lunes, julio 07, 2008

Incesantes recuerdos

No todos los años por San Fermín me acuerdo de felicitar a Gonzalo, aunque este año no se me haya pasado. "Nos hacemos mayores" -dice. "Nos hacemos mayores" -corroboro. Nos reímos y charlamos sobre la verdadera edad, esa que está en nuestro interior, no la que pone en nuestro DNI. Es cierto, nadie es tan mayor ni tan pequeño si no está en consonancia con lo que dicta el corazón.
Y entonces me pregunta si iré en fiestas. Es la pregunta eterna, pues aparezco cuando menos se me espera y el año pasado no estuve. Al no aparecer por allí, este año tengo más ganas de volver. De repente recuerdo las últimas fiestas y me viene a la mente el rostro de una persona, la misma persona a la que evitaré siempre que esté en mi mano y de la que huiré siempre que pueda. Pero no me perderé las fiestas por él. De dos años a esta parte, muchas cosas han cambiado. Mis ojos ya no miran con el color del cristal de entonces.
¿No es más importante ver a los amigos...? Esos que, como Gonzalo, te preguntan de corazón si vas a ir en agosto. Sí, me apetece reírme con ellos, como me he reído hablando por teléfono hace nada.

Con los años vamos apreciando la importancia de esos amigos de siempre, los que conocemos de toda la vida, lo poco que cuesta llamar el día de su cumpleaños (aunque, como en mi caso, seamos reacios al móvil). Pero es importante hacer esa llamada -aunque la mitad de esos cumpleaños se me olviden-.

Y tú, F., piérdete este verano donde yo no pueda verte. Porque este año iré a fiestas y no quiero que nadie me ennegrezca los momentos que se convertirán en recuerdos. Porque ahora, cuando miro atrás y pienso en las últimas fiestas y acudes a mi mente, siento rabia hacia ti. No podré perdonarte nunca.

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