Imagina si no lo hubiera intentado...
"Yo soy Valentino Rossi. Y quiero ser una persona, no un icono.
Nací en Urbino el 16 de febrero de 1979. Hijo de Graziano Rossi, piloto profesional de moto y después de coche, y de Stefania Palma, geómetra en la oficina técnica del Ayuntamiento de Tavullia.
Era un niño muy tranquilo, dice mi madre. Ella me ha contado que nadie se quejaba de mí en la guardería: ni las maestras ni las otras madres.
Empecé haciendo pequeños circuitos para simular carreras con cochecitos. Después, de crío, siempre sacaba las rodillas cuando iba en bici. Pero ahí todavía era bueno. Empecé a desmadrarme cuando me apoderé de un vehículo a motor con dos ruedas.
Yo soy Valentino. Me llamo así porque Graziano quiso recordar de esta forma a su mejor amigo, que falleció ahogado, en el mar, cerca de Pesaro, con dieciocho años.
El día de San Valentín, apenas dos días antes de mi cumpleaños el 16 de febrero, es sólo un motivo secundario.
El número 46 nace de cuando corría en minimotos. Estaba en un equipo que había formado con dos chavales de Gatteo del Mar, Marco y Maurizio Pagano. Ellos fueron los hermanos que me prestaron una Aprilia 125 para dar mis primeras vueltas a un circuito grande, en Misano.
Los tres llevábamos el número 46 porque corríamos en categorías diferentes. También ellos eran apasionados de Japón y de los pilotos japoneses: una vez nos emocionamos con un piloto invitado del Gran Premio de Japón, en Suzuka, que hacía equilibrios increíbles bajo el agua. Llevaba el 46. Lo quisimos también nosotros.
Luego lo dejé, en el campeonato italiano y en el Europeo. Pero cuando llegué al Mundial, tuve que elegir un número.
Descubrí entonces que era también el número que llevaba Graziano cuando ganó su primer Gran Premio, con la Morbidelli 250, en 1979. Justo el año en que nací yo. Por eso decidí que mi número, para el Mundial, sería el 46.
Ese número resume mi carrera, en parte incluso mi vida. Desde luego simboliza mi gran e increíble aventura.
Me recuerda el día en que todo empezó.
Estaba en una encrucijada: ¿dos o cuatro ruedas? ¿Kart o moto? Elegí las dos ruedas, la moto. Decidí que iría a probar la Aprilia 125, y luego quise correr. Y continué. Vencí, antes de nada, los miedos de mis padres, y luego la desconfianza sobre mis habilidades.
Sí, es verdad, no iba mal en el colegio. Cierto, hacía bien muchas otras cosas. Pero yo quería correr. Rápido, muy rápido. En moto. Y lo conseguí.
Imagina si no lo hubiera intentado".
Admiro a muchos personajes históricos, pero nunca había llegado a admirar tanto a una persona que todavía viva. Claro que me gustan muchas celebridades, sea por su forma de trabajar, por su simpatía o por algo que se salga de lo normal, pero nunca he llegado hasta el punto de admirarles. A Valentino, empero, le he terminado adorando. No me considero una fan de él, en el sentido estricto de esa palabra, aunque vea las carreras de Moto GP porque él me hace sentir algo extraño, cuando antes nunca me habían llamado mucho la atención las motos. Si alguna vez le tuviera delante estoy segura de que no le pediría un autógrafo. Por su libro, escrito en primera persona, lo que al lector le hace sentir siempre más cercano, he descubierto muchas cosas, no sólo sobre su imagen pública -la que todo el mundo conoce- sino además he descubierto una parte de esa persona, que quiere ser considerada como una persona, pero obviamente su celebridad ha llegado demasiado lejos como para que pase desapercibido en ningún sitio.
No es una autobiografía típica, ordenada cronológicamente. Él se limita a contar hechos, partes de su vida a medida que va recordándolos. A pesar de que utiliza a veces una jerga especializada, no se hace pesado leer tanto sobre motos. Es evidente que yo he aprendido ciertas cosas que desconocía.
No cuenta todo. No dice, por ejemplo, por qué se hace llamar "The Doctor" o "Il Dottore", aunque yo ya lo sé. Un Doctorado por una universidad primero ha tenido que ser estudiante, luego diplomado y más tarde licenciado. Si no sigue los pasos previos no puede ponerse a hacer el Doctorado. Valentino Rossi ha ganado en todas las categorías, que yo creía que eran nada más tres, las tres actuales: 125 cc., 250 cc. y Moto GP. Lo cierto es que hay otros dos títulos mundiales en su haber: el de 500 cc., premio que ganó en el último año de su celebración, y que después se cambiaría por el motor a cuatro tiempos, es decir, la Moto GP actual, de mayor cilindrada que aquellas motos; y la carrera Ocho Horas, que se celebra en Suzuka, y que se hace entre dos pilotos, que ganó junto a Colin Edwards (se necesitan dos pilotos porque como su nombre indica deben estar ocho horas en pista sin parar más que para pasar la moto al compañero de equipo).
No tengo palabras. Valentino habla con una sensibilidad inaudita. Creía que por ser quién es sería demasiado egocéntrico, demasiado creído para utilizar las metáforas que usa a lo largo del texto. No es que sea un gran escritor -pues, indudablemente, no lo es-, pero intenta hacer que lo que dice pueda llegar a cualquiera. Dentro de la jerga a la que él está acostumbrado, sus palabras en su boca se convierten en comprensibles.
Te ríes con ciertas aventuras, y te pone la piel de gallina en ciertas partes. Pero te das cuenta de la enorme fuerza interior que hay dentro de él.
"En cierto punto de mi carrera empecé a ser rápido siempre, en cualquier pista, más o menos en cualquier condición. Pero hubo días y circuitos en los que llegué a rodar aún más rápido. Son las carreras, muy pocas, en las que por un determinado motivo advertí de repente esa sensación de rabia interior que me haría reaccionar, utilizando una fuerza superior".
Critica a los periodistas, sobre todo a los de su país, porque siempre le han tratado con poco respeto. Muchos se echaban las manos a la cabeza cuando decidió cambiarse de Honda -en esos momentos considerada como la mejor moto de competición- a Yamaha -que pasaba por serios problemas-. Necesitaba nuevos retos y quería cerrar muchas bocas. Y lo consiguió, porque en la primera carrera de su primer campeonato con la nueva moto consiguió ganar. Fue en Sudáfrica. Ni él mismo se lo creía entonces. Ese año, 2004, ganó de nuevo el Mundial, y también en 2005, con la Yamaha. Con éste último era el séptimo título mundial que ganaba: 125 cc., 250 cc., 500 cc., Moto GP con Honda y los dos en la categoría reina con Yamaha. En su país, los medios de comunicación siempre le trataron mal, a pesar de quien es; siempre se cebaron con él, manipularon sus palabras y dijeron de todo, sobre todo respecto a su enfrentamiento con Max Biaggi, con el que llegó a las manos.
También habla de su decisión de querer correr en las motos, cómo con diecisiete años les propone a sus padres su sueño, por el que tendrá que dejar el bachillerato a pocos meses del final. Sus profesores, ante sus largas ausencias, se dedicaban a humillarle por lo que hacía. Pero Valentino siempre lo tuvo claro.
Fue subiendo y se convirtió en el mejor. Nos habla de sus deliberaciones a escondidas con los de Yamaha, de su prueba con el Ferrari de Schumacher, de sus amigos -todos esos que le acompañan-, de la celebración de sus victorias -porque veían que los circuitos eran algo aburridos-, de la peor borrachera de su vida con japoneses... Habla de todo. Hay un capítulo que te pone la piel de gallina. Se trata de la muerte de Daijiro Kato en la carrera de Suzuka (Japón), al impactar su moto contra un muro de protección. Todos los demás pilotos siguieron corriendo. Hubo celebración, pero el ambiente se notaba enrarecido. Valentino opina que a ellos se lo dijeron mucho después, y que nadie pensó en parar la carrera, que hubiera sido lo más correcto. Desde entonces, se creó la Safety Commission, con ciertas normas de seguridad.
"Cuando un piloto deja su propia vida en un circuito, el que sea, como sea, siempre es algo que deja huella en los demás. Da igual la importancia o el nivel que tenga. Porque cuando pasa eso, se va un chico que tenía la misma pasión, que experimentaba la misma felicidad al pilotar una moto de carreras, que soportaba los mismos problemas, que tomaba los mismos riesgos, que aceptaba el mismo estilo de vida, que sentía las mismas emociones".
También habla de cómo son las relaciones con sus compañeros. Con la gran excepción de Biaggi, con el que hubo no sólo enemistad sino una rivalidad abierta que los medios ayudaron a incrementar, Valentino es una persona sociable y suele hablar con todos los pilotos. Se lleva excepcionalmente bien con Loris Capirossi, compatriota suyo, con el que la rivalidad se queda siempre en la pista; fuera de ella, es otra historia. Y por supuesto, es amigo de sus amigos y fiel a su equipo técnico, cuyo director, Jeremy Burgess, le ha seguido desde Honda, y con el que se entiende a la perfección.
Valentino siempre intentó demostrar que el piloto era más importante que la moto, y lo ha demostrado con creces. Con una Yamaha, más atrasada en cuanto a tecnología que la Honda y la Ducati, Valentino consiguió demostrar que las capacidades del piloto, sus habilidades debían conjugarse con la máquina que llevaban, que la moto no hacía todo.
"Cuando él se dio cuenta de lo que pasaba, yo ya estaba ahí, a su lado, por fuera. Y de repente era demasiado tarde para que él reaccionara. Llegamos abajo lado a lado, yo entré primero en la cerrada curva de derechas, y me mantuve delante en la larga de izquierdas que sigue, pasando por meta por delante de él.
Y así es como gané el Gran Premio de Australia de 2001, y me convertí en el nuevo Campeón del Mundo de 500".
Lo más importante es que él persiguió su sueño, un sueño que no sabía lo que le depararía. Y su sueño le convirtió en quien hoy es. Alguien que lucha por algo, con tesón, con competitividad, que siempre busca nuevos retos y cómo superarlos, alguien que ha conseguido mucho y podría conseguir mucho más. Este año ya le toca ganar de nuevo.
Junto al libro, venía un anexo que habla de cómo perdió Valentino el Mundial en 2006. Es como un pequeño diario del día a día durante todo el Campeonato: sus caídas, los fallos de la moto.
Yo creo que todavía tendremos Valentino Rossi para muchos años más. Sí, este año ganará, porque no importa la moto, sino la persona que la lleve.
"Cualquier piloto que lleve una moto de carreras, en un circuito, tiene miedo. No hay excepciones. Entre otras cosas porque en este deporte, o en una actividad de este estilo, el miedo es algo que puede salvarte. Confías en tus propias capacidades, naturalmente, y sobre todo en la suerte, que cualquier piloto espera que esté a su lado. Pero hay que saber usar también el miedo porque puede convertirse en un buen aliado. Es un elemento fundamental para un piloto".
"Pilotar una moto de carreras es algo artístico. Algo que haces porque sientes una atracción irresistible, porque sientes algo dentro. En resumen, hay quien es llamado a pilotar una moto de carreras. Si después llega a ganar el Mundial, es un poco como cuando un cantante consigue escribir una canción de éxito".

No hay comentarios:
Publicar un comentario