
Sturm Brightblade y el enano Flint, seguidos por el resto de los compañeros, atravesando una montaña helada
Uno en el corazón del honor, formado por la espada,
por los siglos de vuelo del martín pescador sobre las tierras,
por Solamnia arruinada y ascendente, surgiendo de nuevo
cuando el corazón se alza hacia el deber.
Mientras danza, la espada es una herencia eterna.
Eran nueve, nueve bajo las tres lunas,
bajo la luz del atardecer de otoño.
Mientras el mundo caía, ellos se alzaban
hacia el corazón de la historia.
Uno en el corazón del honor, formado por la espada,
por los siglos de vuelo del martín pescador sobre las tierras,
por Solamnia arruinada y ascendente, surgiendo de nuevo
cuando el corazón se alza hacia el deber.
Mientras danza, la espada es una herencia eterna.
Eran nueve, nueve bajo las tres lunas,
bajo la luz del atardecer de otoño.
Mientras el mundo caía, ellos se alzaban
hacia el corazón de la historia.
Sturm Brighblade en una de sus aventuras por los fangosos bosques de Krynn
Benditos aquellos libros que nos hacen estremecer, bien sea con la máxima felicidad de algo que se materializa a través de sus páginas terminando en una historia íntegra y feliz, en la consecución de un amor inquebrantable que nadie ha podido destruir o en la realización de la "búsqueda" marcada en el principio. Benditos aquellos libros que exaltan nuestros sentimientos más allá de la realidad, en una clara manifestación de orgullo, satisfacción o tranquilidad, que nos hacen ver a través de nuestros ojos de lector que ha merecido la pena el "viaje" a esos mundos desconocidos.
Y benditos aquellos libros que nos hacen llorar por el dolor inmerso en ellos, que nos hacen compartir el sentimiento de pérdida. Benditos porque nos anuncian la llegada de la muerte, una muerte que cuando acontece no consigues aceptar como tal, pero siendo conscientes de que esa muerte convierte a la víctima en héroe, ya que ha fallecido por una causa concreta.
Bendito sea Sturm Brightblade pues al derramar su sangre, dando su vida ante un enemigo imponente, ha hecho renacer la esperanza, ha hecho brillar la luz allá donde la Oscuridad y sus salvajes y terribles ejércitos la han ennegrecido. La muerte de Sturm era necesaria, sin siquiera darnos cuenta de que su alma ha avivado la llama, esa llama que da fortaleza y pureza de espíritu para aquéllos que deben luchar contra las hordas malignas de la Reina de la Oscuridad. La muerte de Sturm no es en vano, no nos deja vacíos ni insensibles, pero gracias a dar la vida en batalla contra un enemigo superior nos pone sobre la senda de una nueva esperanza, la esperanza de que un día lejano puede renacer el Bien en el mundo.
Los compañeros se dirigen a Tarsis la Bella. Han pasado mucho tiempo en Thorbardin, con los Enanos de las Montañas. Éstos les han dado alojamiento mientras nuestros héroes han ido a buscar el Mazo de Kharas, el mazo para forjar armas de una fuerza inaudita, semejante a la fuerza de Thor. Recuperar el Mazo significa para los Enanos la reconciliación de todos sus clanes, divididos hace muchos siglos por disputas internas.
Llega un momento en que los compañeros junto a los humanos que salieron de Pax Tharkas deben partir. Eligen como destino la belleza de la célebre ciudad portuaria, Tarsis. Pero cuando llegan a los alrededores descubren que la ciudad ya no tiene mar, que fue asolada durante el Cataclismo y los navíos de alas blancas se encuentran embarrancados en lo que en la Antigüedad fue el gran puerto comercial de la bella Tarsis.
Los caballeros de Solamnia no son bienvenidos a la ciudad porque no ayudaron a los habitantes en épocas anteriores. A la entrada de la ciudad, un guarda ve por el rabillo del ojo la armadura de Sturm y les sigue hasta la posada de El Dragón Rojo, donde nuestros compañeros se acomodan. Éste es el inicio de su pronta separación.
Goblins avisados, ya que la ciudad todavía no está bajo los poderes del ejército draconiano ni ha sido asolada por los dragones, llegan a la posada a arrestar a los viajeros. Se llevan a Tanis, a Sturm, a Ghiltanas, a Tasslehoff y a Flint para juzgarles, quedándose los demás en la posada protegidos por la magia de Raistlin y la fuerza de Caramon.
Por el camino secuestran al kender, que es irremediablemente separado de sus compañeros, aunque todos creen que se ha perdido, como acostumbra a hacer.
Cuando son presentados ante el Señor de la Ciudad llevan también ante él a una elfa de Silvanesti, a la princesa Alhana Starbreeze, que es maltratada por los soldados. Sturm, como honorable caballero de Solamnia, se acerca a ella para ofrecerle su ayuda y mantener alejados a los soldados. La princesa elfa, que había odiado hasta entonces a los humanos, se queda extasiada contemplando a Sturm y le pide que le guarde una Joya Estrella, pieza fundamental que unirá sus almas para siempre.
Cuando son llevados a las mazmorras por oscuros callejones, tres hombres se interponen en el camino para salvar a los prisioneros. Esos tres hombres son caballeros de Solamnia y, uno de ellos, el que pertenece a la Orden de la Rosa y por tanto el que tiene más poder, Derek Crownguard, descubre ante todos que Sturm no ha sido todavía investido caballero y, por eso, debe obedecer sus órdenes.
Los compañeros y la princesa Alhana son escoltados hasta las afueras de la ciudad de Tarsis, en cuyas profundidades enterrada se encuentra la famosa Biblioteca. (Entre la Biblioteca, el puerto que tuvo mejores épocas donde era principal en las rutas comerciales, especialmente de sedas y especias, y su posición estratégica es inevitable no pensar en la dorada Alejandría).
En las oscuras profundidades del sótano donde se ubicaba la Biblioteca, apenas afectada por el Cataclismo, un personaje se encuentra encorvado ante los inmensos tomos cuyas hojas se convierten en polvo una vez que las ha leído. Es Tasslehoff que, nadie sabe de dónde los ha sacado, posee unos anteojos de visión verdadera, que tienen la característica de leer todos los idiomas y todos los hechizos del mundo.
Mientras están hablando escuchan a lo lejos los silbidos de los dragones y los ruidos del ejército de draconianos que se acercan a la ciudad. Y corren hacia la posada donde se encuentran sus amigos.
Por el camino se pierden de sus compañeros. Alhana se pierde con Sturm, y entre las puertas, único refugio posible ante el fuego que sale de las fauces de los Dragones Rojos que cubren el cielo de Tarsis, Alhana se despide tristemente del caballero de Solamnia, dejando en su poder la Joya Estrella sin que él llegue a descubrir nunca el verdadero poder que entraña el pequeño obsequio de la elfa. Ella debe volver con los suyos.
Todos se dirigen a la posada. Ghiltanas es herido y no puede seguir caminando. El enano se encuentra con el kender que ha sido aprisionado por una viga que le ha caído encima.
Tanis consigue entrar por la puerta de atrás de la posada y en ese momento un inmenso Dragón Rojo echa su aliento de fuego destructor sobre el edificio, mientras que el mago consigue hacer un último encantamiento que les salvará la vida.
El resto de compañeros ven, desde fuera, cómo cae el techo de la posada, y de los escombros sólo consiguen sacar al clérigo Elistan junto a Laurana, que se estremece de dolor ante el sino de sus compañeros y sobre todo ante la desafortunada muerte de Tanis. Deciden huir. En este grupo están Flint el enano, Tasslehoff, los caballeros de Solamnia, la princesa Laurana, su hermano Ghiltanas y el clérigo de Paladine, Elistan. Se supone que el resto están muertos.
En el sótano de la posada comienzan a escucharse las entrecortadas respiraciones de los supervivientes. Escuchan que alguien está quitando las piedras que les ocultan, oyen hablar a los goblin encima de ellos. De repente el batir de unas alas más ágiles que las de los dragones están acabando con los goblins. Son grifos al mando de Alhana, y gracias a ella, volando sobre sus grifos, saldrán de la ciudad de Tarsis, mientras son perseguidos por Dragones Azules.
Aparece por primera vez Kitiara. Es comandante y Señor del Dragón y tiene bajo sus órdenes a un numeroso grupo de Dragones Azules. Conocida como la Dama Oscura siempre ha ambicionado el poder, igual que su hermano Raistlin. No se ha concretado a estas alturas por qué se ha pasado al bando de los malos, pero es cierto que tiene un inmenso poder sobre los dragones. Su otro lado está ocupado ambiciosamente por el amor que profesa a Tanis, al que hace años que no ve. Es Kitiara al mando de sus Dragones Azules la que persigue a los grifos, sin saber que realmente está persiguiendo a su amado.
Alhana, Tanis y el resto de los compañeros consiguen despistar a los dragones guarneciéndose en una oscura caverna. Alhana necesita su ayuda. Cuando el mago y la princesa de Silvanesti cuentan lo que saben sobre los Orbes de los Dragones, los compañeros se estremecen. En Silvanesti hay uno y alguien con pocos conocimientos de magia podría terminar destruido por la inmensa esfera que tiene tanto poder. Tan vasto es el poder de los Orbes, construidos por los mejores hechiceros de la Antigüedad, que incluso se puede dominar a los dragones, pues los Orbes contienen la esencia de los dragones. Sabiendo que el Orador de las Estrellas, padre de Alhana, está en peligro, deciden ir a Silvanesti.
Los grifos se niegan a ir hasta la Torre de las Estrellas pues sienten el Mal al acecho y les dejan al principio de un bosque. Raistlin les anima a seguir la senda hasta la Torre, pero les advierte que van a entrar en un sueño, que todo lo que verán a partir de ahora es un horrible sueño, que no pertenece a ellos sino al que ha activado el Orbe de los Dragones que no es otro que el padre de Alhana.
Los compañeros son atacados por espíritus de elfos, son aprisionados por las raíces de los árboles, y aunque luchan con ellos parece que sus mandobles no causan efectos en esas almas malignas, mientras que las heridas de los elfos muertos sí que se hacen reales en sus cuerpos vivos.
Raistlin coge de los brazos a Caramon. Habla con un árbol del bosque y consigue mantener alejados a cierta distancia a los espíritus de los elfos, que parecen respetarle. Pero su trato con el árbol milenario del bosque ha sido convertirse en un Túnica Negra y su túnica se ha teñido de negro. A medida que avanzan, Raistlin se va haciendo más poderoso y más fuerte, en detrimento del humilde Caramon que se va convirtiendo en un ser debilucho que muere en la entrada de la Torre.
Casi todos mueren en el sueño, incluso los compañeros que están lejos, en la otra parte del continente de Ansalon, que también aparecen en el sueño, incluso Kitiara. Finalmente encuentran al Orador de las Estrellas abrazado al Orbe de los Dragones y envuelto en un profundo sueño. Pero antes de que se despierte deben enfrentarse a un enorme Dragón Verde.
Cuando Raistlin acaba con el dragón, termina la pesadilla y descubren que todo había sido un sueño, aunque un sueño muy real.
Lorac, el Orador de las Estrellas muere y Alhana se tiene que quedar a enterrarle para ir después en busca de su pueblo que se había exiliado en Ergoth del Sur. Los compañeros salen de Silvanesti con el Orbe en su posesión, con idea de llevarlo a la isla de Santcrist, último bastión de los caballeros de Solamnia.
En un lugar muy lejos de allí, en los límites del sur, un grupo de viajeros acaban de luchar en el Muro de Hielo para conseguir otro de los Orbes de los Dragones que allí se encuentran. Van siguiendo a Derek Crownguard.
Una helada mañana todos los compañeros se despiertan de una terrible pesadilla. Incluso Tasslehoff, y los kenders nunca sueñan, ha formado parte del sueño de aquéllos que se encuentran en Silvanesti.
Con el Orbe de los Dragones en su poder, los viajeros siguen su camino. Descubren algo sorprendente: un inmenso dragón de plata incrustado entre el hielo de una montaña. Aunque varios lo intentan, sólo Sturm podrá coger la astillada Dragonlance que el caballero montado sobre el dragón sostiene. De hecho, no la coge sino que el jinete se la da.
Cuando llegan a la costa se enrolan en un barco que les llevará hasta Sancrist, pero perseguidos y atacados por un Dragón Blanco, que en vez de echar fuego por sus fauces, sus bocanadas son gélidas, y que carece de inteligencia, naufragan en las costas de Ergoth del Sur.
Aquellas tierras son las que han elegido los elfos de Qualinesti y Silvanesti para exiliarse, convirtiendo a los salvajes elfos habitantes del lugar, los Kalanesti, en meros esclavos. Los elfos han trazado una línea imaginaria dividiendo la isla en dos. Laurana controlará la situación pidiendo que, como hija del Orador de los Soles y princesa de los Qualinesti, le permitan a ella y a su hermano herido ver a su padre. Ghiltanas será curado por una esclava Kalanesti, Silvara, y entre ellos surge el amor.
Los Silvanesti acceden. Cuando Laurana se presenta ante su padre, él cree haber recuperado a su hija perdida, pero los elfos sólo piensan en que el Orbe debe permanecer allí.
Encarcelados los demás compañeros, Theros Ironfield, el famoso herrero de Solace que había perdido el brazo y que ahora contaba con uno de plata forjado por él mismo, que se había ido de Qualinesti con los elfos, decide ayudar a los prisioneros por orden de la princesa Laurana.
Una noche deciden escapar del campamento de los Qualinesti, guiados por Silvara, aunque Laurana no se termina de fiar de ella, puesto que apenas la conoce. Elistan, el clérigo de Paladine, ha optado por quedarse con los elfos.
Guiados por la Kalanesti, atraviesan un río de plata (el Río de los Muertos), siguen sendas escondidas y los Qualinesti les persiguen atrozmente, sólo con la intención de recuperar el Orbe de los Dragones. Derek cree que deben luchar contra ellos, pero Sturm se opone a él. Silvara toma una decisión: la de separar al grupo. Los caballeros deberán embarcar y llevar al Orbe a Santcrist, mientras que el resto se internará en la espesura de los bosques de Ergoth del Sur.
Al final de la travesía llegan a un valle oculto por la neblina, una neblina causada por las aguas termales del fondo. Hay un puente de mármol con forma de arco que deben cruzar, pero no hasta que salga la luna plateada de Solinari. Cuando esta luna se alza en el cielo, descubren en la montaña del otro lado un enorme dragón plateado, así como las imágenes de sus compañeros de viaje, incluso los que no están allí. Aprovechando los rayos de luz plateada atraviesan el puente. Están contemplando el exterior de la tumba de Huma.
Pero el cuerpo del héroe legendario no está dentro de su tumba, sólo quedan sus armas. Cuando llegan al altar, Silvara pronuncia un encantamiento para dormir a todos. Sólo Tasslehoff que, al escuchar las palabras mágicas se esconde bajo el escudo de Huma, se libra de ser hechizado. Y escapa de la elfa del pelo de plata por un agujero, una especie de pozo donde las corrientes le hacen subir y bajar. Y llega a una sala ovalada, está en la cabeza del dragón, y frente a él hay una pintura en la pared, una pintura ante la que el kender se queda maravillado. Y empieza a gritar de alegría porque para él la pintura es como un mapa.
En el fondo oye una voz que se queja de que ya no se puede dormir tranquilamente. Y cuando Tasslehoff se da la vuelta descubre a ¡¡Fizban!!
El viejo mago no aparece tan despistado como la anterior vez. Hay momentos concretos en los que se descubre una lucidez brillante. Es evidente que es algo más que un mago y que disimula haciéndose el despistado.
Tasslehoff le cuenta todas sus aventuras y, al pronunciar el nombre de Silvara, el mago le dice que deben darse prisa. A través de las corrientes de aire, llegan al altar donde Silvara solloza por haber roto su promesa, mientras los demás compañeros van despertándose se su sopor encantado. Fizban y el kender deben hacer algo y salen de allí precipitadamente.
Theros debe forjar las Dragonlance para el Día de la Carestía, en que se reunirá el Consejo de la Piedra Blanca en Santcrist. Y el resto deben ayudarlos. Silvara cuenta su secreto. Al ponerse junto a la pared reflejada por las tenues luces de una antorcha su sombra semeja la de un dragón, y es que los dragones, aunque se transformen mágicamente en humanos, siempre serán acompañados por su sombra verdadera.
Sturm y Derek han llegado a Santcrist. Sturm es juzgado por desobediencia y cobardía, aunque la voz dirigente de los caballeros de las Órdenes de Solamnia, Lord Gunthar Uth Wistan, no cree a Derek, sabiendo que exagera todos los acontecimientos porque quiere convertirse en Gran Maestre. Sturm piensa lo mismo, pero es despojado de los símbolos de Solamnia aunque es nombrado caballero de la Orden más baja, la Orden de la Corona.
en aquPoco después los caballeros parten hacia Palanthas, al norte, para combatir contra un enorme ejército de draconianos que quieren hacerse con la ciudad. Los caballeros luchan desde la Torre del Sumo Sacerdote. Si les vencen en aquel lugar, los draconianos llegarán a la ciudad.
Cuando Gunthar llega a su castillo una tarde recibe una visita inesperada: un mago y un kender, que le exigen que les diga el lugar donde esconden el Orbe de los Dragones que han traído Sturm y Derek. La pareja deberá ir al Monte Noimporta, lleno de los ingeniosos inventos de los gnomos. Al entrar Fizban en la sala donde se encuentra la esfera mágica, ésta se vuelve negra. Se llevan el Orbe y se presentan con él ante el Consejo de la Piedra Blanca.
El Orador de los Soles de Qualinesti exige que se les devuelva el Orbe. Ante la negativa de Lord Gunthar, los elfos declaran la guerra a los humanos. Nadie parece darse cuenta de lo que acaba de estallar, excepto un pequeño kender que, al ver que nadie hace nada, se levanta, coge el Orbe y lo estrella contra la Piedra Blanca, haciéndolo añicos. Es Fizban el que acude en su ayuda y les explica lo que están haciendo enfrentándose entre sí, cuando tienen un enemigo común que se está apoderando de Ansalon. Cuando termina su discurso aparecen Laurana, Flint y Theros, blandiendo Dragonlances de plata. Ghiltanas se ha quedado con su amada Silvara, a pesar de que ella sea un dragón.
Laurana se presenta ante los caballeros de Solamnia donde explica lo que pasó en Ergoth del Sur entre Sturm y Derek, y quitan todos los cargos que culpaban a Sturm, permitiéndole que vuelva a vestir su antigua armadura como caballero de Solamnia. Gunther envía a Laurana a la Torre del Sumo Sacerdote, explicándole que la situación es delicada. Además de darle la buena noticia a Sturm también debe llevarles las Dragonlance.
Lejos de allí, en la costa este, en una ciudad llamada Balifor, se encuentra el resto del grupo en una posada. Necesitan dinero que conseguirán en una serie de actuaciones mágicas, cantando, bailando, con demostraciones de fuerza... que llenarán el local. Cuando han conseguido el dinero suficiente compran una carreta y van a Flotsam, donde cualquier extraño es interrogado, pero allí pueden comprar los pasajes del barco que les llevará a Santcrist. Tanis y Caramon se hacen con unos uniformes de draconianos para poder caminar por las calles sin ser descubiertos. Un día, Tanis es atacado y aparece ante él su supuesto comandante, el Señor del Dragón. Cuando se miran a los ojos se reconocen. Ella es Kitiara y cree que Tanis es de los suyos. Él no se molesta en explicarle la verdad pues es consciente del peligro que corre. La pasión surge nuevamente.
En la Torre del Sumo Sacerdote, Derek saca a sus tropas para enfrentarse al numeroso ejército draconiano. Son rodeados y mueren. Derek ha caído en la locura tras enterarse de la noticia de que Sturm ha sido investido como caballero de Solamnia.
El kender ha dejado su camino junto a Fizban pues cree que debe estar con sus amigos. Y ha llegado a la Torre del Sumo Sacerdote con Flint y Laurana. Decide investigar en el interior del monumento y descubre otro Orbe de los Dragones, así como trampas para dragones. Cuenta su hallazgo a Laurana y ella decide utilizar el Orbe para acabar con los Dragones Azules que se ven en el horizonte.
Para ganar tiempo, Sturm sale a enfrentarse con el Dragón que está al mando. Se despide de sus amigos porque sabe que su andadura terminará ahí. Efectivamente el Señor del Dragón le traspasa con su lanza causándole la muerte.
Laurana llega hasta el Orbe y cae en una especie de trance mientras los dragones expulsan fuego mortal contra la Torre y las murallas. De repente un poder les atrae hacia la fortaleza sin que los jinetes que les montan puedan dominarlos. De los tres dragones, dos caen en la trampa, sesgándoles la cabeza.
Laurana, Tasslehoff y Flint huyen hacia el patio. La princesa elfa no puede dejar sobre la nieve a Sturm. Cuando llega hasta él, el Señor del Dragón también descabalga. Es el primer encuentro entre Laurana y Kitiara. La Dama Oscura le da tres días para enterrar honorablemente a Sturm.
Los draconianos también han sentido la llamada del Orbe y se han desperdigado por la llanura.
En Silvanesti, la Joya Estrella comienza a apagarse. Alhana sabe que Sturm se ha ido y decide morir con él. Pero cuando va a enterrar la Joya ve que la luz sigue parpadeando, símbolo de que no puede quedarse allí sino que debe estar junto a su pueblo.













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