jueves, febrero 02, 2012

Y amanecer al sol

Daría un mundo por abrazarle y quedarme dormida junto a él, compartiendo los sueños, esos sueños por los que él me preguntó una vez y sobre los que no respondí. Daría un mundo por amanecer al sol, a su vera, perdida en su mirada perfecta.
Y echo de menos los momentos de magia. Adoro cerrar los ojos, antes de que avance el sueño, para imaginar que él duerme, para recordar su rostro perfecto, su mirada cargada de tantas cosas bellas, la suavidad de sus dedos de artista.
Es que le echo de menos. Y le quiero tanto, tanto, tanto...

Es un buen momento para ir a dormir.

miércoles, febrero 01, 2012

Cosas del miércoles

Esta tarde deseaba escribir, pero era imposible. En cuanto me he echado a leer me he quedado dormida. Quizás tenía sueño atrasado, ya que las últimas noches me han dado las dos de la mañana, pero es cierto que en cuanto me entra el sueño duermo profundamente hasta que suena el despertador. 
La última imagen antes de cerrar los ojos era él, perfecto, angelical, adorable. Llevo varios días sin verle y ya estoy echándole de menos.
Esta mañana no estaba en el café, sólo faltaba él. 

Me encuentro leyendo un libro de mil páginas sobre Roma que me tiene muy enganchada. También han colgado hoy los módulos del segundo cuatrimestre. Apenas hemos tenido tiempo de descansar tras el examen y ya estamos en la recta final. ¡Qué ganas de terminar! Y luego está el viaje a Madagascar, que ya me han mandado varios trípticos sobre la gran isla africana.

Comenzando el mes

Esta noche volvería un mes atrás, regresaría con los ojos cerrados a la madrugada del 31 al 1, para revivir de nuevo cada instante junto a él. Que cada vez que lo rememoro me dan escalofríos, se me eriza la piel, me entra una felicidad difícil de describir. 
Ha pasado tan sólo un mes y parece que aquella noche transcurrió hace siglos... Quizás se deba a que el mes de enero siempre parece más largo que el resto de los meses del año, pero también porque he intentado distanciarme de él después de aquella noche. No sé por qué, porque cuanto más intento alejarme más cercano le siento. A veces me siento como si me encontrara dentro de un hechizo. Últimamente le he vuelto a ver y he comprendido lo largas que han sido las semanas sin él, lo mucho que le he echado de menos, y ahora tengo claro que no tengo fuerza de voluntad para alejarme de él durante mucho tiempo ni a muchos kilómetros de distancia, porque él siempre estará cerca, tan cerca como lo está mi corazón, porque él siempre está ahí. Le quiero tanto que está tan cerca que a veces no me doy cuenta de esa proximidad.

Hoy también me he marchado antes que él. Aunque no me encuentre con él, sé que él está a unos pocos metros de distancia. Cuando veo su coche a veces siento que tengo que decirle algo, aunque sólo sea para recordarle que a veces pienso en él, pero mis últimas palabras fueron que sólo me pondría en contacto con él por motivos de trabajo. Por una vez, cumpliré lo que le dije, aunque no sé, cada día me cuesta más no decirle nada. 

En febrero se celebra el día de San Valentín. Para mí todos los días son 14 de febrero. Es una pena que no los comparta con él. Si el día me concediera un minuto de la noche con él le cubriría a besos y me perdería en esa mirada perfecta. Me muero por besarle.

Debería ir a dormir, que luego me cuesta despertar. Aunque últimamente he recuperado mis sueños, esos sueños donde siempre aparece él, y que consiguen que el día siempre amanezca más azul y que todo lo que me rodea tenga algo especial. Pero en ese decorado siempre estoy anhelando la magia, y esa magia siempre llega con él. Sí, es un buen momento para escabullirme en esos sueños donde siempre aparece él...

martes, enero 31, 2012

La cuesta de enero

Está acabando enero.
Empezó con magia y termina con magia. Pues no hay nada como ver la luz del sol, como comenzar el año, junto a un ángel de mirada perfecta, observando en sus ojos la nobleza, la honradez, la inteligencia, la dulzura. Así empezó enero, con una embriagadora (y nunca mejor dicho) compañía que siempre tiene una sonrisa perfecta.
Desde entonces parece que han pasado años. Siempre he pensado que enero es el mes más largo del año, siempre me da la sensación de que ocupa largas semanas que parece que nunca quieren acabar. Terminado enero, a un paso tenemos la primavera (cada vez más cerca).
Este mes, además, ha sido un mes doloroso, un mes de pérdida. Una pérdida siempre es dolorosa. Sabemos que puede ocurrir, pero los seres humanos nunca estamos preparados para cuando esa pérdida acontece. 

Debería ir a soñar con ese ángel de mirada perfecta que hace que todos los días tengan magia.

Siempre está cerca

Eran más de las nueve y media de la noche cuando me dirigía al coche. Hoy se me ha hecho demasiado tarde en la oficina. Caminaba, mientras el eco de mis pasos sonaba en los rincones huecos de algún lugar más alejado. Entonces he visto su coche. En momentos como ese, con tanto frío, tan tarde, dan ganas de sacar el móvil sólo para recordarle la hora.
Él siempre se queda hasta más tarde. El hecho de saberle tan cercano me agrada, por la proximidad, pero también me eriza la piel, por la hora, por el frío, por las caricias que le regalaría en ese momento, por una invitación a cenar, por volverle a acariciar el rostro, la espalda, por volverle a coger de las manos una vez más, por mirarle intensamente a los ojos, por... preguntarle cuáles son sus sueños.
Si hubiera aparecido en ese momento, ¿qué le hubiera dicho? ¿que hiciéramos alguna locura como irnos a cenar juntos, sin pararnos a pensar quién nos esperará en nuestras casas? ¿me hubiera quedado callada ante la posibilidad de la aparición casi incontrolable de ese deseo de él, para que no me hubieran delatado los temblores de mi voz? ¿hubiera saludado sin más...? 
¿Qué tipo de magia hace él para que todo a mi alrededor sea tan perfecto, para que repentinamente haya regresado la magia con sólo mirar sus ojos durante unos minutos esta mañana, para recordar su sonrisa perfecta que siempre me hace sonreír?

Tanto le quiero...

lunes, enero 30, 2012

El minuto más sublime

Estaba en la calle charlando, cuando de repente he mirado hacia el fondo. He sentido que el corazón me empezaba a latir muy fuerte y he sentido que el coche que venía no era sino él.
Ese ángel de mirada perfecta, guapísimo, adorable. Estaba hablando, pero mi mirada no podía apartarse ni tan sólo un segundo de él, es como si en ese minuto me encontrara hechizada, magnetizada por su magia, por su encanto.
Los días en que le veo siempre son más azules, más bellos, más mágicos, más perfectos.

Es adorable.

Tanta magia en un par de minutos

Reconozco que, en los últimos días, apenas he escrito, quizás debido a las circunstancias extraordinarias en las que me he encontrado inmersa. Sobre todo, emocionalmente. 
Lo cierto es que esta noche echaba de menos ese momento antes de dormir en que siempre dedico unos minutos de pensamiento a un ángel. Me pregunto si ya estará durmiendo. A veces, me gustaría susurrarle al oído que duerma bien. El jueves volví a verle y volví a sentirme tocada por su magia. ¿Qué milagro hace él que, siempre que aparece, todo lo que me rodea siempre está dotado de una perfección sin igual?
Ni mil millas de distancia ni mil días sin él conseguirán eclipsar ese tipo de magia que sólo viene con él. Al volverle a ver me sentí de nuevo hechizada, me pregunté cómo había podido aguantar tanto tiempo sin mirar a esos ojos angelicales, sin sentir la dulce caricia de su magia. El jueves comprendí todo lo que le había echado de menos. 
Le quiero tanto...

Me voy a soñar con él.

domingo, enero 29, 2012

La emoción que resurge

He empezado a escribir el editorial de la próxima revista. Con dos párrafos me he emocionado tanto que he considerado necesario reanudarlo en otro momento de la próxima semana. Además, tengo que documentarme con las revistas posteriores a 1989. Es preferible escribir un poco cada día de ese editorial, porque aún está todo muy reciente. Y ver las revistas de los últimos años me trae recuerdos vivos de mi tío.
Hace una semana aún estaba con nosotros. Es doloroso. 

Hoy ya he sabido dónde reposarán sus cenizas. Con toda razón decía que cuando paseáramos hasta la ermita nos acordaríamos siempre de él...

Amanece blanco

Esta mañana ha amanecido blanco. Pero la nieve de enero no se mantiene durante mucho tiempo. Creo recordar que anoche me quedé dormida y que, en cierto momento, entró mi madre a decirme que apagara la luz, mientras el perrito ladraba en plan protector. Me sumí en la oscuridad y seguí durmiendo. Esta mañana me ha costado levantarme. Pensaba en él, en lo magnífico que sería dejar nuestras huellas sobre la nieve inmaculada. Pensaba en él, como hacía tiempo no pensaba. Ha vuelto a aflorar el deseo de él, el anhelo de sus caricias, de sus besos, de sus palabras, de su mirada. Me imaginaba cómo hubiera sido encontrarse con él anoche, en caso de que hubiera salido. Me pregunto si seré capaz de llamarle mañana o le diré a alguien que lo haga por mí. 
Le echo mucho de menos. 

El viento en los sauces


El viento en los sauces es, sin duda alguna, un libro para muchachos, donde los protagonistas son animales, a modo de las antiguas fábulas de Esopo y Samaniego, que siempre llevaban consigo una moraleja que tocaba aspectos serios de la vida. Aquí no tenemos una moraleja al final, pero sí es cierto que el libro en sí mismo es como una larga fábula que, entre líneas y a su modo, nos da una lección moral. 

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Un día, el Señor Topo decide salir de su madriguera en las profundidades de la tierra para conocer el mundo, donde para él todo es nuevo: el río, los árboles, el bosque, el Mundo. Sobre la tierra conoce al Señor Ratón acuático, que tiene su madriguera junto al gran río, sin el cual no podría vivir. El Señor Topo resulta ser un animal astuto, silencioso, observador, que nunca da un paso equivocado, mientras que el Señor Ratón, que le enseña la vida ahí arriba, es un animal charlatán, que disfruta con las cosas de la vida, pero teme lo desconocido (el bosque, el Mundo), que acepta con pasividad todo lo que tiene alrededor, pero con una enorme energía positiva que contagia a los demás. Después de pasar unos días en casa del Señor Ratón, el Señor Topo siente curiosidad por las cosas desconocidas, así que un día se adentra en el bosque y se pierde. El Señor Ratón, pese a todos sus temores, se cargará de armas para ir en busca de su reciente amigo. Y terminan en casa del Señor Tejón, que es uno de los animales más tímidos, pero también el más cuerdo de todos y, por tanto, terminará siendo el líder indiscutible del grupo, dando órdenes que nadie se atreve a no acatar.
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Allí descubren los rumores sobre el Señor Sapo, que es un animal riquísimo y que hace locuras que les traen quebraderos de cabeza a sus amigos. Así que deciden ir a la mansión del Señor Sapo, que lleva muchas semanas destrozando automóviles, por su afán por conducir a lo loco. Los tres amigos le encierran en una habitación hasta que se le pase ese momento de locura, pero el Señor Sapo consigue engañarlos y escaparse por una ventana. Cuando una noche está cenando en una posada, escucha el dulce sonido de un automóvil rojo, que termina robando. Cuando le encuentran, le someten a juicio y le envían a una celda de donde jamás podrá escapar. La hija del carcelero se compadece de él y le ayuda a escapar, disfrazado de lavandera. La vuelta a casa del Señor Sapo es una odisea, pues se monta en un tren junto al maquinista, una lavandera rechoncha le acoge en su barca y luego le tira por la borda al canal sobre el que están navegando, el Señor Sapo le roba el caballo a la lavandera y se lo vende a unos gitanos y, por fin, termina junto al agujero de la casa del Señor Ratón.
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Después de unos días, el Señor Ratón, el Señor Tejón y el Señor Topo le confiesan al Señor Sapo que no puede regresar a su casa, porque ha sido ocupada por animales del bosque: comadrejas, armiños y hurones, que están fuertemente armados y no le dejarán entrar, mientras en el interior se dan una vida regalada. Trazan un plan, porque el Señor Tejón conoce un túnel secreto que les llevará hasta la despensa del mayordomo de la mansión, desde donde podrán echar a los usurpadores de la morada. Mientras, el Señor Topo, disfrazado de lavandera, se acerca a los armiños que hacen de centinelas, para sembrar el terror entre ellos, que terminarán huyendo atemorizados. Finalmente, el señor Sapo parece haber comprendido que el orgullo y la soberbia no le llevarán a ningún sitio y, a instancias de sus amigos, celebra un banquete donde invitan a los habitantes del río en conmemoración de su curación. 

El origen del libro 
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Un día, el hijo de Kenneth Grahame, de cuatro años, lloraba desconsoladamente. Su padre le prometió que le contaría todos los cuentos que quisiera, si el niño elegía los protagonistas. Durante muchas noches de narraciones, Grahame fue forjando el largo cuento que aparece en este libro, publicándose por primera vez en 1908. El libro contiene muchos símbolos: lo desconocido que representa la libertad, el río y sus orillas que representan la seguridad de lo conocido, etc. En sus más de doscientas páginas se ensalza el valor de la amistad. Sus protagonistas disienten entre quedarse en la seguridad de la orilla del río o buscar las aventuras en el mundo desconocido que está más allá del bosque.

sábado, enero 28, 2012

Qué será esta noche

Hoy ha sido uno de esos días que son muy largos. Por una parte, me apetece salir a despejarme después de una semana terrible, demasiado intensa como para meterla en unas pocas palabras. Por otra parte, sólo con pensar que podría encontrarme con él se me pone un nudo en el estómago y siento nervios. En realidad, una parte de mí desea verle, escucharle, mirarle... pero aún me sigue dando apuro, incluso después de haberle visto hace dos días.
En realidad, debería salir a tomar dos cervezas, porque si me quedo los recuerdos llegarán de nuevo.

Es posible que me quede en casa, que hace demasiado frío esta noche. Aunque me apetece verle... 

viernes, enero 27, 2012

¿Qué queda después...?

No creo que salga este fin de semana. Mi padre dice que lo que ha ocurrido ya no tiene vuelta de hoja y tenemos que seguir viviendo, haciendo nuestras vidas. Pero me cuesta. Los recuerdos son muy intensos, aún no me lo creo, incluso después de todos estos días. Sin embargo, mi moral no está para salir estos días. 
Tengo que esbozar el editorial, ahora que los recuerdos son tan vívidos, que todo es tan reciente.
Hay días que, de repente, me encuentro llorando, recordando los buenos momentos de mi tío, todo lo que aprendimos con él, todo lo que sabía, sus lecciones de vida y de latines, de solfeo, de mecanografía, de política... 
De repente, me desmorono porque los recuerdos me desbordan, y aparece el dolor por el sentimiento de vacío, el pensamiento de ser consciente de que ya no le veré más.
Estos días me estoy moviendo como si fuera un robot, me mantengo ocupada, aun sabiendo que centrarse al cien por cien es tarea casi imposible. 

Recuerdos tan vívidos

A las seis me ha llamado Jordi. No podía cogerle porque en ese momento conducía, pero sí le he llamado cuando entraba en casa. Hemos hablado largo y tendido, me he desmoronado alguna vez.
Lo que menos me apetece mañana es hacer un examen. Lo que más me apetece es escribir sobre mi tío. Ahora sí que es cuando he decaído, cuando recuerdo vívidamente el último día que le vi, lo que hablé con él, cómo iba vestido, cuando recuerdo sus gafas oscuras, el bastón que le acompañaba en los últimos años, las americanas que solía llevar... Ahora recuerdo vívidamente su cuerpo sin vida en el suelo y varias horas después. Y recuerdo las cenizas, lo poco que ocupamos los seres vivos.
Me he vuelto a desmoronar. Lo que me apetece es escribir sobre él, escribir sin parar. Estoy segura de que en estos días escribiré el editorial para la revista y muchas más páginas más. Pero, ¿cómo explicar en cien palabras quién fue mi tío? No es fácil. Y, sin embargo, me veo muy capaz para escribir un editorial esgrimiendo los trazos más representativos de la personalidad de mi tío y de la obra que deja tras de sí.

Debería ir a dormir, pero es difícil dormir cuando los recuerdos son tan cálidos.

jueves, enero 26, 2012

El reencuentro con un ángel

No esperaba verle, sólo que ha sido cosa del azar.
De repente, me encontraba en la cafetería, tan cerca de él. Lo cierto es que mi mente está en otro lado, así que ni siquiera me ha dado tiempo a ruborizarme. Después sí, cuando he recordado la última vez que estuve cerca de él. Pero en ese momento, estaba mi mente en otro lugar.
Cuando he entrado, mis ojos se han cruzado con esa mirada perfecta, angelical. Le he saludado, no sabiendo muy bien qué hacer.
¿Le estaba evitando estos días sólo porque me apuraba ese encuentro con él? Ha sido como siempre, porque hoy el día vuelve a tener magia. En mi imaginación, pensaba en que sería dulce y reconfortante pedirle que me abrazara, desahogarme con él, describirle los dos últimos días, y lo que aún está por llegar.
Es adorable, y estaba tan guapo...
Me pregunto cómo he podido vivir más de veinte días sin él, sin su cercanía, sin su mirada, sin su sonrisa, sin su dulzura... sin él.
Hoy he recordado que sigo queriéndole muchísimo.

miércoles, enero 25, 2012

Días que no tienen final

Hoy ha sido un día que parece que nunca ha de acabar. El día ha sido largo. Demasiado largo.
Demasiada gente, demasiados besos, demasiados pésames.
Está todo demasiado reciente, pero aún no consigo hacerme a la idea de que él ya se ha ido, de que él ya no está.
Cuando regresábamos esta noche me fijaba en el cielo, cubierto con un sinfín de estrellas, y pensaba que mi tío quizás nos estuviera observando desde allí.
Mañana volveré a la oficina, aunque sólo estaré por la mañana. Me niego a perder otro día donde mis pensamientos llevan de nuevo a la memoria y a evocar momentos con mi tío. Decía un ex consejero de cultura esta mañana que las personas perviven en la memoria y que mi tío fue una persona que pervivirá en la memoria. 
El próximo editorial de la revista cultural lo escribiré yo. Nunca he estado en la Junta de la Asociación, así que no he tenido el honor de plasmar ninguno, pero esta vez y como homenaje, el director de la revista me ha preguntado si quería escribirlo yo. Es curioso, porque esa misma revista nació gracias a una idea que surgió, hace veintitrés años, en la mente de mi tío. 
La incineración es mañana a las diez de la mañana. El funeral será por la tarde. 

Me da la sensación de que sigo flotando, incluso aunque hoy he tenido ocasión de contemplar su estado de paz una y mil veces.

Un abrazo imaginario

Hoy es una de esas noches en que me dejaría abrazar... por él. En medio de esa amalgama de pensamientos, aparece fugaz y reconfortante su imagen angelical.
Me pregunto qué estará haciendo, si habrá ido a dormir. 

Pensar en él me reconforta, me calma. Me gustaría poder compartir con él este sentimiento de pérdida, de ausencia, de vacío. Porque hoy me falta una persona.

Debería intentar dormir, aunque eso será complicado esta noche.

martes, enero 24, 2012

Su corazón ha dejado de latir

Papamoscas de la catedral de Burgos

Los recuerdos fluyen solos, como un río. Me reconforta pensar en mi tío, en todo lo que hizo, en todo lo que fue, en cada rincón de mi pueblo que se levantó cuando él estaba en el Ayuntamiento o cuando fundó la Asociación Cultural. 
Tenía piernas de atleta y el corazón un tanto ajado. Pero el mecanismo de su corazón siguió latiendo hasta que esta mañana se ha parado. Sin avisar. Rápida y silenciosamente.
Visité Burgos por primera vez cogiéndole de las manos. Cuando era una niña y me regalaba un día en la ciudad vecina, nunca se cansaba de llevarme a ver al Papamoscas a las doce del mediodía. Ese día siempre me compraba un vestido. Los libros de cuentos que leía en la infancia siempre llegaban por él. No eran los únicos, pero sí los más interesantes.

De repente, su corazón se ha parado. Los recuerdos siguen fluyendo. 

24 de Enero

Estoy pero no estoy.
Me da igual ponerme a leer, ponerme a mirar cosas en el iPad, ponerme a ver la televisión o ponerme a navegar por internet, que mi mente no está en estos momentos para centrarse en nada... más que en mi tío.
Hoy mi tío ocupa todos mis pensamientos. Los recuerdos me apabullan y me hacen llorar. Nunca viene bien que alguien se vaya en ese viaje que sólo tiene billete de ida. Nunca viene bien.
Siempre recuerdo a mi tío mayor, con algunas hebras de pelo blanco, las gafas oscuras después de que perdiera parcialmente la vista. Siempre me regalaba libros y siempre me los dedicaba. Con nueve años me enseñó mecanografía. Con diecisiete años me ayudaba con los textos de latín. Era un erudito. Estudió en el seminario hasta que aquel petardo le explotó y perdió parte de la vista y varios dedos de una mano.
Podría seguir escribiendo, pero cada recuerdo me duele. 

El tío Pepe

Anoche me quedé dormida antes de medianoche. Lo que jamás hubiera esperado es un día como éste. Empezaba bien, pero se ha nublado al final de la mañana. Lo peor es que estaba yo sola para derrumbarme y he tenido que ser yo la portadora de la noticia más triste que podía esperar, que podíamos esperar.
A las dos de la tarde me encontraba aún en la oficina, esperaba quedarme a comer, pero no ha podido ser. Un móvil desconocido aparecía en la pantalla, insistente. Cuando me ha dicho: "Ana, soy la tía" sabía que no iba a ser bueno lo que había de decirme. "El tío Pepe ha muerto". El mundo alrededor de mí ha empezado a dar vueltas sin parar, me he desmoronado, el suelo ya no se encontraba bajo mis pies. Las palabras se amontonaban en mis labios en forma de preguntas. Mi tía, más serena, contestaba a todo lo que le preguntaba, y luego me ha dicho que no había conseguido contactar ni con mis padres ni con mis hermanos. 
He llamado a mi padre, entre lágrimas, aún incrédula. Dos horas antes, mi padre y yo habíamos hablado porque él me ha dicho que se encontraba caminando por la Plaza Mayor de Salamanca. Ahora le llamaba yo para adelantar su viaje de regreso. 
Después he llamado a mi madre, que ha dejado lo que estaba haciendo sólo para ir a casa de mis tíos. Yo he cerrado la oficina y me he marchado, directa a casa de mis tíos.
Mi tío Pepe era hermanastro de mi padre, tenía 81 años y nunca se casó. Al ser tan mayor y estar algo flojo del corazón, llevaba casi un año viviendo en casa de mis tíos y primos. Hoy le ha costado levantarse de la cama, a las doce mi tía le estaba dando el desayuno, cuando se ha dado la vuelta para hacer algo y ha oído el golpe: mi tío se había caído de la silla y se había dado en la cabeza. Cuando yo he llegado, aún estaba allí su cuerpo, aún caliente, con los ojos cerrados. No quiero que en mi mente se quede ese último recuerdo de mi tío. Llevaba el jersey que le había regalado por Navidad.
Le incinerarán, el jueves le incinerarán. Aún no me hago a la idea, incluso después de haber visto su cuerpo antes de que se lo llevaran, para mí ese no era mi tío.
Aún no me hago a la idea. Tengo tantos recuerdos de él, de siempre, que me parece mentira que ya no esté.

Adiós, tío, estés donde estés.

lunes, enero 23, 2012

El tiempo se para

El tiempo se para...
Cuando pienso en él y en lo que me hace sonreír con sólo mirar. Cuando le dedico un minuto de cada hora (quizás más) y me pregunto dónde estará o qué estará haciendo. Cuando me encuentro con alguien cercano a él y sé que esa persona podrá escucharle unas horas después.
El tiempo se para ahora, cuando pienso en él y comprendo cuánto le quiero y cuánto más le echo de menos.
El tiempo se para cuando camino hacia el coche y miro toda la fila de vehículos aparcados, rápidamente, para encontrarme con que él no estaba tampoco hoy.
El tiempo se para, pero no importa que se pare, porque los segundos congelados siempre serán para él.

Creer

Cuando creemos en una persona, simplemente creemos. Con lo bueno y con lo malo. Quizás no encontremos nada malo. Yo creo en un ángel, no porque crea que es un ángel, aunque metafóricamente sí que lo es. Pero creo en él. No es para menos: cuando mis ojos se cruzan con esa mirada perfecta siento una fuerza superior, un cúmulo de sensaciones indescriptibles que sólo me ocurren con él, pero además veo su nobleza, su honradez, su inteligencia e incluso su misterio.
Recuerdo la primera vez que le vi. Incluso entonces creo que pude ruborizarme, creo que miré hacia atrás para grabar su rostro perfecto en mi memoria, pero sobre todo para llevarme el recuerdo de esa mirada tan profunda. ¿Qué nos atrae tanto del resto de las personas? ¿O qué nos atrae en cierto momento de una persona en concreto? Cuando miro atrás, recuerdo los lugares donde he coincidido con él. Es como si él tuviera luz propia, como si llenara cada espacio donde se encuentra. Y siempre me brinda energía positiva, él siempre me hace sonreír. Eso lo echo mucho de menos. Todo de él lo echo de menos: los sábados por la noche, las despedidas efímeras, sus palabras susurrantes bajo la luz de la luna, su breve saludo cuando pasa con el coche, su 'hasta luego' en el café de las doce, su rápido caminar por cualquier calle y... su mirada perfecta.
Adoro esa mirada que contiene tantas cosas buenas.
Podría vivir sin muchas cosas, pero creo que no podría vivir sin encontrarme con esa mirada de vez en cuando.
A veces, me gustaría ser capaz de escribirle un mensaje cada noche, deseándole 'buenas noches'. Me gustaría hacerlo, pero no puedo hacerlo.

Yo creo en él. En estos días, me gusta pensar que sonríe de vez en cuando, que le roba un minuto al reloj sólo para acordarse de que sabe sonreír y que su sonrisa es magnífica.

Es un buen momento para ir a soñar con él. Con su sonrisa. Con su mirada. Con su voz.

domingo, enero 22, 2012

Tanto amor

Le amo. Le amo con toda mi alma. Ahora lo sé. Siempre lo he sabido, pero al alejarme de él, al intentar poner distancias entre su mirada y mi alma, me encuentro con que pienso más en él de lo que pensaba antes de poner pies en polvorosa.
Pensaba que, al alejarme de él, tendría ocasión de pensar en la última noche, aquella mañana en que nos separamos para no volvernos a cruzar durante largas semanas, durante días sin sol. Pensaba que quizás pensando en todo lo que ocurrió (o en todo lo que no ocurrió) podría dejarlo correr, intentar olvidar. Pero no ha sido así. Pensaba que me ruborizaría al recordarlo, pero mi corazón no podrá nunca avergonzarse de aquello que siente, que además es algo muy hermoso.
De todas formas, voy a continuar desaparecida. Necesito que él no me vea, ni que sepa nada de mí, igual que él necesita que yo tampoco le vea ni sepa nada de él. En estos momentos, creo que es mejor así.
Hace unos días creía que había perdido mis sueños, pero no ha sido así. Mis sueños han regresado, más fuertes que nunca. Vuelvo a soñar con él cada noche, vuelvo a despertarme recordando su imagen angelical con las primeras luces del alba, vuelvo a recordar que por esas calles que camino cada día quizás él ya haya pasado o pasará más tarde.
Y ha vuelto el deseo. Ese deseo de él, el anhelo de su mirada, de su sonrisa, de su voz, de sus palabras, de sus manos. Echo de menos la magia que desprende. 

Domingos en calma

Hoy es uno de esos domingos que son verdaderos domingos de pereza extrema. Es uno de esos domingos en que termino pensando en él, lo que no está mal, porque mientras que le dedique unos minutos de pensamiento siempre habrá lugar para una sonrisa.
Me pregunto dónde estará, aunque no me resulta muy difícil deducirlo. Los domingos serían magníficos junto a él. Me pregunto si le veré esta semana. Tengo ganas de verle, con todo lo que conlleva verle después de veintitantos días.

Tantos días sin él

Viendo la hora que es y habiéndome quedado en casa, mejor hubiera sido que estuviera de fiesta. Lo cierto es que esta noche tenía ganas de salir, sólo que aún no me veo cruzándome con él. Y, además, he decidido que permaneceré en casa algunos fines de semana más, aunque si tengo ganas de salir siempre podría marchar a otros sitios.
Le echo mucho de menos. A veces, me gustaría saber lo que piensa él. A veces, me gustaría que pasara cuanto antes ese momento en que nos crucemos. Podría ser cualquier día.

Últimamente he vuelto a soñar con él. Anoche soñé con él y esta mañana me costaba levantarme, incluso teniendo una reunión a media mañana. Llevo demasiados días sin verle, siento que me falta algo, a duras penas consigo, muchos días, reprimir el deseo de ponerme en contacto con él. Soy consciente de que llegará un día en que me resultará insoportable estar así, sin saber de él, sin mirarle a esos ojos perfectos, sin escuchar su voz, sin sentir su magia...
Es posible que hoy vuelva a soñar con él.

sábado, enero 21, 2012

Otro sábado sin el sol

Como el sábado anterior, vuelvo a sentir esos nervios ante una posible salida esta noche. Creo que no saldré, ya que me encuentro sin ganas, pero con un deseo muy fuerte de verle. Además la semana anterior decidí que todos estos sábados, si no salía, los iba a dedicar a escribir. De momento, he conseguido ser mas constante que en los últimos meses.

El deseo del sábado

Como el sábado anterior, vuelvo a sentir esos nervios ante una posible salida esta noche. Creo que no saldré, ya que me encuentro sin ganas, pero con un deseo muy fuerte de verle.

viernes, enero 20, 2012

Entonces he levantado los ojos

Hay ciertas situaciones, ciertas cosas, ciertas personas que siempre nos hacen sonreír. Hoy el día es menos gris, sólo porque a última hora he visto algo que hace mucho tiempo no veía.
Después de pensar que quizás él no quería verme al no aparcar el coche donde antes, después de varios días desmoronándome en la noche... hoy caminaba por la calle y al levantar los ojos me he encontrado con su coche. He dejado de caminar. Pensaba que si apareciera él en ese preciso instante no sabría qué decirle, o me temblaría la voz, o no me atrevería a mirarle a los ojos. He mirado hacia el otro lado de la calle, ya me sale por instinto. Entonces he sentido que me relajaba, que sonreía, he sentido que el corazón me palpitaba fuertemente. Mientras mis pasos me alejaban en otra dirección, mi mente preguntaba a su coche "¿dónde te encontrabas últimamente?".
Ver su coche es sentirle demasiado cercano, pensar en que él se encuentra bien. Si ver su coche me ha sonsacado la sonrisa que necesitaba desde hace días, no quiero ni imaginar lo que hubiera sentido si me hubiera encontrado con él. Por algo es un ángel.

Las lágrimas que ciegan

Lo peor del día siempre es la noche, porque entonces tengo más tiempo libre y vuelvo a recordar, a pensar, a echarle de menos.
Hoy también me he desmoronado. Me pregunto cuánto tiempo estaré así. Me pregunto cuánto tiempo me costará recuperar mis sueños. 

Hoy me duele el corazón y no hay bálsamo existente que pueda atenuar ese dolor. Debería ir a dormir, pero ¿cuánto tiempo tardaré en cerrar los ojos e intentar descansar?

jueves, enero 19, 2012

Castillos de arena

Tengo sueño. Últimamente me cuesta dormir. Creo que he perdido mis sueños en algún rincón de las últimas semanas. Siento que me falta algo y no consigo encontrarlo.

No quiero irme a casa porque me volveré a desmoronar. Y no quiero volverme a sentir como un castillo de arena que cualquier día se llevará el mar. Pero tengo que irme.

Los duros pasos

Es hora de marchar. La mañana me ha cundido bastante. Intento centrarme en el trabajo y no pensar en nada que me entristezca. Es difícil, pero hay que seguir caminando cada día.
Me pregunto qué estará haciendo él. No debería preguntármelo, pero a veces es inevitable.

La parada de rigor

A la entrada de Ezcaray estaban los guardias. Había dos coches y paraban a todos los que entrábamos en Ezcaray, con conos señalizadores por todo el carril. Ya habían orillado un coche. Pensaba: "Como me paren, me multan por no llevar gafas", pero me ha dicho que continuara. ¿Qué hacen a las nueve y media parando a los coches? Porque estaba claro que hoy iban a pillar a la gente. Lo normal es que a esa hora venga gente a trabajar.

Quizás esto sea una despedida... (y duele)

Recuerdo con nitidez un sábado por la noche cerca de él. Recuerdo el momento en que me di cuenta de que él creía en mí, cuando le pregunté su opinión. Él me animó a escribir. Lo hago a diario. En detrimento del blog ahora escribo en serio, en cualquier rato libre que tengo, ahora que llevo un instrumento que lo registra todo, no sólo mis ideas, sino casi cualquier cosa de la vida cotidiana.
Llevo veinte días sin saber de él y lo peor es despertar cada mañana, con el anhelo velado de cruzarme con él, velado porque antes lo deseaba con toda mi alma y ahora prefiero no encontrarme con él, aunque sé que en realidad sí quiero cruzarme con él. Le echo de menos.
Él cree en mí y, de alguna manera, me lo dijo aquella noche. A veces necesitamos el aliento de un ángel para sentir que pisamos sobre una base estable. 
A veces sigo dudando si él entraba aquí y leía o no. Siempre me quedaré con esa duda. Quiero creerle, pero la confirmación llegó dos días después, cuando radicalmente se cortaron las visitas. Demasiada casualidad. Si él entraba aquí me agrada saber que quizás le hacía sonreír cada día, no recuerdo nunca haber escrito una palabra negativa de él, así que quizás ahora le haya quitado esas palabras que le animaban cada día. 

Me desmorono todos los días. Es sorprendente. Nunca se sabe de qué color es el dolor hasta que llega en forma de huracán. Ahora el amor produce dolor. 

¿Por qué nos estamos evitando? ¿Qué hicimos mal esa noche? Porque no creo que hubiera nada fuera de lugar. Hubo demasiada complicidad, tanta como nunca había compartido con él. Aún se me pone la piel de gallina al evocar el roce de su barba, las caricias en su espalda o, simplemente, su proximidad. Y cuando me preguntó cuáles eran mis sueños.

Después... nada. Ni una palabra por su parte, de repente ha desaparecido, de repente nos hemos convertido en dos extraños. Intenté romper el hielo hace... ¿cuánto? ¿semana y media? Ni una palabra por su parte, ni una respuesta. A veces, cuando veo a su hermano me gustaría preguntarle por él. Me da la sensación de que su hermano se queda mirando esperando a que le diga algo que no le voy a decir, es como si notara que quiero decirle algo, pero no quiero preguntarle. 

Esperaré. Quizás algún día se decida. Quizás algún día llegue otra persona que me haga olvidar todo esto. ¿Es un adiós? Posiblemente lo sea, posiblemente esté decidida si no a olvidar, al menos a no llorar por alguien que me ha roto el corazón una vez, alguien que sólo me responde con silencio, y el silencio es humillante. Esta tarde he pensado que debería hablar con él seriamente, pero no tengo ganas, es como si en los últimos días me hubiera desinflado. 

Si escribo ya no lo hago porque me lo dijera él, sino que lo hago por mí. Es la única vía de escape que tengo que al menos me llena lo suficiente para olvidarme de esta grisácea realidad.

Sigo enamorada, pero ya no tengo aguante. Esta vez no seré yo quien se acerque a él. Esta vez no. Si todo tiene que acabar se acabará.

miércoles, enero 18, 2012

Parisienne

Hoy me he acordado de París. De repente, me encontraba reviviendo aquel viaje fugaz que hice a la capital vecina. Él me dijo una vez que nunca había estado en París; a mí me parece una de las ciudades más bellas del mundo, y no porque lo diga todo el mundo, es que realmente es una ciudad muy bella.
No sólo es la ciudad del amor. Tiene ese aspecto bohemio que te embriaga, tiene un millón de rincones cargados de historia, tiene sus croissants recién sacados del horno, tiene sus galerías de arte, tiene su gente variopinta...
Si volviera a París en el futuro, que seguramente regresaré, me gustaría que fuera con él.

"Diario de un skin"

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Desconocía que hubiera una película de Diario de un skin, aunque hace años vi el documental del periodista que se infiltró en los grupos neonazis de Madrid, cuando publicó el libro que se convertiría en un "boom".
Entre las variadas aplicaciones que tengo en el iPad, ¿cómo no iba a tener una que fuera expresamente de películas? Lo sorprendente es que pensaba que sólo podría ver trailers y no películas enteras. Así que al final he visto "Diario de un skin". Sorprendentemente no cambia mucho del libro original, aunque quita mucha información que la novela de Antonio Salas daba a los lectores.

Antonio Salas (Tristán Ulloa) está haciendo periodismo de investigación sobre prostitución infantil junto a un compañero sudamericano. Cuando un grupo de skin heads asesina a su compañero, Antonio decide infiltrarse en el grupo neonazi madrileño, con ayuda de un policía que también perdió a un compañero a manos de un grupo de skin heads. Antonio se transmuta en Tiger 88, un skin head que debe pensar como ellos, debe hablar como ellos, debe ser como ellos. Gracias a su ideología profundamente estudiada, encuentra buenas relaciones dentro del movimiento, lo que le origina las simpatías de las más altas esferas, y termina conociendo al que todos sus compañeros del grupo consideran "el nuevo Führer". Lo que descubre es que los mismos que están introduciendo niñas sudamericanas en España destinadas a la prostitución (su anterior investigación) son los mismos que forman la cúpula directiva del movimiento neonazi. 

Esto último no es así en el libro, ya que Antonio Salas no tuvo un motivo para infiltrarse en el movimiento nazi madrileño más que la labor periodística.

Donde se encuentran las señales

Da igual lo que haga. Cualquier señal me lleva a pensar en él. Son señales bastante claras. Leía un libro hace unos días y allí aparecía su nombre en uno de los personajes, en el protagonista, para ser exactos. Me pongo a ver una película esta tarde y aparece un personaje con su nombre. 
La primera vez no presté atención, pero ya son coincidencias extrañas, como si los planetas se alinearan para que piense en él. No es algo que tenga que ver con él. Habrá millones de películas y libros con nombres diferentes al suyo, pero junto he ido a coger aquellos donde aparece alguien con su nombre.
Me pongo a ver monumentos Patrimonio de la Humanidad y aparecen ante mis ojos cientos de imágenes de Argentina y Nepal.
En estos momentos, me apetecería ponerme en contacto con él, pero siempre termino desechando la idea. Al final, terminaré de ver la película.

Madagascar a dos pasos

Esta mañana me ha contestado Voigy, el guía malgache de habla hispana con el que me puse en contacto hace dos días. Me ha comentado que hay carteristas como puede haber en una gran ciudad. Sólo me queda mirar la situación política del país.
En principio, si me voy en junio, tengo que tener en cuenta que al estar en otro hemisferio, allí será invierno y está muy al sur. Desconozco las horas de viaje que hay, pero no serán tantas como el año pasado.
Mientras que me miran los posibles circuitos, los visados y la información que den las embajadas y las vacunas que tengo que ponerme, me imagino en el paraíso africano.
Ya tengo el gusanillo en el estómago, ese gusanillo viajero que siempre despierta de emoción ante la perspectiva de un gran viaje.

Qué hacer cuando te falta el sol

Hasta que no me he dado cuenta de que estaba llorando no he comprendido cuán profundo es mi pesar. Ojalá fuera todo más sencillo. Intento sumergirme en un mundo imaginario que me hace desconectar temporalmente de la realidad, pero cuando vuelvo a abrir los ojos mis manos empiezan a temblar.
¿Duele? Claro que duele. La distancia siempre duele. La separación de una persona a la que se quiere tanto es algo demasiado terrible para describirlo a través de palabras. Pero soy consciente de que ahora tiene que ser así. 
Me sumerjo en las palabras, tal y como él me dijo una vez, pero no es suficiente. La escritura no me lleva tanto como para hacer que me olvide de él durante unos momentos, durante unas horas. De repente, su recuerdo revolotea a mi alrededor y siento un estremecimiento en la espina dorsal que hace que me tambalee. 
Me falta el sol. Ocurre como una planta sin sol. Siento que me marchito cada día un poco más.

Tendría que intentar ir a dormir, a soñar con él. Debería caminar en la dirección de esos sueños donde todo es perfecto. Aunque no necesito los sueños para que todo sea perfecto: con él ya todo es perfecto. Y en estos momentos me falta él, y eso me está consumiendo lentamente. 

martes, enero 17, 2012

Aquello que me falta cada día

Esta tarde le tenía muy presente, demasiado presente. Es como si una parte de mí se rindiera a él, a sus recuerdos, a su magia, a los sueños...
A veces me cuesta muchísimo no ponerme en contacto con él, y soy consciente de que hay una fortaleza en mí que me impide dar un paso en su dirección. No sé lo que ocurre. Al terminar el día suelo sentirme algo más triste, siento que me falta algo...

Instante de tensión

Esta mañana no me he dado cuenta de la hora. Cuando iba a tomar café he mirado hacia el interior y he sentido una especie de presión casi incontrolable, tanto que he estado a punto de darme media vuelta y marcharme, he sentido que mis pies ya no se encontraban en tierra firme.
He dilatado un poco más los minutos en la calle, hasta que al final he decidido entrar. Si él se encontraba allí habría sido un encuentro que voy evitando desde hace más de dos semanas, pero que va a pasar en cualquier momento.
He suspirado al ver que él no se encontraba allí. Pero entonces he sentido el anhelo: el anhelo de verle, de preguntar cómo le va, de mirarle a los ojos, de escuchar esa voz tan sensual. Me he obligado a pensar en otra cosa.

Voijy

En principio, en junio tengo dos semanas seguidas de vacaciones. No pensaba mirarlo, pero de repente ya era tarde para echarme atrás. Imágenes paradisíacas de Madagascar se abrían ante mis ojos, gente de color risueña ante la cámara, un foro en español con todo tipo de versiones sobre el país.
Entonces he leído un comentario que estaba escrito en un castellano macarrónico, pero con toda la buena intención de quien vive allí y quiere informar sobre aquel país.
Se llama Voijy y es guía de habla hispana en Madagascar. No he dudado un momento en ponerme en contacto con él en cuanto he visto su correo electrónico. Le he preguntado por la seguridad, aunque me consta ya que no es seguro salir de los hoteles en Tara y otras grandes ciudades en la tarde-noche; es peligroso. Que la gente es muy agradable, pero podría resultar peligrosa, porque apenas tienen que comer y los europeos somos para ellos como un lingote de oro. Así que ¿quién me informará mejor que un guía que vive allí? 
En realidad sólo estoy tanteando ese país. Lo que ocurre es que cuando he empezado a desplegar imágenes en la pantalla he comprendido que sentía el gusanillo viajero en el estómago, esa corazonada que te está diciendo que terminarás en una isla perdida en el Hemisferio Sur. Y esta vez soy consciente de que es un lugar diferente, nada que ver con lo que haya visitado anteriormente.

Me gustaría decírselo a él. No le diré que se venga conmigo, pero no porque no me gustaría. Creo que es un viaje para disfrutar. Tendré que ir a soñar con él.

¿Y si nieva mañana?

No me gusta la nieve, ni el invierno, ni el frío. La única forma que concibo en que podría llegar a gustarme un paisaje nevado fuera de las postales, sería fruto de mi imaginación y, por supuesto, en esa imagen ficticia aparecería él. Porque junto a él todo es perfecto, todo tiene magia...
Entonces no me importaría dejar plasmadas las huellas de mis pies sobre la nieve, no me importaría que el pelo se velara por un retal semitransparente de fruncidos blancos que se convierten en agua cuando clavas la vista en ellos. Incluso compartiría las manoplas con él. Hoy he sacado de algún abrigo esas manoplas, las que recuerdo haberle puesto en las manos varias veces y que él se iba quitando lentamente. Entonces he sentido un escalofrío.
Echo de menos no encontrarme con él. Pero ha de ser así... de momento.

Que no nieve mañana.

lunes, enero 16, 2012

21 rotos para 7 descosidos


Antes de comenzar con un libro histórico de más de mil páginas que ya reposa en la mesilla de noche, quería leerme los 21 rotos para 7 descosidos que me agencié el otro día.
En la Facultad de Periodismo siempre nos decían que una de las cosas que más atraían la atención del público lector es la cercanía, cuando la noticia está próxima en el espacio. Es decir, no es lo mismo que un incendio ocurra en Sebastopol a que ocurra a dos manzanas de mi casa. Si una noticia acontece a las puertas de mi casa es posible que la lea con mayor atención que si ocurriera en un país lejano, de la que posiblemente no pase del subtítulo.
¿Qué tiene este librito de cien páginas para que atrajera mi atención? La cercanía de una de las personas que escribe. Personalmente no la conozco, pero sí conozco a sus padres. Suficiente para haberlo traído a casa y lo haya devorado en unas pocas horas. 
A la joven autora la vi en el Diario La Rioja. Se lo enseñé a mis padres. Recordé que el 14 de agosto había comido en la misma mesa de los padres de esa chica y que me dijeron que en septiembre de este año se iba a casar.

Personalmente me ha gustado el estilo de narrar de las dos jóvenes autoras, casi siempre soltando una dosis de energía nueva al final de cada relato que no es como lo esperas. El libro consta de 21 microrrelatos que a veces nos dejan con la boca abierta. En realidad son pequeños textos que tienen un doble significado, la autora nos hace pensar en el más probable para cambiar al final el sentido completo del texto. Están escritos con una gran maestría. Y recuerdan mucho a las letras descafeinadas y sublimes de Joaquín Sabina.
Mientras, los siete relatos son algo más largos y en esencia le dotan al libro de una magia especial. Me ha gustado especialmente el de la niña que se creía un Hada y se encuentra en el Centro de Psiquiatría...

De los microrrelatos, transcribo el número 21, porque es el que más huella me ha dejado, quizás por la situación sentimental en que me encuentro en este preciso instante:

"Se despide con la puerta abierta de una habitación de alquiler que huele a vacío. Rompe con la mirada todas esas imágenes que ya no le dejan decir que la echa de menos. Mudo por las palabras, coge la última caja y la coloca en el ascensor. Cierra la puerta con delicadeza sin mirar dentro, como si las sombras atraparan los recuerdos de su corazón, ése que sólo piensa en blanco y negro. Teme olvidar aquellos momentos que vivió con quien, al salir, le regaló su última sonrisa en enero".

Estrellas para él

Cada noche, desde la primera noche de este año, miro al cielo y busco la estrella más brillante y me la guardo para mí. Me guardo su esencia y llega todo en forma de recuerdos.
Los recuerdos los colecciono, porque no quiero olvidar nada que tenga relación con él.

A veces me pregunto dónde estará, qué estará haciendo, con quién estará hablando y quién será el afortunado a quien miren esos ojos perfectos. A veces me gustaría encontrarme con él, así por casualidad, aunque me suba el rubor a las mejillas, aunque me tiemble la voz, aunque desvíe la mirada, porque si le miro de nuevo sé que volveré a caer rendida entre sus brazos.

Me da la sensación de que estoy más enamorada que antes.

Tantos días grises

Escribir sobre un país que no conozco es muy complicado, pero plausible. Todo será por perseguir un sueño.
Me encontraba en el bar escribiendo, pero centrarse en un bar es una ironía, sobre todo cuando aparecen personas cercanas a él. Hoy no estaba JC, pero sí estaban otros, que ahora siempre me saludan.
Esos pequeños encuentros con gente de su alrededor me recuerdan a que llevo demasiado tiempo sin saber de él y ese desconocimiento y ese silencio me dejan llagas en el alma.
Sólo que esta vez intento no pensar en él, aunque el día sea demasiado gris. ¿Tantas alegrías me daba que un minuto sin magia me parece un minuto muerto en el reloj?

Una de patatas

Adoro las patatas. Así que he venido al Tempranillo a comer, como casi todos los días en los que hace tanto frío. Le echo de menos. Intento que no me afecten la ausencia ni la distancia, pero cuesta mucho abrir los ojos cada mañana sabiendo que el está tan cerca. Aun no se como añadir imágenes aquí desde el iPad. Pero por lo menos es mas cómodo que el móvil.

El haiku de las palabras perdidas

Es cierto que el primer libro de Andrés Pascual, El guardián de la Flor de Loto, me decepcionó de manera inesperada, quizás porque veía que era un libro que forzaba las situaciones, con personajes que no me llenaron. 
Hace unos pocos meses, cogí con desgana el segundo libro del autor de Logroño, El compositor de tormentas. En realidad, decidí leérmelo para quitármelo de encima, aun sabiendo que seguramente me encontraría nuevamente ante más situaciones forzadas. Pero en realidad fue todo lo contrario. Aquel libro me gustó bastante, quizás porque el autor daba más libertad a los personajes, porque de verdad me metió en la historia. 
Y no hace mucho llegó a mis manos el último libro que escribió, El haiku de las palabras perdidas. En cuanto leí la palabra ‘haiku’ en el título sabía que ocurriría en Japón. 
Un 'haiku' es una especie de poema japonés de nueve versos que contiene en sí mismo toda la esencia de la vida. Todo lo que rodea al País del Sol Naciente me fascina. Me gustó tanto aquel país, la candidez de sus gentes, la tímida educación, el caos organizado… que volvería allí mañana mismo y me quedaría un año entero. Japón tiene una esencia especial que te contagia. Cuando pienso en aquel país, después de haberlo conocido y descubierto (fue un descubrimiento porque lo que me encontré allí no tiene nada que ver con lo que me esperaba), me convierto en una persona soñadora. Japón dejó una huella muy profunda en mí, y espero en un futuro no muy lejano regresar allí de nuevo, a empaparme de su esencia. Y me gustaría regresar con él, con ese ángel de mirada perfecta. Estoy segura de que le fascinaría también ese país. 

Hay un tema recurrente en el libro que es el de la energía atómica, las bombas nucleares y las asociaciones en pro y en contra al respecto. Es otro tema que siempre me ha llamado la atención. Sin considerarme una firme defensora de la energía nuclear, soy consciente de que es necesaria mientras no se encuentre otro tipo de energía alternativa que no tenga sus días contados. 
El libro cuenta una historia de amor, un amor que traspasa fronteras, lenguas, guerras y que, en medio de sus círculos concéntricos, vuelve a cerrarse al ver sonreír a uno de los protagonistas de esa historia de amor. ¿Se me pone la piel de gallina? Claro, porque al hablar de amor pienso inevitablemente en él, en lo costoso que es mantenerme en un segundo plano, sin decir nada, aun sabiendo que cada día que amanece es más gris y que la inexistencia de su magia me está abriendo grietas en el alma. 
El libro cuenta dos historias paralelas. Una ocurre en Nagasaki en agosto de 1945, y la otra ocurre en 2011. Dice el autor en el prólogo que casi se vio abocado a cambiar todo el argumento cuando ya estaba ultimando el libro, al acontecer el catastrófico terremoto de Japón el 11 de marzo de 2011. Creo que sólo cambió el último capítulo.
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Nagasaki en la actualidad 

El 9 de agosto de 1945, tres días después de haber devastado la ciudad japonesa de Hiroshima, una bomba atómica cae sobre la ciudad de Nagasaki, devastándolo todo. La diferencia entre ambas ciudades es que Hiroshima fue completamente destruida al ubicarse en un terreno llano, mientras que las montañas que rodean Nagasaki frenó la expansión de la bomba que cayó sobre esta ciudad. Los relojes se quedan parados a las 11.02. Kazuo se había citado en la colina donde iba a diario a observar a los pows (Prisoners of War) que estaban en una prisión con su amada princesa Junko. Ese día iban a leer juntos un haiku que ella le había entregado y que había sido escrito por la adolescente. Kazuo era de origen holandés. Su verdadero nombre era Victor van der Meer. Había sido adoptado por el doctor Sato cuando sus padres fallecieron trágicamente en un accidente. Desde entonces había vivido en Nagasaki. Tenía doce años el día en que vio aparecer un avión de los aliados en el horizonte y cuando vio la enorme luz. Desde ese momento y comprobando que la ciudad ha sido devastada, igual que lo que había oído de los supervivientes respecto a Hiroshima, decide ir a buscar a su padre. Ve que su madre se está muriendo y que su padre ha sido contagiado por los círculos concéntricos de la onda expansiva. Decide buscar a Junko, a la que cree muerta, pero termina haciéndose amigo del holandés al que llevaba tiempo observando con sus prismáticos, el comandante Kramer. Este superviviente de guerra le acompañará por las ruinas de Nagasaki para buscar a la pequeña Junko, pero nunca llegarán a encontrarla. Kramer ha de ir a las montañas, a buscar también a su amada, hija de unos diplomáticos suizos.
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Hotel de lujo en Karuizawa

Durante la guerra, el Gobierno japonés recluyó a todos los diplomáticos extranjeros y a sus familias en Karuizawa, que venía a ser como una cárcel de lujo. Por eso la historia de amor del pequeño Kazuo, cuyo nombre significa ‘hombre de paz’, le llena tanto: le recuerda a su propia historia de amor. Kazuo, sin embargo, decide seguir buscando a Junko. Al final, es el doctor Sato, que ha ido a despedirse de él, quien le convence para que vaya tras el comandante Kramer, para que le saque del país. Kazuo, debido a su pelo rubio y sus ojos azules, es víctima de abucheos en el tren, pasa por un pueblo en las montañas donde conoce a una sacerdotisa que puede contactar con los muertos y es ella la que le dice que Junko está viva. Él vuelve a debatirse entre regresar a Nagasaki o ir en pos del oficial holandés. La propia sacerdotisa le impulsa a salir del país. Cuando Junko llega a Karuizawa se encuentra un lugar lleno de europeos y americanos. Allí conoce a la familia amiga del comandante Kramer, que se encuentra enfermo. Los Ulrich han perdido a su hija Elizabeth, pero han ganado un hijo, que se convertirá en el compañero más fiel de su otro hijo, Stefan Ulrich. 
En febrero de 2011, Emilian Zäch aterriza en el aeropuerto de Tokio. Lleva años inmerso en un proyecto que va a ser financiado por el gobernador de Tokio. Acérrimo defensor de la energía nuclear, se encuentra con el chasco de que nadie va a financiar su proyecto, debido a que Yoko, su amigo japonés ha hablado con científicos que han puesto impedimentos a su proyecto, al no verlo seguro. Con todo perdido, se deja arrastrar por las calles de Tokio cuando se fija en una japonesa que se encuentra a la entrada de una galería de arte, Mei Morimoto. La sigue por la galería y consigue entablar una conversación con ella. Mei se muestra distante al principio. Finalmente, creyendo Emilian que no sacará nada en claro de la galerista de arte japonesa, decide volver a Ginebra. 
Allí se encuentra con que también ha sido expulsado del Panel de científicos de la ONU. Mei le había pedido un favor y, aunque le parece extraño, sigue su intuición y se propone buscar a una persona que tiene relación con la abuela de Mei. Uno de los financiadores de los concursos que patrocina la ONU ha publicado en uno de esos certámenes el haiku que Junko le entregó a Kazuo, un haiku que ella misma se inventó. Pero la empresa Concentric Circles es muy difícil de seguir. Se encuentra en su casa cuando Mei aparece allí, dispuesta a pedirle de nuevo su ayuda. Entre los dos tirarán de los hilos de Concentric Circles y conseguirán llegar hasta Victor Ulrich, que no es otro sino Stefan. Victor murió en el barco que les llevaría hasta Europa, porque también había sido contagiado por la onda expansiva de la bomba. Encima llevaba los títulos de una patente de barnices que le convirtió a Stefan en un hombre millonario, solidario con cualquier asociación sobre las víctimas de las bombas atómicas y otros desastres nucleares (como Chernobyl). Pero antes de morir Victor escribió su propio haiku, que Stefan les entrega para que se lo den a la abuela de Mei. Cuando la pareja llega a Tokio el 11 de marzo de 2011 se encuentran con una ciudad que tiembla. Temen no llegar a tiempo para que Junko pueda dejar de estar atrapada por ese reloj que se quedó parado a las 11.02. Junko se encuentra inconsciente, pero su nieta pide que la reanimen, porque es muy importante que su abuela se vaya al otro mundo feliz. Cuando Junko lee el haiku de vida que le ha traído su nieta, desea ir al parque del hospital, donde comienza a hacer una grulla de papel con el trozo de papel donde se encuentran escritos los dos haikus (en honor a Sadako, la niña de las grullas de Hiroshima).  

Nací al mundo
y con mi muerte lo dejo.
A mil pueblos las piernas me han llevado,
y a incontables hogares.
¿Qué son todos?
El reflejo de la luna en el agua,
una flor que flota en el cielo...
¡Ho! 

(Gizan Zenrai) 

 Me ha encantado el libro.