
La verdad es que últimamente he pasado muchos momentos graciosos en la oficina, compartidos todos ellos con B. El de hoy es bastante gracioso por la gran "enganchada", instantes en los que piensas después y no puedes contener la risa floja.
Hoy viene un hombre, A. Desde la cámara del telefonillo le vemos y me dice B. que no quiere atenderle porque le va a volver la cabeza loca, así que acudo rauda a la puerta diciéndole que si no tiene cita el jefe no puede atenderle (era cierto, que tenía toda la agenda llena de citas hasta las ocho y en ese momento estaba ocupado). El hombre me pregunta por B. y le comento que no puede atenderle tampoco, abriendo un poco la puerta del despacho de B., que yo sabía escondida en el cuarto de baño. Cuando A. ha comprobado que no había nadie ha decidido ir a la sala de espera y se ha sentado allí a esperar que la cita terminara.
Entonces B. sale del baño y cerramos la puerta. A los cinco minutos, suenan unos golpes en la puerta y aparece, sin esperar respuesta, A. para pedir un bolígrafo, que quería hacer los crucigramas del periódico. A B. no le daba tiempo a esconderse y a mí me ha mirado y preguntado que cómo no le había avisado. En fin, he estado aguantándome la risa durante un rato, porque no era plan.
Cosas de éstas te hacen desconectar durante un instante de todo lo demás. Y reír... reír es bueno. Aunque claro, ya me ha dicho A.: "La próxima vez que venga no salgas corriendo". Al menos se lo ha tomado a cachondeo.
Otro día tengo que hablar de I., un hombre de unos ochenta años que se pasa por la oficina día sí y día también. Como no tiene cosa mejor que hacer... Hoy ha estado por la mañana y por la tarde. Es como un novio celoso que está pendiente de ti a todas horas. Pues así es I.: varias llamadas al día, visitas insistentes, charlas que no acaban nunca. Con decir que la primera vez que hablé con él (por teléfono) me dio la sensación de que estaba llorando, hasta que le vi en persona y descubrí que realmente habla así.
La de gente que he conocido en las últimas semanas. Menos mal que la mayoría de las personas con las que he tratado son majísimas y siempre se muestran agradecidas, bien sea con una llamada de agradecimiento por rapidez y eficacia, bien con un e-mail donde te agradecen haber avisado de cierto asunto, o con una visita de cortesía, etc. Cada día me gusta más esto.
1 comentario:
Pues no sabes la suerte que tienes de poder estar a gusto en el trabajo, porque hay cantidad de situaciones contrarias y de dificil solución. Hay que tener una gran fuerza moral para darle la vuelta a las contrariedades producidas por el curro y hacer que la jornada laboral no termine siendo un calvario. Si consigues llegar a casa con una sonrisa en los labios, tienes ganado mucho.
Un beso
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