miércoles, septiembre 26, 2007

Espada de Reyes (Héroes de la Dragonlance. Primera Trilogía II)

En las profundidades del reino de Thorbardin Isarn Hammerfell forja la obra de su vida: una Espada de Reyes a la que bautiza como Vulcania. La deja vigilada por su joven aprendiz, Stanach, pero alguien la roba y la saca fuera del mundo de los enanos.
Los enanos no tienen un rey supremo desde que desapareciera el Mazo de Kharas. Únicamente el thane que lo encontrara y superara todas las pruebas conseguiría convertirse en rey. La Espada de Reyes iba a ser regalada al thane de uno de los clanes, Hornfel, por la que se convertiría en regente de los enanos. Pero alguien más ansía adueñarse de la espada real. Se trata de un derro (hechicero que practica la magia negra), el thane Realgar.
La espada ha sido vista en Long Ridge. Varios enanos deciden marchar al extranjero para recuperar lo que es legítimamente suyo. Stanach Hammerfel, Kyan Redaxe y el mago Piper, un mago humano que lleva mucho tiempo viviendo con los enanos, son atacados por sorpresa por los esbirros de Realgar, que utilizan la magia. Kyan muere. Piper toma una decisión: Stanach debe ir a la ciudad mientras él se enfrenta a los derros.
El aprendiz llega a la taberna de Tenny, donde se supone que debe estar la espada. Allí observará a un nutrido grupo de guerreros, que se hacen llamar los Vengadores, que luchan contra los draconianos. Un fornido luchador de nombre Hauk porta Vulcania, pero se la regala a la posadera. No podía faltar un viejo kender: Lavim Springtoe, que se convierte en compañero inseparable del enano, sobre todo cuando luchan juntos contra un numeroso grupo de draconianos. Saliendo de la ciudad coinciden con un elfo, Tyorl, miembro del grupo de los Vencedores, y con Kelida, la posadera, que quiere entregarle la espada. Los dos están preocupados porque Hauk ha desaparecido.
A través de conjuros, tanto Piper como Hauk han sido transportados a las oscuras cavernas donde habitan los enanos que están bajo el mando de Realgar para ser interrogados sobre la espada.
Lavim, Stanach, Tyorl y Kelida comienzan un viaje donde el enano les cuenta la verdadera historia de la espada que porta la muchacha. Les convence para devolverla a Thorbardin, pero antes deben encontrar al resto de Vencedores.
Realgar interroga a sus prisioneros. Piper es martirizado, no aguanta la tortura, pero tiene en su poder un instrumento musical que parece inofensivo: una flauta mágica que puede transportarle lejos de aquel lugar. Hauk consigue sobrevivir pensando en la imagen de la posadera de la que no sabe ni siquiera su nombre.
Los cuatro amigos encuentran a un moribundo Piper y Stanach será el encargado de enterrarle, cogiendo su flauta encantada. Se saben cercados por los derros, que solo quieren arrebatarles Vulcania. En una de las incursiones para explorar el camino, Stanach es apresado y transportado a una gruta cercana, pero antes se deshace de la flauta. Será el kender el que la toque y, a partir de ahí, comenzará a oír en su cerebro la voz de Piper, que le informa de lo que va a ocurrir y de lo que tiene que hacer, y a través del fantasma del mago también será capaz de formular hechizos que les salven en varias ocasiones. Así le cuenta cómo llegar hasta la caverna donde están torturando a Stanach. El elfo al principio no le cree, pero decide seguirle, puesto que las montañas están ardiendo y no saben hacia dónde ir.
A Stanach le han desgarrado las manos, la peor tortura que le pueden hacer a un enano diestro en los artes de la forja. Ya no podrá usarlas para crear armas ni otros objetos de metal. Le salvan a tiempo, pero uno de los enanos se escapa y aparece poco después montado sobre un Dragón Negro, causante de los incendios que asolan las montañas. El Dragón coge con sus garras a Kelida, que es la que porta la espada, pero Stanach consigue asirse a la grupa. La posadera y el enano luchan con el derro, al que vencen, y el Dragón les transporta hasta las entrañas de Thorbardin, donde les espera Realgar, que ahora que ha conseguido Vulcania tiene un plan para acabar con Hornfel.
Tyorl y Lavim se encuentran con los compañeros del elfo, varios Vencedores que les acompañarán a Thorbardin. El kender les transporta hasta la ladera de la montaña con ayuda de la flauta y de Piper. Y gracias a los consejos del mago llegarán a tiempo al reino de los enanos.
Isarn ha liberado a Hauk y le habla de los otros dos prisioneros. Le pide ayuda para liberarlos y luchar contra Realgar.
Todos se encontrarán en las entrañas de Thorbardin. Por una parte acogen a los 800 humanos que habían sido liberados en Pax Tharkas por Tanis el Semielfo y el resto de los Compañeros. Por otro lado, Realgar tiende una emboscada a Hornfel para asesinarle y proclamarse rey de los enanos y siervo de la Reina Oscura. Pero cuando va a dar la estocada final, Vulcania se clava en alguien que se interpone: Tyorl, que termina muriendo.
Hornfel se proclama rey regente, pero Piper le ha dicho al kender dónde se encuentra el Mazo de Kharas, para que el thane pueda gobernar Thorbardin con plenos poderes.

Este libro tiene muchos errores. Por ejemplo, Tyorl no puede ver en la oscuridad, a pesar de que los autores originales dotaron a todos los elfos de una vista privilegiada para poder observar las cosas en cualquier situación. También el final es desconcertante, ya que no son estos héroes sino los Compañeros los que recuperan el Mazo de Kharas, que no se encuentra en Thorbardin, pero aquí deja claro que sí, que se encuentra en el mausoleo del último rey supremo, Duncan.
Creo que esta escritora no es consecuente con la historia, aparte de que da muchas cosas como sobreentendidas y hay que imaginarlas, por eso a veces es costosa de leer. Espero que no haya escrito muchos más libros de la Dragonlance...

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