lunes, diciembre 04, 2017

Como quien moldea el alma

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Desde la más tierna infancia moldeamos nuestra personalidad como si fuera un trozo de cera. O también podría ser que moldeamos nuestra alma. Adquirimos conciencia de lo que está bien y lo que está mal, e intentamos ser siempre mejores personas, nos esforzamos en buscar una perfección que no existe, porque por mucho que moldeemos nunca llegaremos a encontrar esa perfección, pues el ser humano es y será siempre un ser imperfecto. Pero intentamos acercarnos lo máximo posible a esa perfección. 
Siempre he sido consciente de tomar las cosas buenas que me aporta la vida y desechar todo aquello que me ha hecho daño o que es perjudicial. Y, si me pongo a recordar, seguramente no encuentre recuerdos malos, porque quizás una parte de la memoria es selectiva y se ha encargado de borrar todo lo malo. 
Es posible que me hayan roto el corazón varias veces, pero no tengo recuerdos negativos de esas personas, quizás tampoco malgasto ni un minuto de mi tiempo en pensar en ellos. Simplemente un buen día me puse una coraza y no permití que nadie la fragmentara ni agrietara. 
En otros niveles, tampoco tengo malos recuerdos; seguramente me pongo a pensar en un viaje que tuve que hacer noche en Doha porque perdí un avión y recuerdo que pasé un día horrible entre árabes, pero cuando lo pienso ahora creo que aprendí mucho del Golfo Pérsico y del calor del desierto, y sobre todo de las gentes de allí y de su controvertida educación y creencias. Puse una larguísima reclamación que Qatar Airways quería abonarme en forma de bonos de viaje y les respondí que no volvería a coger nunca más su aerolínea, y que además tener que pasar 24 horas en su país había creado un gran trauma moral en mí al sentirme juzgada por mi manera de vestir occidental (camiseta de tirantes y el rostro y el pelo al viento). Ahora me río, pero no hace gracia ver señales de tráfico donde aparece la figura de una mujer con velo o encontrarte con las salas de oración separadas para hombres y mujeres. Por no hablar del taxista 'loco' que no hacía más que pedirme el número de teléfono para cuando volviera a hacer escala dos semanas después. 
Incluso en la actualidad hay momentos en que paso malos tragos, pero intento ver todo desde un prisma lo más positivo posible. Hay que seguir moldeando esa figura de cera, aunque nunca lleguemos a terminarla. 
Esto viene porque hoy he sido receptora de unas palabras muy dulces de una persona inesperada, alguien a quien conocía de vista y que este verano se acercó a mí, así como quien no quiere la cosa. En realidad no hago mucho caso de lo que me dicen, tengo cierta facilidad para desconectar cuando algo no me interesa. La gente en general es muy correcta conmigo (recibimos lo que damos), pero siempre marco las distancias. Tanto que detrás de mi sonrisa soy consciente de lo fría que puedo llegar a ser. Igual es que se me ha congelado el corazón. En realidad no quiero que esa persona con sus palabras dulces, a quien yo sólo he felicitado por su cumpleaños, se me acerque más de lo necesario. Lo curioso es que yo no hago nada, simplemente disfruto de mi vida con una tranquilidad exquisita. Y me rodeo de la gente que me aporta cosas buenas. Sin más.

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