jueves, septiembre 06, 2007

Mi tío se va...

Necesito escribir, necesito contar cualquier cosa con tal de deshacerme de esta sensación que me ahoga cada vez más. Pasan los minutos y mi tío se aja como una flor que se va marchitando silenciosamente. Temo ese momento en que cualquier llamada será fatal, será la terrible noticia que abra ante mí ese final inmediato. Podría ser esta noche, o mañana. La llama de su vida se está apagando, cualquier día nos sumirá en la oscuridad. Mi tío se va, y aunque hace meses que soy consciente de que su enfermedad era irreversible no me hago a la idea de que ya no le veré de buen humor, que ya no podré contarle secretos, que ya no podré ver sus brillantes ojos leyéndome la mente, que ya no le podré ver sonreír... Me cuesta asimilar que, cuando visite su casa, habrá dejado un vacío tan intenso que se me hará insoportable.
Mi tío está más tiempo inconsciente que consciente, le atiborran a pastillas, porta una bolsa que le hace más fácil la respiración, ha perdido fuerza, y ha perdido memoria. Dudo que a veces sepa dónde se encuentra, dudo que sea capaz de soportar un chute de morfina más que le palie su dolor, ese dolor que está carcomiendo su cuerpo desde que hace quince días se desvaneció. No puedo soportar que la próxima Navidad ya no esté con nosotros, no puedo soportar esta pérdida. Mi tío se va... Estoy segura de que irá a un lugar mejor, donde no tenga dolores ni le inflen a pastillas. Sé que dentro de poco tiempo brillará una estrella más en el cielo y, desde allí, mi tío nos observará... Me resulta demasiado insoportable.