viernes, julio 25, 2008

Los sueños de verdad

Todo el mundo sueña; soñamos siempre, con el pasado, con el presente, con el futuro, con cosas posibles e imposibles, con otras personas, con cosas que podemos cumplir y con cosas que están fuera de nuestras expectativas. Soñar es bello porque nos ayuda a conseguir objetivos, ya que cuando nos marcamos un reto es, a la vez, un sueño posible. Luego están los sueños imposibles, los que sabes que son matemáticamente irreales y que jamás se cumplirán.
Soñamos cuando leemos libros, cuando descubrimos otros mundos, cuando vemos películas, cuando nos cuentan historias.
Hay sueños grandes y sueños pequeños. Es importante soñar porque la vida sin los sueños se convierte en monótona y aburrida. Pero no podemos vivir de ellos, a no ser que busquemos la forma de conseguir que se cumplan.
Yo siempre, desde hace unos años tuve dos grandes sueños, viables y posibles. Pueden cumplirse o no. Cuando sea una viejecita podré contar cómo fue, pero ahora no puedo leer en las líneas de la mano o en las estrellas si algún día se cumplirán. Claro que he tenido más sueños, soy una gran soñadora, pero el resto de sueños son muy pequeños en comparación.
Podría asegurar que uno de esos grandes sueños se cumplirá porque es algo que depende de mí, únicamente de mí, hacerlo realidad. Es lo que quiero hacer, lo que seré y en lo que se convertirá mi vida. Es un sueño, pero también un deseo. Estoy segura de que al final alcanzaré esas metas que una vez me propuse.
El otro gran sueño me encantaría que se cumpliera, pero dudo que ocurra, porque no depende sólo de mí, sino de otra persona y de los elementos externos. En estos momentos no me preocupa mucho lo que pueda ocurrir. Si se convirtiera en algo real me convertiría en la persona más feliz sobre la faz de la tierra, si no se cumpliera seguiría el curso de mi vida como si no pasara nada. No se puede tener todo. Porque además estoy segura de que para conseguir uno debo elegir y desechar el otro, aunque me pese.

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