
Cuando, con dieciséis años, leí a Poe, éste fue el primer relato que cayó en mis manos. Era el primero de aquella colección de bolsillo y, cuando lo acabé, opté por seguir leyendo relatos al azar, sin seguir el orden del libro. Y me encantó. Si cierro los ojos, sería capaz de revivir los estudios del internado, un rato antes de la cena, con el libro de Poe entre las manos, deseando alargar el tiempo...
William Legrand se había retirado a una cabaña de la isla de Sullivan, cerca de Charleston (Carolina del Sur), tras haber perdido toda su fortuna. Le servía el fiel Júpiter, un viejo negro que había sido manumitido* por la familia Legrand, pero había optado por quedarse con Will para servirle fielmente.
William había encontrado un escarabajo de oro y, a partir de entonces, pareció que enfermaba y caía en una insania fuera de lo común. Después de haber prestado el escarabajo al teniente G... lo dibujó en un viejo pergamino que tenía en el bolsillo, sin reparar en que, bajo los efectos del calor de la chimenea, había aparecido el dibujo de una calavera sobre el caparazón del escarabajo que había dibujado. Recordó entonces que el pergamino lo había encontrado cerca de donde había dado con el scarabaeus. Después de limpiarlo y someterlo al calor, apareció un criptograma que a Legrand no le costó descifrar. Se trataba de un tesoro y se hizo acompañar por su viejo criado y su mejor amigo hasta un tulipero inmenso, que en la séptima rama tenía una calavera y, desde su ojo (agujero ocular) izquierdo había que dejar caer un objeto en línea recta, que indicaría el lugar del tesoro. Pero Júpiter deja caer el escarabajo por la cavidad derecha. Cuando cavan por segunda vez, encuentran una inmensa fortuna, perteneciente al capitán Kidd, del que se cuentan muchas historias en los alrededores.
(*) Manumitir: Dar la libertad a un esclavo.
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