lunes, septiembre 10, 2007

Carta a J.

De alguna manera sé que mis palabras llegarán a ti. No me preguntes cómo, simplemente lo sé.
No sabes la culpabilidad que tengo por no estar allí a tu vera, porque no te veré partir. ¿Quién iba a decir, tío, que tú...? Te recuerdo tan fuerte, tan sano, tan enérgico, dedicando tus horas de ocio al fútbol y a la caza, tus aficiones, y tus horas de duro trabajo... ¿Quién iba a imaginar que la vida iba a dar este revés?
No quiero que te vayas, tío. Sé que alguien ahí arriba te tiende la mano para que le sigas. Pero ¿sabes? Aquí abajo también te queremos, y te necesitamos. ¿Sabes lo que será tu pérdida para mi padre, tu hermano? ¿El tremendo vacío que dejarás en todos nosotros? No puedes marcharte todavía, tío. Esto va a ser un duro golpe para todos.
No te imagino en esa cama de hospital. Mi madre me ha dicho que recuerde momentos felices del pasado, pero me estremece pensar en aquella alegría.
Siempre has luchado por todo, tío. Esta vez no pudo ser. ¿Qué va a ser de nosotros cuando vayamos a tu casa y solo tanteemos motas de polvo? ¿Te imaginas descubrir vacío el sillón donde te has sentado los últimos meses? Yo no.
Estoy desesperada, tío. Sé que si me vieras llorar como ahora me regañarías. Nunca te han gustado esos alardes de tristeza, así que no te gustaría verme así. Pero no puedo sonreír, esta vez no.
De todas formas, sé que no hay vuelta de hoja, que te estás preparando para ese viaje, que ya has comenzado a caminar hacia no sé dónde. No tengas miedo a cruzar el umbral. Irás a un lugar mejor. Que yo sé que cuando, en el futuro, te evoque en mis recuerdos es porque estarás cerca de mí.