
Cuenta una vieja leyenda que en Cilicia, una antigua comarca de Asia Menor, se ocultaba en una caverna la temida Equidna. Era normal que se ocultase, pues era rechazada por todos. De medio cuerpo para arriba era mujer, algunos dicen que incluso hermosa, pero la parte inferior de su cuerpo era una enorme cola de serpiente.
Desde muy pequeña decidió alejarse de todos, porque los niños se reían de ella. "Equidna la víbora", la llamaban, y por la noche la pequeña Equidna lloraba desconsoladamente en su cama, abrazada a su almohada. Cuando creció pensó que lo mejor sería aislarse de todos para que nadie la viese y ocultarse en una caverna.
Pero, y esto no lo sabía Equidna, el aislamiento no es bueno para nadie. El ser humano necesita comunicarse, hablar con los demás. El silencio y la soledad fueron despertando odio en ella y, un buen día, cuando un campesino pasaba cerca de su territorio, salió hecha una furia para matarlo.
Le sorprendió descubrir lo verdaderamente fácil que era matar a un hombre y, desde ese día, cada vez que alguien se acercaba a su caverna ella lo devoraba. La fama de Equidna se extendió por todos los lugares. "No te acerques a esa cueva" -decían las madres a sus hijos-. "Ten cuidado con la víbora, con la serpiente".
Con los años todos habían olvidado a aquella niña sensible que miraba con ojos curiosos el mundo, a pesar de tener una cola de serpiente. Ahora era simplemente una asesina.
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