Cangaceiros: Nombre dado al grupo de bandidos y otros revolucionarios que surgió en Brasil entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Se refugiaron en las áridas regiones de la caatinga brasileña (al oeste) y se les denominó así por el modo de llevar las municiones cruzadas en el pecho, como el cangazo que tiran los bueyes.
Taquaritinga do Norte, 1928. Emília y Luzia son dos hermanas criadas por su tía Sofía, una costurera al servicio del terrateniente de la zona. En una época en que la sociedad está dividida entre un puñado de ricos y un 90% de la población es pobre, dos hermanas crecen libres bajo las alas de su tía costurera, que les enseña a coser y que, gracias a los favores del Coronel, no se morirán de hambre.
En la región de Pernambuco, al oeste de Brasil, la población pobre apoya en secreto a los cangaceiros, el grupo de bandoleros liderados por Antonio Teixeira, popularmente conocido como El Halcón, que roba a los ricos para darles comida a los pobres. Es un grupo de hombres que sobreviven en las áridas tierras de la caatinga, con lo poco que la tierra les da y muchas veces protegidos por la generosidad de las gentes de la zona. Es en este contexto donde El Halcón conoce a las costureras.
Emília, la hermana mayor, sueña con enamorarse de verdad y salir del estado de pobreza en que se encuentra. Quiere viajar a la ciudad, a Recife, pero ni siquiera tiene dinero suficiente para ir hasta allí. Quiere ser rica, pero desconoce el modo de ascender socialmente. Y luego la retiene su hermana Luzia, a la que siente que debe proteger.
Luzia tuvo un accidente de pequeña: se cayó de un árbol, y desde entonces se quedó lisiada de un brazo. De la manera más cruel, en todo Taquaritinga se le apoda Gramola, mote que ella odia especialmente. Sólo confía en su hermana. Es terca y, como tal, aprende a hacer las cosas más difíciles a pesar de tener un brazo torcido. Es por ello que es una magnífica costurera.
Cuando El Halcón y sus hombres aparecen en el pueblo, se encaprichan de trajes nuevos y serán las dos sobrinas y tía Sofía quienes sean las encargadas de coser los uniformes en un tiempo récord. El Halcón tiene una revelación y se lleva consigo a Luzia, porque cree que esta joven le va a dar suerte. Ella cree que, como El Halcón se está quedando sin visión de un ojo, ella será en principio un amuleto, para convertirse después en los ojos del líder del grupo. Ella elige marcharse con ellos, ni siquiera es obligada. Pasan los años y Luzia es aceptada por los cangaceiros, a la vez que descubre que está enamorándose del líder. Él tampoco la deja atrás, hasta que llegue el momento en que decidan casarse.
Emília no supo cómo afrontar la pérdida de su hermana y el vacío que su tía Sofía le dejó poco después al morir. Empezó a vivir de la caridad del Coronel y su esposa, cuando su hijo Felipe trajo a un amigo a su casa, Degas Coelho, con el que Emília contrajo una profunda amistad. Antes de marcharse él le pidió matrimonio: ella necesitaba salir de la pobreza y él necesitaba ocultar su condición de homosexual. Así que Emília se traslada con su flamante marido hasta Recife, donde le enseñan los protocolos sociales en una casa con criados. Pero todos en Recife la consideran una campesina; ella comienza a ser respetada cuando pone de moda nuevos vestuarios entre las mujeres que crea ella misma.
Mientras, en la caatinga, su hermana Luzia sobrevive al tercer embarazo. Ya había perdido dos bebés, pero el tercero parecía que iba a nacer. Se queda viuda cuando uno de los hombres del Halcón se rebela contra su líder y le asesina. Luzia se convierte en madre y líder del grupo, se debe mantener fuerte como un hombre y debe cometer crueldades para que sus hombres la respeten. Vuelven a casa del doctor Eronildes, un médico retirado que ya había salvado la vida de Antonio una vez, y que asistirá el embarazo de Luzia. Ésta hace prometer al doctor y a su criada que no le enseñen al niño, porque no quiere que se críe como un cangaceiro, quiere que se lo entregue a Emília Coelho. También pide que le pongan al bebé el nombre de Expedito.
Emília recoge al niño y lo cuida como si fuera su propio hijo. Mientras, su marido comprende de quién es ese bebé y chantajea a Emília, mientras él acude a sus escarceos amorosos con otros hombres. El suegro de Emília, un frenólogo dedicado a medir cabezas humanas, aspira a conseguir las cabezas del Halcón y la Costurera para ver cómo es el cerebro de los delincuentes.
Emília deja que los periodistas la retraten en sociedad, junto con el niño, porque sabe que su hermana lee los periódicos. Entonces su marido descubre que los únicos trenes que no son atacados por los cangaceiros son los que llevan la ropa de su esposa para vestir a los pobres. Así es como tiene la idea de enviar armas escondidas.
Eronildes, buscando el favor del presidente Celestino Gomes, tiende una emboscada a las hermanas: invita a ir a Emília para un encuentro con su hermana, pero Emília le envía un objeto de prueba que sólo Luzia puede entender: la cinta métrica está cambiada en la numeración, lo que quiere decir que quien la lleva es un traidor. Sin embargo, Luzia, pese a la advertencia, va a la cita, donde es asesinada junto a sus cangaceiros, gracias a las nuevas metralletas que han repartido entre los soldados.
Emília se queda viuda, cuando su marido tiene un accidente de coche. Tras la muerte de su marido y de su hermana, decide llegada la hora de partir con su dinero ahorrado y con Expedito hacia Nueva York, donde abrirá una tienda de ropa junto a su mejor amiga, que la espera allí.