sábado, septiembre 15, 2007

Homenaje póstumo

Ayer recopilé todas las fotos que tenía de mi tío. Por la tarde estuve en su casa con mi madre. También cogí fotos de cuando era joven, esas fotos en blanco y negro que parecen sellos con los bordes espigados -por decirlo de alguna manera-. Me senté en el sofá donde le vi por última vez sonriendo. Y lloré, justo debajo de sus fotos y en su sofá, sentía su presencia en aquel salón que ayer estaba vacío.
Recogimos sus medicinas, que no eran pocas. Pero a la hora de recoger su ropa, mucha que se había comprado y no se había llegado a poner... yo no pude. Fue mi madre la que la recogió. Yo me echaría a llorar de nuevo porque recordaría momentos en que le vi con este traje o ese jersey, o cuando le traje camisetas de equipos alemanes de fútbol.
Cuando por las noches voy a la cama solo consigo dormir cuando pienso que él todavía sigue entre nosotros, ahora es él quien nos cuida desde arriba. Ayer le pedí que cuidara de mi padre, que está muy malito por su marcha.
Ayer también nos trajeron el libro de firmas y el tarjetero. Hubo tanta gente... Todos los días recuerdo el silencio que reinaba en la plaza cuando llegamos detrás del féretro, el dolor, el abrazo a mi padre en la iglesia, y cuando le eché una flor junto a puñados de tierra que tiraba la gente entre suspiros. Jamás olvidaré ese día, ese sentimiento profundo de pérdida, el ser consciente de que ya no le podremos ver.
Desde mi casa veo el cementerio, su nuevo hogar. Ahora miro hacia allí con un respeto profundo. Sé que él está mejor allá, donde Dios quiera que esté.
Cuando vuelva a Salamanca le haré un cuadro homenaje con fotos de su vida, un cuadro que le regalaré a mi padre con todo el cariño del mundo. No soy partidaria de llenar las paredes con fotos de los que se marchan. Pero un cuadro que recopile momentos felices me parece el mejor homenaje que le puedo hacer, sabiendo que a mi padre le gustará tener algo así.
Y bueno, la vida sigue. La huella que nos ha dejado mi tío es muy profunda, una huella que no se borrará nunca. Mantengo la esperanza de que sigue entre nosotros, y mientras siga pensando que él ahora vela con nosotros y que allí arriba se ha reunido con sus padres y está arropado, seré un poquito más feliz.

Los días pasan muy lentamente.

2 comentarios:

Unknown dijo...

El mejor homenaje es el que ya le estás haciendo recordándole y sintiendo su presencia. Ahora tenéis que seguir adelante poco a poco y llevarle dentro, siempre estará contigo. Seguro.

K dijo...

Yo también lo creo así :)