Todos tenemos un rasgo peculiar que nos hace únicos y diferentes a los que nos rodean. En algunas personas ese rasgo será la alegría, o la simpatía, o la dulzura, o el saber estar, o la elegancia, o la sencillez, o la ternura. Seguro que si le preguntas a alguien que te quiere, sabrá decirte ese don tuyo que te hace realmente especial y por el que no te cambiaría por nadie. Y esto es así porque las hadas le otorgan a los niños, en el momento de nacer, una virtud por la que será conocido entre amigos y familiares.
Puede que ésta sea la primera vez que escuchas hablar de los alven, de los mensajeros de las hadas. Son unos seres parecidos a los elfos, pero de naturaleza translúcida, invisible a los ojos humanos. Como no tienen un cuerpo físico como el nuestro, los alven se desplazan a toda velocidad, dejándose llevar por las corrientes de aire. La movilidad de los alven los hace perfectos para esconderse en los lugares más recónditos y escuchar el más oculto de los secretos.
Dicen que los alven están atentos a todas nuestras conversaciones, por eso se aconseja no contar nunca las confidencias, pues sólo con que una persona te oiga, el rumor se extenderá sin que puedas controlarlo. Cuando los padres están decidiendo el nombre de su hijo, los alven toman nota y se lo comunican a las hadas, para que éstas puedan elegir el don más apropiado para el recién nacido. Ahora ya sabes cómo están las hadas informadas de todo y quién contó tu secreto.
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