domingo, junio 10, 2007

Soy John Coffey, como el café, pero se escribe diferente

En las últimas décadas no hay muchas películas con las que podamos exclamar: "¡Qué buena!". Casi todas son del montón, más o menos originales, intentando salirse de los guiones habituales, buscando siempre que lleguemos a captar su esencia. Algunas nos dejan pensando al final sobre lo que hemos visto y oído. Otras se nos quedarán grabadas para siempre.
"La milla verde" cumple con todo eso y además deja una sensación de paz interior terrible.
Mirar a los ojos de color carbón de John Coffey nos hace llegar a una ternura descontrolada. Es inevitable porque John es el Bien en su esencia más pura. Todo lo que tiene de grande lo tiene de bueno. Y es inevitable soltar una lagrimilla al final. Al fin y al cabo, John tiene razón cuando habla del dolor del mundo, algo que siempre estará presente.

"-El Día del Juicio Final, cuando me encuentre ante Dios y me pregunte por qué maté a uno de sus auténticos milagros, ¿qué voy a decirle, que hacía mi trabajo?
-Dígale a Dios, nuestro Padre, que fue un acto de bondad. Ya sé que sufre y está preocupado. Lo siento en su interior, pero no debería hacerlo.
Tengo ganas de que acabe todo esto, de verdad. Estoy cansado; cansado de recorrer el mundo como un gorrión solo bajo la lluvia, cansado de no tener un amigo con quien estar, que me diga adónde vamos, de dónde venimos y por qué, cansado de las personas que son feas con las otras. Estoy cansado del dolor que siento y oigo por el mundo cada día. Hay demasiado dolor. Son como trozos de cristal en mi cabeza que no puedo quitarme."

John expresa la bondad, la ternura, la dulzura y la delicadeza a unos niveles superiores. Él siente el Bien y el Mal a su alrededor, es capaz de escuchar los corazones, ve lo que hay en ellos. Es una persona pura, que no ha sido corrompida por los males que aquejan este mundo.
¿Quién no se estremece en el momento en que dice que tiene miedo a la oscuridad? ¿Quién no es capaz de sentir un escalofrío cuando, en el momento en que le preguntan qué es lo que más desea, responde que nunca ha visto una sesión de cine?

Paul tiene 108 años y se refugia en una residencia de ancianos. Su mejor amiga es una anciana llamada Elie. Un día le cuenta la historia de su vida.

Paul Edgecomb (Tom Hanks) fue celador durante la depresión. Era el encargado jefe del corredor de la muerte de una prisión de Louisiana. El pasillo donde estaban las celdas tenía un suelo de color verde lima, y todos lo llamaban "la milla verde".

Es interesante saber que los últimos metros hacia la silla eléctrica, hacia el final del viaje de tantas vidas humanas, sea de color verde, el color de la esperanza.

El año 1935 fue crucial en la vida de Paul. Ese año fue el año en que violaron y asesinaron a dos niñas. El acusado es un inmenso negro que parece tener pocas luces: John Coffey (Michael Clarke Duncan), a quien asignan una celda en "la milla verde" para que espere la llegada de su último día en este mundo.

Paul lleva días con la peor infección de orina de toda su vida. En cierto momento, en que se acerca a John, éste le cura. Paul ve un milagro y, en principio, se queda sorprendido. Solo se lo cuenta a su esposa.

En la prisión se lleva bien con los guardias, pero hay uno nuevo, insoportable, que ha entrado por enchufe. El joven no entiende la dinámica que los guardias utilizan allí. Quienes trabajan con los presos condenados a muerte hablan con ellos, crean ilusiones e intentan hacerles un poquito más felices en los últimos días de su vida. Percy no comprende esto. Él prefiere insultar a los reos, prefiere pegarles, pero en el fondo es un cobarde incapaz de defenderse cuando realmente es necesario. Es cruel y disfruta con el sufrimiento ajeno.

Tras un tiempo con John, los cuatro guardias, después de haber visto cómo Coffey ha salvado de la muerte a un ratón, saben que tiene un don especial.

John lee en el corazón de otro preso la injusta matanza de la que se le acusa a él. Disfruta de la naturaleza. Los guardias le sacan de la prisión una noche y él sabe adónde le llevan. La esposa del alcaide Hal Moores (James Cromwell) tiene un tumor cerebral y está muriéndose. Ante su sorprendido alcaide, John cura a Melinda, pero luego no expulsa el mal como otras veces.
Cuando le meten de nuevo en su celda, John está muy débil, y en un descuido de Percy le agarra traspasándole dolor. Acabará con los malos e incluso enseñará a Paul lo que vio en el corazón de Bill.

Paul se da cuenta de que están condenando a la silla a un hombre inocente y que tendrá que expiar su culpa, pero lo que no sabe es que su castigo está en alargar su vida, pues el simple contacto de John ha servido para obsequiarle con muchos más años en este mundo, sobreviviendo a todos sus familiares, amigos y conocidos. Solo el ratón comparte ese poder pues John también le dio más años de vida.
Paul sabe que un día llegará su final y que muchas veces deseará morir antes de que la Muerte venga a por él.


"¿Crees que si un hombre se arrepiente del daño que ha hecho puede volver a la época más feliz de su vida y revivirla eternamente? Podría ser así el Cielo.
Yo tuve una joven esposa a los 18 años. Pasamos el verano en las montañas. Hacíamos el amor cada noche y después se quedaba allí acostada y desnuda a la luz del fuego. A veces hablábamos hasta que salía el sol.
Ésa fue mi mejor época."

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