
Cuando terminé con La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina no volví a pensar más en el final de la trilogía que sabía vería la luz en junio. La realidad era que me habían enganchado tanto los dos primeros que la espera parecía interminable.
¿Ahora? Conociendo que el fabuloso autor murió poco después de entregar el manuscrito de este último tomo te da pena por el hecho de la magnífica producción que nos podría haber legado. Es admirable, en serio.
En el segundo tomo terminaba Lisbeth Salander con una bala en la cabeza. Aquí la muchacha se encuentra en estado grave en un hospital y su padre, Alexander Zalachenko, el mismo que ha intentado matarla, en el mismo pasillo, dos puertas más allá. Lisbeth consigue recuperarse tras la operación, pero el proceso es lento. Se encuentra aislada y vigilada, sobre todo porque, cuando le den el alta, terminará en la prisión a la espera de juicio. La Säpo, la policía secreta sueca, tiene que acabar con el tema de Zalachenko. Realmente no es toda la policía secreta la que está al tanto del asunto del desertor ruso, sino sólo una parte, bautizada como la Sección. El caso es que los jubilados de esta sección se poner a dirigir a policías más jóvenes y así acaban con la vida de Zalachenko, pero además vigilan y entran en secreto en la casa de Mikael Blomkvist, asesinan a Bjürman aunque lo hacen de manera que parece que se ha ahorcado, le roban las copias del informe psiquiátrico a Annika Gianinni, hermana de Blomkvist, y al periodista mismo.
Por otra parte, Erika Berger abandona la dirección de la revista Millennium para irse a uno de los periódicos más prestigiosos y grandes de Suecia, donde empieza a ser acosada por un supuesto compañero de trabajo.
Mikael, por otra parte, decide devolver el prestigio a la imagen de Lisbeth Salander, cuya reputación ha sido vilmente agraviada por los medios de comunicación. Además se encarga de hablar con el cirujano que operó a la joven para que le entregue, a hurtadillas, un ordenador de mano, aparte de pedirle que luche por su libertad. Lisbeth escribirá toda su autobiografía y aceptará que Annika Gianinni la represente como abogada. Además, el grupo de policías de Estocolmo, que ya han tomado conciencia de su inocencia, la apoyan, junto a todos los operarios de Milton Security.
Mikael Blomkvist, sabiéndose vigilado, pide ayuda a Dragan, jefe de la empresa de seguridad, y éste habla con un viejo amigo, comisario de la Säpo, que encarga una investigación a la inspectora Monica Figuerola. Monica y Mikael se encuentran y Mikael colabora con el jefe de Monica a cambio de información. Los dos terminan enamorándose.
Lisbeth llega al juicio y presenta el DVD con la violación de su tutor, a la que nadie daba crédito. El prestigioso psiquiatra, el doctor Peter Teleborian, es desprestigiado en el juicio de Lisbeth y detenido justo después por colaboración con la Sección, que ha sido detenida poco a poco gracias a la colaboración entra el resto de policías de la Säpo y la policía abierta.
Lisbeth es absuelta de todos los cargos y finalmente decide marcharse de viaje. Reanuda su amistad con Miriam Wu, que se ha mudado a París, y finalmente hereda todas las pertenencias de su padre. En una vieja fábrica abandonada se encuentra con su medio hermano, luchan y ella consigue escapar, mandando antes un mensaje a la policía, que le lleva buscando desde que empezó todo.
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