Durante el siglo XV, en toda Europa hubo muchas mujeres que fueron denunciadas ante los tribunales de la Inquisición por tener relaciones íntimas con demonios. Uno de los casos más famosos fue el de la madre abadesa de un convento de Valladolid. Decían de ella que era una mujer de una bondad extrema, muy dulce y devota, y también muy comprensiva con las novicias que tenía a su cargo. Y, sin embargo, no hubo clemencia para ella cuando se supo que todas las noches era visitada por un espíritu íncubo que la tentaba mientras dormía.
Al parecer, con mucho sigilo, este espíritu se colaba en sus sueños disfrazado de hombre y, con amorosas palabras, se ganaba su voluntad al instante. Dicen que también la tentaba durante el día, a todas horas, pero cuando estaba despierta, la abadesa era fuerte y no se dejaba vencer fácilmente. Sin embargo, durante el sueño el íncubo era muy poderoso y se adueñaba de sus deseos. La abadesa, dormida, se retorcía en la cama y sus gritos alertaban a todos los vecinos, que acabaron denunciándola al Santo Oficio.
Para estudiar este asunto, al convento de la madre abadesa llegaron todo tipo de expertos en demonología, pero los íncubos son los demonios más resistentes a los exorcismos y nada se pudo hacer para salvarla. Llevaba años poseída por el íncubo y su influjo sobre ella era demasiado intenso. Fue condenada a morir en la hoguera el primer domingo de abril de 1485.
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