
Anochecía cuando regresaba a casa. El color plomizo del horizonte era tan irreal que me ha dejado anonadada. Parecía como si se estuviera echando la niebla, o bien parecía que iba a caer una impresionante tormenta. De un color que ni era azul, ni morado, ni gris, sino una mezcla de los tres. Era una estampa tan extraña como hermosa.
Quizás como el día que he pasado hoy.
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