domingo, junio 28, 2009

Los tarans, los seres fantásticos más pequeños

"Algo extraño pasa hoy", pensaba Toni esa mañana. Como cada día, Toni se había levantado muy temprano, había cogido sus aparejos de pesca y había partido por el camino que le llevaba al río. Los pájaros estaban más callados que de costumbre y las hojas de los árboles apenas se movían.
Sin querer dar importancia al silencio sepulcral con que esa mañana lo recibía el bosque, lanzó su anzuelo al agua y se quedó próximo a la orilla. Poco después comenzaron los ruidos. Primero fue un leve crujido en un árbol cercano, pero miró a su espalda y nada se movía. El bosque parecía paralizado. Ora escuchaba un susurro, ora un silbido, ora algo parecido al llanto de un bebé. Un poco asustado, Toni se internó en el bosque y se acercó al árbol del que procedía el lamento. Recordó entonces un cuento que su abuela le había contado cuando él era niño, la vieja historia de los tarans, los espíritus de los bebés que han muerto sin bautizar y que vagan por los bosques buscando a alguien que conozca su leyenda y les ponga nombre. Entonces, sabiendo ya lo que buscaba, se frotó los ojos y trató de mirar el mundo de una manera diferente.
Allí estaba el niño, ahora lo veía. Aquel taran era muy pequeñito, no debía tener tres meses de vida. Se acercó a él y, haciéndole la señal de la cruz, repitió el conjuro que su abuela le enseñó:
-A partir de ahora tu nombre será Carlos, y así yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Y el pequeño espíritu esbozó una sonrisa mientras desaparecía.

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