
A mí el tren siempre me ha gustado mucho. Y bien sé todo lo que lo he cogido, sobre todo cuando estudiaba en Salamanca. Cómo me entristecía el cambio de paisaje al ir para allí, dejando atrás las montañas, los bosques y una panorámica verde para encontrarme la inmensa llanura, los páramos desiertos y un paisaje demasiado seco. Es el mismo viaje que en estos momentos están haciendo mis sobrinas, que están emocionadas porque es su primer viaje en tren.
El tren siempre me llevará a esos momentos, esas cuatro horas donde dejaba atrás mis montes, mi nieve, mis árboles... para llegar a una tierra algo inhóspita.
El regreso ya era otro cantar. Yo creo que se me alegraba el alma cuanto más me acercaba a casa.
Y siempre me veía a la memoria una poesía de Antonio Machado, aquella que hablaba de sus vivencias en el tren: "Yo, para todo viaje// siempre sobre la madera// de mi vagón de tercera,// voy ligero de equipaje (...)".
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