martes, abril 21, 2009

El teléfono

Mi primer móvil apareció una noche navideña en un envoltorio de bellos colores. Era un Siemens que me sustrajeron un par de meses después. Entonces se estilaba aquello de llevarlos de tarjeta. Entonces hablaba mucho con mis amigas y ni siquiera soy capaz de tantear respecto al dinero que podía gastarme al mes.
Después empezó a aburrirme. Lo llevaba en el bolso como quien lleva los klinex, el tabaco o las llaves de casa. A veces se me olvidaba encima de la mesilla y, como en las leyes de Murphy, siempre que no lo tenía encima, al regresar tenía varias llamadas y/o mensajes. Me acostumbré a llevarlo en el coche -nunca se sabe-. Pero podría vivir sin móvil.
Odio el teléfono. Y, cosas de la vida, ahora me paso colgada a la línea de teléfono durante horas. Porque lo tengo que hacer, que si no... sería capaz de enviar un sinfín de correos electrónicos que suplieran a las llamadas. Pero bien cierto es que hablar es más rápido que escribir. Así que me resignaré y seguiré colgada del teléfono en los próximos meses. Que no me importa, sólo que esta situación me resulta irónica.

Además, hay llamadas que se disfrutan. Dejando aparte la gente que te conoce o con la que tienes que lidiar casi a diario, las más interesantes son las que haces a desconocidos, porque nunca sabes por dónde te van a salir. Las peores (¡con diferencia!) son aquellas a organismos oficiales, no porque sean unos "bordes", sino porque te sale un contestador durante media hora. Al final, siempre te encuentras con gente maja, agradecida e interesante.

1 comentario:

J.R.Infante dijo...

No cabe duda que nos ha simplificado los problemas de comunicación y nos ha venido de lujo para salvar determinadas situaciones, lo que ocurre- como con todo en esta vida - es que hay que tomarlo en pequeños sorbos, de lo contrario terminamos atragantados en forma de factura final de mes, o de quebraderos de cabeza para tratar de saber qué compañía nos va mejor. El movil ha revolucionado el mundo y es fantástico, pero no es un juguete, sino una ayuda para muchas situaciones, que hace años era impensable salir de ellas. No obstante, estoy contigo en que se puede vivir sin móviles.
Un beso