Adoro rodearme de gente positiva. Y en el día a día y con motivo
de mi trabajo llego a conocer a multitud de personas, por lo que he llegado a la conclusión de que hay mucha gente amargada. Entonces cuando aparece una
persona que brilla con luz propia, que te hace reír, que transmite vibraciones
positivas… esa persona merece mucho la pena.
Hay gente con la que me tiraría hablando por teléfono horas,
aunque prefiero el cara a cara, siempre es preferible ver las expresiones del rostro y los gestos del cuerpo. Cuando disfrutas de la compañía de una persona,
las horas vuelan. Y soy consciente de que últimamente hay horas que me han
parecido minutos. En compañía de algunas personas llego a preguntarme dónde se
ha esfumado el tiempo. Y es que si una persona te hace sonreír mejor que esté
cerca, aunque llegue a perder la noción del tiempo. Nunca el tiempo es perdido si te encuentras a gusto con alguien.
Últimamente hay personas que me transmiten tanto y tan bueno
que es posible que si en una jornada no sé nada de esas personas sienta que
verdaderamente me falta algo.
Generalmente tengo minutos de risas todos los días, pero a
veces llega alguien que no sólo te hace sonreír sino que además te regala unas
sensaciones tan positivas que una parte de ti no quiere ni mirar el reloj, sino
disfrutar de esos instantes de paz.
Y es que hay personas a las que miramos por una ventana
donde todo es de una belleza exquisita. Y deseamos que esas personas sigan en
nuestras vidas apareciendo en esa ventana que no tiene nada, absolutamente
nada, negativo.
Mientras haya en nuestras vidas personas que nos brinden
momentos mágicos ya tenemos un motivo para sonreír cada mañana. Porque igual
algo así tiene algo de magia.
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