lunes, diciembre 04, 2006

Una comarca cargada de leyenda: Las Hurdes


Entre las provincias de Cáceres y Salamanca existe un rincón donde no transcurre el tiempo, un lugar misterioso, cargado de leyendas demoníacas y terroríficas, alimentadas de boca en boca a través de los siglos por las gentes de la región, aisladas durante tanto tiempo de la civilización, tanto que su nivel de superstición era elevadísimo. ¿Qué fenómenos extraños ocurrieron en esta comarca para que esta gente viva en una especie de burbuja, cerrando su mente hacia todo lo extraño?
En aquella tierra no se desea recordar un pasado marcado por toda clase de lacras, reales o ficticias: analfabetismo, salvajismo, pobreza, paludismo, tuberculosis, alcoholismo, histeria, incesto, poligamia, sodomía, tifus, viruela, sífilis, bocio...
Jurdano aquejado de la enfermedad de bocio (cuello)

Hace ya mucho tiempo que allí dejó de producirse el retroceso genético debido a la consanguinidad, el aislamiento y la endogamia. El aspecto físico de sus habitantes era peculiar: cuerpos deformes, cabezas grandes y piernas arqueadas, edemas y artrosis visibles todavía hoy. Todo esto les llevó a tomar una malintencionada fama de monstruos.
Según las leyendas, los jurdanos (habitantes de Las Jurdes, que más tarde derivó en Hurdes) eran una raza singular, descendiente de las antiguas guarniciones romanas; unos espantajos que caminaban desnudos o en harapos, ocultándose en la espesura de los bosques que inundan la región.

En los tiempos que corren Las Hurdes se han liberado del peso de sus historias. Hoy en día constituyen un lugar romántico, forman parte del viaje idílico de quien busque paz y naturaleza. Los habitantes tienen que amoldarse a las exigencias de su tiempo, y ya no están aislados ni olvidados. La leyenda se deja atrás para dar paso a las máquinas más sofisticadas del progreso del hombre y, con ello, a la apertura de una sociedad menos cerrada de la de siglos pasados.
Ya nadie habla de que le ha tocado en herencia el olivo familiar, plantado en un diminuto bancal en la ladera del monte, que le servirá para sacar unas pocas aceitunas. Ya nadie se echa las manos al vientre en un gesto típico de dolor agudo, conocido como "el mal de Las Hurdes", que no es otra cosa que esa enfermedad llamada hambre.
En los municipios y pedanías hurdanas (Las Mestas, Riomalo de Arriba, La Fragosa, El Gasco, Ladrillar, Casares de Las Hurdes, Nuñomoral, Caminomorisco, Pinofranqueado) hay centros de salud, bibliotecas, tiendas de alimentación, bares, restaurantes, hoteles.

Fenómenos extraños

A principios del siglo XX los habitantes jurdanos estaban aterrorizados por la aparición de un extraño ser que iba acompañado por una especie de chispas que "atacaban" sobre todo a niños, que encontraron la muerte poco después de ese "ataque". Esta especie de enano ensombreció las cerradas mentes de los habitantes de la zona, que colmaron la historia de supersticiones en torno al diablo. Esto también les conviertió en unos devotos natos, ya que al pensar que ese extraño ser era el mismísimo demonio, la única manera que tenían de defenderse de él era rezar.

Poco después la leyenda cobra vida. Momentáneamente el extraño ser desaparece, pero en su lugar empiezan a encontrarse con unas bolas de luz en cualquier rincón de la región, unas "luminarias" que atacaban a todo vecino que estuviera cerca. Así es como murieron varias personas, que pecaron de valentía y fortaleza y en el enfrentamiento sólo se dirigían al encuentro de su muerte. Todavía hoy viven ancianos que recuerdan esa especie de bolas de fuego que tanto les aterrorizó cuando eran niños. Y una vez más, la oración fue su salvación.

Estos son dos ejemplos de fenómenos misteriosos que, según cuentan las actas, las defunciones ("muertes por causas desconocidas") e incluso los propios jurdanos, acontecieron cuando todavía era una comarca aislada y retrógrada.

Leyendas

En las inmediaciones del Pico Cordón están los petroglifos* del Valle del Cordoncino y el de La Pedriza. En el corazón de este lugar hay una piedra escrita con letras que no se entienden.
Son estos parajes enclaves telúricos, en cuyas entrañas se esconden fulgentes tesoros.
Al viajero le narran que en el Lombu del moru, dentro del rozu (espacio destinado a la siembra de cereales) se encontró cierto paisano de Aceitunilla mucho oro y mucha plata. Todo fue porque soñó tres veces seguidas con tal lugar. Dicen que "adonde apunta el moro está el tesoro".
[(*) Petroglifo: Grabado sobre roca obtenido por descascarillado o percusión, propio de pueblos prehistóricos.]



Los jurdanos cuentan que las manchas de la luna se deben a:
- Que los judíos aprovechaban el momento en que la luna estaba dormida para tirarle piedras; por eso a la luna le salen moratones, que son las manchas.
- Que la luna tiene manchas rojas, está enrojecida. Eso viene a decir que una mujer está a punto de dar a luz.
- Cuando la luna está entera y tiene manchas oscuras es señal de que van a salir los lobos.
- Que había una vez un hombre muy mentiroso y un día dijo: "Si es mentira lo que digo que me trague la luna". Y entonces la luna se lo tragó a él y al burro en el que iba montado. Por eso, desde aquel preciso momento, la luna presenta unas manchas semejantes a un burro y a un hombre.
- Que una vez estaban unos mozos tumbados y decidieron escupir a la luna. Por eso le salieron las manchas que tiene. La luna les castigó con la noche y los mozos se volvieron negros. Dice un refrán que "el que al cielo va escupiendo, babas irá recibiendo".

Sobre las manchas del sol los habitantes de Las Hurdes dicen lo siguiente:
- Que un año se cruzó el sol con la luna, y como la luna tiene más fuerza, porque es capaz de adormilar al sol y quitarle la luz, el sol se quedó negro, y de aquí le vienen las manchas que tiene.
- Que el sol enfermó un día de algo semejante a la varicela y por eso tiene esas manchas.
- Que si el sol se sombrea de rojo es señal de que va a hacer mucho aire.
- Que cuando se levantan los remolinos y huracanes llegan hasta el sol, y el polvo se le pega. De aquí le viene lo de las manchas.

En la Ermita de la Cruz Bendita, en el municipio de Casar de Palomero, en una misa votiva antes de una batida de lobos, un gamo al que perseguía una manada de lobos cruzó por el santuario en el momento de la consagración. Se escapó y el cura dijo que si él fuera lobo vería el gamo. Entonces se convirtió en lobo y salió corriendo tras él.
Y hasta que no lo cace y encuentre a otro cura diciendo misa no dejará de ser lobo.

Apareció como por arte de magia una flor en la tumba de una mujer. En un principio quienes la vieron no le dieron mayor importancia. Un testigo contó que había visto el nacimiento de esta flor: Inicialmente sólo se veía el tallo verde, a los pocos días aparecieron cuatro o cinco hojas.
Familiares y vecinos que conocían a la difunta la recuerdan con cierta emoción ya que aseguran que la señora era una persona alegre, a pesar de haber padecido tuberculosis durante dieciséis años, el mismo número de hojas que actualmente tiene la flor.
Tanto las autoridades como el cura del pueblo se muestran cautos y no quieren formularse sobre el suceso.
Una vez corrió la noticia muchas personas se dirigieron en peregrinación al cementerio con el objeto de ver y tocar la flor.
Tal vez con ironía el testigo se expresa acerca de la flor añadiendo una pequeña anécdota: "Un señor tocó la flor. Al día siguiente se le hincharon los pies, sorprendiéndose sobremanera pues él no padece ninguna enfermedad que le afecte a la circulación sanguínea".
El director del Jardín Botánico de Madrid cree que la semilla de esa flor ha sido llevada hasta el nicho donde creció.


Sobre San Antonio hay varias leyendas. Es como si se tratara de un guía que ayuda a los vecinos extraviados por los caminos y montes de la comarca.
Dicen que se perdió un niño y lo estaba buscando todo el mundo sin éxito. Cuando apareció le preguntaron: "¿Con quién has estado?". Y como su madre le tenía puesto el responso a San Antonio, el muchacho dijo: Pues con San Antonio Bendito, que me estuvo cuidando, y cuando un lobo me fue a morder, San Antonio le pegó en los dientes y el lobo se fue.
Una vez se perdió una señora de El Cerezal y le echaron el responso. Estuvo toda la noche por el monte, y luego, cuando apareció, contó que San Antonio Bendito había estado a su lado toda la noche y que con la vara que llevaba la detenía cuando quería cruzar el río para que no se cayera al agua.
Un día se perdieron unas muchachas por la tarde (una de ellas todavía vive). La gente las estaba esperando, porque ya estaba oscureciendo. Así que empezaron a tocar las campanas para que la gente saliera a buscarlas. Las estuvieron buscando toda la noche, pero no las encontraron. Al llegar el alba, las encontraron durmiendo en la casa de un familiar, en el término de Palomera. La gente les preguntó que si no habían tenido miedo por estar toda la noche fuera. Ellas respondieron que no porque había estado con ellas toda la noche un hombre con un perro. Entonces la gente cayó en la cuenta de que el hombre era San Antonio, ya que le habían echado el responso por la tarde.


Un hombre andaba haciendo carbón en la sierra de El Gasco. Entonces se le apareció un moro que le dijo: "¿Quieres hacerte rico?".
El hombre le dijo que sí. Entonces el moro le condujo hasta la Cueva de la Huesera, que está al pie del Chorro. El moro sacó un pan de la bandolera y le dijo al hombre:
-"Cógelo pero no lo comas hasta la mañana de San Juan, que esa mañana te llevará hasta mí antes de venir el día, y me has de enseñar el pan sin que le falte migaja; yo te haré rico y te daré una botella con agua del Chorro, cogida la mañana de San Juan para que no te duelan nunca más las muelas".
El hombre bailaba de puro contento, pero un día sus hijos, que tenían mucha hambre, le pidieron un poco de pan. El hombre no tuvo otra alternativa que darles un trozo del pan que le había dado el moro.
Cuando llegó la mañana de San Juan el hombre se presentó al moro y le dio el pan. El moro, viendo que le faltaba un trozo, le dijo:
-"No has cumplido lo acordado, porque al pan le falta un trozo. Adiós riquezas. Ese pan era la mora que estaba encantada en la Cueva de la Huesera y vosotros el trozo que habéis comido es una pierna. Así que la mora se ha quedado coja y no puede salir del desencanto. Otros cien años que seguirá la mora en la cueva".


Un pastor jurdano andaba apacentando su ganado en el monte. En su deambular se acercó a una cueva. ¡Cuál fue su sorpresa cuando observó que una mora tenía colocada una tienda de baratijas a la puerta de la gruta! La mora le invitó a acercarse, preguntándole eligiera algo de entre todo lo que tenía delante. El pastor optó por las tijeras. Entonces la mora montó en cólera y gruñó desaforada: "¡Serán para cortarte la lengua!".
El pastor salió huyendo, pero la mora le alcanzó y le cortó la lengua. El pastór regresó a su majada y mediante gestos narró lo que le había ocurrido. Los viejos pastores le dijeron que aquella era una mora encantada, que guardaba fantásticos tesoros en su cueva y que para desencantarla había que pedirle la mano.
Ladrillar

En el valle del río Ladrillar, junto al pueblo de Ladrillar, la leyenda varía algo:
Las Jáncanas* suelen salir cada cien años. En Ladrillar, una vez se le apareció a un hombre una Jáncana encantada que tenía forma de culebra. La Jáncana tenía puesta una tienda, y le pidió al hombre que la desencantara. Para ello, el hombre debería permitir que la culebra se enroscase tres veces alrededor de su cuerpo. Cuando estuviera bien enroscada, el hombre le escupiría tres veces. En ese mismo instante, la Jáncana le haría la pregunta del ritual. Dicho y hecho.
Cuando la Jáncana le preguntó "¿Qué es lo que quieres de mis cosas?", el hombre respondió: "Las tijeras." Entonces, la Jáncana se enfureció y se lanzó detrás del hombre, con las tijeras en la mano, con el objetivo de matarle. Iba gritando por los montes: "¡Desgraciado, que otros cien años a vivir bajo tierra me has condenado! ¿Por qué no dijiste que de todas las alhajas de la cueva a mí la primera?".
El hombre escapó, librándose de una muerte segura.
[(*) Estas Jáncanas o Juáncanas son seres mitológicos que tienen apariencia de mujer y habitan en las cuevas. Su rasgo principal es que tan sólo tienen un ojo en la frente, lo cual las emparenta con los cíclopes legendarios, con el "Ojancano" de Cantabria y con las "Janas" de la isla de Cerdeña.]


Un rico propietario poseía una hermosa vaca, pero un día comprobó que su animal presentaba la ubre escuálida y seca, cuando fechas atrás sus tetas habían sido todo un símbolo de la abundancia. Intentó buscar las razones de aquella anormalidad y optó por vigilar la vaca. Tras una paciente pesquisa, observó que, cada atardecer, una gigantesca serpiente reptaba por los riscales y sigilosamente se acercaba hasta el tranquilo animal, y trepando por sus patas, le mamaba con avidez.
El asustado vaquero, incapaz de enfrentarse a la monstruosa culebra, tubo que urgir una treta. Fabricó un ungüento, cuyo ingrediente principal era la pólvora, y con él restregó toda la ubre de la vaca. Volvió la serpiente como cada jornada a la cata de su preciado líquido y lo engulló ávidamente como era su costumbre. Con la leche tragó el ungüento. El efecto de la pócima no se hizo esperar. Al instante el reptil se hinchó como si fuera una pelota, siendo incapaz la piel de sujetar la presión de sus entrañas. La gigante culebra explotó, voló por los aires, formándose la más negra nube que conocieron los siglos, que descargó un aguacero que arrastró hasta las profundidades de la tierra una parte de la ladera del valle del Malvellido. La impresionante tormenta configuró un socavón que aún hoy se puede contemplar.


También corren historias y leyendas sobre las andanzas de los lobos. Todavía quedan en la memoria de aquellos tramperos y loberos las semanas enteras en el monte, aguardando al bicho. Destacó, entre finales del siglo XIX y principios del siglo pasado, el alimañero hurdano Juan Bravo, de la aldea de Las Mestas. Se decía de él que reconocía perfectamente el lenguaje de los lobos. Robaba los lobatos de los cubiles y acuchillaba a sus madres. Luego, con la piel de los lobos adultos, y encerrados en una jaula los lobeznos, recorría numerosos pueblos, solicitando la recompensa de las gentes por haberles librado del bicho malo. Parece ser cierto que Juan Bravo eliminó a lo largo de su vida a más de 218 lobos.

Cuenta la leyenda conocida como La Trinchera los amores entre un caíd* moro del castillo de La Palomera y la hija del adelantado cristiano de Granadilla. Esta mocita, de buen ver y lindas facciones, pidió al moro, a cambio de su amor, que hiciese un gran canal, capaz de conducir las aguas desde la Fuente de la Espigadora a Granadilla. Cuando la cristiana vio que las obras iban finalizando se arrojó por las murallas de Granadilla, pues en realidad no deseaba contraer nupcias con el moro.
[(*) Caíd: En el antiguo reino de Argel y otros países musulmanes, especie de juez o gobernador.]

Nuestra Señora de la Encina hace referencia a ese mundo misterioso de las vírgenes que se encuentran enterradas bajo las raíces de determinados árboles o que se aparecen a los pastores sobre las copas de otros árboles que fueron sagrados en ciertas culturas cristianas.

Quizás sea un lugar especial, además de mágico y misterioso, y sería satisfactorio escuchar las historias directamente de la boca de los habitantes de Las Hurdes, sin duda un lugar magnífico, que, después de tanto tiempo, sigue destilando ese aroma natural, no corrupto aún por las manos del hombre. Pocos sitios así quedan, sería conveniente conservarlos, así como recordar de vez en cuando esas leyendas y anécdotas que una vez acontecieron allí, o quizás no. Nunca lo sabremos. Siempre es bonito soñar con que pudieron haber ocurrido realmente.

La música en el cine


La primera vez que escuché ese anuncio sabía que la música provenía de “Gladiator”. Mi cerebro relacionó inconscientemente la música con el momento exacto en que se escucha esa melodía, uno de los mejores momentos cinematográficos de todos los tiempos:

Soy Máximo Décimo Meridio, capitán de las tropas del norte, leal servidor del verdadero emperador Marco Aurelio, esposo de una esposa asesinada, padre de un hijo asesinado y juro que me vengaré en esta vida o en la otra.

Hasta que no descubrí qué melodía era y verifiqué que no estaba equivocada en cuanto a la película no paré.
Hay canciones que enseguida asociamos a una película u otra, pero en otras es muy complicado. Sabes que la música pertenece a un momento del cine, pero no caes en cuál es en ese momento. Y no me refiero a canciones que tenemos harto oídas, como las de “9 Semanas y Media”, “Ghost”, “Braveheart”... música con la que es muy fácil quedarse, simplemente con un poco de memoria fotográfica o con un poco de oído. Estoy segura de que mucha gente, cuando escucha alguna nota de una banda sonora cuya película ha visto, no tarda en relacionarla no sólo con la película sino con el fotograma exacto donde se escucha esa música.

He estado haciendo la prueba con varias melodías, artistas y películas, y a no ser que te sepas una película de memoria o que la canción haya estado en el top 1 de canciones más escuchadas, lo que más cuesta es determinar de qué película se trata. El autor es fácil, sobre todo por la voz, otra cosa es cuando la melodía es simplemente instrumental.

Pongo unos ejemplos, primero las canciones, luego los artistas, después las películas, sin un orden definido. Cualquiera puede asociar. Tenía un compact disk de bandas sonoras sin decir la película a la que pertenecen. Algunas he tenido que buscarlas.

Canciones:
We don´t need another hero - My heart will go on - Up where we belong - Lady Marmalade - Out of reach - Streets of Philadelphia - What a feeling - Eye of the tiger - My breath away - Love is all around

Autores:
Berlin - Bruce Springsteen - Celine Dyon - Gabrielle - Irene Cara - Joe Cocker - Labelle - Survivor - Tina Turner - Wet Wet Wet

Películas:
Moulin Rouge - Oficial y Caballero - Rocky III - Mad Max 3 - Philadelphia - Flashdance - Top Gun - Cuatro Bodas y un funeral - El diario de Bridget Jones - Titanic

Como colofón dejo la música de “El último mohicano”, una de mis preferidas. Es tan extenso este tema de la música del cine que es relativamente fácil "olvidarse" de melodías y canciones que alguna vez nos hicieron estremecer entre las butacas a oscuras de la gran pantalla. Sólo me he limitado a recoger unos ejemplos, pues es casi imposible abarcar todo este mundo en tan sólo cuatro párrafos.

domingo, diciembre 03, 2006

"Click"

¿Qué ocurriría si te regalaran un mando a distancia para dirigir tu vida, donde pudieras rebobinar momentos pasados y futuros, pero sin poder volver atrás? ¿Qué pasa si de repente te encuentras con que pasa el tiempo porque ya no diriges (el mando de) tu vida sino que ella te dirige a ti, sin dejarte ver claramente cuáles son las prioridades? ¿Qué pensarías si alguien puede ver en lo que se puede convertir su vida de seguir por el camino que va y sabiendo que puede cambiarla? ¿Y si te dan una segunda oportunidad?

Michael Newman (Adam Sandler) es un arquitecto que se preocupa más de su trabajo que de su familia. El poco tiempo libre que le queda lo dedica a futuros proyectos con miras hacia el máximo cargo de su empresa. Su carácter se vuelve irritable sin pensar en las consecuencias, en que puede herir los sentimientos de los suyos.
Un día sale enfadado en busca de un mando universal, para controlar su mundo con un solo "click". Y así conoce a Morty (Christopher Walken), que le regalará el mando de su vida, advirtiéndole que admite devolución. Y así es como, a veces juntos, a veces Michael solo, se desplazan a momentos que realmente no habrá disfrutado (ni vivido). Y cada vez que pasa para adelante el mando pasará hacia adelante automáticamente. Es decir, es un mando único, porque no sólo puede controlar los aparatos y electrodomésticos, sino que también puede controlar a las personas, sin darse cuenta que su vida está pasando también a cámara rápida, sin oportunidad de volver atrás y vivirla de nuevo. Cuando pierde a su padre y no puede volver a revivirlo o cuando su mujer se casa con otro, entonces se da cuenta de hasta qué punto tenía abandonada a la familia.
Pero hay quienes se merecen una segunda oportunidad y Michael es uno de ellos.

Emotividad alta. Sería raro que no llorara con una película así.

Época de castañas


Es inconfundible el olor en cualquier rincón de la ciudad... el olor a castaña asada. Es un olor que penetra dentro de ti y se incrusta en tu interior durante un momento. Es el olor del otoño, junto a la lluvia y la tierra mojada, inconfundible entre la gente.
En cada rincón un puesto de castañas, posiblemente con gente que disfrute algo más que yo de esos frutos del tiempo. No me gustan las castañas, pero sí su olor, y pasar junto a los castañeros, recibir esa ráfaga de calor momentáneo... Efímero porque sólo en otoño se puede disfrutar de esta imagen de los castañeros al calor del fuego repartiendo cucuruchos llenos de castañas asadas entre la gente, gente que disfruta de ese manjar que hace olvidarse por un momento del frío.

Colón, el cosmopolita


Si la Estatua de la Libertad quiere ponerle los cuernos al Colón de Barcelona, siempre puede hacerlo con el Colón de Salamanca. No es tan alto y tan esbelto como el catalán, más bien es bajito y achaparrado. La única coincidencia con el Colón de Barcelona es que no saben lo que es una brújula y que marcan, por tanto, las direcciones equivocadas. El de Barcelona señala al mar Mediterráneo, pero como la Tierra es redonda, como bien creía el famoso conquistador, llegaría igualmente a América, o a las Indias Orientales, que es donde en principio quería llegar. Bien, el Colón de Salamanca, ubicado en la plaza que lleva su nombre, señala hacia el Norte, así que éste sí que lo tiene difícil para llegar a América. Igual es mejor casarle con La Sirenita de Copenhague, porque por ese camino difícilmente llegaría donde quería (o donde terminó finalmente).

Instantes fugaces


Encuentros imaginarios
de amores pasados, pero ninguno como el tuyo,
los he formado quietamente en mi mente.
Ni con un salto de emoción podría perderlos.
No más llantos de verano
como estrellas fugaces adheridos a mi piel.
Nunca sabré
si fue demasiado tarde
o demasiado pronto.
Me pierdo entre el bosque
y entre tus besos encantados,
cierro mis ojos,
tal vez llegue pronto.
No puedo seguir esperando.

La nobleza nace en el corazón


La primera vez que vi "El hombre de la máscara de hierro" lloré en varias ocasiones. Hoy también se me encogía el corazón en ciertos momentos, aunque ya no me trago todas las películas de Leonardo di Caprio simplemente por salir en ellas. Hoy aprecio más el reparto de esta película de aquellos que hacen de mosqueteros, el mito creado por Alejandro Dumas, e inmortalizado para siempre bien como leyenda, bien en Hollywood, de tantas y tan dispares maneras.
Jeremy Irons (Aramis), Gerard Depardieu (Porthos), John Malkovich (Athos) y Gabriel Byrne (D´Artagnan) han terminado con sus días de gloria, sus años dorados, y viven retirados del mundo de la realeza, excepto D´Artagnan, convertido en capitán de los mosqueteros. Juntos volverán a reunirse para devolver al reino lo que es suyo, y desvelar un secreto que nadie sabe.
El reparto es cojonudo, todo hay que decirlo.
Siento decirlo pero... D´Artagnan muere. Aunque poco importa, pues es como el ave fénix que renace de sus cenizas, a través de la literatura o el cine, volverá a resurgir de nuevo como el héroe o mito en que se ha convertido con el paso del tiempo.
Hace mucho que me leí Los tres mosqueteros. Pasaron dos años desde que me regalaron el libro, que con una letra diminuta para mi edad y sin haber llegado antes a mis manos un volumen tan extenso no me atrevía nunca a empezarlo. Cuando me consideré preparada para cogerlo habían pasado unos años (tendría 10 años cuando me lo regalaron). Gocé con la lectura. Lo acabé y quise leer la "continuación": Veinte años después, si se puede considerar continuación ese paréntesis de 20 años en la vida de esos cuatro hombres. Lo que sí es cierto es que los protagonistas también son los mosqueteros del rey que conocimos en la primera parte. Todavía no lo he conseguido.
Poco tiempo después llegó a mis manos el que siempre he considerado como mi libro preferido, El Conde de Montecristo, con más de 1000 páginas, me deleité con su lectura. Es, de hecho, el único libro que me leería varias veces (nunca leo un libro más que una sola vez).
Hablo de Alejandro Dumas padre. Su hijo también fue un escritor, aunque mucha gente tiende a equivocarlos. Fue más famoso el padre y de hecho, como autor literario, para mi gusto es mucho mejor. De Alejandro Dumas hijo me leí La Dama de las Camelias y me decepcionó un poco. Quizás es que me esperaba la misma maestría heredada de su padre, pero es algo mediocre en comparación con su progenitor.

sábado, diciembre 02, 2006

Curiosidades que debemos saber


Desde el 1 de enero de 2005 Turquía tiene nueva moneda: la nueva lira turca (Yeni Turk Lirasi), que reemplaza a la antigua lira muy devaluada. Le han quitado 6 ceros.
La nueva moneda de 1 lira se parece de forma espectacular a la moneda de 2 €. Si se comparan las dos monedas se puede ver que tienen el mismo aspecto ( el exterior de níquel que rodea la parte central de cobre ) y son casi del mismo tamaño.
Por el lado de cara, como muchos euros, tiene un retrato (es un Ataturk, como los euros españoles tienen el rey de España, o los italianos a Dante, etc.). La única diferencia es que en lugar del número 2 en el lado de cruz hay un 1. Incluso el 1 que aparece se parece mucho al 1 de la moneda de 1 euro. Esta moneda de lira turca es una imitación muy buena de la moneda de 2 €, pero jurídicamente legal.
El valor de esta moneda es 0,4 € (y en España o en el resto de Europa en realidad no vale nada).
Permite dar el cambio de manera normal en toda la zona del euro dando unos beneficios muy interesantes.
¡Comprobad bien cuando os den el cambio con "monedas de 2 euros" que no os estén dando liras turcas!

A pesar de que va a hacer dos años que las liras turcas están en circulación me he enterado esta noche.

Ahora que te veo marchar


Ahora que te veo marchar
veo la vida como tú.

En blanco y negro soñaré si tú no estás.

He dejado mi vida al caminar

enterrada en algún lugar de esta ciudad.

Aquella rosa muerta en la calle esperando,
mensaje tras mensaje, preparándose a volar,
con la dulzura de un amor que nadie ve.
Deja el orgullo atrás por un instante,

me preparo a estar sola una vez más

con un montón de sueños rotos
y tú dentro de ellos.

Si volviera a nacer


Amaral: Como hablar

Recuerdo la primera vez que escuché aquel "Si volviera a nacer, si empezara de nuevo...". Me llegó demasiado hondo la letra como para pensar qué cambiaría si empezara mi vida de nuevo. En aquel entonces quería cambiar muchas cosas, incluso quería cambiar el mundo. ¡Qué utopía!
La vida me ha enseñado que hay cosas que no se pueden cambiar. Muchos ya antes que nosotros lo intentaron, otros que llegarán en el futuro también querrar cambiar las cosas. Pero todo seguirá igual, algo más evolucionado, eso sí.
Hoy no cambiaría nada. Volvería a hacer exactamente lo mismo que he hecho hasta ahora, teniendo en cuenta que terminaré haciendo mi labor en este mundo, pues lo que está claro es que todos estamos aquí por y para algo. Y cada uno tiene que cumplir con la función que se le asignó ya incluso antes de nacer.
Si volviera a nacer repetiría todo de igual manera que lo hice en el pasado, con sus momentos mágicos, con los instantes tristes, con sus pros y sus contras, con las mismas personas, incluso con los mismos errores y triunfos. No cambiaría nada de mi vida. Un día te das cuenta, además, que hay cosas que no cambian, así como también hay personas que jamás cambiarán, y que seguirán haciendo siempre las mismas cosas, a pesar de que lleguen consigo momentos atroces y terribles, crueles quizás.
Si alguna vez me planteo cambiar algo en mi vida será una decisión que conlleve mucho tiempo. Y está claro que un cambio siempre es para mejor.

viernes, diciembre 01, 2006

Porque la vida es un instante...


Porque la vida son instantes que se cruzan en el tiempo. La locura más brillante puede estar ocurriendo, porque dándole la vuelta al peor de los momentos abriremos nuevas puertas que nos lleven hasta el cielo.

1 de diciembre


¡Cómo pasa el tiempo!
Podría recordar todos los primeros de mes de todo este año, sin necesidad de leer lo que escribí entonces.
Debería haber ido a pagar el alquiler del piso, pero lo he dejado para el lunes. Debo prepararme para sacar el tema que más me afecta y más me jode en estos momentos: mis vecinos del 3º A. El caso es que con el fin de semana en medio es posible que el lunes esté más quemada todavía. Nos quejábamos el año pasado de los vecinos, pero este año es muchísimo peor. No voy a extenderme con este tema. Simplemente por un poco de civismo deberían darse cuenta de que no viven solos. Me dan igual sus fiestas, cosa que aguanto perfectamente, lo que no soporto es que si me voy a la cama me despierten a las 4 de la madrugada porque bajan las escaleras como caballos desbocados y con un volumen de voz bastante alto. En fin, gente que no tiene sentido de la responsabilidad, supongo.
Es uno de diciembre. En un mes estaremos ya en 2007, con los resquicios del atracón de la noche anterior todavía en el cuerpo. Recuerdo muchos principios de año en los que llegaba a casa bien entrada la mañana y recuerdo despertarme a media tarde. Lo peor es el estado físico en que te despiertas. Lo mejor es que guardas para siempre el año que se fue y te abres hacia lo que viene.
Y yo tengo buenos recuerdos, muy buenos, del 2006, así como tengo en la mente cosas que quisiera olvidar y no puedo, pensamientos con los que terminas conviviendo, y que llega un momento que incluso empiezas a sonreír con esos pensamientos. 6 meses de luz, 6 meses de oscuridad. Así se puede resumir el año que acabará dentro de un mes. No quiero concretar. Sólo sé que dentro de un mes cerraré los ojos ante lo que se fue y los abriré mirando hacia el amplio camino que comienza ante mis ojos, con sus baches y obstáculos, pero también con bellos momentos que quedarán grabados a fuego en mi mente y llena de deseos que nadie podrá quitarme jamás.
Y lo demás serán recuerdos. Son tesoros tan valiosos los recuerdos, esos recuerdos que son sólo nuestros. Nadie podrá quitárnoslos jamás.

Los 007


Nunca había visto una película de James Bond hasta hace dos días que me enganché al peliculón, y no creía que terminara de verla hasta el final, pues las películas de espías y de este estilo no me gustan mucho, aparte de que son muy irreales.
Como ahora se ha estrenado la de "Casino Royale" parece que tendremos 007 en la televisión durante una larga temporada. Tengo la vieja de "Casino Royale" aunque no creo que me dé por verla, pudiendo ver otras que me apetecen más.

La de "Muere otro día" me pareció entretenida. Me gustaba el sarcasmo de James Bond. Me horrorizaba ver al coreano de los diamantes en la cara ¿o eran balas?, aunque no era por los diamantes sino por su mirada. El edificio de hielo está bastante logrado.

Alguien para soñar


Hay alguien en mi mente
especialmente para soñar
de él no puedo dejar de pensar
no sé si es cuestión de suerte...

Le miro a lo lejos
y un suspiro brota de mi corazón,
él es mejor que en mis sueños
y ya en el cielo
tiene un lugar asegurado
porque sanó un corazón herido,
un corazón sufrido,
un corazón maltratado,
volvió a la vida a este corazón destrozado...

Hoy... hoy más que nunca digo
que hay alguien en mi mente,
alguien para soñar,
alguien que siempre está presente,
alguien a quien amar...

Tiene la sonrisa de cielo azul
pues da tranquilidad a mi alma,
y a la vez la llena de luz,
a veces, prefiero no verle
pues es tan perfecto
y creo no merecerle
pero estos ojos míos me delatan,
esa mirada suya me atrapa,
me envuelve, me fascina, me mata...

A veces no entiendo
cómo puedo creer que esto es un sueño
si él es tan real
cómo aquel arco iris de invierno
que a mi ventana fue a dar,
no comprendo cómo algo tan hermoso
a mi vida fue a parar,
cómo aquel sueño intenso
hoy es tan real
y en mi vida está,
y sé que él comprenderá
cuando digo que es mi sueño y mi realidad
porque él es alguien no sólo para vivir
si no también alguien para soñar...

jueves, noviembre 30, 2006

Frío


No me gusta el frío, ni me gusta venir con las manos heladas a casa. Me cuesta muchísimo que entren en calor, aunque las tengo siempre frías. Mi padre me las toca y me las frota a veces diciéndome: "Manos frías, corazón caliente".
Últimamente siempre las noto frías al volver de la calle. Aunque este año noto como menos frío que otras veces. Todavía no he sido capaz de sacar los abrigos que otros años en esta temporada hacía tiempo que llevábamos, ni los guantes, ni las bufandas. La calefacción la tengo al mínimo.

Los que no deben tener frío son los de ciencias, que están por ahí, rodeados de locales que les vigilan que no saquen las bebidas a la calle, con sus batas, que antes eran blancas, de todos los colores (anda que cuando tengan que lavarlas...).

Voy a cenar paellita picante. Cada vez que hago paella es más picante, por supuesto, adrede.

miércoles, noviembre 29, 2006

Caminante no hay camino, se hace el camino al andar


¿A qué aspira un peregrino a Santiago cuando se propone cubrir en un plazo relativamente corto de tiempo los más de 760 km. que cruzan España desde Roncesvalles a Santiago? ¿Quizás espera el perdón eterno, busca la fe que jamás encontró en su vida o quizás busca su propio camino?
¿Qué le hace a una persona sacrificar un verano para comenzar una travesía que no sabe si terminará en buen puerto? ¿La fe? Tiene que ser fe. No creo que nadie consiga llegar al final sin ella, y no sólo en lo que se refiere al Camino de Santiago, sino a todos los caminos, físicos y etéreos, que cruzamos a lo largo de nuestra vida. Aquel que viva el camino paso a paso, disfrutando del momento, de los paisajes y de las personas que salgan a su paso, sin querer llegar a la meta antes de tiempo, aquel llegará al final.

Es curioso. Hace mucho tiempo que quería describir las etapas del Camino de Santiago. Nunca lo he hecho y siempre he deseado hacerlo. No lo haría sola, y buscar a alguien de mi círculo que me acompañe es harto difícil pues les veo exclamar con sorpresa: ¡¿caminar hasta Santiago?!
¿Por qué a mí lo que menos me importa son las llagas y ampollas que puedan salirme en los pies, o los dolores, el cansancio, la deshidratación, dormir muchos días sobre el suelo... y a mi gente es lo primero que le viene a la mente? ¿Es posible que no miremos el Camino de la misma manera? No se trata de hacer el Camino, sino de vivirlo. Se lo escuché a un peregrino.

Mucha gente podría preguntarse por qué me llama tanto el Camino de Santiago. Es evidente. Desde que tengo uso de razón he visto pasar por mi pueblo miles y miles de personas que se dirigen hacia Galicia: andando, en bici, en caballo... Por mi pueblo, en La Rioja, pasan a diario miles y miles de personas, en invierno y en verano, de los confines más desconocidos del mundo y de todas las puntas de la península, famosos y desconocidos... Es un ir y venir que no cesa nunca, y cada vez va a más. Cada verano percibes que la horda de peregrinos crece cada vez más. ¿Debo de pensar que la fe crece cada año o que la inmensa mayoría de los que lo hacen cada año simplemente quieren llegar a Santiago como si fuera un viaje más, por el simple hecho de decir que ya lo hicieron una vez? No creo que sea sólo cuestión de fe, ni únicamente de devoción. Posiblemente sea más cuestión de fama. Y eso sí, los que lo hagan con fe seguro que repetirán.
¿Qué tiene este Camino que cada vez atrae a más y más gente de todo el mundo? Algo tendrá. No es el fervor del año 1000, cuando también grupos multitudinarios de fervientes cristianos peregrinaban hacia Compostela, Roma o Jerusalén, no es ese fervor que guiaba a las piadosas gentes del siglo X, desde luego que no es por ese sentimiento común de que en el año 1000 acabaría el mundo.
Tiene que haber algo también atrayente para que tanta gente en el siglo XXI acuda a ponerse de rodillas ante la estatua del Apóstol Santiago.

La verdad es que tantas veces he deseado hablar del Camino de Santiago que nada más que me he puesto a escribir sobre el tema las palabras salían a borbotones. Pero lo que es el camino en sí lo dejaré para otra ocasión. Quiero hacerlo desde aquí -internet es otra manera de viajar-, y algún día lo haré realidad, pues es un deseo que tengo desde hace mucho.
Hoy me he puesto a hablar del peregrinaje a Compostela gracias a un libro de Paulo Coelho que me acabo de terminar. No es ni con mucho uno de sus libros más famosos. No es tan célebre como El Alquimista ni como Brida, ni siquiera es tan extenso como otros, pero se lee tan intensamente como casi todas sus obras, pues llega hondo lo que dice en sus páginas.
En El Peregrino de Compostela (Diario de un mago), Paulo Coelho nos habla del viaje que emprendió hasta España para realizar el Camino de Santiago, un camino particular, donde se ponen sobre la mesa no sólo los resultados de emprender algo sino el esfuerzo que nos llevan a realizarlos de la mejor manera posible. De hecho, lo importante no es llegar a Santiago sino el Camino en sí, terminando de dotar a ese peregrinaje de la espiritualidad y transcendencia que nos llevan a tomar unas decisiones u otras dependiendo de cada momento particular y teniendo en cuenta todas las circunstancias que nos rodean.
Es necesario que saque fuera de contexto párrafos que son para reflexionar.

"El hombre nunca puede cesar de soñar. El sueño es el alimento del alma, como la comida lo es del cuerpo. Muchas veces, en nuestra existencia, vemos nuestros sueños deshechos y nuestros deseos frustrados, pero es necesario continuar soñando, pues de lo contrario nuestra alma muere.
La única manera de salvar nuestros sueños es siendo generosos con nosotros mismos".

"A nadie le gusta pedir mucho a la vida porque tiene miedo a la derrota".

"La Vía Láctea muestra el Camino hasta Compostela. No existe una religión capaz de juntar todas las estrellas, porque si esto sucediera, el Universo se volvería un gigantesco espacio vacío y perdería su razón de existir. Cada estrella, y cada ser humano, tiene sus características especiales. Existen estrellas verdes, amarillas, azules, blancas, existen cometas, meteoros, meteoritos, nebulosas y anillos. Eso que desde abajo parece un montón de puntitos iguales son, en verdad, millones de cosas diferentes esparcidas en un espacio mucho más allá de la comprensión humana".

"Aunque hable el idioma de los hombres y de los ángeles, aunque tenga el don de profetizar y tenga fe para mover montañas, si no tengo amor nada seré".

"Y como no sabemos que el Entusiasmo es una inmensa fuerza, responsable de la victoria final, la dejamos escapar por entre los dedos, sin advertir que estamos dejando escapar también el verdadero sentido de nuestras vidas. Culpamos al mundo por nuestro tedio, por nuestra derrota, y nos olvidamos de que fuimos nosotros mismos los que dejamos escapar esta fuerza arrebatadora que todo lo justifica".

"La única forma de saber cuál es la decisión correcta es sabiendo cuál es la decisión errada. Es examinar el otro camino, sin miedo y sin morbosidad. Después, sólo se trata de tomar la decisión".

"Un hombre que no sabe oír no puede escuchar los consejos que la vida le da a cada instante. Sólo quien escucha el ruido del presente puede tomar la decisión correcta".

"Los hombres que se juzgan sabios son indecisos a la hora de mandar y son rebeldes en la hora de servir. Consideran una vergüenza dar órdenes y una deshonra recibirlas".

"El esfuerzo es saludable e indispensable pero, sin los resultados, no significa nada".

"Alcanzarás tus sueños si descubres primero lo que deseas hacer con ellos".

[Momento de reflexión]

martes, noviembre 28, 2006

Ni siquiera nos damos cuenta


Si camináramos a la mitad de la velocidad de la que andamos normalmente veríamos el doble de cosas que no vemos habitualmente porque el estrés y las prisas no nos dejan verlo. Por eso, a veces conviene que paremos a observar lo que tenemos alrededor.
Cerca de mi casa tengo un museo con unas ventanas espectaculares. Después de varios meses reparé en esas ventanas ayer por la noche, porque un grupo de turistas señalaban hacia arriba, entonces paré y miré yo también a ver qué era lo que tanto les había sorprendido cuando yo nunca había visto nada donde ellos señalaban. Claro que no había visto nada, pues siempre paso por mi calle sin fijarme en la belleza de lo que me rodea.
Sí había observado que mi calle está llena de museos y parques, pero nunca me he detenido más de lo necesario, ni siquiera he entrado en los museos o he estado en los parques más de cuatro veces contadas. Siempre paso velozmente. Así que cualquier día me encuentro sorpresas como la de anoche.

Cuando las notas de la tristeza ajena te alcanzan


Un día te das cuenta de que los silencios son más amplios que otros días y sabes que pasa algo. Podría ser cosa tuya, pero no, en el fondo intuyes que la persona con la que estás hablando está melancólica y quizás nostálgica. Los silencios hablan por sí solos.
¿Y qué haces cuando la otra persona no quiere contarte lo que le pasa por la cabeza? Quizás, tanteando, darle unas palabras de ánimo, a pesar de que te diga que no las necesita.
A propósito de todo esto, hay un anuncio que me pone triste. Es sólo la canción. Esta canción es identificable con la persona que hoy estaba triste.
¿Qué es lo que nos llama la atención de la publicidad? A mí no me llama la atención nada, enseguida cambio de canal, pero esta música... me hizo mirar spot publicitario, que es de la XBox. Es posible que a mucha gente le atraiga el anuncio por esa música.
Se la dedico a esa persona, porque si cierro los ojos veo una flor, sólo una flor en medio de un campo verde y extenso, una flor tan frágil que podría romperse en cualquier momento, tan delicada que me pasaría horas mirando ese milagro de la naturaleza, tantas horas como las que me pasaría escuchando la canción, a pesar de que me produce cierta tristeza.

Michael Andrews feat. Gary Jules: Mad World

lunes, noviembre 27, 2006

"El Perfume"


No podía pasar el fin de semana sin terminar en una butaca de Van Dyck viéndola. Creo que todo el mundo sabe de qué va la película, aunque a mi acompañante se lo he tenido que explicar porque no ha pillado de qué iba la trama. Yo jugaba con ventaja: ya me había leído el libro, de hecho hace mucho tiempo que me lo leí, pero me acordaba perfectamente.
Lo peor de la película es la fantasmada final. Me ha decepcionado ese final tan "orgiástico".
En cuanto a decorados y ambientes, están bastante bien recreados, incluso hay escenas desagradables que a veces te hacen apartar la mirada.
Lo mejor de la película, desde mi punto de vista, son los primeros planos de Jean-Baptiste Grenouille (Ben Whishaw) descubriendo nuevos olores, intentando conocer todas las fragancias del mundo. Es donde mejor se nos transmiten las sensaciones olfativas, quizás donde mejor se conecta con el espectador al hacernos partícipes de ese sentido tan desarrollado del protagonista.
En conclusión, me ha gustado.


domingo, noviembre 26, 2006

Tantos mundos desconocidos ahí fuera...

El libro Yo puta de Isabel Pisano se lee rápidamente, sobre todo si se tiene en cuenta que son testimonios reales los que se cuentan en sus páginas. A modo de entrevistas, la autora nos cuenta el modo de vivir de una prostituta de lujo, de las mujeres que hacen la calle en Montera o incluso la manera de ganarse la vida de estas mujeres en otros países, cómo las mafias recurren a países pobres en busca de adolescentes que llevan a otros países engañadas... Es un sinfín de historias, a cual más escalofriante.
Las que más me llaman la atención, quizás por la impotencia y la rabia de que no se haga nada al respecto, son las "muñecas rotas", niñas que carecen de infancia, cruelmente engañadas por sus padres o padrastros, que abusaron de ellas a la más tierna edad, niñas que deberían estar jugando con sus muñecas en vez de patearse las calles en busca de clientes.
O la de aquella austríaca que se metió en las drogas siendo una niña (10 años) y que fue incitada por un "camello" a prostituirse para conseguir el dinero que necesitaba para su dosis diaria de heroína.
Me ha impactado la historia de las niñas del Amazonas, una población joven (no pasan de los 20 años porque están expuestas a todo tipo de enfermedades) que da placer a los habitantes del Garimbo. Se les llama garimbeiros a los buscadores ilegales de oro, que pagan con una pepita de oro su momento de placer sexual con estas niñas.
Llama la atención aquella mujer, ya mayor, cuyo sarcoma de Kaposi es evidente en la cara. El sarcoma de Kaposi no sabía lo que era y tuve que, aparte de aprenderme el nombre, buscar lo que era: un tumor frecuente en pacientes con SIDA.
Te habla de las mafias que controlan este mercado del sexo en casi todos los países, sobre todo en Italia y en Brasil, del efecto del SIDA sobre todo en aquellas mujeres que son traídas de África o de regiones muy pobres (están desinformadas al respecto y no saben lo que es un preservativo)... En fin, todo un mundo de engaño.
He echado de menos algunos países, como Tailandia, del que no se habla nada, y cuyo nivel de prostitución es bastante más elevado que la media. Ya que la autora pretende hacer un análisis exhaustivo del mundo de la prostitución me extraña que no haya profundizado más en la zona asiática.
En fin, hay testimonios en este libro que ponen la piel de gallina.

La importancia de ese momento


Balada para Adelina

Ayer tuve una conversación interesante sobre el momento, ese instante en que estás con una persona, ese momento que no volverá a nosotros más que en el recuerdo, porque nunca hay dos momentos iguales, parecidos eso sí, pero nunca iguales.
La persona con la que hablaba la conocí hace unos meses por internet. Me decía que le pusiera la web cam y mi respuesta fue negativa (siempre es negativa).
Un día me compré una web cam que casi nadie sabe que tengo porque nunca la uso. Hoy no sé para qué diablos me la compré porque está cogiendo polvo en la estantería. Debería regalársela a alguien.
Y recuerdo que le dije: "Si quieres verme podemos quedar y nos conocemos". Es extraño que salga de mí esta frase para con alguien de internet, pero me salió, quizás sin pensarla.

El instante que estás con alguien no se puede congelar más que en nuestra mente, en nuestros recuerdos. No es como una conversación por internet, o un minuto de web cam. No son esos trozos de tiempo que se pueden revivir más adelante volviendo a leer o a ver ese instante pasado. Pero no es igual que el momento de estar con alguien, de escucharle, de mirarle a los ojos, de cogerle de la mano. Ese momento jamás volverá.

A finales de verano estuve mirando conversaciones del pasado y al final te das cuenta de que no merece la pena volver a recordar ciertos instantes, que quizás es mejor no guardar ciertas cosas, bien porque te producen dolor o porque en tu fuero interno sabes que ya nada volverá a ser como antes. Una conversación por internet está llena de palabras que no significan nada si no van acompañadas de gestos, de la voz, si no puedes mirar a la otra persona a los ojos... y al final caen al vacío.
Ahora llegan a mí esos momentos en que recuerdas una voz, un perfume o una sonrisa. Ni siquiera son necesarias las palabras. Se para el tiempo y no se necesita nada más. Echo de menos esos momentos pero nadie de aquí me los puede dar.

Si he elegido la Balada para Adelina es porque me he acordado de la primera vez que la escuché, de las ágiles manos de una compañera de clase, su examen de 5º de piano era esta canción, y me llegó hondo. Quería que jamás que acabara esa melodía, y por supuesto, no es lo mismo escucharla aquí que revivir ese momento en un salón de actos lleno de alumnos donde la escuché por primera vez ante el silencio más absoluto interrumpido por la armonía de notas que salían del piano.

sábado, noviembre 25, 2006

Pasta a la carta


Estoy algo harta de comer tanto espaguetti con tomate y carne de todo tipo. Un día no viene mal cambiar. Me encanta probar aquí y allá en la cocina, aunque apenas lo hago. Me gusta cocinar pero no tengo tiempo para hacerlo todos los días. Por lo general, me tiene que apetecer mucho mucho una cosa, como hoy.
Ya los había hecho antes. Siempre que cocino echo de menos una enciclopedia de cocina que tengo en casa, donde empecé a copiar recetas que luego llevaba a la práctica. Y siempre la echo de menos porque me da una receta de un plato y no tengo que comparar. En cambio, cuando busco en google tengo tantas recetas del mismo plato, que no puedo elegir, sino sólo comparar. Y al final termino dándole mi toque y preparando lo que quiero cocinar según lo que yo crea más conveniente.
El caso es que no me gusta cómo cocina mi madre, así que me busco la vida. Nunca me paré delante de un puchero en casa para ver cómo se hacía. Sólo dos cosas aprendí a cocinar allí: paella y cocidos. Quizás es que nunca lo vi necesario hasta que tuve que buscarme la vida. Entonces ya era tarde para pedirle a mi madre que me ayudara.
Me consta que mis hermanos y yo hemos heredado buena mano para cocinar. Nuestra abuela materna cocina demasiado bien y eso ha llegado hasta nosotros. Yo no lo noto, y sobre todo lo noto en mi hermano R., porque es muy sutil cocinando, no sé, con clase, con estilo. Yo en la preparación no tengo ese arte que tiene él aunque reconozco que soy maestra en los sabores y, finalmente, mis platos saben mejor. Y mi hermano también lo sabe, así que como estemos los dos solos en casa, quien termina cocinando soy yo.
Estas navidades iré a ver a mi abuela y le pediré que me enseñe a hacer salsas, sobre todo para guisados. Porque hay algo que echo de menos y es la carne guisada. Y como todas las abuelas me enseñará no sólo salsas para carnes sino también para pescados y me volverá a preguntar: "¿Sigues sin probar el pescado?". Lo mejor de todo es que se sentirá útil y saldremos las dos agradecidas.

Hoy me apetece

Cenar espaguettis a la carbonara y voy a ponerme a hacerlos ahora. Estoy de antojos ^^ Y además me apetece cocinar.

viernes, noviembre 24, 2006

Agua y viento


Lo que más he oido esta tarde a través de la ventana era el silbar del viento, acompañado por gotas de agua que no han parado todavía.
Hacía mucho tiempo que no oía rugir al viento de esta manera. No se cansa. Es horrible salir a la calle.
Al menos no hace frío.

El colegio de monjas


Con 11 años me cambié a un colegio de monjas. No tuve más remedio pues en la escuela de mi pueblo al llegar a cierta edad tenías que ir a un centro donde continuar los estudios pues allí habías llegado al final.

Fue mi primer contacto con monjas, y quizás el más fructífero, pues había allí profesoras a las que cogí cierto cariño. Así me pasó con Felisa, que me daba Ciencias Sociales y Religión, a la que a la cara y delante de toda la clase le canté un "¡Ay qué risa, Sor Felisa!". Ya de joven me dedicaba a componer pareados para las situaciones más caóticas. Recuerdo que en ese momento hablaba de la obligación que teníamos de ir a misa todos los domingos. Y me reí.

Piedad llegó como monja nueva el mismo año que yo ingresé en el colegio. Por eso mismo, a mí y a los otros cinco que habíamos entrado en ese curso nuevos en la misma clase nos trataba especialmente bien, claramente: nos tenía pelota. Aunque yo la apreciaba mucho menos de lo que le hacía creer. Fue mi tutora ese año y en mi último curso allí (para entonces Piedad era directora del colegio, en dos años había conseguido subir al paraíso al que toda religiosa aspiraba). Me dio clases de matemáticas y ahora recuerdo en que en aquel tiempo disfrutaba con las ciencias exactas, seguramente porque Piedad nos inculcaba el amor a las matemáticas. Ojalá todos los profesores de matemáticas fueran como ella... Hoy puedo asegurar que es la mejor profesora de matemáticas que tuve nunca, teniendo en cuenta que las siguientes se limitaban a copiar ejercicios de libros, sin explicación, o con explicación para cerebritos que se sabían la lección casi mejor que la profesora. He visto cómo en mi clase, ya años después, una alumna que contaba con uno de los mejores expedientes de mi colegio, Paz, corregía a la profesora que no tenía ni idea de resolver un problema. Imagino que todo el mundo conoce a alguien así.
A Piedad la llamaban "La Rasca Rasca". Y es que no hay nada más horrible que ver a una monja restregándose con la esquina del pupitre en horas de clase. Al principio era muy espaciado, pero ese tic terminó convirtiéndose en la comidilla del colegio, hasta que le sacaron mote. En el último curso el picor continuaba y se había convertido en descarado. Para mí que en esos dos años las hemorroides le habían crecido demasiado, porque pasarse 60 minutos rascándose delante de 30 alumnos es para pensar que los bajos de la monja estaban habitados por una colonia de bichos a los que les debían molar las horas de matemáticas.
El último año Piedad se había convertido en una persona insoportable. Parece ser que el poder se le había subido a la cabeza. Nunca mejor dicho eso de que "el poder corrompe".

Mi primer año en aquel colegio fue un suplicio. Más que nada porque no conocía a casi nadie, y porque allí todos tenían su grupito, ya que casi todos los alumnos llevaban allí desde los 4 años.
Odiaba las clases de manualidades, porque la monja, cuyo nombre no recuerdo, aunque sí su mote (todas las monjas tenían un apodo cariñoso). "La Cochinillo" le venía que ni pintado por su parecido físico a un cerdo, y más que físico, era su cara. Parecía que tenía un hocico porcino, poseía la mujer unos ojos negros y pequeños y la cara redonda. La odiaba porque dividió la clase en dos sectores que ya están diferenciados incluso antes de nacer: chicos y chicas. Esta mujer pro-facha, además, hacía apología de un machismo intrínseco que se dejaba entrever en nuestra primera actividad manual, que era obligatoria tal y como ella la expuso: las chicas teníamos que hacer punto, pero no una bufanda que podría resultar cosa fácil, ¡no!, un muñeco de punto y luego se tenía que rellenar con nosequé. Los chicos mientras tanto raspaban con punzón aquellos cuadros que estaban tan de moda entonces, que debajo de las líneas grises salía plateado. ¿Por qué esa diferencia? He de apuntillar: sólo una chica terminó el muñeco de punto, y apostaría a que le ayudaron en casa, en cambio todos los chicos terminaron sus cuadros. Y también he de decir que tuve que empezar el muñeco varias veces y que cuando llegaba a mi casa era mi madre la que me cogía la labor y me hacía algo, pero claro, ella no había visto el muñeco. De nada servía lo que me adelantaba mi madre si la monja estaba empeñada en destrozarme el trabajo al día siguiente. La odiaba con toda mi alma, la odié... sólo ese año. Pues después descubrió que mis manos tenían mucha maestría en cualquier trabajo que propusiera (excepto en hacer punto). Bien, aprendí a hacer punto en condiciones hace tres años. Una amiga me enseñó, porque de repente quería hacerme una bufanda larguísima. Y me hice la bufanda.

Recuerdo a Arturo como el profesor-ogro de la gimnasia. Fue ogro en principio, pero ahí también demostré algo que no sabía que tenía hasta entonces: valentía. Tras haber pasado todos el examen del potro con algunas bajas, el último año teníamos que dar la voltereta en el plinto. Sólo los tíos lo hacían con todos los cajones. Las chicas no nos atrevíamos. Y fue su frase la que no sólo me impulsó a mí sino a todas las demás, o quizás al ser una la primera (yo) el resto siguió detrás: "O dais la voltereta en el plinto o tenéis todas un suspenso". Y allí estaba Ana adelantándose hasta ponerse la primera. Y di la voltereta, de hecho, me encantó hacerlo, ya no porque me gustara entonces dar volteretas por aquí y por allá, sino por la sonrisa de beneplácito de Arturo en aquel momento. Creo que le sorprendió mi actitud ese día en gimnasia, por lo general pasiva. Y desde entonces me miró con otros ojos. Fue mérito mío el hecho de que ninguna chica suspendiera gimnasia. Y suspender gimnasia entonces sería como suspender religión o alguna otra "maría".
Acababa de salir de un examen una tarde, y salía con antelación, además de que había sido la primera en terminar (si no recuerdo mal era de lengua y literatura). Así que me quedé en el patio esperando que algún compañero de clase saliera para charlar un rato. Y estaba enfrente del gimnasio, que tenía unos grandes ventanales con barrotes. Allí estaba Arturo con otra clase de alumnos. En medio tenía el plinto. Me reí. Y luego descubrí que eran los de 6º, la clase donde estaba mi hermano. De repente vi a Arturo en la ventana que me llamaba y me decía que entrara al gimnasio. Y entré.
Fue gracioso ver cómo Arturo hablaba en tercera persona de mí, y sobre todo les decía la manera en que había quitado el miedo al aparato que tenían delante. Como nota aparte debo aclarar que ése era el primer día que había sacado el aparato a la clase de mi hermano. Y Arturo aquella tarde me pidió, a pesar de estar en vaqueros, que les hiciera una demostración física para que comprobaran que el plinto no era nada terrible. Y así lo hice. Me aplaudieron, lo recuerdo. Miré a mi hermano que estaba anonadado, y quizás sorprendido. Y luego me contó en casa los comentarios de sus compañeros y lo orgulloso que estaba de mí. Arturo me despidió con un "Gracias". Estoy segura de que lo decía pocas veces.

Cuando llegué a aquel colegio si no te gustaba Madonna no estabas en la onda. Y a todas nos gustaba Madonna, así que teníamos las carpetas llenas de fotos de la cantante, junto a las dedicatorias infantiles que rellenaban las hojas de las carpetas. Realmente dudo que en aquel entonces nos gustara Madonna si entendiéramos lo que decía. Y creo que si las monjas controlaran el inglés (casi todas dominaban el francés, porque la sede principal franciscana estaba en Montpellier) nos prohibirían aquella publicidad de aquella "satánica" a quien el Vaticano no puede ni ver. A pesar de todo, teníamos el inglés obligatorio, de la mano de profesores laicos. Porque bien es sabido que en casi todos los colegios religiosos hay profesores casados y con hijos.
Madonna la había puesto de moda Esther. Tenía dos hermanas mayores y estaba claro de dónde salían las influencias. Y Esther pegó sus gustos musicales a toda la clase. Hoy sé que todas proclamábamos a gritos que adorábamos a la diosa musical (era nuestra diosa y por lo tanto un ejemplo a seguir), pero en secreto escuchábamos a Álex & Cristina, Marta Sánchez, Alejandro Sanz o Sergio Dalma. Claro que si no adorabas a un artista de índole internacional delante de todos estabas condenada al escarnio público. Supongo que ya entonces había censura. O aceptabas lo de la mayoría o si te manifestabas de forma diferente te exponías al rechazo de todos.

Allí hice mis tres primeras mejores amigas: Esther, Tamara y Laura, con las que sigo tratando, supongo que por lo cerca que vivimos, excepto con Tamara que, si no me equivoco mucho, vive en Londres y trabaja de peluquera, a pesar de que tiene varias asignaturas pendientes para acabar Empresariales. De las tres es con quien mejor me llevé, la que más secretos me contó y a la que más secretos conté, la que más confianza me inspiró siempre y en cuya casa pasé más tardes que en la de ninguna otra amiga futura. ¿Razón? En el momento en que mi familia y su familia se enteraron de que íbamos a la misma clase nos inculcaron a convertir nuestra amistad en duradera, como duradera era la amistad entre las dos familias.
Hoy en día me encuentro con su abuela por la calle y siempre me pregunta por todos y cómo me va, y me informa sobre la vida inglesa de Tamara. En pocas palabras: la abuela de Tamara se convirtió en la abuela que todos querían tener, para mí era como otra abuela. Pero la abuela de Tamara no era una abuela como las demás. Para Tamara sus abuelos llenaban los huecos vacíos de su vida. Mientras que los demás teníamos un padre y una madre, Tamara tenía un abuelo y una abuela con roles de padres. También tenía una madre, aunque era una palabra que sonaba lejana, como lejos estaba entonces para mí su madre. Vivía en Asturias y apenas venía a verla. Años después la conocí y era completamente diferente a Tamara.

Está claro que entonces estábamos forjando una personalidad que no termina de asentarse hasta muchos años después de terminar la adolescencia, así que todo lo que nos inculcaban lo absorbíamos por completo, como si fuéramos esponjas. Madonna me empezó a gustar de verdad años después, y todavía me gusta. Me parece una renovadora en el mundo de la música. Y aparte de que ahora entiendo sus canciones. En aquel entonces éramos incapaces de discernir entre lo que nos gustaba y lo que no, simplemente nos guiábamos por los gustos de la mayoría, quizás por miedo al rechazo. Pero llega un día que empiezas a opinar por ti misma y nadie puede imponerte sus ideas porque tienes la suficiente capacidad de diferenciar entre lo que te gusta y lo que no. Cuando eres niño y entras en un mundo donde ya todos se conocen, ya hay grupos hechos, selectos y elitistas, te tienes que amoldar de una manera u otra, con el fin de que te acepten.

Cuando llegué a Marianistas después fue una llegada diferente: allí nadie se conocía, todos éramos nuevos y es más fácil elegir. Aunque no es del todo correcto que diga que yo no conocía a nadie, pues en mi clase había un compañero que también estuvo conmigo en el colegio de monjas: Fernando. Y mientras en el colegio de monjas apenas habíamos hablado, en el colegio de curas teníamos largas conversaciones, tanto que un día, mientras estábamos en el patio con los balones de voleybol ensayando las posiciones de las manos, se puso como mi pareja y me dijo que por qué no éramos novios. Me sorprendió y me alegro de mi negativa entonces. Todavía conservo un oso de peluche que me regaló por mi cumpleaños, pero su actitud fue derivando en unas ideas demasiado negativas para él, incluso para el colegio, y allí los profesores le cogieron tirria: primero fueron sus vaqueros blancos con tirantes, luego sus botas con puntera de acero, luego las interrupciones en todas las clases de historia, sobre todo en el momento en que se hablaba de fascismos, y luego aquella frase que empezó a repetir hasta la saciedad y por lo que se ganó el rechazo de la gran mayoría, profesores y alumnos: "Mis dioses son Franco, Hitler y Mussolini". Cuando me fui nos habíamos distanciado tanto que jamás volvimos a saber el uno del otro. La razón no es otra que reprocharle sus ideas, que decirle mis opiniones en el sentido de: "Hubo una vez en que yo conocí a un Fernando mejor, el Fernando que ahora tengo delante es una persona extraña para mí. No comparto tus ideales, no puedes juzgarme por ello, como yo no puedo juzgarte por lo que pienses. Podemos hablar siempre que aparques tus creencias y no me saques ese tema." Y así empezó la ruptura de nuestra relación. Desde luego que era la persona que mejor le conocía del colegio, y por eso, ante ese cambio radical (supongo que adolescente), muchos profesores vinieron a preguntarme cómo era antes Fernando, que si me contaba cosas y tal. Yo me limitaba a callar, me entristecía ver a mi amigo así, y sólo me sacaron cosas puntuales de los tres años que habíamos pasado en el colegio de monjas, donde bien sabían ellos "apenas habíamos tenido relación". Hace siglos que no veo a Fernando. Era una persona muy inteligente, hijo de políticos, se tenía que atener a continuos cambios de residencia. Estoy segura de que habrá llegado lejos, o que llegará lejos, aunque no con la actitud casi violenta que tenía entonces en el colegio de curas.

Iba a hablar del colegio de monjas y he terminado, como siempre, en el colegio de curas. Y es que los mejores recuerdos de colegios me vienen de este último. ¿Quizás porque me llegué a convertir en líder, o porque mis gustos y creencias eran aceptados, incluso admirados? ¿O simplemente porque me llevaba bien con profesores y alumnos, con internos y externos? No lo sé, quizás es porque al estar interna la formación didáctica era más plena, en el sentido de que no sólo aprendías dentro de las aulas, sino también fuera. O simplemente porque los valores que nos enseñan a respetar en esa época de cambio, llamada adolescencia, son los que mejor se nos quedan grabados. Grabados para siempre.

¿Viernes de cine?


Hoy se estrena en España "El Perfume". Cuando me leí el libro no me llamó especialmente la atención, quizás es que mucha gente me dijo que "era el mejor libro que había leído jamás". Para mí no era así, incluso recuerdo sentirme agobiada en sus páginas. Tampoco es que no me gustara, la historia está tildada de unos tintes de originalidad que llaman bastante la atención.
Hace unos meses una persona a quien aprecio mucho (fijo que lee esto en el momento en que vea la imagen, y ya sabrá que va por él) me habló de la película que ya había sido grabada, pero no sabía cuándo se estrenaría. Y ayer me enteré. A veces viene bien hacer zapping en la tele.
Recuerdo que me encantó el cartel de la película.
Es posible que esta noche vaya a verla. Si tengo que elegir entre una noche de fiesta, alcohol y hombres y una noche tranquila de cine y palomitas, me quedo mejor con la segunda opción.

Un milagro en equilibrio

Personalmente Lucía Etxebarria es una autora que me entusiasma más bien poco, por no decir nada.
El día que terminé de leer Amor, curiosidad, prozac y dudas me prometí a mí misma que jamás un libro suyo volvería a caer en mis manos. Así que a pesar de tener Beatriz y los cuerpos celestes en la estantería de casa (por obra y gracia de una colección del periódico regional) ni se me ocurrió cogerlo.
Si este libro ha terminado en mis manos es porque alguien me lo ha recomendado. La Navidad pasada fue mi madre quien se lo regaló a mi hermano y éste quien me lo metió en la maleta para que me lo leyera. Me dijo que por muy pedante y estúpida que me pareciera la escritora debía darle otra oportunidad y leérmelo.

Mi impresión y tras leer las dedicatorias finales es que es una especie de autobiografía de la escritora, pues en esas páginas es donde te enteras que es madre de una niña, cuya foto expone sin ningún pudor en la portada del libro. Es cierto que a la hora de escribir siempre se dice mucho de la persona que escribe. Me atrevo a asegurar que tal y como la protagonista del libro hace, la autora escribe una carta a su hija recién nacida que termina convirtiéndose en libro.
Hay párrafos que sí que se me han quedado grabados, quizás es que son pequeñas dosis milagrosas, o simplemente identificaciones directas con esos apartados.
Debo reconocer que en principio el libro no me entusiasmaba mucho, pero he de decir que hay un momento en que esa sensación da un giro inmenso, casi al final, cuando las piezas del puzzle empiezan a encajar, quizás empiezas a mirar con otros ojos lo que tienes delante.

No voy a contar más que someramente de qué va. Eva Agulló es una escritora joven que acaba de ser madre. A su hija, a quien ha puesto de nombre Amanda, le escribe la historia de su vida, para que en un futuro sepa quién era su madre y por qué nació, porque su progenitora se dio cuenta de que nunca supo mucho de su madre, que lo poco que sabía de ella era porque terceras personas se lo habían contado, y ya no podrá preguntárselo.

Hay partes del libro que requieren una atención especial, sin duda por lo que vienen a expresar, o quizás porque en este momento tienen una significación mayor que la que podrían tener en otros instantes. Me quedo con uno del final.

"Me gustaría que comprendieras que sólo cuando una decide dejar de ser hija de alguien, hermana de alguien, mujer de alguien, sólo cuando se atreve a mencionar su nombre a solas sin tener que definirlo siempre a partir de una preposición, sólo en ese momento empieza a ser persona por sí misma."

"Syriana"


Tengo que buscar un resumen sobre la película porque me he enterado poco y mal sobre lo que iba. Si Freud me dijera que la definiera en una sola palabra mi respuesta sería rápida y concreta: "Petróleo".
Con un poco de esfuerzo conseguiría describir el marco a través del cual giran todos los personajes, lo que hacen e incluso lo que dicen, si con eso debo imaginarme lo que contaban los árabes en sus largas conversaciones (pues la película estaba sin subtítulos). Así que si un tercio de la película está en árabe sin traducir es posible de que no haya llegado a comprender plenamente ciertas cosas, aunque sí la dosis de antiamericanismo que deja al final, que por supuesto me ha calado hondo, bastante hondo, consiguiendo que me solidarice con los árabes, amos del 90% del petróleo mundial pero sin voz ni voto para controlarlo. Al menos ese es el mensaje que se puede pillar al final: EEUU domina el mundo del petróleo y estás con la primera potencia o no estás. Más claro no lo pueden dejar.

"Syriana" se desarrolla en el marco de intrigas y corrupción de la industria mundial del petróleo. Desde los poderosos intermediarios de Washington a los trabajadores de los yacimientos petrolíferos del Golfo Pérsico, las múltiples tramas de la película se entrelazan para arrojar luz sobre las consecuencias humanas de la cruel búsqueda de poder y riquezas.
La historia transcurre en un país petrolero del Golfo, donde el joven y reformista príncipe Nasir (Alexander Siddig) busca dar un giro a las viejas relaciones comerciales con Estados Unidos. Nasir, el aparente heredero al trono, acaba de garantizar los derechos de perforación de gas natural –que han pertenecido durante mucho tiempo a Connex, un gigante de la energía en Texas– a una empresa china. Esta transacción supone un duro golpe para Connex y los intereses americanos en la región. Killen, una compañía petrolera menor de Texas, propiedad de Jimmy Pope (Chris Cooper), acaba de obtener los derechos de perforación en los codiciados yacimientos de Kazajstán. Esto hace que Killen resulte muy atractiva para Connex, que necesita ahora nuevos territorios para mantener su capacidad de producción. Cuando las dos compañías se fusionan, el trato pendiente atrae la atención del departamento de Justicia, y Sloan Whiting, un poderoso bufete de abogados de Washington, es llamado a investigar.
Bob Barnes (George Clooney) es un veterano agente de la CIA que se aproxima al final de una larga y honorable trayectoria pero le prometen un ascenso tras una última misión secreta: asesinar al príncipe Nasir. Pero cuando uno de sus contactos le abandona y el intento de asesinato fracasa estrepitosamente, la CIA convierte a Bob en su chivo expiatorio. Dean Whiting (Christopher Plummer), director de Sloan Whiting y uno de los hombres más poderosos de todo Washington, intenta deshacer el trato de Nasir con los chinos. Él sabe que el hermano de Nasir, el joven e inexperto príncipe Meshal (Akbar Kurtha), mostrará una disposición más favorable a los intereses comerciales norteamericanos.
En el otro extremo de la escala salarial del país de Nasir, se hallan los trabajadores inmigrantes de los campos de energía, cuyas vidas se ven afectadas de manera drástica por las políticas de la familia real y los caprichos de la industria. Jeques y trabajadores, inspectores del gobierno y espías internacionales, ricos y pobres, famosos e infames... Cada uno representa un pequeño papel en el vasto y complejo sistema que propulsa la industria, y, sin embargo, ninguno de ellos es consciente de la auténtica magnitud del explosivo impacto que tendrán sus vidas en el mundo.

jueves, noviembre 23, 2006

Una mirada que me exaspera


A veces veo unos ojos que me miran fijamente. Es una mirada serena, que denota la máxima tranquilidad. La veo sobre todo formando parte de las peores pesadillas, en los inframundos infernales o en la parte más negra de cualquier cosa que me rodea.
Lo peor es que veo esos ojos cuando menos me lo puedo esperar ni imaginar. Y duele. Duele levantar la cabeza y verlos cómo me miran ¿siniestramente?
Soy incapaz de saber si la mía es una mirada de desprecio o animada, o simplemente si se viste de juez para dictar una pena que jamás se escribirá en un papel, sino en los recovecos más escondidos de mi mente, un juez que está condenado a condenar antes de saber los detalles concretos y más ocultos de la historia.
Es una mirada exasperante, pero no puedo apartar los ojos de ella. Me anima a seguir incluso a sabiendas de que ya no puede decirme nada ni indicarme el camino. Me intenta hablar pero mis oidos están tapiados para ella. Me intenta decir más cosas pero hace tiempo que cerré los ojos para ignorarla. Esos ojos expresan una delicadeza extrema, un dolor incalculable... por eso abren una vieja herida cada vez que aparecen ante mí. Ojalá no los volviera a ver.

miércoles, noviembre 22, 2006

Cuando algo no sale como esperabas


Esperas ansiosamente algo, y sobre todo esperas los mejores resultados, pero cuando ha pasado te das cuenta que no ha salido ni remotamente parecido a como esperabas, incluso sabes que ha salido mal, que el esfuerzo no ha servido para nada. Entonces te entran unas ganas inmensas de tirar la toalla. Debes empezar de cero y no hay ganas. Incluso contienes las lágrimas que pugnan por salir (no arreglarán nada).
Quizás la próxima vez sea mejor. O al menos lo espero.

martes, noviembre 21, 2006

"Un pueblo llamado Dante´s Peak"


Dante´s Peak es considerado uno de los mejores pueblos para vivir. Situado junto a la montaña Santa Elena, todos los habitantes se echan a la calle en son de fiesta, mientras bajo sus pies el volcán que lleva siete años dormido comienza a despertarse.
Llega Harry (Pierce Brosnan), un geógrafo que ha sido enviado por su jefe para investigar la zona tras haber detectado movimientos sísmicos. Y se entrevista con la alcaldesa para pedirle que ponga en alerta al pueblo pues el volcán está a punto de estallar.

Visita sorpresa


Hoy han venido mi padre y mi hermano a Salamanca. Me encanta que vengan pues hace meses que no les veo. Los únicos contactos que tenemos son a través del teléfono. Ya es hora de volver a casa. Así que ahora los adornos navideños que empiezan a decorar todos los rincones de Salamanca parece que están acelerando el tiempo que queda para que llegue la Navidad.
Hoy también me he cruzado con el vecino que todos los fines de semana se dedica a hacer botellones al ritmo de Melendi mientras algún amigo suyo alcoholizado desentona a grito pelado la música del asturiano.
Y terminé de ver toda la primera temporada de "Prison Break". Me quedé con un interrogante infinito que terminará en que no podré resistirme a agenciarme, de alguna forma, la segunda temporada, aunque sea en inglés.

lunes, noviembre 20, 2006

30 de diciembre: ya está liada


Hoy he recibido información sobre el mercado que se va a hacer en mi pueblo el 30 de diciembre, un mercado organizado por el cura (que ni siquiera sé cómo se llama) y donde se ha implicado todo mi pueblo.
En principio me toca hacer de cerera junto a unas amigas. Ni idea de hacerlo, aunque seguro que participaré. No hay nada como actividades de estas para romper con la monotonía de las tardes invernales.
La verdad es que tal y como me lo han contado suena bien, así que habrá que participar, aunque sólo sea por ese ambiente festivo.

Lo que no se dice


Lo más hiriente de todo lo que escuchamos es lo que no se dice.

Quizás aquellas palabras que alguna vez esperamos y nunca llegaron.
O aquellas despedidas donde nadie levantó la mano para decir "adiós".
Quizás aquellas frases de consuelo que nunca llegan cuando deben o siempre llegan tarde.
O aquellos saludos que nunca se dijeron, bien por orgullo, bien por vanidad, bien por soberbia.

Una palabra a tiempo es la mejor garantía de salvar algo que está en la cuerda floja. Y los silencios son el peor aliado en esos momentos de espera. Por eso es necesario buscar a alguien que pueda hacer llegar a nosotros el mensaje que necesitamos oír en un determinado momento.

Sin duda, lo más doloroso siempre será lo que quede en el tintero sin pronunciarse jamás.

domingo, noviembre 19, 2006

"Armageddon"

La Biblia llama a este día Armageddon: el fin de todas las cosas.

En tiempos pasados no me hubiera imaginado sentarme en el sofá y ver una película de este estilo, así que pedí opiniones hace unos días y me aconsejaron que la viera.
Tampoco hubiera pensado que una película así iba a desatar mis lágrimas de tal manera.
Y tampoco me imaginaba que iba a ver a un Ben Affleck tan bien como sale aquí.

Un asteroide gigante se dirige hacia la Tierra, cuya colisión producirá la destrucción de nuestro planeta. Desde la NASA urden un plan para acabar con el asteroide antes de que el gran pedrusco acabe con la Humanidad.
Así que buscan a los mejores perforadores del planeta, perforadores petroleros que no se imaginan la misión que tienen que llevar a cabo en el espacio exterior.
Harry (Bruce Willis) es el mejor perforador petrolífero. En su barco tiene al mejor equipo que uno pueda imaginarse, locos sí, pero en ellos deposita su gran confianza. Allí también está su hija Grace (Liv Tyler), enamorada de su mejor hombre, A. J. (Ben Affleck), a quien no le queda más remedio que despedir ante la perspectiva de que este hombre termine casado con su hija.
Harry decide ir al espacio con su grupo de hombres para hacer perforar el asteroide, introducir una bomba que lo destruya y desviar su trayectoria de la Tierra.

"Big Fish"

Algunos peces no se dejan pescar. No es que sean más rápidos o más fuertes que otros, es sólo que han sido como tocados por la gracia.

Como otra película más de Tim Burton, esta también te deja con una infinidad de ideas bailando por tu mente y una pregunta: ¿por qué no? o una moraleja: creer en algo aunque parezca inverosímil. Y como en todas sus historias, la ternura y la delicadeza de los personajes te llegan de tal manera que es posible que una lagrimilla asome en tu rostro.

Will Bloom nunca había creído las historias que su padre le contaba, para él eran mentiras increíbles dotadas de exageraciones y personajes de leyenda irreales. De hecho, su hijo era la única persona que no creía en las palabras de su padre. Para el resto era una persona especial, un gran pez al que el océano se le quedaba pequeño.
Ed Bloom era una persona tan sociable que siempre iba contando la historia de su vida a la gente y a todo el mundo le caía bien. Gracias a ese carisma y a su gran corazón, Ed siempre se convertía en el alma de las fiestas. Sus historias eran en cierto modo difíciles de creer: desde un gran pez que era realmente el alma de un ladrón, un pez que nadie había conseguido pescar, y Ed tuvo la genial idea de poner en el cebo su anillo de compromiso para cazarle; hasta cómo volvió a conseguir su alianza matrimonial con sólo pedírselo; o cómo fue a la casa de la bruja del pantano que tenía un ojo de cristal en el que si mirabas fijamente podías ver cómo te ibas a morir; o cómo habló con Karl, el gigante, y lo sacó de Asthon, pero se marchó con él a la ciudad; de cómo cruzó un bosque encantado llegando a un pueblo que no venía en los mapas, Espectro, donde le quitaron los zapatos para que no pudiera marcharse; o cómo llegaron a un circo donde Karl encontró su destino y Ed vio por primera vez a Sandra Templeton y se paró el mundo; de cómo se quedó trabajando gratis con la gente del circo a cambio de que el jefe, un hombre lobo, le diera información cada final de mes sobre la mujer que le había enamorado a simple vista; o cómo llegó a la ciudad donde estudiaba Sandra y le dedicó su amor románticamente hasta que plantó un jardín de narcisos (su flor preferida) enfrente de su ventana; de cómo para no cumplir tanto tiempo en el ejército se fue a misiones especiales donde unas siamesas japonesas le ayudaron a escapar y todos le daban por muerto... Y así muchas historias más.
La única historia que jamás contó es lo que había visto en el ojo de la bruja. Y un día cae enfermo. Así que después de unos años sin hablarse, padre e hijo se vuelven a reunir de nuevo e intentar hacer las paces. El hijo sigue sin creer la historia, pero sus bases se tambalean en el momento en que llega al cuarto donde su padre guarda todas las cosas de su vida. Y así es como empieza a creer que las historias que su padre contaba no eran tan falsas como él creía.

Miel


Hacía siglos que no tomaba leche con miel. De hecho, hace días que llevo diciendo que antes de dormir debo tomar un vaso, pero siempre me da pereza, y siempre pienso en que cualquiera de estos días pararé de toser. Claro que llevo ya bastantes días tosiendo, de hecho sólo toso. Lo peor del resfriado ya ha pasado, pero la tos es imparable, sobre todo en el momento en que empieza.
Ya hace tiempo que compré un bote de miel para este menester, y ni siquiera había quitado el precinto... hasta hoy. Y no pararé de tomar leche con miel antes de dormir hasta que no se vaya la tos.
De pequeña me comía la miel a cucharadas. Como le gustaba a mi padre y yo intentaba copiarle en todo pues a mí también me gustaba la miel. Me gustaba todo lo que él comía. Así que le empecé a imitar en todo, no sólo en gustos.
Cuando veo el anuncio de un padre y una hija desayunando a la vez mientras están leyendo, de hecho es un anuncio para fomentar la lectura en los pequeños, me veo a mí misma en mi infancia.
Siempre que tomo miel me acuerdo de las primeras veces que la tomaba. Aunque ahora por lo general apenas la prueblo, sólo por necesidad, como ahora.

"Quédate a mi lado"


Un hombre, dos mujeres, dos niños. Una larga enfermedad y la muerte acechando.
Luke (Ed Harris) y Jackie (Susan Sarandon) llevan divorciados varios años. Los dos intentan rehacer su vida de la mejor manera posible. Y sobre todo siguen siendo amigos.
Luke vive con su novia, Isabelle (Julia Roberts), con la que tiene intención de casarse. Sus hijos odian a su madrastra gracias a las ideas negativas que su madre les mete en la cabeza, aunque Isabelle intenta hacer lo imposible por ganárselos, incluso elegirlos a ellos por encima de un trabajo al que antes dedicaba toda su vida: la fotografía.
Un día diagnostican a Jackie un cáncer linfático que no tiene cura. Ante su inminente final, termina haciendo las paces con Isabelle, con su marido e incluso convence a sus hijos de que deben ver la parte positiva de la persona que formará parte de su futuro cuando ella se vaya.

No he podido evitarlo. He llorado.

Tu recuerdo


Lo sé... tu recuerdo no
debería vivir aún.
Pero sigue presente
y duele tanto, tan profundamente
que el alma que era mía
huyó en tu búsqueda.
El dolor nunca acaba
de día, de noche
de todas las horas de todos los minutos
con sus infames e hirientes segundos.
Camino en busca de paz
y siempre regreso a mi lugar
con las manos vacías, el ánimo cansado,
el sueño extraviado.
Sólo queda refugiarme en tu recuerdo
pendiente de la vaga promesa
que un día me hicieran tus labios:
"Volveré".

sábado, noviembre 18, 2006

Tranquility


Hace unos años colgaba de la pared de enfrente de mi cama un póster que tenía por título "Tranquility". El hecho de despertar cada mañana y que tus ojos se posaran directamente en aquel paisaje me producía ciertamente esa sensación de calma y tranquilidad que era la intención del fotógrafo de la imagen.
Quizás es una calma parecida a la que siento últimamente. He intentado dibujar de algún modo aquel paisaje, pero mis trazos son nerviosos y dan la sensación de todo lo contrario a tranquilidad.
La imagen era un lago al atardecer. Se veían un dique y un árbol en un primer plano. Y en estos momentos me acabo de acordar que al fondo había montañas. Cuando anoche lo dibujaba me olvidé de los picos del fondo.
Tendría que buscar ese póster y volverlo a colgar enfrente de mi cama. Era muy dulce la sensación de despertar y que fuera ese paisaje lo primero que veían tus ojos al comenzar el día.

Esos momentos previos al sueño


Anoche me pasó una cosa muy extraña. Nunca antes me había pasado. Me caía de sueño y me fui a la cama, pero como siempre antes de dormir tenía que leer al menos un poco. La cuestión es que el libro que me estoy leyendo dan más ganas de dormir de lo que podía imaginarme. La autora es Lucía Etxebarría y todavía dudo que llegue al final, pues esa especie de "monólogo" sobre la mujer liberada a cargo de un bebé, sola e independiente, que tiene que sobrevivir en un mundo hostil resulta demasiado aburrido. Ni siquiera he llegado a las 100 páginas, y hace bastante tiempo que lo empecé. En resumen: me resulta un coñazo.
Cuando tras varios párrafos se me cerraron los ojos aún tuve fuerzas para apagar la luz. Lo extraño viene ahora. Estaba cayendo en el sopor anterior al sueño, y era consciente de ello. De repente abrí los ojos y me dio la sensación de que había una sombra en mi habitación, una sombra que se perfilaba a la luz de una vela (no tengo velas en casa, y si alguna hay está de adorno, pero ni siquiera las enciendo). La sombra se metió en mi cama y me rodeó con los brazos. Yo sentía la presión, pero no tenía fuerzas para defenderme. Los miembros no me respondían. Se veía tan real que me entró pánico, un temor indescifrable. Y no quería quedarme dormida.
Estuve luchando contra el sueño durante un rato. Quería comprobar que no había nadie en la habitación, aunque yo notaba la presión de unos brazos a mi alrededor. La mente a veces se inventa unas paranoias increíbles. Luché contra el sueño y al final conseguí encender de nuevo la luz e incluso me levanté.
Evidentemente no había nadie. Me quedé pensativa un rato, pues había sido tan real que me había dado miedo. Luego he dormido sin sobresaltos hasta que me he despertado.

viernes, noviembre 17, 2006

Un e-mail


Marta me ha escrito un e-mail hoy. Realmente no me lo ha escrito hoy, sino hace unos días, aunque yo lo he leído hoy. Me ha hecho ilusión tener noticias de ella, y que me contara todo lo que estaban haciendo por allí.
Echo de menos a mis amigas. Por una vez no me ha preguntado cuándo voy, como si supiera la respuesta a esa pregunta. Y por una vez es posible que se equivoque y que nos veamos antes de lo que imagina. Pues ella piensa que volveré para Navidad y yo tengo en mente volver en el próximo puente, que no es seguro, como nada que pasa bajo los brazos de esa impulsividad que me caracteriza. Cualquier día entraré en una agencia de viajes y cogeré el billete sin pararme a pensarlo, para que luego no me pueda arrepentir.

Textos largos


Espero no volver a escribir en mucho tiempo un texto tan extenso como el del viaje a Roma. Es un texto que ya tenía redactado desde hace unos meses, nada más llegar. Sino es posible que no recordara muchos de los detalles que en él se relatan. Ayer simplemente lo pulí un poco.
El problema de un texto tan largo y con tal cantidad de imágenes es que se me traba el blog. Creo que no tiene nada que ver la extensión, sino las fotos. Tuve que reeditarlo varias veces porque nada más subirlo salían textos montados sobre las imágenes y todo con un desorden inaudito. Guiándome por el detallismo de la perfección conseguí, a duras penas, reordenarlo y terminé dándole un aspecto legible.
Que el blog me diera errores me sacaba de quicio. Creo que me pasé colgando imágenes, pero un texto sin imagen pierde mucho. Ya dije, al regresar de Roma, que traía algo más de 500 fotos. Evidentemente no las subí todas, eliminadas quedaron aquéllas donde yo salía y alguna más que no se veía bien o que estaba repetida.
Me hizo bien recordar aquellos momentos que pasé en la capital italiana.