jueves, marzo 05, 2009

Alto Riesgo

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Sigo con Ken Follett y sus historias de espías de la Segunda Guerra Mundial. Aquí la historia transcurre en los últimos días del mes de mayo y primera semana de junio de 1944. Los aliados buscan el momento propicio para desembarcar en Francia y los alemanes esperan una invasión de grandes magnitudes por la costa que desean prevenir. Para ello tienen su central de comunicaciones en un palacio de Sainte-Cecile ocupado por la Gestapo, cerca de Reims.
Esta historia es una historia de mujeres, pues las protagonistas, las espías que se encargan de sabotear las comunicaciones de los alemanes, son las únicas capaces de entrar disfrazadas en el palacio gracias a una enorme astucia. Son las "grajillas".

Según la leyenda, una grajilla de Reims le robó el anillo al obispo de la diócesis. Los monjes no consiguieron descubrir al ladrón, de modo que el obispo le lanzó una maldición. Al cabo de unos días, la grajilla apareció hecha unos zorros, y todos comprendieron que estaba padeciendo los efectos de la maldición y debía de ser la culpable.
El día acabó,
la noche llegó,
Monje y motilón
buscaron en vano
candelero en mano.
Con la luz del alba
la vio un buen hermano:
desplumada y calva,
coja, alicaída,
llegó la grajilla.
Y todos al verla
gritaron: <<¡Fue ella!>>.
Y, como era de esperar, encontraron el anillo en su nido.

Flick Clariet lleva cuatro años en la Resistencia. Ha sobrevivido gracias a su inteligencia y a su sangre fría. Entre los ingleses, es una especie de heroína, aunque los del MI6 (servicio de inteligencia inglés) no la tienen en tanta estima. Junto a su marido Michael Clariet y un grupo de rebeldes franceses intentan atacar la central de operaciones telefónicas de Sainte-Cécile, pero el MI6 no les ha dado información correcta, de ahí que la operación termine en fracaso. En el tiroteo, el matrimonio consigue escapar delante de las narices de un alto mando alemán, Dieter Franck, el mayor encargado del contraespionaje, que se queda admirado ante la fortaleza de Flick.
Con medio grupo detenido y torturado en los sótanos de Sainte-Cécile, Flick regresa a Londres y expone su nuevo plan: que un grupo de mujeres entre en el palacio haciéndose pasar por limpiadoras. Tiene el pase de una tía francesa de su marido, que enseguida falsifican. Al principio, su plan es rechazado, pero gracias al apoyo de un americano mano derecha de Montgomery, Paul Chancellor, consigue que den luz verde al plan de Flick. Entre el jefe de la joven, Percy Thwaite, el militar norteamericano y la mayor Clairet reclutan a un grupo de jóvenes que hablen francés, casi todas sacadas de los historiales de mujeres que han sido rechazadas por el EOE (Ejecutivo de Operaciones Especiales), el sistema de espionaje inglés para el que trabaja Flick. Entre esas seis mujeres necesita una experta en explosivos y otra que controle el sistema de comunicaciones telefónicas: Diana es una noble inglesa, cazadora y buena tiradora, gran amiga de Flick; Ruby está en la cárcel por asesinato, pero tiene gran carácter e iniciativa, además es una mujer muy dura; Maude es una joven corta de luces; Jelly es una cuarentona que en el pasado se dedicaba a saltar cajas fuertes con explosivos; Greta es un hombre que se disfraza de mujer, pero trabaja en el servicio telefónico inglés, ha venido de Alemania y arde de deseos por vengarse de sus compatriotas; Dénise es una aristócrata que envía el MI6, pero que Flick termina rechazando por bocazas.
Las mujeres son entrenadas para lanzarse en paracaídas, disparar armas de fuego, pelear cuerpo a cuerpo y un largo etcétera, en tan sólo dos días. Flick no les cuenta el verdadero objetivo del plan, sino que les dice que van a volar una vía férrea que lleva y trae suministros entre Alemania y Francia. Antes de marchar, Flick se da cuenta de que se ha enamorado de Paul.
En las cercanías de Reims, el comandante alemán Franck las está esperando, gracias a que ha capturado la radio de un espía inglés con sus claves y códigos. Pero Flick se huele algo extraño y le pide al piloto que les lleve a su próximo destino: Chartres. En el descampado, Michael Clariet y sus acompañantes son arrestados, y tampoco saben lo que ha ocurrido.
Las "grajillas" llegan a la estación de Chartres y en París se ven obligadas a hacer transbordo, pero Flick se encuentra con su retrato por toda la ciudad. Consiguen escapar, gracias a dos gendarmes, de la estación y llegar a un hotel donde nadie las denunciará a los alemanes. Flick le compra una peluca negra a una prostituta y cambia su aspecto completamente. Esa misma noche, Maude y Diana, que se han hecho amantes, desaparecen. Ruby y Flick van a buscarlas al Ritz, pero es tarde: Dieter Franck las captura y las tortura hasta enterarse de todos los detalles. Pero no sabe el verdadero objetivo del grupo. Flick conseguirá escapar a Sainte-Cécile y burlará varias veces al alto mando alemán, que está cegado por atraparla y, con ella, a toda la Resistencia.
Ruby es atrapada antes de entrar en el palacio y Flick con Jelly y Greta consigue engañar a los guardias de seguridad del centro de comunicaciones. Después de hacer explotar el sistema central de operaciones telefónicas, salva a Ruby. Sólo Flick y Ruby conseguirán salir ilesas del palacio. Pero Franck comprende que aún le queda una solución para atrapar a la Tigresa: sonsacar a Michael Clariet cuál es el campo de aterrizaje alternativo donde las chicas tomarán el avión. Y Michael se lo dice, pero consigue hacer sonar la bocina del coche para alertar a su esposa. Flick apuñalará en el ojo a Dieter, el único que ha logrado sobrevivir dentro del coche, y conseguirá escapar, junto a Ruby y Paul. Es la madrugada del 6 de junio de 1944. Sobrevuelan el Canal de La Mancha y desde el aire consiguen ver el mar lleno de buques dispuestos a invadir Francia.
La misión ha sido un éxito, a pesar de las vidas humanas perdidas. Un año después, Flick se vuelve a casar, esta vez con Paul Chanchellor.

miércoles, marzo 04, 2009

Viendo "El Hormiguero"

El hormiguero es un lugar donde, pase lo que pase, te haremos sentir bien. 

¡Qué descanso para un día horrible! Me siento tan, tan, tan cansada que no hay ni ganas de escribir. Sólo televisión y sofá.

Pedantes

No soporto la pedantería ni la arrogancia cuando está fuera de lugar (generalmente, casi siempre). Creo que la humildad es una virtud que, hoy en día, poseen muy pocas personas.
Contaré una anécdota de un conocido cuyo nombre mantendré en incógnito. Equix es una persona que me exacerba en numerosas ocasiones. Habla mucho y hace poco. Cuando le dije que me estaba presentando a certámenes literarios, Equix decidió que no iba a ser menos. Y empezó a enviar un texto a concursos. Hace un tiempo me llamó y me dijo: "He ganado un certamen". Me dio una página web y comprobé que no había ganado, sino que era finalista, que no está nada mal. Pero ganar requiere quedar el primero. Que te publiquen algo y que tu texto sea elegido entre los diez o catorce finalistas que conformarán un libro es un mérito momentáneo, y en ese instante te levanta la moral.
Tuve oportunidad de leer el texto y me encontré con una especie de bosquejo que no estaba bien enfocado, tenía una mala presentación, con errores en todos los aspectos y recuerdo que me guardé muy bien lo que pensaba de un argumento tan difícil de encontrar que me sorprendió. Después de eso, Equix dijo: "Ya soy escritor".
Cuando le hice ver una de sus muchas faltas ortográficas graves, me respondió que ya sabía cómo se escribía. Recurrí pues a una metáfora: la del conductor: "Mira, puedes saber el significado de todas las señales de tráfico, pero si no sabes arrancar el coche, de poco te sirve conocer lo otro. Con esto quiero decir que si te sabes las reglas ortográficas tendrías que ponerlas en práctica".
Mi opinión respecto a eso es bastante tajante. Considero que un escritor debe demostrar lo que es (y el camino es largo y oneroso) y considero necesario un público que le ponga a prueba. Hoy en día todo el mundo escribe, pero no todos son escritores. Así que creo necesaria la valoración de personas versadas en el tema. Yo... sólo soy una aprendiz de escritora y seguiré absorbiendo conocimientos literarios porque aún me queda mucho por aprender. Y el camino es largo y difícil.
Los arrogantes son otro cantar. Zeta le llamaré esta vez muestra la arrogancia extrema conmigo cada vez que nos cruzamos. He optado por no hacerle caso. Zeta intuyó que sentía algo por él y ni siquiera me lo preguntó. Pero, de la noche a la mañana, sus formas cambiaron. Y yo, que no tengo por qué aguantar a un creído que supone sin saber nada a ciencia cierta, opté por darle la espalda. ¿Qué ocurre cuando no haces caso a alguien? Que termina viniendo él. Lo que ocurre ahora es que le odio un poco. No quiero odiarle, no quiero, pero es inevitable. Recuerdo cuando le saludaba y sentía que se crecía y, en ocasiones, me pegaba un corte inmerecido y no, se ha acabado. El problema es que me he topado con otra persona igual de arrogante. Debo tener un imán.

martes, marzo 03, 2009

Sigüenza, ciudad medieval

Junto al curso del Henares, en plenas tierras de Don Quijote, se ubica magistral la villa de Sigüenza. Conocí la ciudad en una visita a mi hermano, que entonces hacía un 'curso de verano' en un célebre colegio que no tenía muy buena fama entre los lugareños, sobre todo porque la ciudad (donde todos se conocían) se veía invadida por tribus urbanas llegadas desde la cercana capital donde los curas se dedicaban a meter en cintura a aquellos adolescentes rebeldes. Así que el colegio, dirigido por unos curas severos y que no dudaban en alzar la mano en caso necesario, alojaba en su interior desde cabezas rapadas hasta los más acérrimos defensores de la anarquía. Ni que decir tiene que mi hermano no pertenecía a ninguno de estos grupos.
Lo que llama la atención de esta pequeña ciudad es su trazado medieval, donde todas las calles empedradas llevan una única dirección: el Castillo, situado en lo alto de una colina y, en la actualidad, Parador Nacional. Sin embargo, lo más famoso de la ciudad se encuentra alojado en el interior de la catedral, que si bien por fuera no llama mucho la atención, por dentro la escultura de alabastro del Doncel atrae a propios y extraños que la contemplan con asombro. Lo magnífico de esta figura es que no se sabe quién fue el escultor. Don Martín Vázquez de Arce, la identidad del que ha sido inmortalizado entre las piedras sillares de aquel magnífico lugar, fue muerto por los moros en el siglo XV, a la tierna edad de 26 años. 
El caballero medita con un libro entre las manos, con la mirada perdida que reflexiona sobre lo que acaba de leer. En el pecho resalta la cruz de los Caballeros de la Orden de Santiago. A sus pies, sobre una celada metálica un pajecillo le mira y llora. El Doncel de Sigüenza se considera la representación máxima de la cultura medieval: el uso de las armas para defender la fe, la lectura para alcanzar la sabiduría, la mirada perdida en el más allá donde se aloja su alma.

lunes, marzo 02, 2009

El Valle de los Leones


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Esta vez, el señor Follett toca un tema bastante delicado: Afganistán en los años 80, con un ejército invasor ruso que quería imponer el comunismo en el gobierno afgano y que tenía todas las de ganar contra unos hombres rudos en un territorio agreste que carecía de modernización. Como es plena Guerra Fría, los americanos se ponen de parte de los afganos que buscan su libertad (de hecho, aunque la historia del libro es anterior, les terminaron abasteciendo de armas, sobre todo de misiles tierra aire, que fueron eficaces contra los helicópteros rusos y supuso la derrota de los soldados que habían sido enviados desde Moscú).
Es un libro un poco rancio, en el sentido de que esperas algo más apetitoso. Y las expectativas no se cumplen. El desenlace es muy rápido, como ocurre en muchos otros libros del autor. Desde mi punto de vista, faltan por lo menos cincuenta hojas más.

Jane es una feminista que se encuentra en todas las manifestaciones anti-todo en París. Allí conoce a jóvenes revolucionarios, nacionalistas, extremistas y bohemios. Entre estos últimos, Ellis, un poeta americano que da clases de inglés, se enamora de ella. También un médico comunista, Jean-Pierre, la desea e intenta alejarla del americano. Entonces le surge un viaje a Afganistán y se le ocurre invitarla como voluntaria. Ella accede tras descubrir que su novio Ellis es un espía de la CIA. Antes de marcharse a territorio hostil, Jean-Pierre y Jane se casan. Ella aprende en un cursillo rápido nociones de enfermería y llega al Valle de los Cinco Leones, donde se encuentran los rebeldes afganos. 
La verdadera misión de Jean-Pierre es la de espiar a los rebeldes y encontrar a uno de los líderes más importantes, Masud. Para ello tiene una pequeña radio con la que se mantiene en contacto con Anatoly, un espía de la KGB. Pero Jane lo descubre. Para entonces está embarazada y se ha encariñado con las mujeres del pueblo.
En Estados Unidos, chantajeado por la CIA, Ellis decide ir a Afganistán. Ha pasado un año pero sigue enamorado de Jane. Tiene una misión importante: reunir a los líderes rebeldes bajo el mandato de Masud y, cuando luchen juntos, enviarles armas desde Estados Unidos. Jane no se cree que Ellis esté allí, pero entonces rompe la radio de su marido que, a través de un adicto a la heroína, lleva un mensaje a Anatoly en donde le explica la reunión de los líderes. Jean-Pierre es llevado a Kabul y le prometen que le entregarán a su esposa y a su hija. Pero Ellis las protege y, cuando descubren que le están buscando, deciden huir a través de una importante cadena montañosa, el Nuristán, y llegar a Pakistán. Los rusos no pueden permitir que ese peligroso espía norteamericano lleve las firmas de los rebeldes a Estados Unidos porque habrán perdido Afganistán. El paso a través de las montañas es muy duro para la pareja con un bebé. Los helicópteros rusos les siguen los pies y, cuando creen que les han capturado, Jane mata a su marido y huyen en un helicóptero.

domingo, marzo 01, 2009

Marzo lluvioso

Las expectativas para marzo son buenas, aunque el mes haya empezado lluvioso. Parece mentira que el sol primaveral de que disfrutábamos los últimos días se haya ocultado y haya empezado a llover monótonamente. Aunque no me gusta que llueva, reconozco que he sentido cierto regocijo, como si me apeteciera realmente.
Con marzo acaban ciertas cosas; finalizan mis seis meses en el infierno. La última semana ya podré beber alcohol y, sobre todo, ir de cañitas y no cambiarlas por un mosto. También acaba el invierno, aunque ya se notan los días más largos al atardecer y el diluvio de gente por todas las calles. Y, por fin, termina mi multa de la Biblioteca de las Conchas (creo que a mediados de mes ya podré de nuevo volver a sacar libros).
Llegan otras que prefiero no contar por aquí. El diez es el cumpleaños de F., pero el orgullo no me deja llamarle. Sé cómo terminaría la conversación: "Mira que nacer el mismo día que el terrorista más buscado del mundo..." y su mosqueo momentáneo. Además, no tengo que pasar por los momentos previos de nervios y ansiedad siempre que tengo que hablar con él. Siempre me llevo el peso de la conversación, aunque a veces a él también le tiembla la voz. 
Empieza marzo, bienvenido sea. Bienvenida sea también esta lluvia constante.
El calendario de Caja Duero dedicado a Ciudades Patrimonio de la Humanidad muestra Salamanca con la gente portando paraguas y con una fachada libre de turistas. 

sábado, febrero 28, 2009

Las alas del águila


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Hace años que tengo este libro pendiente para leer. Concretamente, desde 1999 (antes ponía la fecha de compra junto a mi nombre, un detalle que luego me pareció que sobraba). El libro lo había cogido en anteriores ocasiones y lo había empezado durante dos veces para abandonarlo antes de llegar a la página cien, tal y como corroboraba un marcapáginas. Como quien dice, "a la tercera va la vencida" y así ha sido.
Reconozco que si las anteriores veces me pareció un ladrillo que no iba en la línea de argumentos de Follett, esta vez, más familiarizada con los problemas de Oriente Próximo, me ha hecho saltar de la butaca en varias ocasiones, sobre todo al comprobar que es una historia real, que Ross Perot existe y en activo (ahora ronda los ochenta años) fue tan temerario, extravagante y heterodoxo como se cuenta en el libro.
Reconozco que el libro es, además, una pequeña apología contra los países árabes y predica lo antiiraní poniendo como ejemplo los hechos que acontecieron entonces.
Se trata de un choque de voluntades al comprender cómo un imperio como el persa se convirtió en un país decadente, fruto de la imposición de un gobierno que preconizaba el fanatismo religioso musulmán y el antioccidentalismo.

Corren los últimos años de 1978 en Irán, un país floreciente que abre sus puertas hacia el modernismo occidental y el capitalismo con la instauración de franquicias de empresas europeas y norteamericanas que implantan sus recursos y productos con el visto bueno del Sha. Una de estas empresas que llevan a la expansión iraní es EDS, con sede en Dallas y cuyo presidente y fundador es una celebridad en Estados Unidos: Ross Perot. La EDS, siglas que corresponden a Electronic Data Systems, es una empresa de sistemas informáticos que está informatizando toda la Seguridad Social iraní. Llevan varios meses preocupados porque el Ministerio de Sanidad no les ha pagado. En diciembre se dan cuenta de que el Gobierno del Sha está en bancarrota.
Cuando los primeros altercados revolucionarios saltan a las calles de Teherán, Ross Perot decide evacuar a todos sus empleados del territorio iraní. Pero la embajada americana tiene los pasaportes de los dos jefes de la EDS en Irán, Paul Chiapparone y Bill Gaylord, que se ven obligados a quedarse en el país, mientras todos sus compañeros se marchan a Estados Unidos. La embajada les traiciona y son sometidos a unos interrogatorios por el magistrado iraní Dadgar, un hombre que les lleva directamente a prisión.
Cuando en Dallas, Perot descubre esta traición decide mover todos sus hilos para que alguien saque a sus empleados de la cárcel. Hay que tener en cuenta que Perot había ayudado a prisioneros de guerra en Vietnam y era entonces una especie de héroe nacional, que había recorrido los medios de comunicación. Es amigo personal de Henry Kissinger, que intenta ayudarle, pero el resultado es infructuoso. El perspicaz Perot sabe que por medios legales no va a conseguir sacar a sus dos hombres de Irán, así que busca otras soluciones. La más arriesgada (e ilícita) es la creación de un grupo de rescate que entre a hurtadillas en el país y saque a los prisioneros de la cárcel, aun teniendo que usar la fuerza bruta. Para ello, llama a su lado a un viejo coronel de guerra, Bull Simons, un hombre curtido en la batalla que se convertirá en líder indiscutible del grupo.
Perot elige personalmente a un grupo de empleados, ex combatientes, de la EDS y les expone su plan. Son las águilas de Ross Perot, que siempre elige con lupa a los hombres que trabajan para él. Sabiendo que muchos de ellos han estado en Vietnam en el pasado, son entrenados por Simons hasta que deciden aterrizar en territorio iraní.
Es la época revolucionaria en que el Sha abandona Irán y el pueblo pide el regreso del ayatollah Jomeini, exiliado en París, y uno de los líderes religiosos más importantes del país. Estamos en febrero de 1979. Teherán está ardiendo y las calles están llenas de turbas sedientas de sangre. Los americanos corren peligro en un territorio dominado por el caos y donde los extranjeros no son bienvenidos. El juez Dadgar pide una fianza de trece millones de dólares a la EDS para soltar a Paul y Bill; es la fianza más alta que se ha impuesto en el país. En Estados Unidos, los hombres de Perot buscan un banco que les dé una carta de crédito por ese valor, pero entonces llega el asanto de la prisión, donde se encuentra el iraní Rashid, un joven que trabaja para la EDS y que sueña con ir a Estados Unidos. Paul y Bill escapan por las calles llenas de barricadas y llegan al hotel donde se encuentran sus compañeros.
Ahora queda lo más difícil: deben escapar del país. Ante la imposibilidad de la huida por aire, ya que los aeropuertos se encuentran cerrados, Simons ha preparado la vía de escape a través de Turquía, una zona desértica y montañosa llena de bandidos kurdos y hostiles. Guiados por Rashid y acudiendo a acreditaciones falsas, consiguen llegar a la frontera. En el otro lado les espera un empleado de la EDS y en Van se encuentra el reactor trasatlántico de lujo alquilado por Perot. Hacen trasbordos en Alemania e Inglaterra, pero no se sienten seguros hasta que no pisan tierra estadounidense. La pesadilla ha terminado.
Ross Perot hace un balance de todo lo que hubiera ocurrido si la experiencia hubiera resultado negativa.

"El éxito tiene mil padres, pero el fracaso es huérfano".

Un verano de tantos

Cuando estamos dejando atrás la inocencia de la infancia y empezamos a redescubrir el mundo que nos rodea, nos vemos inmersos en un cúmulo de sensaciones y sentimientos nuevos, extraños, tangibles pero prohibidos. Es la época de la adolescencia, la que muchos consideran una etapa digna de olvidar y otros pensamos que tuvo momentos demasiado maravillosos como para desecharla sin más.
Aún no tienes preocupaciones con respecto a nada. A finales de junio, sólo fruncías el ceño para ver el boletín de notas y, si había habido suerte y todo había sido satisfactorio, sólo había un pensamiento: <<Dos meses y medio de vacaciones>>. Era gracioso, porque esa larga etapa de ocio se convertía en algo tan efímero que, cuando querías darte cuenta, ya estaba comenzando septiembre.
Tengo recuerdos de muchos de aquellos veranos, especialmente de uno, en el que tendría doce o trece años y aún tenía toque de queda en casa. De hecho, fue ese verano en el que mis padres me ampliaron el horario de llegada a casa a medianoche.
Últimamente me he acordado de una persona, Javi, que conocí en aquella época. De hecho, hasta ese verano ni sabía quién era él, ni su hermana, ni sus primos... aunque sí conocía a sus abuelos. Era de una ciudad dormitorio cercana a Madrid y tenía el "ej que" característico al hablar. Creo que fue el primer muchacho que me gustó de verdad. Ya no era que tuviera un físico imponente (melena castaña clara y profundos ojos azules, alto y de complexión delgada), sino que era la suavidad de sus actos, o al decir las cosas, la tranquilidad con que se expresaba. Tenía un año más que yo. Recuerdo que aquel verano fue el del macarra, aprendí a cazar saltamontes bajo los focos luminosos de las farolas y a apretar delicadamente el cuerpo de las moscas para descubrir su sexo. Ése fue el verano de la calle Santiago, cuando aún no se valoraba tanto el Camino ni por allí pasaban tantos peregrinos; ni siquiera estaba el mirador por el que ahora entran en el pueblo. Dejando aparte el escondite y otros juegos de correr, las historias de miedo que contábamos sentados en círculo, apenas salíamos de aquel rincón de la calle, y las bicicletas quedaban desperdigadas por ahí sin medio a que nos las robaran. Parecíamos la cuadrilla de Verano Azul. En las contadas ocasiones en que nos íbamos de la mitad de la calle ocupada por nosotros, terminábamos con las raquetas en el frontón o jugando al fútbol en la ermita, cuando aún no tenía el moderno albergue que hay en la actualidad y su lugar estaba ocupado por una vieja barra desvencijada, con cuatro bebidas contadas, que hacía las veces de bar; ni siquiera había luz.
Jugando al fútbol fue cuando Javi empezó a patear piedras del campo de tierra, con tan mala suerte que un guijarro puntiagudo fue a caerme en la frente. Tenía que ser domingo y estar la ermita llena de gente sentada bajo los árboles, para que una multitud creciente empezara a rodearme hasta llegar a la fuente. Tenía que ser domingo y que mis padres estuvieran en la ermita para socorrerme. La visión de un chorretón de sangre asusta, pero la herida sólo era un rasguño sin importancia. Sólo que sangraba sin parar. Mi padre usó por primera vez el botiquín de primeros auxilios del coche. Y llevé durante días una tirita en la frente. Recuerdo que entre los borbotones de sangre, Javi estaba asustado, sobre todo cuando mi madre preguntaba: "¿Quién ha sido?". Pero yo callaba.
No pude despedirme de él ni de su hermana. El verano dio paso a la última semana de agosto y, como los años anteriores, nos fuimos a la playa. Cuando regresé, los madrileños ya no estaban y la calle Santiago volvía a estar silenciosa y sin chiquillos, sin bicis y sin voces. 

Le volví a ver unos años después. Fue en unas fiestas. Seguía igual de guapo, aunque mucho más alto, y sus profundos ojos azules denotaban cierta nostalgia de épocas pasadas, o quizás era tristeza. Me acerqué a saludarle, pero la magia había desaparecido: éramos dos extraños.
Su hermana, en cambio, viene casi todos los veranos. 

Sólo que hace unos días recordé lo bien que lo pasamos aquel verano en la calle Santiago, que ahora tiene un mirador con jardín que han partido en dos unas hermosas escaleras de piedra, la calle ha sido adoquinada y a cada cien metros surge una baldosa blanca con la imagen de una concha, y ahora es una parte más del Camino que se ve afectada por el trasiego constante de los peregrinos que se dirigen hacia el sepulcro del Santo. Muchas de las casas han sido reconstruidas, pero esa vieja casona, la que tantas historias nos regaló en la infancia, sigue en pie, con su enorme escudo de piedra retando al tiempo.

viernes, febrero 27, 2009

La Despedida

Ésta será la primera despedida de soltera a la que vaya porque ésta será la primera amiga que se me case. Lo cierto es que no me la imagino pasando por el altar, pero fue todo tan rápido...
Mis amigas me mantienen informada vía e-mail. Llevan un mes buscando un fin de semana. Estuvieron tanteando los días que la novia tenía libres. Yo les advertí que le preguntaran directamente, que algo así no podía ir como sorpresa (so pena de que nos lleváramos nosotras la sorpresa). Y finalmente esta semana le preguntaron directamente. Y ahora resulta que se adelanta varios meses y la plantan en abril, justo antes de Semana Santa. 
Estoy pensando cuánto tardarán en decidir el contenido de la despedida, porque como tarden lo mismo que para elegir un fin de semana lo mismo nos encontramos dentro de un mes con las manos vacías.
Y yo ahora que lo pienso me pregunto: "¿Podré ir en abril?". Me fastidiaría que, por causas de última hora, me perdiera ese fin de semana loco. Sea donde sea y hagamos lo que hagamos... 

jueves, febrero 26, 2009

Febrero se va...

Febrero se marcha por la alcantarilla. Quizás éste ha sido uno de los peores meses de mi vida. Y seguro que cuando lo esté pasando mal en el futuro me acordaré de 'esos momentos'... Sólo espero que algunas de mis pisadas de estas últimas cuatro semanas no hayan resultado infructuosas.
Unas poderosas garras siguen atenazando mi estómago, pero su abrazo ya no es tan fuerte. Al menos ahora puedo respirar.
Odio hablar de cosas tristes, porque a veces recuerdo que este blog lo creé para fabricar sonrisas y no lágrimas.

miércoles, febrero 25, 2009

Los mundos ocultos

Nunca había escrito tan de seguido ni había dado rienda suelta a la creatividad como en las últimas semanas. 
Después de tomarme un descanso de dos meses (diciembre y enero) donde ni siquiera eché un vistazo a certámenes literarios, se me ha ido la pinza en febrero, que me he presentado a doce, y eso que no he terminado, porque estoy con un manuscrito de narrativa corta cuyo plazo acaba el sábado. Espero que me dé tiempo. El caso es que me he metido en un buen berenjenal porque éste último tiene que mezclar dibujos y textos. Hacía tiempo que no dibujaba, y parece ser que aún no se me ha olvidado (aunque a veces pierda la paciencia). Al menos todo está vinculado, que es lo que se pide. Así que si no me da tiempo sólo será cosa de los dibujos, pues el texto lo tengo casi a punto. Incluso me hice dos árboles genealógicos con nombres inventados que me sirven de guía. 
Por supuesto, casi todos los certámenes en los que me he presentado son de relato corto, excepto alguno que pasa de los 50 folios. 
Hoy ardía de deseos por saber las bases completas de un concurso en marzo cuyo ganador recibe un portátil. Como tengo intención de comprarme otro ordenador, tendré que arriesgarme con un certamen. Y he llamado a Mazarrón.
-Verá, es que llamo por el Concurso...
-Es que la chica que se ocupa de ese tema no está ahora. Llama a partir de las 12.30h. o, mejor, me das tu número y tu nombre y que te llame ella.
-Bueno, es que si tengo intención de presentarme no puedo decirle mi nombre. ¿Qué tal si escribo un e-mail?
Yo siempre cuidando los pequeños detalles. Seguro que no hubiera importado que le diera mi nombre, pero por si acaso... Claro que dar mi correo electrónico serio es como si diera mi nombre, que creo que aparece cuando mando un e-mail. Anda que no tengo tiempo hasta el 27 de marzo. Una historia sobre la desigualdad de género. Queda un mes largo... así que tendré bastante tiempo para pensar en una buena historia sobre el tema.

Para otoño...

Esta mañana en las noticias he escuchado que "Ágora", la última película de Alejandro Amenábar, se estrenará en otoño de este año. Ha costado 50 millones de euros, por lo que resulta la película más cara de la historia del cine de nuestro país. La trama se recrea en el Egipto de hace 1600 años. Salía Amenábar diciendo que le gustaría ver por un agujerito cómo era aquella época. Se grabó en Malta.
Lo que me llama la atención de la película no es más que el hecho de que ya en agosto oí hablar de ella.
-¿Qué tal tu hermana, E.? 
-Acaba de regresar de Malta, de la grabación de una película.
-¿Ha estado mucho tiempo allí?
-Sí, casi seis meses.
-¿Cómo se llamará la película?
-"Ágora".
En la revista de mi pueblo de diciembre, los datos ya eran certeros y se hablaba de la película. Pero hasta esta mañana no he caído. No es actriz, sino que pertenece al grupo formado por esos cientos de personas que están entre bambalinas. Me alegro mogollón por ella y desde aquí mi más sincera enhorabuena.

martes, febrero 24, 2009

De cháchara y otros menesteres

Esta mañana he quedado temprano con Rober. Está empecinado en crear una tertulia literaria en mi casa. Y ha dicho que el viernes se viene a hablar sobre el tema. Estoy segura de que no vendrá solo.
Nos hemos liado varias horas. Todo ha comenzado en la puerta de Correos, donde habíamos quedado. La sala estaba vacía, lo que es de agradecer. Como bien dije el otro día, aquí no se madruga y, por tanto, en lugares así no hay que esperar mucho. Le he estado esperando un rato en la puerta, con el guarda de seguridad a mi vera. Cuando pasaban quince minutos de la hora citada he optado por marcharme. Sabía que tenía varias llamadas en el móvil, que he dejado en casa.
En el Registro he estado como cinco minutos. Como llevo siempre los impresos rellenados y los manuscritos firmados, ha sido todo rápido. Antes de ir a pagar las tasas, he vuelto a Correos, y por fin, allí estaba Rober. Después de esperarle cinco minutos, me ha tenido que acompañar al banco y luego hemos vuelto a subir al Registro.
Y como el registrador me lo tenía todo preparado, ha sido cosa de otros cinco minutos. Me ha hecho gracia porque ha dicho: "Tú y un profesor de griego sois los que más registráis".
Rober y yo nos hemos ido a tomar el cafecito de media mañana y nos hemos liado a hablar... hasta hace poco rato.

Antes de que salga el sol

Me encanta dormir y odio, evidentemente, desvelarme. Para despertarme tengo que ponerme veinte alarmas y, aun así, me cuesta salir de la cama. Me encanta dormir y saber que aún puedo quedarme un rato más en la cama. El problema estriba en el momento en que los ojos se te abren como platos (aunque aún  no te has tomado el primer café de la mañana) e intentas darte la vuelta a ver si cae la breva de que aún tienes varias horas por delante antes de que amanezca.
Ayer me fui a la cama a la una, a las dos dejé el libro en la mesilla porque los párrafos enseguida se convirtieron en nubes brumosas que estaban más ya en el mundo de los sueños que en el real y a las cinco he abierto los ojos para no cerrarlos más. Lo mejor ha sido cuando al dar la luz de la lámpara de la mesilla, se ha fundido la bombilla y me ha quitado todo el alumbrado. En oscuras y descalza me ha costado un ratillo encontrar los interruptores que tenía para abajo.
También tenía un inmenso ardor de estómago. Creo que éste ha sido el motivo real por el que me he desvelado. 
No puedo dormir, no puedo leer, no puedo escribir y, para colmo, no puedo soñar. Porque hoy he soñado con F. Pensaba que había desaparecido, pero en esas tres horas ha hecho acto de presencia.
¡Qué horror! A las ocho de la tarde caeré totalmente rendida.
Basta que haya quedado en un rato, para que ahora me adormezca y luego me cueste despertar.

lunes, febrero 23, 2009

Lunes de Carnaval

Hoy he visto cientos de niños por las calles disfrazados con trajes multicolor. Y me he acordado de mi infancia, cuando nuestras madres nos apañaban con cualquier indumentaria que sacaran en casa, pues no nos compraban trajes, no, se los curraban ellas en media hora o menos. Y recuerdo que nos disfrazábamos el "jueves de tortilla", que ahora no estoy segura de si coincidía con el jueves pasado o con el de esta semana. También, el único día que nos sacaban de clase para ir a misa era el Miércoles de Ceniza, que creo que es mañana.
El mejor día era el "jueves de tortilla". Cada año lo celebrábamos en casa de alguna amiga y cada una llevaba algo para el buche, mientras que la madre de la anfitriona preparaba la tortilla. En La Rioja, a diferencia que en esta tierra, hace mucho frío aún en febrero. Recuerdo incluso años en los que nevó. Mi mejor disfraz fue el de castañera. Terminamos en casa de Rocío, jugando a la Oca al calor del brasero. Yo adoraba el brasero, porque en mi casa no había (teníamos chimenea para los crudos atardeceres invernales).
Ahora ya no sé si se celebra el "jueves de tortilla". Lo que sí es cierto es que nosotras no nos disfrazábamos ni en Lunes ni en Martes de Carnaval, sino el jueves de las tortillas.

domingo, febrero 22, 2009

Aire

Siento una terrible desazón que no sé realmente si se debe al aburrimiento de los domingos, a la historia triste que estoy contando aparte o a terceras personas en las que no quiero pensar. 
En breves, me quitaré el pijama de entretiempo y me acicalaré para ir a ver los conciertillos de mi calle. Llevo viviendo aquí desde hace unos tres años y nunca había visto que en el parque de San Esteban pusieran un escenario. Si abriera la ventana podría oír la música desde aquí, pero necesito que me dé el aire. 

Si un verso olvido...

"Si un verso olvido nunca me devuelve su cita.
Volver es tan difícil como morir de veras,
por eso son distintas todas las primaveras
y esperamos en vano que un sueño se repita".

Extravagancias

Hay momentos en que me siento impotente. Como ahora.
Es como si un huracán pasara sobre mí y ni siquiera se me moviera un pelo de la cabeza. Mi madre diría que si me pincharan ahora no sangraría.
Hay personas que son capaces de hacernos sacar todo lo malo y lo bueno que llevamos dentro en cuestión de segundos. Y te das cuenta de que intentas agradar a esas personas, pero no estás en la misma sintonía. No hay armonía. Y huyes..., huyes porque eres consciente de que el volcán puede empezar a rugir y a echar lava, quemando todo a su paso. Un rato después te sorprendes de todas las extravagancias que han pasado por tu cabeza o incluso has dicho en tan sólo media hora. Y entonces sientes que tienes la piel fría como un témpano de hielo, el vello erizado por algo que no alcanzas a comprender y los músculos rígidos como el tronco desnudo de un árbol torcido en posición forzada.
Ahora siento impotencia por el desconcierto. Porque no sabes qué rumbo tomar. Porque escuchas un lejano clamor doloroso y dudas entre darte la vuelta y pararte a escuchar el origen de los sonidos o seguir caminando dejando atrás todos los ruidos.
He echado a correr porque temo que, si me alcanza el son de los tambores, me resulte demasiado doloroso para no desmoronarme.
Me siento como un solitario punto luminoso en medio del espacio. Intento llegar a otro punto que brilla con la misma intensidad, sin conseguir alcanzarle. Y dudo, mientras lucho porque nunca se apague la luz interior que me mantiene aferrada a la vida.

sábado, febrero 21, 2009

Conversaciones de sobremesa

Ayer vino Rober a cenar a mi casa. Tras probar mis platos divinos me aduló diciendo que tengo buena mano para la cocina. No es la primera vez que me lo dicen, y además es algo que comparto con uno de mis hermanos; creo que herencia de la abuela. Es una lástima que apenas pase tiempo experimentando entre los fogones.
También hablamos de certámenes literarios. Rober sigue mi estela y ha quedado finalista esta semana en un concurso organizado en Salamanca, por lo que le publicarán su relato. Ahora soy yo la que tengo que felicitarle. Y regalarle mi crítica constructiva, que empecé a decirle ayer y que terminaré por email antes del lunes. Le tuve que convencer para que fuera al Registro y, al final, el miedica de él me hace acompañarle. Ya le expliqué que los registradores son majetes y que si tiene dudas ellos le explicarán todo mejor de lo que puedo hacerlo yo. Le metí miedo con algo que no haría jamás: el plagio.
-Si yo voy el lunes al Registro con este manuscrito que me has traído y relleno los impresos a mi nombre, después te puedo denunciar y hacer que te descalifiquen del concurso en que has quedado finalista.
-No puedes denunciarme -alegaba él-, porque yo tengo los resguardos de Correos de otros concursos.
-No te serviría. Tu texto no constaría como registrado oficialmente, y si tú das los resguardos, yo puedo decir que me lo robaste.
Por supuesto, yo sería incapaz de hacerle algo así, pero quería que comprendiera lo importante que es poseer los derechos de autor de una creación propia. Peca de confiado y yo de desconfiada. 
Rober, siempre tan detallista, me trajo vino. Y me puso al teléfono a Carlos, que no paraba de hablar, hasta que le corté diciéndole: "Cuídate y a ver si nos vemos pronto". 
Lo pasamos bien. La última idea que me dio Rober fue la de formar una tertulia literaria en mi casa. Todo sería ponerse con ello y preparar té y pastitas para veladas de este corte. A mí no me importaría... si no viviera sola. 

Al sol

Me encanta el sol, la luminosidad de un día de verano, los días largos y pasear por una playa desierta mientras los dedos de mis pies se mezclan con la arena húmeda.
Si tuviera terraza y el día saliera diáfano y sin nubes, como ayer, esperaría a las nueve para sacar el café y los donuts al exterior y desayunar mientras observo a los pocos tempraneros que van en busca del periódico o a los últimos trasnochadores extraviados que regresan a casa.
Cuando era pequeña siempre me llamaban la atención las lagartijas, que siempre salían de entre las grietas de viejas piedras de iglesias y ermitas y se quedaban quietas al sol. Como esas lagartijas, yo también miro al cielo buscando un rayo de luz. Por lo menos sé que no vendrá algún muchacho travieso a cortarme la cabeza, como hacían mis amigos con ellas. Se reían ante los inútiles movimientos de la cola de la lagartija sin cabeza hasta que cesaban. Yo prefería no mirar, no porque me diera pena el sufrimiento del animalillo, sino porque todo bicho que repte me produce una fobia tremenda.
En febrero comienzan los días soleados y te das cuenta de que la primavera está a la vuelta de la esquina. 

Comunidades virtuales

Al principio fueron los chats y el messenger, luego los foros, después aparecieron los fotologs, los blogs y myspaces, y un buen día los tuentis, facebooks y demás comunidades se ponen en boga y todo el mundo las saca a colación en cualquier conversación.
Reconozco que al principio hablaba por msn, pero me saturó. Me parecía un invento pésimo, un entretenimiento donde las conversaciones se repetían una y otra vez sin que te aportaran nada. Así que, aunque todavía lo tengo, he dejado de entrar. Seguro que a estas alturas más del 90% de gente que tenía me habrá eliminado por haber desaparecido durante tanto tiempo. También tuve mi época de chats y también me terminé cansando. Es otra pérdida de tiempo que no lleva a ningún sitio. Aunque, reconozco, de ahí salió al menos una buena amistad: Joan. Un amigo al que guardo cariño, con el que hablo por teléfono de vez en cuando y con el que nunca he quedado. Después llegó la época de los foros, donde incluso llegué a fundar uno (gratis, por supuesto) y al que he dejado de entrar momentáneamente. Los foros son rincones más serios que los chats, así que de vez en cuando sigo visitando los que me terminaron seduciendo, donde también conocí a mucha gente que merece la pena.
Y ahora, la gente a pie de calle me pregunta si tengo tuenti o facebook para agregarme. Los he visto de lejos, cuando mi hermano pequeño se ha conectado desde mi ordenador y no me llaman la atención esos lugares. Yo me quedo con el blog, que por lo menos me aporta más.
Me pregunto qué llegará mañana. Porque, como todo, las comunidades virtuales pasarán de moda y llegará algo más atractivo para los ojos de los usuarios de internet. Seguro que ya está inventándose en el cerebro de algún programador jovenzuelo que se hará de oro cuando venda su idea. 
Cada vez que entro en el correo de hotmail tengo cientos de invitaciones a esas redes sociales. Es triste que las relaciones actuales se 'limiten' a un rinconcito de internet. Creo que me estoy haciendo mayor. 

Dime

A Rober le he echado la bronca por no haber registrado un relato que presentó a un certamen y resultó finalista. Dice que sigue mi estela. A mí no me importa. He empezado a leer su manuscrito y ya en el título le he sacado tres fallos y he tenido que enseñarle uno de mis manuscritos preparado para el Registro. Pero son fallos por desconocimiento: un punto final en el título, las comillas y que no estaba en cursiva. Le he enseñado un periódico viejo y le he dicho: "Búscame un título que acabe con un punto final". Entre las comillas y la cursiva, a mí siempre me enseñaron a poner los títulos de los libros en cursiva (subrayado si era a mano o con máquina de escribir), ya que las comillas se utilizan para otros aspectos que intentan atraer de alguna manera al lector o para pensamientos de algún personaje, entre otras cosas. También usa gran profusión de comas, pero aún no he visto que separe el sujeto del verbo con una. Le he explicado que por contagio de la lengua oral se suelen transmitir esas pequeñas pausas habladas a la escritura y eso sí que es un error ortográfico grave. Y le he tenido que abrir una página de Word para decirle cómo poner los guiones largos en los diálogos. Para mí son minucias y he sido franca: no me pidas que te alabe, de mí sólo obtendrás críticas constructivas.
Al final he terminado convenciéndole para que registre su relato y explicándole ciertas cosas que debe saber.

viernes, febrero 20, 2009

Como cada viernes...

Odio despertarme de madrugada para no poder dormir después. Siento que estoy inquieta, como si el mundo fuera a explotar sobre mi cabeza de un momento a otro.
Me agrada que esta noche Rober venga a cenar a mi casa. Aún no sé qué prepararé para nuestro banquete. Espero que esta vez no se haya depilado el pecho con maquinilla (ya le dije que le quedaba fatal), al menos espero que no venga descamisado. Como estamos en invierno, no lo creo.
Me estoy imaginando las horas de conversación para, finalmente, irnos de fiesta o quizás ver una película. No creo que sea lo último, ya que es viernes. También nos podríamos disfrazar. Total... estamos en vísperas de carnaval.
Hoy vamos a hacer un intercambio. Seguro que encontraré un hueco en la conversación para chincharle. Lo consigo con cierta facilidad y él se termina mosqueando y diciendo: "Tienes un humor un tanto extraño". Hace dos años, ante la carencia de respuestas terminó diciéndome que era una homófoba y le contesté que si realmente lo fuera no quedaría con él. Rober es gay, pero no tiene tanta pluma como otros. Desde el primer día que le vi conectamos. Lo único que no consigue es que vaya con él a "esos bares". Ya lo hice una vez y no he vuelto. Dice que les discriminan cuando son ellos los primeros que distinguen con sus "bares de gays", aún no he escuchado que los heterosexuales digamos: "bares de heteros" ni apliquemos ninguna distinción de ese tipo. 
Tengo ganas de que llegue la noche, aunque me pase dos horas cocinando. Rober siempre consigue hacerme reír. Y necesito humor.

jueves, febrero 19, 2009

La clave está en Rebeca


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Ken Follett es apabullante cuando trata historias de espías enfocados a la Segunda Guerra Mundial. En cierto modo, me ha recordado a un libro suyo también, La Isla de las Tormentas, que hace mucho tiempo leí. Como británico, en ambas novelas, Follett hace que pierda el espía alemán, aunque durante todas las páginas no obtiene más que fracasos.
Creo que el libro al que se refiere es la Rebeca de Daphne du Maurier, aunque a mí me sonaba a Alfred Hitchcock, obvio. Como no me lo he leído no puedo estar segura. Durante la Segunda Guerra Mundial se tomaban claves de los clásicos de la literatura porque, si los mensajes eran interceptados por el bando contrario, sería complicado descubrir cuál era el código y, por tanto, casi imposible descifrar el mensaje. Si mal no recuerdo, también el protagonista de La Isla de las Tormentas usaba el mismo método.
La historia de éste transcurre en Egipto a lo largo de 1942, cuando aún los alemanes creen posible la victoria. Hay dos bandos, dos hombres, dos mujeres y una lucha por la hegemonía de El Cairo. El que se haga con la capital será el dueño de Egipto.
La capital está en manos de los colonizadores ingleses, que tienen a su servicio todo un entramado de mandos oficiales, británicos y egipcios, intentando desenmascarar a posibles espías. El comandante William Vandam se ocupa del Servicio de Información. Se trata de un hombre rígido, duro, que sólo se muestra tierno con su hijo Billy; es viudo y vive en una enorme mansión. Su superior, Bogge, es un inepto, que desatiende sus consejos.
En el desierto, a unos cien kilómetros de la capital, se encuentra Rommel al mando del Afrika Korps, soldados alemanes de élite, que quieren conquistar El Cairo. El Zorro del Desierto no obtiene más que victorias. No hace mucho ha conseguido que un espía entre en la capital, y ese espía le envía información muy concreta sobre los pasos de los ingleses.
Alexander Wolff es cairota, de madre alemana. Ha pasado los dos últimos años aprendiendo en el servicio de espionaje del Führer y ha conseguido entrar a Egipto por el Sur, amparado por el desierto y por su primo Ismail, un nómada al que le ha dejado una maleta. En Assyut se ha visto obligado a asesinar a un soldado inglés y ha marchado sobre El Cairo. Pero su descripción y sus datos no pasan desapercibidos para el comandante Vandam, que ha entrado en su casa. Alex no tiene más remedio que pedir ayuda a su amante, a la que se vio obligado a abandonar cuando desapareció. Sonja es la bailarina del vientre más famosa de El Cairo. Vive en una casa flotante sobre el río y le da alojamiento. Ella es proalemana, ya que odia a los ingleses, que azotaron a su padre causándole la muerte prematura, así que no le importa esconder a su amante en su casa. Por órdenes de Alex, seduce al comandante Sandy Smith al que el espía roba los documentos secretos del maletín, mientras Smith retoza con Sonja. La información que envía es tan fiable que Rommel entrará en El Cairo gracias a Wolff. Pero un día, el comandante le pilla y Alex no tiene más remedio que asesinarle.
Vandam, por otro lado, conoce a Elene Fontana, una judía que quiere salir de Egipto. Se ve obligada a ayudar a los ingleses y termina enamorándose de William -y él de ella-. Elene siempre ha sido una mantenida, que ha vivido de la fortuna de sus amantes, que siempre han terminado abandonándola. Cuando Vandam le explica que tiene que citarse con Alex Wolff a ella le desagrada el trato despectivo que usa él. Conocerá a Alex, que burlará todos los intentos de ser apresado. Alex sólo la quiere utilizar para mantener a Sonja a su lado, para hacer un trío. Elene teme a Alex y la noche en que llega a la casa flotante consigue que Alex no envíe el mensaje. Mientras que la pareja duerme, ella se levanta y encuentra la radio, el libro de Rebeca y el código, pero no consigue escapar. 
Wolff y Elene llegan a casa de Vandam y se llevan a su hijo, pero Elene le deja una pista al comandante: Assyut. Vandam interroga a Sonja, que confiesa todo respecto a su amante, y a los detectives egipcios que le han ocultado información. Cuando llega a su casa, coge la moto y se dirige hacia el sur en busca de los dos seres que más quiere. El niño le descubre, pero consigue apresar a Alex Wolff y envía un mensaje falso a Rommel, que será derrotado antes de llegar a El Cairo.

miércoles, febrero 18, 2009

Los grandes madrugadores charros*

8 a.m. Calle Compañía
Una de las cosas más sorprendentes de Salamanca es que es una ciudad que despierta tarde. A las ocho de la mañana las calles están tan vacías que parece fantasmal. A las nueve empiezan a verse los primeros comerciantes abriendo sus negocios, casi todos dueños de cafeterías céntricas y restaurantes de postín, que ofrecen apetitosos y completos desayunos hasta las doce del mediodía. A eso de las diez y media, la Rúa y la Plaza Mayor se ven invadidas por un sinfín de furgonetas descargando sus voluminosos paquetes. Así que las tiendas están abiertas y preparadas para empezar el día a las once de la mañana.
Es una simple curiosidad que no concibo. A medida que vas hacia el este de la Península, la gente madruga más. En Logroño, las furgonetas descargan a las nueve y media hora más tarde puedes encontrar cualquier negocio abierto. Por no hablar de Barcelona.
El caso es que vas a un edificio oficial antes de las once y no tienes que esperar ninguna fila. Tardas cinco minutos en rellenar los impresos y enseguida estás de nuevo en la calle. En cambio, vas a partir de esa hora las filas son inmensas. Si llegas a Correos, por ejemplo, a la una, posiblemente vuelvas a casa para comer, con las piernas agarrotadas porque todas las sillas estaban ocupadas y has tenido que esperar tu turno de pie. Lo mismo ocurre en las carnicerías, los supermercados, imprentas y demás negocios. Si quieres acabar rápido, ve ante de las once, que no habrá nadie.
Ahora bien, como te corra prisa algo, por ejemplo, hacer unas fotocopias que tienes que entregar a las diez, te las ves y te las deseas para encontrar una copistería abierta. 
¡Para que luego digan...! 

Mi padre, madrugador donde los haya, de estos que abren los ojos a las seis sin despertador y no vuelven a dormir más, siempre nos cita el refrán de que "a quien madruga Dios le ayuda", pero también es dado a contar una historia, que aún desconozco si es real o imaginaria. Dice que un labrador alentaba a su hijo para que se levantara antes de que el sol apareciera por el horizonte, pero su hijo era tan dormilón que muchas veces el padre se iba a hacer las tareas del campo en solitario. Una mañana en las que su hijo se había quedado en la cama, encontró una cartera llena de dinero. Cuando llegó a casa se la enseñó al hijo y le dijo: "Mira lo que me he encontrado. Todo por haber madrugado". A lo que el hijo respondió: "Más madrugó el que la perdió".

(*) Charro: Salmantino, de Salamanca.

Creatividad al alza

"Dadme una palabra y la convertiré en una gran historia" (parafraseando a Arquímedes). Ése es el lema que caracteriza mis noches en las últimas semanas. De repente, mis ojos se fijan en un certamen temático, el tema se graba en mi cerebro y, cuando estoy adormilada, empieza a moldearse una historia en mi cabeza, una historia que me obliga a levantarme de la cama, encender el ordenador y escribirla. Me ha ocurrido al menos cuatro veces este mes.
Literariamente hablando, nunca había dado tanto de mí. Estoy en una etapa creativa e, intentando no pecar de pedante ni arrogante, creo en la posibilidad de que algún premio más caerá antes de mi cumpleaños (abril). No soy adivina, pero sé lo que he hecho, lo que he escrito, y he descubierto que cada vez es mejor, que cada vez cuido más mis palabras y expresiones y que cada vez corrijo menos tras la primera escritura.
Y lo mejor de todo es que, cuando escribo, me siento pletórica, llena, íntegra y feliz. Lástima que no tenga tanto tiempo para poder presentarme a más concursos. 

martes, febrero 17, 2009

In vino veritas

Ayer di por casualidad con este refrán latino. Como no estaba segura de su significado estuve hurgando y me gustó la simbología que le rodea. "La verdad en el vino", lo que viene a coincidir con otra máxima que se utiliza más a menudo, que "los borrachos (y los niños) siempre dicen la verdad".
Porque el hombre, en un estado de embriaguez absoluta, es capaz de contar sus secretos más íntimos y ocultos. Son muchos los que recurren al engaño del vino (o cualquier otro tipo de elixir que lleve alcohol) para sonsacar cosas. 
El vino se identifica con la esencia de la vida, pero yo lo he usado como el veneno traidor que la quita. Es un dulce elixir relacionado con la vitalidad y la inmortalidad, el vehículo de conocimientos superiores, revelados por los dioses. Es símbolo de la alegría, y tan alegre estaba mi personaje que murió por ello. Tenía que morir. 
Me gustaba cómo sonaba el refrán en otros idiomas: "Der Wein ist ein Spiegel der Menschen" (El vino es un espejo del hombre, literalmente), "Wine is want to show the mind of man" o "La verité dans le vin". Curiosamente, el refrán en el país vecino es el que más se asemeja a la frase usada por nosotros.
Y yo... no quería escribir nada al respecto, pero lo hice. Leo y releo lo que escribí y ¡me encanta! No tengo nada que añadir, ni nada que quitar. Está perfecto tal cual. 
Sólo me queda decir que ¡viva el vino!
(Parece ser que últimamente tengo fijación con el tema del vino.)

Piedad y Ángel

Piedad y Ángel eran dos desconocidos para mí hasta hace unos meses. Ahora son casi como de la familia, dos personas que me aportan mucho en facetas de un mundo inexplorado o, más bien, que siempre había observado desde fuera.
Esta mañana me ha preguntado Piedad si en iNet hay mucho pirateo. Supongo que si hablas de ese tema con cualquier otra persona puedes hablar de las cosas que te descargas al día. Pero que esa pregunta te la haga una registradora de la propiedad intelectual hace que te pienses lo que vas a responderle. He sido sincera sin decir todo, porque ¿cómo voy a decirle que yo no me bajo cosas? Es obvio que cualquiera que tenga acceso a iNet se descarga algo, mientras que no "trafiques" con ello...

lunes, febrero 16, 2009

Días extraños

Hoy ha sido un día de esos extraños que hay que coger con pinzas. He estado sin móvil todo el día, lo que es de agradecer cuando quieres que nadie te encuentre. El resultado ha sido un número infinito de llamadas de varias personas. Lo peor es que luego he tenido que devolver las llamadas. Lo mejor ha sido hablar con Rober, desde aquí mis felicitaciones para él (ni siquiera sé si entra).
En el banco he tenido un momento bastante gracioso, donde un hombre de entre sesenta y setenta años que estaba detrás se ha puesto a hablar conmigo. Me ha dicho que tenía cara de burlona, todo entre risas. Y lo cierto es que, en principio, yo me reía porque no sabía dónde mirar. La fila era larga y el hombre tenía ganas de cháchara, tanto que ha terminado enseñándome las fotos de toda su familia y diciéndome consejos: "No corras, que estás empezando a vivir". Esa única frase ha sido suficiente para convertir esta jornada en un día extraño. 
Hoy... ha sido un día en que no tenía ganas de escribir nada, pero, como siempre, me obligo a escribir sobre cualquier nimiedad que, en principio, no le das importancia. Y, al contarlo por escrito, ese minuto de tu vida se convierte en inmortal.

"Las palabras son la droga más potente que haya inventado la Humanidad" (Kipling).

domingo, febrero 15, 2009

Gestos que dejan huella

Últimamente me acuerdo mucho de mi tío. Siento una especie de vacío que me hace preguntarme dónde estará. A veces miro a las estrellas, como si allí pudiera encontrar una respuesta. Siento que me falta algo. Me gustaría contarle tantas cosas... Eso lo echo de menos: hablar con él y contarle los secretillos, hablarle de novietes y de amigos. Era la única persona adulta con la que yo había creado una complicidad que no compartiría con nadie más. Pero él me entendía, se reía, me hacía sonrojar, o decía frases delante de mis padres que sólo los dos entendíamos.
Me acuerdo muchas veces de un gesto de él, en una de las últimas tardes que acudí a verle. Recuerdo que salíamos de su casa para dar un paseo y los vecinos aparecieron con un niño de unos cuatro años. Recuerdo su mirada y supe leer en ella. Mi tío siempre fue muy niñero, y estuvo jugueteando con aquel chavalín, pero súbitamente se quedó serio y su mirada se tornó sombría y triste. Mi tío ya había sido operado, aunque el cáncer no se le había reproducido aún, pero aquella tarde yo leí un NUNCA: "Ya nunca tendré un niño". Para mí, ser consciente y capaz de leer a través de sus ojos fue un golpe muy duro. 
Siempre he pensado que la fuente de información de los gestos faciales es inmensa. Es sencillo leer el rostro de una persona, pero no así sus pensamientos. Aquella tarde yo descubrí en mi tío una infinita tristeza, indescriptible, al límite.
Me miró y se dio cuenta de que yo lo sabía. Intenté animarle pero aquella pesadumbre no se me quitó en mucho tiempo. Ni siquiera se lo conté a mis padres ni hermanos. Era algo que no quería creer.
Le echo tanto de menos...

sábado, febrero 14, 2009

La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina


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No quería acabarlo tan pronto, porque la tercera parte no se publicará hasta el 5 de junio, y me va a tocar esperar al desenlace.
Me gustó más Los hombres que no amaban a las mujeres, aunque es cierto que aquí conocemos un poco más a esa 'salvaje' adorable rechazada por la sociedad. Lo que es cierto es que sigue las líneas de lo más desconcertante e imprevisible. No me extraña que haya sido un éxito.
Lo cierto es que Lisbeth Salander es de todo menos salvaje. Es una luchadora nata, una superviviente de una sociedad injusta, una mujer que odia a los hombres que no aman a las mujeres, una persona con recursos suficientes para salir adelante sin ayuda de nadie. Su peculiar personalidad sorprende, a veces está cargada de momentos de humor, en otras ocasiones nos trae tensión, pero el lector se encariña con ella de una manera extraña. El lector se humaniza con ese desecho social en que la han intentado convertir, y ha terminado siendo una moralista nata que se adelanta a los acontecimientos y a personas supuestamete más expertas (policías, periodistas, investigadores, gánsters). Lisbeth es un personaje único.

Cuando Lisbeth Salander descubre que está enamorada de Mikael Blomkvist, decide huir. Con el dinero que había sacado sutilmente de las cuentas en el extranjero de Wennerström se pone en contacto con un abogado en Gibraltar, creando la empresa Wasp, con el que comprará un apartamento inmenso para ella sola. Su piso anterior se lo deja a su amiga, la lesbiana Miriam Wu, a la que no le cobrará alquiler. A su administrador, el abogado violador Bjurman, lo mantiene a raya por el vídeo de la violación. Con todos los cabos atados, decide marcharse al extranjero de vacaciones para huir de un sentimiento que nunca antes había tenido.
Mikael Blomkvist, por su parte, ignora dónde se encuentra Lisbeth, aunque intenta ponerse en contacto con ella, acudiendo a su casa y llamándola por teléfono, sin éxito. Así que se concentra en su trabajo. Contratan temporalmente a un periodista joven, Dag Svensson, para que escriba un reportaje y un libro sobre el traficking, es decir, el comercio sexual. Su reportaje tiene nombres de personajes de peso, desde políticos y policías hasta periodistas corruptos. Se basa en la tesis de investigación de su novia criminóloga, Mia Bergman. El reportaje en Millennium puede ser una bomba para la opinión pública.
Lisbeth regresa a Suecia en medio del caos. En su ausencia, Nils Bjurman ha investigado sobre ella y ha llegado a ponerse en contacto con un hombre que odia profundamente a la joven. Por casualidad, ella descubre al abogado en una cafetería y hace sus pesquisas. No le queda más remedio que vengarse de él. 
Después entra en los ordenadores de Mikael y de Dag, por lo que descubre lo que se traen entre manos. Y decide hacer una visita a Dag Svensson. Lo único que ha llamado la atención de Lisbeth Salander es un nombre: "Zala" y a ella esa simple palabra le trae muchos recuerdos.
Es Mikael Blomkvist el que encuentra los cadáveres de Dag y Mia en su casa. También encuentra el arma homicida (una pistola perteneciente al abogado Bjurman). La policía empieza a investigar y encuentran las huellas dactilares de Lisbeth en la pistola. Al abogado se lo encuentran también muerto en su casa. Tienen claro que la culpable es Lisbeth Salander y su fotografía se distribuye en todos los periódicos.
Sólo dos personas creen en su inocencia: Mikael Blomkvist y Dragan Armanskij, su jefe. Entran en su piso y finalmente hacen declarar a Miriam Wu, que desconoce la residencia actual de Lisbeth. A Mikael se le ocurre que es posible que la joven entre en su ordenador y abre una carpeta a nombre de Lisbeth. Su instinto no le engaña y ella, por fin, le contesta y le da pistas para su investigación. También le confiesa que no es la criminal que todo el mundo está buscando. Cuando Lisbeth sale a la calle, va disfrazada y con una identidad nueva, y se encuentra oculta en su enorme apartamento a nombre de una empresa imaginaria. 
Sigue las pistas y la investigación de la policía. Miriam es secuestrada y aparece en escena un ex boxeador amigo de Lisbeth, Paolo Roberto, que se une a Mikael para descubrir el paradero de su joven amiga. Paolo salva a Miriam Wu de ser descuartizada, pero tiene que enfrentarse a vida o muerte con un hombre que no siente dolor, una montaña humana que está dispuesto a asesinarles. Consiguen escapar del gigante rubio. En aquel almacén en medio del campo, la policía encuentra cadáveres y empiezan a reconsiderar que quizás Lisbeth Salander, la psicótica asesina, sea realmente inocente de los hechos de que ha sido acusada. Lisbeth necesita encontrar a Zala, Alexander Zalachenko, y acabar con él. Así que sólo tiene que seguir los pasos del gigante rubio. Ya ha encontrado los documentos que el abogado Bjurman guardaba en su casa de campo. Eso y el vídeo de su violación los abandona en su casa, pero antes de marcharse vacía el disco duro de su ordenador.
Gracias a un apartado de correos, llega a una casa solitaria en el campo. Espera y se asegura de que allí sólo hay dos personas: el gigante rubio y un viejo cojo con la piel desfigurada. En Estocolmo, Mikael consigue encontrar su casa y desactivar la alarma. Allí encuentra la documentación y el vídeo y sigue los pasos de Lisbeth.
La joven entra en la casita, donde es apresada por el gigante rubio. Zalachenko está rodeado de sensores de movimiento y estaban prevenidos de su presencia desde hace horas. El viejo quiere matarla, como venganza de lo que le hizo, pues el viejo es el padre de Lisbeth, un desertor del servicio de inteligencia militar ruso, el GRU, que pidió asilo político en Suecia durante la Guerra Fría, un psicópata cuyas huellas eran borradas por la policía secreta sueca. Lisbeth, con doce años, se enfrentó a su padre, tirándole unas latas de gasolina y prendiéndole fuego, después de que él empleara la fuerza bruta con su madre. Él aún no lo ha olvidado y sólo quiere acabar con su hija. En la actualidad, Zala se dedica al comercio sexual, y ha formado una sociedad con el gigante rubio, que también es hijo suyo.
Los dos hombres la arrastran hasta un claro en el bosque. Zala la dispara con un arma de boy scout, dejándola inconsciente. La entierran viva y vuelven a la casa. Pero Lisbeth, despierta y consigue salir de su tumba. Se acerca a la casa y se defiende de los dos hombres. A su padre le pega un hachazo, dejándole medio muerto, y el gigante cree ver un fantasma, por lo que sale huyendo.
Entonces Lisbeth llama a Mikael, que tiene el teléfono desconectado. Sin embargo, el periodista está llegando a la casa y se la encuentra semi inconsciente.

viernes, febrero 13, 2009

"Posdata: Te quiero"

Hace unos años, cayó este libro en mis manos por casualidad. Ni recuerdo a la autora ni tengo el consecuente argumento en el blog, porque aún no había caído por aquí. Lo que es cierto es que me lo regalaron en Santos Ochoa en Logroño, una cadena de librerías donde siempre te dan un obsequio. Cuando vi el título me pareció bastante pasteloso y ocupó un lugar en la estantería durante un tiempo, hasta que me decidí a empezarlo. Se leía bien y rápido, aunque recuerdo bien ciertos detalles que en la película sobran por su ausencia: ella canta fatal y tiene miedo escénico, todas las cartas están juntas en una caja y cada una se debe abrir cierto día de cada mes hasta completar el año, no hay ningún amigo irlandés y creo recordar que el viaje era a Canarias, ella acaba con Dany pues lo vuelven a intentar después, y lo que me ha parecido fatal es lo del trabajo: ella encuentra trabajo en una revista, donde el director también es viudo y se cuentan sus propias historias, se identifican con el mutuo sentimiento de pérdida. Recuerdo que, en la entrevista, ella reparó en la foto de una mujer y le pregunta: "¿Es tu esposa?" y él le responde que murió. Entonces Holly le cuenta que ella también ha perdido no hace mucho a su marido. Y a lo largo de todo el libro hay alusiones a su trabajo en esa revista, que aquí no viene a cuento. Obviamente, en el libro aparecen doce cartas, y aquí faltan unas cuantas. Lo que me cabrea es que no sean fieles si al principio pone que se basa en el libro. 

Holly (Hilary Swank) ha perdido a su marido Jerry Kennedy (Gerard Butler), por un tumor en la cabeza. Ella no puede soportar su ausencia y la desicia hace mella en ella, hasta el día en que cumple treinta años y recibe la primera carta.
Su marido, después de su muerte, ha planeado que le lleguen cada cierto tiempo unas cartas escritas por él para ayudarla a seguir adelante sin él. Programa un viaje al extranjero con sus amigas, que vaya a cantar a un karaoke, que se busque un trabajo o que se vuelva a enamorar cuando llegue la señal. Pero debe seguir adelante con su vida. Y sin él.

jueves, febrero 12, 2009

Dibujando historias

Anoche se me ocurrió una historia mientras cenaba y hoy apenas he cambiado nada. Siempre espero un día o dos, a veces más, porque el estado de ánimo cambia y lo que ayer te dejaste o no viste hoy sueles encontrarlo. Pero tengo un poco de incertidumbre por el hecho de no haber cambiado nada consistente, ni haber añadido nada a lo que ya había. 
Mi amiga M. dice que le gusta mucho, sobre todo por que he dejado caer la "bomba" en el momento oportuno, y no salió como algo forzado, sino como parte de la conversación.
Mañana lo registraré y lo enviaré.
De momento, ya tengo otra historia en mente que descongelar mientras ceno y busco mentalmente el enfoque adecuado. Seguiré con mi historia de historias... en otro momento.

miércoles, febrero 11, 2009

El aroma de los buenos vinos

Dicen que la cata de vinos es más un arte que una ciencia. Yo no creo tener la suficiente sensibilidad ni paciencia para poner la copa al trasluz y fijarme en el color, sentir que el aroma fluya embriagador y saborearlo para escupirlo después. Pero como buena riojana, sé apreciar un buen vino. En cuanto tuve edad para probarlo, recuerdo que mi familia me permitía beber una copa en celebradas y contadas ocasiones –y siempre mezclado con gaseosa-. Cuando tuve más edad y en las cenas con los colegas tomaba claretes. Y ahora, si tengo que elegir, me quedo con un buen crianza, y que sea tinto. 

Los hombres son como los buenos vinos, aunque algunos no se merecen siquiera que les den esa cualidad. Sin embargo, seré benevolente. Los hay tan afrutados y dulces que te empalagan hasta la saciedad, los hay añejos y sabios que te hacen incomprensibles tesis doctorales y con el ego tan elevado que te terminan subestimando, los hay jóvenes e inexpertos que aún no se han empapado del sabor a barrica... y un largo etcétera. A la hora de elegir, como en los vinos, a veces resulta complicada tarea la de escoger uno de tu gusto. Pero lo cierto es que es más fácil encontrar un buen vino que un buen hombre. 
Y lo que ocurre ahora es que, como no puedo beber, me embriago con el aroma del vino. Sólo que como no satisfago el paladar no sé si es un buen o mal vino. Estoy desconcertada, con dudas, con negros nubarrones en la cabeza, pero sólo tengo que cerrar los ojos y olfatear el vino añejo que no puedo probar. 

martes, febrero 10, 2009

¿Cómo sería... si las cosas fueran de otra manera?

Es inevitable preguntárselo.
Me gustaría que las cosas fueran de otra manera. Mi naturaleza impulsiva en el pasado me dio tantas comeduras de tarro que, finalmente, a veces conseguí contenerme en numerosas ocasiones. Aún hoy quedan resquicios de todo aquello. Debido a ello fui transformándome en una persona tan reservada que ha terminado desconfiando de todo y de todos. No sé cuándo se produjo ese cambio, pero si antes daba mi opinión sin pensar, ahora es fácil que no me moje. Sólo mantengo conversaciones profundas con tres personas y creo que ni siquiera estas mismas personas llegan a percibir un uno por ciento de lo que llevo dentro. Es por eso mismo por lo que no deseo un novio, porque nunca podrá llegar a mí. Y cuando hablo de mi vida todo es frío, calculado y visto de una manera somera.
Me gustaría cambiar mucho, pero considero que son defensas que me protegen del mundo.