martes, abril 21, 2009

Ampollas y recuerdos

Después de las largas caminatas este último fin de semana con unas botas "chúpame la punta" que me venían grandes, sería una suerte que mis pies no hubieran sufrido los efectos desastrosos del desgaste de unas plantas que parecen haber salido de una parrilla con las brasas al rojo vivo.
Si sólo hubiera ocurrido en un pie sería comprensible, pero ¡los dos! Ayer tenía sendas ampollas dolorosas en medio de los dos pies y se me hacía costoso caminar.
Después de recurrir a la aguja e hilo cual costurera (sin dedal, siempre sin dedal), conseguí que el pie derecho no sufriera mucho más. ¡Ay del otro!
Llevo todo el lunes coja porque no puedo apoyar el pie. He cosido el pie varias veces, pero la ampolla se vuelve a formar. Podría estar pecando de masoca si dijera que mis pies se han visto embutidos hoy en zapatos de tacón...
Y he recordado la primera vez que me pusieron un hilo en el pie. Fue en Pirineos, en Benasque concretamente. Después de la primera caminata, todos teníamos los pies hechos polvo. Recuerdo que me quería escapar de someter las ampollas al "quirófano" improvisado por Txemi. Imponía más su delantal de carnicero que la aguja en sí misma. Recuerdo mirarle de reojo y que intenté huir a su escrutinio, pero me cogió por el pescuezo y me pidió que le enseñara mis pies. Aquella primera vez fue horrible. Varios años después soy yo la que mete agujas e hilos en alcohol y punza las ampollas. Aún es más horrible que exploten mientras vas caminando, así que...
Considero que hoy en día explotamos los pies terriblemente. Aunque, bien mirado, mañana estoy segura de que volveré a llevar tacón.

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