
He conseguido dormir dos horas. Al final el cuerpo pide reposo y tenía que caer. Y ahora, como un regalo divino, tengo a gente esperándome abajo para tomar algo en las casetas. No tengo ganas, pero no tengo alternativa. Me servirá para despejarme, aunque parece que me han pegado sendos puñetazos en los ojos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario