martes, junio 19, 2007

Amityville: La casa con vida propia

Hay casas que tienen alma, hay mansiones encantadas, hay lugares que tienen fuerzas extrañas, y aunque parezca que deliro, que me remito a literatura y cine, siempre hay algo que nos puede hacer abrir los ojos terroríficamente. Lo peor de estas historias es que tienden a exagerarse increíblemente.
Los hechos son ciertamente los que valen. Y aquí ocurrieron sucesos extraños en una época, sucesos que van acompañados por las percepciones de las personas que lo vivieron y/o sintieron cerca, convirtiéndose finalmente en historias embellecidas por el misterio que conllevan.

En la región de Long Island, cerca de Nueva York, hay un pequeño pueblo marítimo llamado Amityville. Es célebre por haberse rodado allí películas, como "Tiburón", y es famoso por las tétricas historias que circulan de boca en boca respecto a una mansión abandonada que nadie quiere comprar, aunque piden por ella un precio irrisorio. Esa terrorífica casa se sitúa en el número 112 de Ocean Avenue.
Remitámonos al 13 de noviembre de 1974, y a una hora concreta: las 3:15h. Ese día y a esa hora, en la enorme y antigua mansión de Amityville, un joven de 23 años, Roland De-Feo, masacró a toda su familia (padres, dos hermanos y dos hermanas). Para llevar a caso su macabra tarea, el joven los narcotizó durante la cena. Los cadáveres aparecieron acostados boca abajo y con los brazos cruzados bajo la cabeza. Los había fusilado con un arma de gran calibre.
Al día siguiente, el sádico se dirigió al bar donde contó lo que había hecho con todo lujo de detalles. Tras su confesión, fue encarcelado, juzgado y condenado a cadena perpetua.
Como explicación de lo sucedido, Roland De-Feo alegó que tanto la hora del suceso (3:15 a.m.) como el crimen en sí mismo fueron dirigidos por un ente superior que le dominaba y le obligaba a actuar; él sólo era un instrumento del verdadero "amo de la mansión".

Desconociendo los trágicos acontecimientos, un año después, George y Kathy Lutz compran la mansión por US$ 80.000, un precio muy bajo, teniendo en cuenta que el edificio cuenta con tres pisos, un gran balcón, un parque extenso que llega hasta un excelente muelle propio para embarcaciones, es decir, un terreno vastísimo donde se enclavaba la antigua y amplia mansión.
El 18 de diciembre de 1975, el matrimonio Lutz, con sus tres hijos y su perro se fueron a vivir en aquella misteriosa casa.

A su llegada, les esperaba un sacerdote, el padre Mancuso, que quería bendecir la casa. Cuando el sacerdote iba a rociar con agua bendita la entrada, se escuchó claramente una voz que decía: "¡Salga!" y el párroco recibió un fuerte empujón. Aun así, el padre Mancuso bendijo la casa, sin decir nada de lo que había pasado a la familia Lutz para no alarmarla.
Pero el sacerdote sufrió un extraño incidente cuando se dirigía a su parroquia, donde su vehículo fue "empujado" por una fuerza invisible, se abrieron las puertas y el maletero, el coche se escapó a su control y, tal como había empezado, todo cesó de repente.
El sacerdote decidió entonces advertir a George Lutz, pero en el momento en que se acercaba al teléfono, una potente fuerza se lo impidió.
Un repentino ataque de fiebre le postró en la cama, donde comenzó a delirar.

La familia, hasta entonces feliz, empezó a cambiar radicalmente, como si una fuerza extraña y maligna se estuviera apoderando de todos y cada uno de ellos. Los chicos se peleaban constantemente, George descuidó su higiene hasta límites insospechados, dejó su trabajo y se volvió obsesivo con alimentar la chimenea sin cesar, incluso en verano, así que siempre estaba partiendo leña. Su esposa castigaba a los hijos en demasía, incluso llegó a pegarles con una vara de madera y con el cinturón.
Durante su horrible estancia en aquel lugar ocurrieron muchos sucesos extraños: invasiones de moscas en invierno, inodoros cubiertos de una sustancia negra difícil de etiquetar, ruidos y golpes constantes cuya procedencia ignoraban, la inmensa puerta de entrada se descolgó inexplicablemente, quedando colgada solo de una bisagra, además de un dolor desagradable que les acompañaba en cualquier rincón de la casa, un crucifijo apareció colgado al revés...

Una noche, a las 3:15h. de la madrugada, George paseaba con el perro por el muelle cuando, al mirar a la mansión, vio asomada a la ventana a su hija más pequeña junto a la maquiavélica imagen de un cerdo de ojos rojos. Fue corriendo a la casa y encontró a su hija y al resto de su familia durmiendo boca abajo y con los brazos cruzados debajo de la cabeza.
Al día siguiente, Kathy encontró a su hija hablando con alguien invisible que era -según la niña- un cerdo llamado Jodie, al que solo la pequeña veía y que le había enseñado una canción de la región que nadie de la familia conocía hasta entonces y, por tanto, la niña no la había escuchado. George no dijo nada a su esposa de la visión de la ventana de la noche anterior.

Pasaban los días. Otra madrugada, a las 3:15h., el señor Lutz se despertó por los fuertes golpes que parecían provenir desde el mismo esqueleto de la casa. Oyó a su perro ladrar enloquecido en el muelle y, al asomarse a la ventana, vio un espectro humanoide flotando en aquel lugar y al perro que, pese a sus ladridos, era incapaz de acercarse a aquel extraño ente.
Llegó un momento en que todo se tornó más agresivo y empezaron a pensar en verder la casa. Un día, al final de un oscuro pasadizo, descubrieron una pequeña habitación pintada completamente de rojo, que desprendía un fétido y penetrante olor.
A partir de aquel día, aumentaron las rarezas de la casa: se intensificaron los ruidos y los golpes, las puertas y ventanas se abrían solas aunque estuvieran herméticamente cerradas, el olor se convirtió en algo inaguantable.
Una noche, Kathy estuvo a punto de tirarse por la ventana, guiada por una fuerza superior. Su marido se despertó a tiempo para evitar el desastre.
La noche de Navidad, la familia se reunió muerta de miedo. Cuando se dirigían a misa la furgoneta no arrancaba, aunque estaba en perfectas condiciones. Ya habían decidido marcharse de aquel espantoso lugar.
Buscaron ayuda en un médium, que les aconsejó alejarse inmediatamente de aquel siniestro lugar pues "las fuerzas malignas que anidaban allí eran muy potentes y era imposible combatirlas".

A las 3.15h. del 14 de enero de 1976, George se despertó sintiendo una presencia parada en su estómago. Los chicos estaban asustados y gritaban enloquecidos. Los muebles y demás enseres de la casa se movían de un sitio a otro en un frenético baile incapaz de controlarse. El olor nauseabundo había inundado intensamente todas las habitaciones. Las ventanas de habían cerrado repentinamente y faltaba el aire. La pesada puerta de entrada fue arrancada de sus goznes. La familia echó a correr hasta la furgoneta. En el momento de arrancar, ésta no se movió. Entonces todos empezaron a rezar, cada vez más alto, hasta que el automóvil se puso en marcha. Se fueron con lo puesto, no pudieron llevarse nada, pero huyeron de la pesadilla, aunque tiempo después parecía que una fuerza extraña todavía les perseguía.

Desde entonces la casa está a la venta, a pesar de su ínfimo precio. Nadie se ha atrevido a desafiar a los "habitantes" de su interior, ni nadie se ha dignado a pasar la puerta de entrada para establecerse allí.

Nunca se descubrió el terrible suceso que aconteció en el pasado para que se haya terminado convirtiendo en una casa maldita.

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