Me da la sensación de que el uno de enero es un día en que no vivo, sólo duermo.
Hacía tiempo que no venía tan temprano a casa (tan temprano por la mañana). Y luego he dormido, he recordado, he soñado.
Él me preguntó por mis sueños. Yo le pregunté por los suyos.
Debería alisarme el flequillo, pues lo tengo lleno de pequeños caracoles negros. Me gusta cómo me quedan, aunque mañana será una odisea para peinarlos. Lo único que me apetece ahora es dormir. O más que dormir, descansar, ya que mañana me va a costar mucho levantarme de la cama.
El año siempre empieza con buenos propósitos, pero si viera lo que escribí el año pasado, tal día como hoy, al respecto, estoy segura de que me encontraría con muchas cosas incumplidas.
Me da la sensación de que tengo una conversación pendiente. Sin alcohol de por medio. Con un ángel. Con la misma persona adorable con quien esta última madrugada he pasado muchas horas. Creo que se la debo. Es lo que ocurre cuando se cuenta algo a medias. No será mañana ni pasado. Ni en las próximas semanas. Quizás dentro de muchos meses. Hay ciertas cosas para las que se necesita estar preparada y creo que no estoy preparada para hablar de ello con él. Ni aunque sea él. Cuando durante años has evitado hablar de algo se termina convirtiendo en tabú. Un día ese asunto sale a la palestra y ya no puedes echarte atrás.
Creo que me voy a ir a dormir. Es la tercera vez hoy que me voy a tapar hasta la nariz con el edredón y estoy absolutamente segura de que, en cuanto cierre los ojos, sentiré su proximidad y me estremeceré de nuevo. Una, dos, varias veces. Siento que algo casi imperceptible, sin embargo, está emergiendo de dentro. Es una pequeña fisura, algo que quizás dentro de unas semanas duela, desgarre, lastime. Ahora apenas se nota. Yo lo noto, pero los recuerdos de la última madrugada son demasiado nítidos como para dejar paso a otras cosas. Que también están ahí, pero apenas se ven ahora. A medida que los recuerdos se vayan difuminando, emergerá todo lo demás.
El comienzo del año tiene que estar lleno de deseos nuevos, de promesas nuevas, de energía positiva. Quizás yo no tenga deseos nuevos, pero renovaré los del año que se han ido, tampoco prometeré nada porque siempre he pensado que las promesas casi siempre se empiezan a incumplir en el mismo momento en que se hacen, y mi energía es la mayor parte del tiempo positiva. Al año nuevo le pediré amor, mucho más amor, más amor que el año pasado y un amor nuevo. Nuevo... no porque me haya desenamorado de la noche a la mañana, eso no, pero no quiero un amor platónico en mi vida. Deseo una persona que me ame aunque no sea perfecto, aunque no sea un ángel, aunque no tenga una mirada cargada de tantas cosas buenas, aunque no tenga las manos suaves ni la voz sensual. Ardua tarea. Para amar a otro, tengo que apartar a un ángel de mi vida y esto no podría hacerlo. Es curioso, porque siento que el amor está ahí, delante de mis ojos, no debería desear encontrar en otro lo que tengo delante, sólo que no pensamos igual. Tengo mucho amor que dar, pero esto está reservado para él. No podría dar a otro lo que tengo reservado para él. Tampoco creo en las segundas oportunidades, así que... año nuevo, vida nueva.