
Es inconfundible el olor en cualquier rincón de la ciudad... el olor a castaña asada. Es un olor que penetra dentro de ti y se incrusta en tu interior durante un momento. Es el olor del otoño, junto a la lluvia y la tierra mojada, inconfundible entre la gente.
En cada rincón un puesto de castañas, posiblemente con gente que disfrute algo más que yo de esos frutos del tiempo. No me gustan las castañas, pero sí su olor, y pasar junto a los castañeros, recibir esa ráfaga de calor momentáneo... Efímero porque sólo en otoño se puede disfrutar de esta imagen de los castañeros al calor del fuego repartiendo cucuruchos llenos de castañas asadas entre la gente, gente que disfruta de ese manjar que hace olvidarse por un momento del frío.
En cada rincón un puesto de castañas, posiblemente con gente que disfrute algo más que yo de esos frutos del tiempo. No me gustan las castañas, pero sí su olor, y pasar junto a los castañeros, recibir esa ráfaga de calor momentáneo... Efímero porque sólo en otoño se puede disfrutar de esta imagen de los castañeros al calor del fuego repartiendo cucuruchos llenos de castañas asadas entre la gente, gente que disfruta de ese manjar que hace olvidarse por un momento del frío.
No hay comentarios:
Publicar un comentario