Es cierto que el primer libro de Andrés Pascual,
El guardián de la Flor de Loto, me decepcionó de manera inesperada, quizás porque veía que era un libro que forzaba las situaciones, con personajes que no me llenaron.
Hace unos pocos meses, cogí con desgana el segundo libro del autor de Logroño,
El compositor de tormentas. En realidad, decidí leérmelo para quitármelo de encima, aun sabiendo que seguramente me encontraría nuevamente ante más situaciones forzadas. Pero en realidad fue todo lo contrario. Aquel libro me gustó bastante, quizás porque el autor daba más libertad a los personajes, porque de verdad me metió en la historia.
Y no hace mucho llegó a mis manos el último libro que escribió, El haiku de las palabras perdidas. En cuanto leí la palabra ‘haiku’ en el título sabía que ocurriría en Japón.
Un 'haiku' es una especie de poema japonés de nueve versos que contiene en sí mismo toda la esencia de la vida. Todo lo que rodea al País del Sol Naciente me fascina. Me gustó tanto aquel país, la candidez de sus gentes, la tímida educación, el caos organizado… que volvería allí mañana mismo y me quedaría un año entero. Japón tiene una esencia especial que te contagia. Cuando pienso en aquel país, después de haberlo conocido y descubierto (fue un descubrimiento porque lo que me encontré allí no tiene nada que ver con lo que me esperaba), me convierto en una persona soñadora. Japón dejó una huella muy profunda en mí, y espero en un futuro no muy lejano regresar allí de nuevo, a empaparme de su esencia. Y me gustaría regresar con él, con ese ángel de mirada perfecta. Estoy segura de que le fascinaría también ese país.
Hay un tema recurrente en el libro que es el de la energía atómica, las bombas nucleares y las asociaciones en pro y en contra al respecto. Es otro tema que siempre me ha llamado la atención. Sin considerarme una firme defensora de la energía nuclear, soy consciente de que es necesaria mientras no se encuentre otro tipo de energía alternativa que no tenga sus días contados.
El libro cuenta una historia de amor, un amor que traspasa fronteras, lenguas, guerras y que, en medio de sus círculos concéntricos, vuelve a cerrarse al ver sonreír a uno de los protagonistas de esa historia de amor. ¿Se me pone la piel de gallina? Claro, porque al hablar de amor pienso inevitablemente en él, en lo costoso que es mantenerme en un segundo plano, sin decir nada, aun sabiendo que cada día que amanece es más gris y que la inexistencia de su magia me está abriendo grietas en el alma.
El libro cuenta dos historias paralelas. Una ocurre en Nagasaki en agosto de 1945, y la otra ocurre en 2011. Dice el autor en el prólogo que casi se vio abocado a cambiar todo el argumento cuando ya estaba ultimando el libro, al acontecer el catastrófico terremoto de Japón el 11 de marzo de 2011. Creo que sólo cambió el último capítulo.

Nagasaki en la actualidad
El 9 de agosto de 1945, tres días después de haber devastado la ciudad japonesa de Hiroshima, una bomba atómica cae sobre la ciudad de Nagasaki, devastándolo todo. La diferencia entre ambas ciudades es que Hiroshima fue completamente destruida al ubicarse en un terreno llano, mientras que las montañas que rodean Nagasaki frenó la expansión de la bomba que cayó sobre esta ciudad. Los relojes se quedan parados a las 11.02. Kazuo se había citado en la colina donde iba a diario a observar a los
pows (
Prisoners of War) que estaban en una prisión con su amada princesa Junko. Ese día iban a leer juntos un haiku que ella le había entregado y que había sido escrito por la adolescente. Kazuo era de origen holandés. Su verdadero nombre era Victor van der Meer. Había sido adoptado por el doctor Sato cuando sus padres fallecieron trágicamente en un accidente. Desde entonces había vivido en Nagasaki. Tenía doce años el día en que vio aparecer un avión de los aliados en el horizonte y cuando vio la enorme luz. Desde ese momento y comprobando que la ciudad ha sido devastada, igual que lo que había oído de los supervivientes respecto a Hiroshima, decide ir a buscar a su padre. Ve que su madre se está muriendo y que su padre ha sido contagiado por los círculos concéntricos de la onda expansiva. Decide buscar a Junko, a la que cree muerta, pero termina haciéndose amigo del holandés al que llevaba tiempo observando con sus prismáticos, el comandante Kramer. Este superviviente de guerra le acompañará por las ruinas de Nagasaki para buscar a la pequeña Junko, pero nunca llegarán a encontrarla. Kramer ha de ir a las montañas, a buscar también a su amada, hija de unos diplomáticos suizos.

Hotel de lujo en Karuizawa
Durante la guerra, el Gobierno japonés recluyó a todos los diplomáticos extranjeros y a sus familias en Karuizawa, que venía a ser como una cárcel de lujo. Por eso la historia de amor del pequeño Kazuo, cuyo nombre significa ‘hombre de paz’, le llena tanto: le recuerda a su propia historia de amor. Kazuo, sin embargo, decide seguir buscando a Junko. Al final, es el doctor Sato, que ha ido a despedirse de él, quien le convence para que vaya tras el comandante Kramer, para que le saque del país. Kazuo, debido a su pelo rubio y sus ojos azules, es víctima de abucheos en el tren, pasa por un pueblo en las montañas donde conoce a una sacerdotisa que puede contactar con los muertos y es ella la que le dice que Junko está viva. Él vuelve a debatirse entre regresar a Nagasaki o ir en pos del oficial holandés. La propia sacerdotisa le impulsa a salir del país. Cuando Junko llega a Karuizawa se encuentra un lugar lleno de europeos y americanos. Allí conoce a la familia amiga del comandante Kramer, que se encuentra enfermo. Los Ulrich han perdido a su hija Elizabeth, pero han ganado un hijo, que se convertirá en el compañero más fiel de su otro hijo, Stefan Ulrich.
En febrero de 2011, Emilian Zäch aterriza en el aeropuerto de Tokio. Lleva años inmerso en un proyecto que va a ser financiado por el gobernador de Tokio. Acérrimo defensor de la energía nuclear, se encuentra con el chasco de que nadie va a financiar su proyecto, debido a que Yoko, su amigo japonés ha hablado con científicos que han puesto impedimentos a su proyecto, al no verlo seguro. Con todo perdido, se deja arrastrar por las calles de Tokio cuando se fija en una japonesa que se encuentra a la entrada de una galería de arte, Mei Morimoto. La sigue por la galería y consigue entablar una conversación con ella. Mei se muestra distante al principio. Finalmente, creyendo Emilian que no sacará nada en claro de la galerista de arte japonesa, decide volver a Ginebra.
Allí se encuentra con que también ha sido expulsado del Panel de científicos de la ONU. Mei le había pedido un favor y, aunque le parece extraño, sigue su intuición y se propone buscar a una persona que tiene relación con la abuela de Mei. Uno de los financiadores de los concursos que patrocina la ONU ha publicado en uno de esos certámenes el haiku que Junko le entregó a Kazuo, un haiku que ella misma se inventó. Pero la empresa Concentric Circles es muy difícil de seguir. Se encuentra en su casa cuando Mei aparece allí, dispuesta a pedirle de nuevo su ayuda. Entre los dos tirarán de los hilos de Concentric Circles y conseguirán llegar hasta Victor Ulrich, que no es otro sino Stefan. Victor murió en el barco que les llevaría hasta Europa, porque también había sido contagiado por la onda expansiva de la bomba. Encima llevaba los títulos de una patente de barnices que le convirtió a Stefan en un hombre millonario, solidario con cualquier asociación sobre las víctimas de las bombas atómicas y otros desastres nucleares (como Chernobyl). Pero antes de morir Victor escribió su propio haiku, que Stefan les entrega para que se lo den a la abuela de Mei. Cuando la pareja llega a Tokio el 11 de marzo de 2011 se encuentran con una ciudad que tiembla. Temen no llegar a tiempo para que Junko pueda dejar de estar atrapada por ese reloj que se quedó parado a las 11.02. Junko se encuentra inconsciente, pero su nieta pide que la reanimen, porque es muy importante que su abuela se vaya al otro mundo feliz. Cuando Junko lee el haiku de vida que le ha traído su nieta, desea ir al parque del hospital, donde comienza a hacer una grulla de papel con el trozo de papel donde se encuentran escritos los dos haikus (en honor a Sadako, la niña de las grullas de Hiroshima).
Nací al mundo
y con mi muerte lo dejo.
A mil pueblos las piernas me han llevado,
y a incontables hogares.
¿Qué son todos?
El reflejo de la luna en el agua,
una flor que flota en el cielo...
¡Ho!
(Gizan Zenrai)
Me ha encantado el libro.