domingo, enero 15, 2012

Pequeños actos de amor


Cada diminuto acto de amor es capaz de alcanzar cotas insospechadas.

Creo que muchas de las cosas que hago diariamente son fruto del amor que siento por él, incluso aunque él se encuentre ausente y yo misma me mantenga distante. ¿Acaso no me he alejado de él por amor? Yo ya no tengo que demostrarle más de lo que le he demostrado. Me estoy alejando, aunque bien sé lo que me cuesta mantenerme fuera de su círculo. 
El sueño de ayer revolotea a mi alrededor. Y vuelve a llevarme hacia la frase del inicio. 

¿Qué no seríamos capaces de hacer por amor?

Hachiko, o el sentido de la fidelidad

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Estatua de Hachiko en la estación de Shibuya

En la estación japonesa de Shibuya, junto a la salida, se encuentra la estatua del perro más fiel de Japón: Hachiko. Este perro se convirtió en un símbolo de la fidelidad y es amado por los japoneses como una mascota fiel que jamás abandonó a su amo, incluso cuando éste ya había fallecido.
Durante años, el perro fiel Hachiko acudía al final del día a la puerta delantera de la estación de Shibuya para saludar a su amo, Eisaburo Ueno, un profesor del departamento de agricultura de la Universidad de Tokio. Esta rutina acabó el día de mayo de 1925 en que el profesor ya no regresó, pues el profesor había muerto mientras impartía clases en la universidad de Tokio. Durante los diez años posteriores, Hachiko demostró lealtad a su dueño, acudiendo cada día puntual al final del día a esperar a su amo, que jamás había de regresar.
A medida que transcurría el tiempo, Hachiko comenzó a llamar la atención de propios y extraños en la estación de tren. Los viajeros que habían observado cómo el perro acompañaba al profesor antes de que éste muriera, se encargaron de alimentarlo durante los años posteriores.
En abril de 1934 se erigió una estatua de bronce en honor a Hachiko en la estación de Shibuya.

Había oído historias similares sobre perros fieles a sus amos. Junto a la catedral de Amberes hay una historia parecida que relata la fidelidad de otro perro hacia su amo. Sé que por el mundo corren historias muy similares de mascotas que nunca se dignaron a abandonar a sus amos.
Esta historia me lleva a tocar un tema como el de la fidelidad, que conecta directamente hacia la lealtad de una persona hacia otra. Esto me lleva a pensar en un ángel, en la fidelidad que le profeso desde hace casi tres años y la lealtad que siento hacia él, el anhelo de protección hacia él, amarle sin esperar nada a cambio, sin que ni siquiera se hagan un rasguño los muros sobre los que se ha formado esa fidelidad. 

Allá donde se forjan los sueños

Hoy he tenido un sueño, uno de esos sueños que se imaginan con los ojos abiertos y que no se comparten con nadie. Por eso estoy escribiendo, porque el contenido de mis palabras también tienen mucha relación con los sueños. Temo no llegar a tiempo para mediados de mayo, pero sé que conseguiré presentar el manuscrito a tiempo, aunque tenga que robar horas a la noche.
¿Qué significan los sueños si no los intentamos hacer realidad...? Entre líneas, ese sueño tiene que ver con un ángel de mirada perfecta. La próxima vez que hable con él le preguntaré cuáles son sus sueños. Podría ser dentro de muchos meses o podría ser mañana. 

sábado, enero 14, 2012

¿Y entonces...?


No lo tengo claro. Aún no sé si saldré esta noche. Lo que ocurre es que sé que si salgo me encontraré con él. En realidad, no ocurrirá nada si nos cruzamos. A medida que van pasando las horas me resulta muy costoso hacer frente a esa mirada perfecta que llevo dos semanas sin ver.
En realidad me falta él, y todo lo que él trae consigo. Lo que me resulta muy cuesta arriba es mantenerme distante. En estas dos semanas no he sabido nada de él; en momentos puntuales, que podría contar con los dedos de las manos, le he visto pasar con el coche. Sentía cierto vacío atemporal que no he sabido llenar con nada. Será que me falta él.
Le echo mucho de menos. 

Horas previas a la noche

Es posible que esta noche me encuentre con él, después de dos semanas. No lo quiero ni imaginar. Quizás al final opte por no salir. No es que tema ese encuentro, pues al final soy consciente de que cuanto más se dilate en el tiempo será peor. Es sólo que han pasado muchos días y ya no sé si tengo que decirle algo.
Debería intentar no ponerme nerviosa, pero siento un terrible nudo en mi estómago. Al final, me cruzaré con él, sea esta noche o sea cuando sea.

viernes, enero 13, 2012

¿Dónde estará él?

Últimamente no tengo muchas ganas de escribir. ¿Me da pánico decir cosas sobre las que siempre tendré la duda de quién lee? Ahora eso es imposible.
Es cierto que aún sigo probando el iPad y que me resulta sorprendente en cada cosa que descubro. Tanto que me hace desconectar de todo lo que me rodea. Así me encontraba en el bar, después de haber comido, cuando ha aparecido JC. 
Le he dicho que no sé si saldré este fin de semana si hace mucho frío. En realidad no es por el frío...
También he hablado con otra persona muy cercana a él. He estado a punto de preguntarle por él, pero las palabras se han quedado en mis labios, sin llegar a pronunciarlas en voz alta.
¿Por qué siempre veo a tanta gente cercana a él y nunca le veo a él? Por más que sepa que el encuentro con él será duro, que me ruborizaré, que me temblará la voz... anhelo encontrarme con esa mirada angelical. Son demasiados días sin él, demasiados días sin el sol, demasiados días grises, demasiados días sin magia.

No le veo


No le veo.
Le miro, le hablo, le beso, le siento, le sueño, le pienso… y no está.
No quiere estar. Quiere seguir siendo arena en mis manos y seguir fluyendo entre los dedos. Quiere seguir siendo agua entre los dedos y correr, correr hasta el mar.
Y no deseo que las esquirlas de recuerdos se pierdan en las olas del mar. Las quiero guardar para mí, para cuando le vuelva a ver.

Le echo mucho de menos.

Tantos sueños llegarán

Muchos días me despierto en la noche... pensando en él. A veces, imagino cómo sería despertar a su lado. Los recuerdos siguen siendo demasiado cercanos como para mostrarme indiferente. 
Me pregunto cómo será mirarle a los ojos la primera vez. Me encuentro algo insegura ante esa situación. Sigo pensando que me ruborizaré, haga lo que haga y diga lo que diga.
Es viernes trece. En el mundo anglosajón es un día que no trae buena suerte. Cuando pienso en ello, me remito a sus palabras, las que me dijo una vez hace ya más de dos años: "es un día más".

Tendré que ir a soñar con él. Siento que falta la magia.

jueves, enero 12, 2012

A las cuatro

A las cuatro nuestros caminos se han cruzado... después de tanto tiempo. He levantado los ojos y sólo he alcanzado a ver su coche y su matrícula. Me pregunto si me habrá visto él.
Entonces he sentido que el corazón se me aceleraba y se marchaba con él. Le echo de menos. Esta situación es insoportable.
Le quiero tanto... que muchos días se me hacen cuesta arriba. Después me sentía irascible, lo notaba al hablar por teléfono, al encontrarme con la gente. Y eso que siempre intento sonreír.

Entre la niebla


Es el momento de marchar. Esta mañana he estado tan ocupada que apenas he tenido tiempo para escribir unas pocas palabras. Aquí no hay niebla, pero seguramente a medida que vaya bajando, me encontraré con la niebla concentrada en Santo Domingo.
Me encuentro leyendo un libro sobre Japón, pero el iPad se come casi todo mi tiempo libre.

Es hora de marchar. Me pregunto dónde estará él, si me cruzaré con él como muchos jueves de los pasados meses. Esté donde esté, seguro que está guapo. Le echo de menos.

El nostálgico sabor de los recuerdos

Todos los recuerdos aparecen cada noche. Casi fugaces, casi inalcanzables, casi etéreos. 
Me pregunto dónde estará él ahora. Me pregunto dónde estará él mañana. Me pregunto el motivo por el que ya no nos vemos.
Hay noches en que daría un mundo por volver a abrazarle. También ese anhelo me lleva a recordar. Y entonces vuelvo a estremecerme inevitablemente.
Iré a dormir y soñaré con él. Como todas las noches de todos los meses de los últimos años.

Esta distancia me está marchitando cada día un poco más.

miércoles, enero 11, 2012

Pinsapo de Carrasquedo

Esta tarde he ido a la ermita. Había dos personas y se encontraban en el interior. Como había sol, aunque hiciera tanto frío, prefería pasar un rato allí, paseando por la mullida yerba bajo los árboles, tirándole una pelota al perro, mientras el atardecer anaranjado me observaba al fondo. 
Al recordarlo, aún siento el frío que se ha adueñado de mis dedos insensibles cuando me encontraba allí.
Durante un momento me he quedado leyendo la inscripción que se ubica junto al árbol que más historia tiene de Carrasquedo. Nunca me había fijado. Ni siquiera sabía el nombre de la clase de árbol: Pinsapo de Carrasquedo, de unos trescientos años, un árbol singular de La Rioja. Como no podía ser menos, también tiene su leyenda. Cuenta el boca a boca desde ancestras generaciones que allí se apareció la Virgen de Carrasquedo a unos habitantes del pueblo y por eso se construyó allí la ermita homónima. 
Hace unos años cayó un árbol que hirió de una manera terrible parte de la corteza y de la copa, de ahí que en la actualidad esté algo ajado por un lado. La gente pensaba que iba a morir, pero el árbol sobrevivió. Quizás sea porque en sí mismo tiene una magia indescriptible. Ese árbol es parte de la ermita.
No había un alma.

El iPad y sus múltiples aplicaciones

Mi primer ordenador fue un Macintosh. Era un sobremesa cuyo modelo estará desactualizado desde hace siglos. Después de ese, decidí que no quería nada que viniera de la fábrica de Apple, porque todos los programas eran incompatibles con cualquier ordenador normal.
Por eso, cuando en Japón toqué el iPad me quedé anonadada. Era junio del año 2010 y ya me quería traer uno a casa. La única pega era que viene de Apple. Después, otras casas sacaron las tablets. Durante mucho tiempo esperé a ver si salía algo con la misma tecnología de Apple, pero que no fuera de esta marca. De momento no ha salido.
Así que año y medio después, decidí que ya era hora de comprarlo, aunque fuera Apple. Ya sabía que sería una segunda versión, que saldrá una tercera y las que vengan.
Después de día y medio con el iPad en las manos, debo decir que es impresionante. No es como un portátil, pero tiene sus funciones, incluso otras que ni siquiera podríamos imaginarnos. Podría pasarme horas delante del iPad y no me enteraría. Me he descargado un sinfín de aplicaciones gratuitas que merecen mucho la pena.

No podía comprarme un iPad sin una funda para protegerlo. Es de color rojo y se enrolla en un lateral, de tal forma que se convierte en un soporte.

Otra de las cosas que vinieron con el iPad y que se me dio la opción de forma gratuita es poner unas frases en la parte de atrás del aparato. Sólo había opción para escribir dos líneas no muy largas, así que en la primera puse mi nombre y en la segunda, un verso de La vida es sueño de Calderón de la Barca, que además es el subtítulo de este blog.

No es por si se me perdiera, ya que este aparato inteligente sabe dónde está en cada momento y, en caso de pérdida, podría saber dónde se encuentra a través del correo electrónico. Lo que he descubierto esta tarde es que ese GPS además me muestra imágenes de la ubicación, vía satélite. Y entonces he visto mi casa. ¿Sorprendida? Como para no estarlo. Además sale el coche de mi hermano pequeño.

Después es trastear un poco. Como es todo táctil, cuando se necesita escribir algo, siempre aparece un teclado virtual, con las teclas en la pantalla.

A estas alturas tengo infinitas aplicaciones gratuitas descargadas, entre juegos, agendas, calculadoras, aplicaciones de escritura, diccionarios, fotos, programas de viajes, cine, música, etc.

Luego se trata de ir buscando el icono necesario para lo que quieras hacer. Hay dos estanterías con libros y revistas gratis, que previamente me he descargado. Los libros están en castellano, mientras que las revistas son todas en inglés.

Por supuesto, como también se puede navegar, aunque aún no he contratado el adsl, porque con las wifi's actuales no lo veo necesario aún, también he entrado en mi blog.

Una de las cosas más interesantes que he encontrado al mediodía ha sido la lista de canales de la TDT, de los paquetes básicos que tenemos en nuestro país. Me lo he descargado pensando que habría que contratarlos previo pago y cuál ha sido mi sorpresa al dar, al azar, a Cuatro y encontrarme con los periodistas deportivos en directo. Como si estuviera viendo la televisión. En cambio, algunos canales como RTVE te envían a su página web directamente.

Acabo con otra aplicación que también me ha sorprendido. Al viajar tanto no es algo baladí, aunque ahora no lo necesite. Lo cierto es que se trata de planos de metro. Pensaba que habría cuatro ciudades americanas y bastaría, pero no es así. Ahí también estaba el plano de metro de Madrid.
Ahora quiero dejar un rato el iPad. Al final me limitaré a unas pocas aplicaciones y me bastará. Pero al ocupar tan poco siempre lo llevo conmigo.
Es hora de leer un rato (pero un libro de papel, que se pueda tocar).

I miss him

Esta mañana he empezado a escribir en cuanto ha empezado a sonar la alarma del banco, que nos ha tenido toda la mañana a vueltas. Es posible que se hubiera estropeado, porque de vez en cuando volvía a dispararse. Después, ya no he tenido tiempo para pensar en alarmas. Cuando me habituaba al sonido repetitivo, dejada de sonar.
Esta mañana me he despertado pensando en él. Echo de menos la magia. Me pregunto dónde estará, aunque ya sé que se ha resfriado. De momento, no ha regresado el deseo de ponerme en contacto con él de nuevo.
Le echo de menos. Pensaba que no le iba a echar tanto de menos, pero sí. En realidad me gustaría encontrarme con él cualquier día...

Ojos que no ven...

No sólo le estoy evitando yo, él también me evita a mí. Como dos panolis nos evitamos, hasta que, en el momento menos pensado, nos crucemos de nuevo. 
Es cierto que ojos que no ven... corazón que no siente. Es terrible pensar así, aunque es cierto que muchas veces me obligo a no pensar en él, aunque el recuerdo del roce de su piel está demasiado presente aún. 
Sé que él me evita porque ya no aparca donde siempre. Sé que yo le evito porque voy a tomar el café una hora antes. 
A veces los recuerdos me parecen que son irreales, como si en realidad no hubiera ocurrido nada, como si yo jamás me hubiera lanzado a sus brazos, como si las confidencias fueran fruto de la imaginación. Pero sé que ocurrió, sé que nos dijimos cientos de cosas, sé cómo es el roce de su barba y echo de menos esa mirada angelical.
Al menos, por mi parte he intentado romper el hielo. Por la suya me llega el silencio. Demasiado terrible para pensar en ello.

martes, enero 10, 2012

Un juguete entre las manos

Hoy ha llegado algo que no me esperaba. Sinceramente lo esperaba mañana, pero desde que a la una ha llegado un repartidor preguntando por mí, me he sentido flotando. Le he mirado, he observado el paquete y sabía que ahí estaba mi iPad. No veía por abrir la caja y ponerme a investigar.
A eso de la una, he descolgado el router de la pared, pero la WiFi no me iba, quizás ha sido porque en vez de poner la clave he escrito el código de barras, que más tarde me he dado cuenta. Después he dejado el router colgando porque no había manera de que volviera a ponerse en su sitio.
Así que he ido al bar de enfrente, que sé que es Zona WiFi, pero la persona que estaba tras la barra no recordaba la contraseña y, por más que ha hecho veinte llamadas, no ha conseguido darme la contraseña y yo seguía sin conectarme a internet. A las dos y media, estaba en el despacho de mi hermano, allí es donde me he dado cuenta de que en la oficina había puesto mal la contraseña. Quería quedarme con esa clave, puesto que tendré WiFi cada vez que me encuentre en la cafetería de debajo. 
El técnico de Telefónica, al que he llamado para que se pasara a colgarme de nuevo el router, se ha portado genial. Lo que es conocer a la gente. Así que finalmente he conseguido poner las claves de tres router inalámbricos en el iPad, el tercero en casa. Eso quiere decir que, por el momento, no es necesario que me dé de alta con el adsl, porque al final siempre voy a tener internet.
Toda la gente que ha visto mi iPad se ha quedado anonadado, incluidos mis padres, que el aparato solo nos ha ubicado en el número exacto y la calle donde vivimos.
Es un vicio, tiene demasiadas aplicaciones, tanto de pago como gratuitas. Es obvio que encabezan la lista los documentos para escritura, que están muy diseñados, ya que me separa por capítulos, títulos, lugares, personajes... Personalmente prefiero que no separe nada. 
Lo más impresionante es que está personalizado. En la parte de atrás, junto a la manzana de Apple, hay dos líneas a láser: en la de arriba pone mi nombre, en la de debajo: "Y los sueños... sueños son". No podía ser de otra manera. 

En el silencio de la noche

El silencio de la noche acaricia mi piel. Siento que se me eriza el vello y no quiero estremecerme. Sólo tengo que cerrar los ojos y recordar el tacto de otra piel, otras manos, el sonido de su voz angelical y la penetrante mirada perfecta que contiene todo lo mejor del mundo. Eso sí que es estremecerse de verdad. 
Los recuerdos son aún demasiado palpables, demasiado próximos. Por eso me cuesta tanto dormir, por eso me cuesta tanto despertar. 

Debería intentar soñar.

lunes, enero 09, 2012

Siempre nos quedarán los recuerdos

Nueve días sin saber nada de él. Nueve intensos días suspirando al viento, buscándole debajo de cada farola, respirando una brisa que me asfixia. Siento el alma desgarrada, agarrotada, maltrecha. 
Cada día que pasa es peor que el anterior. Cada amanecer es un llanto al olvido. Ni una palabra, ni una mirada, ni una sonrisa. 
Los días han perdido su color y las ilusiones se fueron junto a la vieja paleta de algún pintor. Lo único que permanecen son los recuerdos de un amor que nunca fue. Los recuerdos que se ensalzan a través del aleteo de mil mariposas encerradas en una jaula de barrotes de cristal. Los mismos recuerdos que hoy me hacen lagrimear, ayer sonsacaban la más tierna de mis sonrisas.
Temo ir a dormir. Últimamente doy muchas vueltas buscando los sueños que una noche perdí, buscando unos sueños que quizás le entregué a él, mientras le entregaba mi corazón.
¿Cómo podré seguir caminando mañana como si no pasara nada...? ¿Cómo continuaré mirando al cielo sin buscarle entre las estrellas...?
Cuando esta noche volvía a casa, sentía una potente luz detrás de mí. En la siguiente curva he visto que era la luna, una luna redonda, blanca y perfecta. Solitaria. Entonces he sentido la soledad en toda su intensidad. Mi alma se encontraba en un puño.
¿Por qué él, después de nueve días sin saber nada, está más presente que nunca? 

Donde los árboles cantan

Me ha costado siglos retomar cada capítulo de esta novela, pese a que está escrita con un vocabulario sencillo. Pero las circunstancias de las últimas semanas creo que podían conmigo y cualquier cosa era preferible a leer. Finalmente me lo he terminado. Me ha gustado, aunque no me parece, en realidad, una novela muy profunda.
Emula a las novelas de caballerías sin estar dentro del género, no es una historia de princesas, pese a que pueda parecerlo por la portada. Más bien, la mujer heroína y el cambio que percibe en su vida al ser despojada de todo convierten esta novela en un ariete del feminismo. La considero, por tanto, una novela demasiado feminista para mi gusto. No me gustan los extremos. Los hombres ocupan un segundo lugar, aunque uno de ellos es la piedra angular de la historia.
Me ha recordado, además, a las series de cómic de Astérix, donde los "temibles galos tenían una poción mágica que les hacía invencibles". La historia en sí, sobre todo al final, me ha traído a la memoria a una vieja leyenda que nos contó el párroco de mi pueblo en una velada en el monte.
Creo que el argumento del libro podría amasarse aún más. No es que me haya decepcionado, sólo que no me apetece una historia de amor "roto" en estos momentos.

Viana de Rocagrís es una joven noble que vive en un castillo junto a su padre. Son invitados a Nortia durante la festividad del solsticio por el rey. Viana está encantada porque allí se encontrará con su prometido Robian que, además, será armado caballero y tendrá que rendir vasallaje al monarca. Cuando se encuentran en medio de un banquete aparece Lobo, un antiguo conde que fue despojado de sus tierras y de su título. Explica a todos los presentes que los bárbaros preparan la batalla para el invierno. Nadie cree que durante las heladas puedan los bárbaros cruzar las montañas. El rey decide movilizar a las tropas en primavera. Lobo comenta, angustiado, que podría ser tarde.
La batalla llega en pleno invierno y Viana se despide de su padre y otros nobles para no verle regresar jamás, porque los bárbaros tienen una fuerza excepcional que les convierte en invencibles. Todos los nobles que se oponen al poder del nuevo rey bárbaro son asesinados y sus mujeres son repartidas entre los jefes de clanes. Viana consigue engañar a su marido y, un día, por accidente, le asesina, por lo que se ve obligada a huir. Decide ir al Gran Bosque, donde los árboles lloran y donde se dice que se encuentra el manantial de la eterna juventud. Allí se encuentra con Lobo, gran amigo de su padre, que la enseñará a cazar, a manejarse con las armas, a caminar sigilosamente por el bosque y, en definitiva, a sobrevivir. Un día, Viana huye al pueblo más cercano y dispara una flecha al rey bárbaro, pero sorprendentemente éste se saca la flecha del corazón y no muere. Ella cree que tiene que haber algo raro ante la imbatibilidad de los bárbaros, así que decide ir a buscar el manantial de la eterna juventud. Pero lo que trae al campamento de los rebeldes es un joven de piel moteada que parece un recién nacido, pues todo lo está aprendiendo gracias a ella. Lo que ocurre es que entre ellos dos surge el amor.
Viana descubrirá, junto a Uri, el secreto de los bárbaros, que sacan la savia de los árboles cantores, que les convierte en invencibles. Deciden ir a Nortia a destruir todos los barriles de savia, pero allí se encuentran con el ejército rebelde en pie de guerra.
Al final, los rebeldes destruyen los barriles, Lobo asesina al rey bárbaro y eso supone la liberación de los nobles, que consiguen expulsar a los bárbaros de nuevo a las montañas.
Viana descubre que Uri en realidad es un árbol cantor convertido en ser humano que había ido a solicitar ayuda para salvar a su pueblo de las garras de los bárbaros. Durante meses se amarán en el castillo de Rocagrís, pero un día Uri echa raíces en medio del patio y así se despide de su amada Viana.

Esto último también me recuerda al mito de Dafne.

Finalmente hay algo en el libro que me encanta y es la portada, de la ilustradora española Cris Ortega. Me gusta mucho el estilo de sus dibujos.
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Los días son de color gris


En mi mente llevo todo el día pensando en él. Da igual que intente concentrarme, porque en todo lo que hago siempre está él. En mi mente, me pregunto si habrá leído o si no habrá leído aún.
Anoche me costó dormir otra vez.
Debería marcharme a casa, pero en casa vuelvo a recordarle, su imagen se va moldeando lentamente en mi mente y le doy vueltas a la cabeza. La única vía de escape es lo que estoy escribiendo, pero ponerme me lleva aún diez minutos.
Tengo el corazón encogido, pero no voy a permitir que las lágrimas rueden por mis mejillas.

Creando sueños

Acabo de terminar de leer un libro, pero no escribiré sobre él hasta mañana, ya que se me va a hacer tarde. En cambio, estaba leyendo otras palabras que he escrito yo misma esta noche.

Si no tienes sueños, créalos, y cree en ellos.

Es bonito. Con esas palabras mágicas dormiré esta noche de un tirón. O eso espero.

domingo, enero 08, 2012

Las lágrimas de la pasión perdida

Hoy me he desmoronado inevitablemente. Ha habido un momento en que me sentía tan solitaria que, de repente, he sentido que las lágrimas empezaban a fluir por mis mejillas, tan incontenibles como agrias.
Ocho días sin noticias, ocho días sin magia, ocho días sin color, ocho días sin amor. A veces me resulta demasiado doloroso. Pero una fuerza en mí me impide ponerme en contacto con él, pese a que una vocecilla interior siempre está sugiriendo lo contrario.
Ojalá las cosas fueran más sencillas.

Desde hace días he empezado mil correos de amor y todos los he terminado borrando. 

En busca de la magia

Llegué a casa sobre las cuatro. Me hubiera gustado encontrarme con él, al menos para que pase cuanto antes ese momento de rubor. Cuanto más tiempo pase más me costará encontrarme con él como si no pasara nada.
Para mí no es fácil hacer como que no pasa nada. El corazón me late con mucha fuerza cuando pienso en él, cuando recuerdo los momentos mágicos que siempre llegan con él.
Echo de menos la magia. Los días son un poco más grises sin él.
¿Le buscaba anoche? Sí. En cada rincón esperaba encontrarme con él, pero creo que él no estaba anoche en el mismo lugar que yo.
Cuando apagué la luz pensé en que sería una buena idea escribirle. Lo que ocurre es que, cuando lo pienso ahora, siempre lo dejo pasar, esperando que ese pensamiento termine desapareciendo.

sábado, enero 07, 2012

Tantas preguntas


Me pregunto si le veré esta noche. Tengo el corazón en un puño. Yo creo que sí le veré, aunque lo que siento ahora es complicado de explicar.
Me gustaría verle, claro que sí. Sin él, siento que me falta algo. Llevo muchos días sin verle, sin decirle nada, sin saber de él.
Y le echo mucho de menos.

Él... unos días después

Desde anoche tengo un nudo en el estómago. Sé que son nervios porque hoy podría encontrarme con él. Llegaba a Santo Domingo a la una del mediodía. Me he quedado hablando con alguien y entonces le he visto pasar. Desconozco si él me ha visto a mí, lo cierto es que no ha mirado, aunque yo he saludado. ¿Qué ha ocurrido entonces? He sentido que sonreía inexplicablemente. Nervios, sí, pero también felicidad por volverle a ver, aunque haya sido durante una ráfaga breve de segundos.
¿Qué me da él que no me da nadie más?
Me da palo saber que podré encontrarme con él en cualquier momento. Al principio, que me conozco, me ruborizaré, miraré para otro lado, intentaré calmarme y luego le saludaré como si no ocurriera nada. Todo esto en cuestión de segundos.
Me han comentado si nos vamos a Logroño esta noche. Una parte de mí dice que sí, pero en el fondo sé que no me iré, que me quedaré porque un deseo más fuerte anhela ese encuentro con él.

Con el año cambiado

Siempre se me olvida cambiar los calendarios cuando cambiamos de año. Acabo de darme cuenta de que tengo en mi dormitorio aún un calendario de 2011. Siempre se me olvida cambiar de año. Aunque este año empezó de forma diferente. 
Empezó mejor porque pasé horas junto a él y, si por mí hubiera sido, hubiera pasado muchas más horas con él. Empezó mejor porque encontré respuestas, pero también me invadieron nuevas preguntas. 
Tengo un nudo en el estómago. Es posible que mañana nos encontremos. Me va a costar mucho mirarle a los ojos, sé que me subirán los colores, que me temblará la voz al saludarle...
Le quiero demasiado. Y le echo mucho de menos. Llevo seis días sin verle y me estoy tirando de los pelos.

viernes, enero 06, 2012

Dos pequeñas en los brazos

Ayer tuve a dos niñas recién nacidas en brazos. Tienen una semana de vida. Como quiera que el día anterior me había quedado con las ganas, esta vez la madre me puso a una en los brazos. La pequeña ni se inmutó, siguió durmiendo. La tocaba las manitas tan pequeñitas, los pies tan diminutos, repasaba con los dedos la nariz, la boca y me parecía un milagro. Hace una semana, esas niñas estaban en la tripa, y ahora estaban allí.
Me hubiera quedado allí durante horas.
Después me dejaron a la otra, que también seguía dormida. 

Nunca había cogido a un bebé tan pequeño. Fue impresionante. 

Varios meses después

Varios meses después hemos regresado a La Tapiada, aprovechando que es el cumpleaños de mi madre.

Buscándole en la noche


Le buscaba. Claro que le buscaba. Quiero que pase cuanto antes ese momento de mirarle a los ojos en que estoy segura que me ruborizaré. Hoy no le he visto, es posible que no estuviera. Me hubiera gustado encontrarme con él, aunque sólo fuera para mirarle, sonreírle y susurrarle que todo va bien.
Nos hemos llevado una paletilla. Le ha tocado a una amiga en el bingo. Hemos pasado un buen rato, aunque no había mucha gente. La paletilla me ha llevado a pensar en cierto momento de estas últimas semanas. Parece tan lejano...

jueves, enero 05, 2012

Un iPad blanco


Me he comprado un iPad. Con mi nombre grabado en la parte de atrás. Es de color blanco. La funda es roja. Eso me recuerda a que mi Blackberry también es blanca con la funda roja.
Desde que los vi en Japón siempre he querido tener uno. Es como un pequeño ordenador. Por supuesto, daré de alta una línea de adsl para poder conectarme a internet en cualquier momento.
El jueves que viene ya lo tendré aquí.

El profesor de literatura

Eran las diez cuando he aparcado el coche en Ezcaray. De repente, un coche gris a mi lado se ha parado junto a mí. El conductor me miraba, ha bajado la ventanilla y era Fernando. Mi profesor de literatura del colegio. Cuántos años sin verle.
Siempre me llevé bien con él. Me llevaba a tomar café al Barrio La Estrella, que entonces un café era un tesoro, ya que al estar interna no salíamos del colegio más que cuando llegaba el momento de marchar a casa. Como leía mucho y me había confiscado muchos libros que no tenían nada que ver con Cervantes ni con Lope de Vega ni con Garcilaso, sabía que mi afición a la lectura era inmensa. De hecho, fue en aquellos años cuando me convertí en una especie de ratón de biblioteca. Hasta que llegué al internado no tocaba un libro de lectura, o más bien los sacaba de la biblioteca y los devolvía sin haber pasado de la primera página. Entonces me fui al internado y todo cambió. No nos obligaban a ir a la biblioteca, pero había una colección de novelas juveniles que era imposible que no te aficionaran a la lectura. 
Después Ferny nos mandaba tareas como escribir poemas. Algunas veces también prosa, pero eran las menos. Casi siempre era poesía, para enseñarnos la métrica, el ritmo y la rima. Se me daba bien. Me costaba tan poco hacer un poema que al principio le ofrecí a un interno escribirle uno. La siguiente vez varios internos me pidieron que se lo escribiera. Yo lo hacía. No en vano el internado es una gran familia y yo me llevaba bien con mis compañeros. Pero creo que a Ferny no se la dábamos. Entonces no nos dábamos cuenta, a uno de los internos le dijo que su poesía parecía escrita por una chica. Ahora sé que no se la dábamos, que existe el estilo, y mis poemas tenían el mismo estilo. Pero si los internos eran de la otra clase pensábamos que sería más complicado que nos descubriera. Nunca me dijo nada, pero lo sabía.
Ferny siempre llevaba en las manos cuatro o cinco libros de autores clásicos que solía dejar en la repisa de la ventana del pasillo antes de entrar en clase. 
La relación con los profesores era más estrecha durante BUP que en COU. Fernando fue mi tutor en COU, pero muchas de mis amigas habían dejado de ser alumnas suyas (al coger la rama de ciencias). También en COU se juntaban en mi colegio los alumnos de otros dos colegios, por lo que la relación empezaba a variar. Creo que para los profesores era difícil tratarnos a todos por igual, cuando nosotros llevábamos ya tres años con ellos. Sin embargo, mi relación con Ferny no varió. De hecho, aún recuerdo la inactividad de las clases de latín (donde el profesor también era Fernando), cuando suspendí dos evaluaciones y me propuse no suspender ninguna más, así que me centré en esa asignatura y salí todos los días voluntaria a la pizarra para hacer el texto que tocaba. Así uno tras otro día, no había más voluntarios, a mí no me importaba cometer errores. Y al final de la evaluación tenía un bien alto, que me subió a notable, diciéndolo en alto en medio de una clase. A partir de la siguiente evaluación, no salí ni un día a la pizarra, tenía demasiada competencia. Durante este tiempo yo no había hablado del asunto con Fernando, pero al final del curso me lo agradeció. Me dijo que había revolucionado a toda la clase y que mi esfuerzo había convertido a una clase pasiva en una clase totalmente activa y participativa.
En COU le metíamos poemas de amor entre los libros que llevaba habitualmente a clase. Se olía quiénes éramos, y le observábamos cuando encontraba el poema y se ruborizaba tras leerlo. Hasta que un día nos pilló dejando un papel doblado entre los libros. Se lo esperaba.
Durante la época universitaria nos mantuvimos en contacto durante mucho tiempo.
Le he visto poco cambiado, quizás algunas canas, cuando siempre tuvo el pelo muy negro. Pero el mismo Fernando de siempre. ¿Qué hablas después de más de una década? Él tenía prisa, así que hemos quedado en que cualquier jueves que él venga a Ezcaray nos tomaremos un café y hablaremos largo y tendido.
Habitualmente vive en Logroño, pero sus padres son de aquí, así que cualquier día.

¿Cuándo volverá la magia...?

Esta noche miraba las estrellas y pensaba en él. Desconozco el motivo por el cual las estrellas siempre me lo traen a la mente. 
Hoy me he acordado mucho de él, sobre todo al mediodía. Hasta que no dejamos de ver a una persona, no nos damos cuenta de la vida que nos da esa persona, de la magia que hay a su alrededor, de las cosas tan magníficas que contienen esos ojos angelicales.
¿Le echo de menos? Muchísimo. Ayer vi a gente cercana a él, pero él no estaba. 

Como muchas noches de los últimos meses me iré a dormir, a imaginar que le abrazo y a desear soñar con él esta noche otra vez. Me encuentro un poco triste. Él siempre me da alegrías y llevo demasiados días sin verle.

miércoles, enero 04, 2012

Los días sin él

Me gustaría verle, claro que sí. Me gustaría mirarle a los ojos, aunque me ruborice. Me gustaría escuchar esa voz tan perfecta.
A veces nunca sabemos dónde puede estar esa persona tan dulce. En el fondo, creo que me da palo encontrarme con él, aunque será algo que ocurra, tarde o temprano.
Últimamente le evito en el café, en la calle, en cualquier sitio. Y siento que me falta algo. La magia es importante, y en realidad me falta esa magia que llega siempre con él.
Algo de pánico sí que tengo al ser consciente de que podría encontrarme con él.

Es tan hermoso lo que he soñado esta noche. Pero no quiero que sea sólo un sueño, quiero vivir ese sueño. Al final terminaré pensando que soñar es pecado.

Me cuesta mucho no decirle nada. Pero es mejor así. Yo no me voy a desenamorar de la noche a la mañana. Y creo que él también debería tomarse su tiempo para pensarlo. Le vi indeciso, no sé por qué, pero estaba indeciso. Es mejor que cada uno reanude su camino sin cruzarnos durante un tiempo.

Anoche estuve a punto de desearle suerte en la comida, pero me obligué a no hacerlo. Esta mañana, en la cafetería, me he encontrado con V., me ha saludado y ha hecho un gesto de ánimo al tocarme el brazo, ha debido ver que me ponía nerviosa al cruzarme con él. Entonces he recordado que hoy es miércoles. 

Ya no veo su coche. Desconozco dónde estará. Pensaba que podía encontrarse a las tres si estaba comiendo por ahí. Me gustaría preguntarle qué tal ha ido la comida, pero no lo voy a hacer. Un tiempo sin palabras, sin miradas, sin cruzarnos. Son esos momentos de distancia los que engrandecen los sentimientos, porque si en un tiempo sigo amándole tanto será que este amor merece la pena.

Cansancio emocional


Me he cansado de esperar. De esperar algo que nunca llega. ¿Cuántas veces me he ilusionado en mi vida? Muchísimas. Toda la energía que he desgastado en estos años por amor y a través de las palabras en una página de internet empiezan a moldearse de otra forma. 
He estado unos días desconectada, preguntándome qué pensará él. Sé que podría desmoronarme cualquiera de los próximos días, pero intentaré que eso no ocurra.
Siempre he sido yo la que he ido a buscarle, la que se ha acercado, la que ha llamado, la que le ha escrito. ¿Me he cansado? No es eso. Le quiero muchísimo, pero no sé qué puedo esperar de él.
A veces, cuando los recuerdos del sábado me envuelven, me siento algo asfixiada. ¿Me arrepiento de haberle entrado de esa manera? No, porque era la única forma de saber hasta dónde podía llegar con él. No me arrepiento porque lo intenté, lo que me pesa es no haberlo arriesgado antes.
¿Qué vi el sábado? Un no, con interrogantes. En abril era un no y bastaron unas copas de más para acercarme a él. Sé que podría haber ido más lejos. Durante unos minutos tuve su cuerpo entre mis brazos y ese recuerdo me estremece de veras.
Ahora el deseo escuece más que nunca. Pero yo ya no estoy dispuesta a ir a su encuentro. Al final, todo pasará. El amor es caduco. Dicen que caduca a los dos años, pero hace meses que sobrepasé esa barrera. Si él no me permite demostrarle ese amor, tendré que escribirlo. Y aunque no escriba sobre amor, siempre podré concentrar mis energías en otra forma de ver la vida. Si él me llena pero no termina de llenarme, tendré que llenar ese vacío escribiendo.

Palestina es un tema que siempre me ha llamado la atención y, por tanto, he leído tanto sobre el tema palestino-israelí que podría pasarme horas hablando de ello.

martes, enero 03, 2012

Entonces ha pasado él

Le he visto pasar. Sin querer. Salía de un bar y entonces ha pasado él. Ojalá fuera tan fácil como no sentir nada. Pero no ha sido así. En cuanto he reconocido su coche, el corazón ha empezado a golpear mi pecho sin parar. 
En realidad le echo de menos. Echo de menos sus palabras, su dulzura. A veces pienso en que podría escribirle un mensaje, un email, quizás llamarle. Pero me siento incapaz. Él tampoco ha dicho nada, ¿no? Pues nada se queda en nada. 
A medida que pasan los días empiezo a sentir un vacío inmenso. Es como si intentara sacarle de mi vida a la fuerza y bien sé que eso me resulta demasiado complicado. 

No tengo ganas de salir este fin de semana, pese a que son muchos días. ¿Tengo pánico a enfrentarme con él? En realidad no. Me intento distanciar y no es fácil.

lunes, enero 02, 2012

Las estrellas en sus ojos

Necesitaba un nombre que me hiciera sonreír. En sus ojos siempre veo estrellas, sus ojos siempre brillan. Y cuando le miro a esos ojos angelicales siempre me encuentro descubriendo que todo es perfecto.
Al mismo tiempo, tenía que ser algo relacionado con él. Porque, al cambiar la dirección, también soy consciente de las libertades que tendré a la hora de escribir.

En estos momentos no estoy para compartir mi estado de ánimo con nadie. Quiero seguir soñando, pero hay sueños que no pueden compartirse. Con nadie. 

Necesito tiempo para asimilar muchas cosas. Necesito tiempo para escribir lo que siento sin que me haga daño. Necesito tiempo para distanciarme de él. Pero, sobre todo, necesito tiempo para mí. Esto requiere muchos cambios.

Necesito seguir viendo las estrellas en sus ojos. Pero también anhelo que él vea las estrellas en mis ojos. Y parece ser que esto no puede ser. Siempre me termino enamorando de quien no debería.

Necesito una vía de escape. Y sé perfectamente dónde encontrarla: en mis dedos, en mi imaginación. Los mismos dedos que le acariciaban hace unas noches, la misma imaginación que sueña con sus ojos en cada amanecer. 

Los besos que no se dieron

¿Dónde se han marchado los besos que no se dieron? ¿Dónde se encuentran las caricias que se esfumaron en algún rincón de su espalda? ¿Por qué los recuerdos me llevan al estremecimiento sin compasión?
Recuerdo nítidamente el roce de su barba en mi rostro. Y la magia. ¿Cómo le miraré a los ojos la próxima vez que me encuentre con él y podré mantener la compostura sin estremecerme?
A veces, llega un momento en que es necesario hacer una pausa, reflexionar sin mirar atrás. Durante horas me dejé llevar por el corazón, disfruté de cada momento de él. Ahora siento un huracán dentro de mí, un huracán que es difícil de contener.
Con casi seis años de blog ha llegado el momento de hacer un alto, de parar. 

Hoy sé que estoy profundamente enamorada y lo que siento sólo puede ser para mí y, en todo caso, para compartir con la persona a quien tanto quiero. Esto último es más complicado, así que llega el momento de escribir sólo para mí. 
Así empecé una vez en abril de hace seis años. Así me despido.

domingo, enero 01, 2012

2012

Me da la sensación de que el uno de enero es un día en que no vivo, sólo duermo. 
Hacía tiempo que no venía tan temprano a casa (tan temprano por la mañana). Y luego he dormido, he recordado, he soñado.
Él me preguntó por mis sueños. Yo le pregunté por los suyos. 

Debería alisarme el flequillo, pues lo tengo lleno de pequeños caracoles negros. Me gusta cómo me quedan, aunque mañana será una odisea para peinarlos. Lo único que me apetece ahora es dormir. O más que dormir, descansar, ya que mañana me va a costar mucho levantarme de la cama.

El año siempre empieza con buenos propósitos, pero si viera lo que escribí el año pasado, tal día como hoy, al respecto, estoy segura de que me encontraría con muchas cosas incumplidas. 

Me da la sensación de que tengo una conversación pendiente. Sin alcohol de por medio. Con un ángel. Con la misma persona adorable con quien esta última madrugada he pasado muchas horas. Creo que se la debo. Es lo que ocurre cuando se cuenta algo a medias. No será mañana ni pasado. Ni en las próximas semanas. Quizás dentro de muchos meses. Hay ciertas cosas para las que se necesita estar preparada y creo que no estoy preparada para hablar de ello con él. Ni aunque sea él. Cuando durante años has evitado hablar de algo se termina convirtiendo en tabú. Un día ese asunto sale a la palestra y ya no puedes echarte atrás. 

Creo que me voy a ir a dormir. Es la tercera vez hoy que me voy a tapar hasta la nariz con el edredón y estoy absolutamente segura de que, en cuanto cierre los ojos, sentiré su proximidad y me estremeceré de nuevo. Una, dos, varias veces. Siento que algo casi imperceptible, sin embargo, está emergiendo de dentro. Es una pequeña fisura, algo que quizás dentro de unas semanas duela, desgarre, lastime. Ahora apenas se nota. Yo lo noto, pero los recuerdos de la última madrugada son demasiado nítidos como para dejar paso a otras cosas. Que también están ahí, pero apenas se ven ahora. A medida que los recuerdos se vayan difuminando, emergerá todo lo demás. 

El comienzo del año tiene que estar lleno de deseos nuevos, de promesas nuevas, de energía positiva. Quizás yo no tenga deseos nuevos, pero renovaré los del año que se han ido, tampoco prometeré nada porque siempre he pensado que las promesas casi siempre se empiezan a incumplir en el mismo momento en que se hacen, y mi energía es la mayor parte del tiempo positiva. Al año nuevo le pediré amor, mucho más amor, más amor que el año pasado y un amor nuevo. Nuevo... no porque me haya desenamorado de la noche a la mañana, eso no, pero no quiero un amor platónico en mi vida. Deseo una persona que me ame aunque no sea perfecto, aunque no sea un ángel, aunque no tenga una mirada cargada de tantas cosas buenas, aunque no tenga las manos suaves ni la voz sensual. Ardua tarea. Para amar a otro, tengo que apartar a un ángel de mi vida y esto no podría hacerlo. Es curioso, porque siento que el amor está ahí, delante de mis ojos, no debería desear encontrar en otro lo que tengo delante, sólo que no pensamos igual. Tengo mucho amor que dar, pero esto está reservado para él. No podría dar a otro lo que tengo reservado para él. Tampoco creo en las segundas oportunidades, así que... año nuevo, vida nueva.

De espera

Hace frío. Sí. Nada, estoy de espera.