
Parece mentira que ayer pudiéramos estar al sol en una terraza y que volviera a casa colorada después de pasar un rato bajo el sol y que hoy esté cayendo tan tremenda tormenta. Lo peor de todo es que, debido a mi renuencia a llevar paraguas, se me ha calado el pelo. Y fastidia muchísimo cuando lo tienes alisado de peluquería y sabes que si se te moja se rizará de nuevo.
En fin... odio esta lluvia. Espero que en Salamanca haga más calor, adonde iré en breves para despedirme.
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