sábado, junio 23, 2007

Época de cerezas

Es época de cerezas. Todavía no las he probado, las dejo para la sobremesa...

Las cerezas me hacen evocar unos cerezos, pero no son éstos unos árboles cualquiera, sino los frutales de la ermita.
Yo no sé cómo el ermitaño no nos pillaba nunca cuando nos daba por subirnos a los árboles y/o apalearlos mientras nos poníamos morados a cerezas. El caso es que siempre le veíamos llegar. Y entonces echábamos a correr, nos desperdigábamos y terminábamos escondidos tras los arbustos.
Está todo tan cambiado... Ya nadie te dice nada. Talaron bastantes árboles, aunque todavía quedan cerezos. Casi todos los árboles tenían ruedas de tractor pintadas de llamativos colores... menos los cerezos.
Un día todo cambió. La ermita se convirtió en un albergue del Gobierno de La Rioja, se talaron árboles, se dejó un inmenso claro cubierto de una tupida yerba, los árboles parecían desnudos sin las ruedas pintadas, y las tranquilas tardes estivales se convirtieron en una atracción para viajeros y excursiones.
El viejo ermitaño murió, y se llevó la serenidad de aquel paraje de nuestra infancia. La fuente amarilla desapareció. Recuerdo que tras saciarnos a cerezas nos entraba una sed inaudita, pero alguien dijo que era malo beber agua y comer cerezas a la vez, así que cogíamos las bicicletas y volvíamos sedientos a casa. Y no bebíamos agua hasta la hora de cenar.

Es época de cerezas. A mi gusto era mejor que la época de moras, pues camino de la ermita todos se paraban junto a las zarzamoras, y no es que no me gustaran las moras, es que tenía miedo de que me mordiera alguna culebra, que las hay, aunque nunca vi una. Pero ésas no las veremos hasta finales de agosto. El caso es que también limpiaron los bordes de la carretera e hicieron un camino para pasear y tampoco abundan las moras en la actualidad. Para buscarlas hay que adentrarse en el bosque.

Debo ir. Los paseos a la ermita y coger cerezas es algo que me atrae de una manera especial.

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