Ayer por la mañana lo primero que hice fue ir a renovar mi carné de la Biblioteca de las Conchas, caducado dos años ha (por lo menos). En este tiempo, incluso la manera de renovarlo ha cambiado. En la entrada tuve cachondeo con los porteros. Lo cierto es que ir un viernes de julio por la mañana temprano a una biblioteca es una gozada. Sobre todo porque hay un vacío terrible, porque puedes recorrer las silenciosas galerías en busca de algún libro sin que nadie te moleste.
Pero no encontré apenas nada de lo que andaba buscando: libros de la Historia de Salamanca en los siglos XIV y XV, sobre los bandos y la división de la ciudad en torno a las iglesias de Santo Tomé y de San Benito. Al final, sólo saqué un libro sobre la Edad Media en Salamanca, no sin antes haber ojeado el índice para asegurarme de que se hablaba del tema que yo buscaba.
Lo mejor de todo es cuando entré en la hemeroteca, el único lugar donde había más gente que en el resto de los pisos leyendo los periódicos del día. Y sólo se me ocurrió coger periódicos extranjeros y empaparme sobre lo que se hablaba de España en los mismos. Era curiosidad, nada más.
Tendré que ir más a menudo en las mañanas estivales a Las Conchas...
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