domingo, septiembre 02, 2007

"Teresa, el cuerpo de Cristo"

"Castilla, ya doblaba la mitad del siglo XVI.
Valdés, al frente del Santo Oficio, sigue llenando las mazmorras en busca del demonio.
La gloria de la conquista colma las mesas del poder, mientras el pueblo vive en la miseria y en la ignorancia.
Los dejados ofrecen sus cuerpos desnudos al Señor en liturgias orgiásticas.

Iluminados, herejes, luteranos, hugonotes... Nuestra Iglesia es atacada desde fuera y se oscurece por dentro. En las plazas se queman cuerpos para salvar almas.
Todos los corazones están gobernados por el miedo.
Todos... menos uno
".

Teresa de Ávila (Paz Vega) fue una mujer adelantada a su tiempo, una mente privilegiada en una mujer, algo inconcebible para los hombres de poder, una santa que llevó su luz hasta los rincones más oscuros, temerosos del poder de la Iglesia y de su verdugo: la Santa Inquisición.
Teresa de Ahumada era la única heredera de su familia, pero una mujer rica no era nada si perdía su honra.

"No hay más razón que el amor. El mismo amor que, sin saberlo, busqué desde un principio, el amor que me perdió y que acabó por salvarme".

Habiendo deshonrado a su familia, doña Teresa decide ingresar en un convento. No tiene vocación ni quiere ser monja. Pero entre las cuatro paredes del convento de la Encarnación, y bajo los auspicios de la madre priora (Geraldine Chaplin), Teresa descubre los pequeños tormentos cotidianos: la pobreza de una de las criadas que camina descalza, el dolor de una Doña al dar a luz, la barrera que separa a las Doñas que acuden al convento tras haber deshonrado a sus familias y la austeridad de las monjas que viven con lo necesario, aparte de las criadas que son inmensamente pobres. Teresa ve demasiadas injusticias en aquel lugar tan pequeño y empieza a tener fe, fe que la convertirá en una novicia que amará como nadie a Jesús. Empieza a tener arrobos donde dice ver a Cristo en la cruz, visiones que casi la llevan a la hoguera. Después de martirizarse con todo tipo de condenas y ayunando hasta desfallecer, termina en cama, donde está a punto de morir. Sin embargo, se salva. Según ella, fue San José.
A partir de aquí su nombre comienza a sonar fuera de Ávila, se habla de milagro, y la llaman "iluminada". Doña Guiomar de Ulloa (Leonor Watling), que desembolsa una inmensa fortuna en ayuda del convento de la Encarnación, decide conocerla y se convierten en amigas.
La fe de Teresa es imparable. Sus superiores temen que sus "locuras" y blasfemias lleguen hasta oídos de la Inquisición y deciden librarle de la hoguera. Uno de sus benefactores será su confesor, Fray Gaspar Daza (Eusebio Poncela), que aunque le advierte del terreno resbaladizo por donde camina siempre se pondrá de su parte. También el obispo de Toledo (Ángel de Andrés López) la animará a seguir adelante. Incluso la Compañía de Jesús la apoyó en ciertos momentos. Pero el representante provincial (Manuel Morón) quiere verla arder en la hoguera; habla de ella despectivamente alegando que su familia era judía conversa y no firmará para que Teresa abra su convento.

"Ciertas palabras son veneno para según qué oídos".

La celebridad de Teresa de Jesús no atiende a fronteras. Asimismo la Inquisición ha puesto sus ojos en ella. A punto de ser llevada a juicio, Doña Guiomar la saca del convento y la lleva a su casa, donde la protegerá. Hará venir al "Hombre Santo", Fray Pedro de Alcántara (José Luis Gómez), un hombre muy respetado en todos los círculos religiosos de entonces y cuyos brazos llegaban hasta Roma. Gracias a él, la Inquisición no tocará a Teresa y ella volverá al convento.
Una vez allí, ella ya se ha dado cuenta de que la Iglesia de su época necesita una reforma, y no es mediante la hoguera como hay que seguir adelante. Fundará un convento, al que muchos pusieron pegas, de una rama de su orden: las Carmelitas Descalzas. Se trata de un convento nuevo de la vieja regla, donde se respetará el voto de pobreza y todas serán iguales. Doña Guiomar será la gran benefactora y la Compañía de Jesús firmará los trámites para que salga adelante.
Teresa continuó teniendo visiones y éxtasis durante toda su vida. Creó doce conventos más y su fama se extendió rápidamente.

"Lo que entiendo a medias lo siento entero, y al alma no hay quien la engañe".

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