Todavía hoy es posible visitar los restos de un manantial de aguas calientes y sulfurosas que en otro tiempo sirvió de lugar de recreo para los patricios romanos, los cuales ordenaron construir en aquel sitio unos baños públicos. Los más sabios sabían perfectamente que las propiedades de aquellas aguas se debían a la abundancia de azufre que hay en ellas, pero ignoraban de dónde provenía aquel azufre y cómo había llegado hasta allí.
Muchos siglos han pasado desde entonces, y muchos siglos habían pasado ya en la época de los romanos, pero pervive aún una leyenda que habla de los amores imposibles que allí hubo entre un dragón y una doncella, y el trágico final que conocieron los dos amantes.
Durante muchos meses se vieron la doncella y el dragón en secreto, pero llegó el día en que todos los habitantes del pueblo conocieron su historia de amor y decretaron su prohibición. Castigaron a la muchacha y la encerraron en una habitación bajo siete candados, y luego ordenaron a los más valientes guerreros que mataran a aquella bestia. Y tanto empeño pusieron y tantas estrategias utilizaron, que al final vencieron al dragón y lo arrojaron a las frías aguas del manantial, donde murió.
Nadie sabe a ciencia cierta qué pasó con la doncella. Unos dicen que murió de pena, otros que ingresó en un convento, pero la mayoría cree que se arrojó al manantial, y que es el encuentro de sus dos almas lo que calienta el agua, que permanecerá borboteando mientras no se extinga el recuerdo de aquellos desdichados amores.
No hay comentarios:
Publicar un comentario