La historia de los hombres está llena de pueblos que han cruzado miles de kilómetros por tierra y por mar en busca de nuevas tierras que dominar, explotar, evangelizar o simplemente con las que comerciar. Algunos aventureros viajaron por curiosidad, otros se embarcaron por deseos nobles y altruistas, pero la mayoría de ellos lo hicieron por ambición.
Corría el siglo XV cuando los españoles y los portugueses se empeñaron en descubrir una nueva ruta que les llevara hacia las Indias sin tener que cruzar el Mar Mediterráneo. Por aquella época Venecia era la potencia marítima que monopolizaba el comercio de especias con Oriente Próximo, así que trató por todos los medios de alejar al resto de sus rivales. Primero impuso elevados precios que pocos pueblos podían pagar, y para los que no cedieron a este chantaje, recurrió a una mentira.
Contaban los marineros venecianos que una feroz bestia se encontraba en las costas de Oriente Próximo, a la que llamaron mantícora. Según los testimonios de la época, la mantícora era un monstruo terrorífico con cuerpo de león, alas de murciélago, cola de escorpión y rostro de hombre. Supuestamente la tenían encadenada en las costas de Egipto, o en Siria, o en Turquía, y esperaba hambrienta alguna víctima a la que devorar, pues se alimentaba de carne humana.
Tal vez fue el miedo por la bestia lo que impulsó a los españoles a buscar nuevas rutas que les llevaran hacia Occidente, y no los elevados precios que imponía Venecia. En uno de estos viajes, Cristóbal Colón descubrió América.
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