lunes, junio 01, 2009

El poder de la atracción

Si contara los secretos más recónditos sería imposible describir lo que me pasa en estos momentos. Siento como si me vapuleara el aire cada vez que el destello de sus ojos se vuelve hacia mí. ¿Hasta qué punto puede haber atracción? Si me lo hubieran dicho hace un mes no lo hubiera creído.
Oyes hablar de él, sabes de su vida, de su obra, y de repente un día le conoces. Después lo tienes enfrente y te tiemblan las manos cuando te va a dar el teléfono. Sales a la calle, sabiendo que él no estará lejos, queriendo encontrarte con él.
Estoy delirando. ¿Cómo puede atraerme un tío que tiene al menos diez años más que yo? Prefiero llamarlo adoración, o mejor: admiración, por quién es o porque hasta que hablé por vez primera con él ya sabía quién era y qué hacía y, a pesar de todo, le pregunté su nombre con sorna, y él también sabía quién era yo. Llamémoslo adoración, o mejor: admiración, porque no puede llamarse de otra manera. 

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