Acabo de escribir una carta. Leo y releo y me pregunto si será políticamente correcto despedirme de esa guisa. Me produce infinita tristeza hacer brotar los aires del adiós con una persona a la que aprecio, empero no soporto. Parece contradictorio, pero no lo es.
Un día te das cuenta de que los sentimientos te desbordan y podrían embarcarte hacia la autodestrucción. Entonces pienso con egoísmo. Le doy la espalda, pero antes me despido de aquel que sólo será un tenue recuerdo entre las brumas del olvido. Le querré siempre como algo incorpóreo cuya semilla se plantó, maduró, floreció y murió en mi corazón.
A quien tanto he querido...
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