes de cerrar los ojos era él, perfecto, angelical, adorable. Llevo varios días sin verle y ya estoy echándole de menos.
Esta mañana no estaba en el café, sólo faltaba él. 

Me encuentro leyendo un libro de mil páginas sobre Roma que me tiene muy enganchada. También han colgado hoy los módulos del segundo cuatrimestre. Apenas hemos tenido tiempo de descansar tras el examen y ya estamos en la recta final. ¡Qué ganas de terminar! Y luego está el viaje a Madagascar, que ya me han mandado varios trípticos sobre la gran isla africana.

Comenzando el mes

Esta noche volvería un mes atrás, regresaría con los ojos cerrados a la madrugada del 31 al 1, para revivir de nuevo cada instante junto a él. Que cada vez que lo rememoro me dan escalofríos, se me eriza la piel, me entra una felicidad difícil de describir. 
Ha pasado tan sólo un mes y parece que aquella noche transcurrió hace siglos... Quizás se deba a que el mes de enero siempre parece más largo que el resto de los meses del año, pero también porque he intentado distanciarme de él después de aquella noche. No sé por qué, porque cuanto más intento alejarme más cercano le siento. A veces me siento como si me encontrara dentro de un hechizo. Últimamente le he vuelto a ver y he comprendido lo largas que han sido las semanas sin él, lo mucho que le he echado de menos, y ahora tengo claro que no tengo fuerza de voluntad para alejarme de él durante mucho tiempo ni a muchos kilómetros de distancia, porque él siempre estará cerca, tan cerca como lo está mi corazón, porque él siempre está ahí. Le quiero tanto que está tan cerca que a veces no me doy cuenta de esa proximidad.

Hoy también me he marchado antes que él. Aunque no me encuentre con él, sé que él está a unos pocos metros de distancia. Cuando veo su coche a veces siento que tengo que decirle algo, aunque sólo sea para recordarle que a veces pienso en él, pero mis últimas palabras fueron que sólo me pondría en contacto con él por motivos de trabajo. Por una vez, cumpliré lo que le dije, aunque no sé, cada día me cuesta más no decirle nada. 

En febrero se celebra el día de San Valentín. Para mí todos los días son 14 de febrero. Es una pena que no los comparta con él. Si el día me concediera un minuto de la noche con él le cubriría a besos y me perdería en esa mirada perfecta. Me muero por besarle.

Debería ir a dormir, que luego me cuesta despertar. Aunque últimamente he recuperado mis sueños, esos sueños donde siempre aparece él, y que consiguen que el día siempre amanezca más azul y que todo lo que me rodea tenga algo especial. Pero en ese decorado siempre estoy anhelando la magia, y esa magia siempre llega con él. Sí, es un buen momento para escabullirme en esos sueños donde siempre aparece él...