En el Lejano Oriente, mucho antes de la fundación de la primera dinastía china, vivían unos hombres salvajes que servían a los dragones y les rendían obediencia. Se cree que practicaban el canibalismo y que de ellos surgieron los primeros vampiros, personas que se alimentaban exclusivamente de sangre, pero que aún no habían logrado la inmortalidad.
Poco a poco, con el paso de los siglos, estos hombres fueron haciéndose fuertes y comenzaron a cambiar sus hábitos. Abandonaron el canibalismo y se atrevieron a comer la carne de dragón, que para entonces era una especie en decadencia. Y así fue como se hicieron aún más fuertes y descubrieron que podían vivir mucho más tiempo. Hasta que un año a uno de ellos se le ocurrió la idea de crear una nueva raza nacida del hombre y el dragón. Esclavizaron a sus antiguos amos y de la mezcla surgió la estirge, una perversa forma de vida con inteligencia humana pero de apariencia monstruosa, alado y reptilíneo.
Muy pronto, los más sabios del lugar se dieron cuenta de la barbaridad que habían cometido, pero ya era demasiado tarde. Las estirges desconocían la piedad y ni siquiera eran seres pacíficos como los dragones. Asolaron las tierras de los hombres y se extendieron por Asia y el este de Europa, y por un tiempo impusieron su dominio. En cuanto a los escasos hombres que consiguieron sobrevivir, huyeron hacia los Cárpatos, donde se les conoció desde entonces con el nombre de vampiros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario