
Perú, siglo XVIII. Fray Junípero (Gabriel Byrne) es juzgado por el Tribunal de la Santa Inquisición peruano por la publicación de un libro considerado herético. En ese libro cuenta cómo fueron las vidas de las cinco personas que cayeron al abismo cuando las lianas del puente de San Luis Rey se rompieron justamente en el momento que cruzaban, y el franciscano intenta explicar por qué Dios intentó llevarse a esas personas y no a otras.
La marquesa de Montemayor (Kathy Bates) es una excéntrica mujer que vive sola intentando que su hija corresponda a su amor. La joven ha puesto tierra de por medio y es una condesa admirada en la Corte española. Desprecia a su madre y ni siquiera le escribe cartas.
El arzobispo de Lima (Robert de Niro) piensa que el origen de la locura inoportuna de la marquesa es esa vida solitaria que lleva, así que se dirige a un convento de novicias donde le pide a la abadesa (Geraldine Chaplin) compañía para la anciana acaudalada. Así que la abadesa despide temporalmente a la joven Pepita (Adriana Domínguez) para que descubra las costumbres mundanas junto a la marquesa. Y la novicia será la hija que la aristócrata nunca tuvo porque de ella recibirá el amor, el cariño y el cuidado que nunca recibió de su verdadera hija.
"La Perricholi" (Pilar López de Ayala) es la actriz más afamada y mejor pagada de Lima. La belleza y el talento de la joven llenan los teatros. Su maestro y admirador, el tío Pío (Harvey Keitel) cuida de ella, aunque no aprueba sus efímeros romances, hasta que aparece en escena el virrey del Perú (F. Murray Abraham), de quien necesitan su dinero y su apoyo. Los encantos de la actriz seducirán al virrey y terminan convirtiéndose en amantes. "La Perricholi" se queda embarazada y deja los escenarios, retirándose a un balneario donde pasará unos meses hasta que dé a luz.
Del convento habían salido dos hermanos gemelos, Esteban y Manuel, dos huérfanos a quienes las monjas les dieron una educación. Se comunican con un lenguaje secreto que nadie más conoce. La abadesa ve peligrar la virtud de sus novicias y decide sacarlos del convento y ponerlos a cargo del arzobispo. Éste es conocedor de su lenguaje secreto y les pide que se lo cuenten, pero ellos no hablan con nadie. Terminan trabajando en el teatro a las órdenes de "La Perricholi". Manuel le escribe las cartas, pero se atormenta con cada legajo que la actriz envía a sus amantes pues está enamorado de ella. Un día decide no seguir escribiéndole más misivas y los dos hermanos terminan huyendo del teatro. Se presentan en el puerto como estibadores y se pondrán a las órdenes del capitán Alvarado (John Lynch). Al amanecer, mientras cargan un barco, Manuel tiene un accidente que le produce un profundo corte en una pierna. Esteban le cuida pero cuando va a llamar al médico ya es tarde. Manuel muere y una parte de Esteban se va con él. Vuelve a las puertas del convento y la abadesa se da cuenta de la tristeza del muchacho, así que manda un mensaje urgente al capitán del barco. Cuando Esteban se cuelga de la cuerda con el fin de quitarse la vida, el capitán Alvarado entra en la estancia y le salva la vida. Le cuenta la historia de su hija, una hija que perdió, por eso va por todos los mares buscándola. Le trata con un afecto tal como podrían tenerlo un padre y un hijo y le propone ir con él por los mares.
Un foco de viruela se va extendiendo por Lima y la gente recoge sus escasas pertenencias y sale de la ciudad en busca de un lugar que no alcance la plaga. Una de las afectadas por la enfermedad es la actriz, que vive en un rancho alejado del mundo. En ese momento el tío Pío va a buscarla y le pide que le deje al niño a su cargo, que le educará y será su maestro en Lima. La actriz acepta. El capitán Alvarado decide llevarse al joven Esteban con él por las tierras peruanas y la marquesa se va de peregrinación para que su hija, de la que acaba de tener noticias, tenga un buen parto.
Todos coinciden en el mismo momento en el puente de San Luis Rey, pero sólo cinco lo cruzan, y sólo esos cinco fallecen. "Dios lo dispuso así" -comentaría fray Junípero.
La marquesa de Montemayor (Kathy Bates) es una excéntrica mujer que vive sola intentando que su hija corresponda a su amor. La joven ha puesto tierra de por medio y es una condesa admirada en la Corte española. Desprecia a su madre y ni siquiera le escribe cartas.
El arzobispo de Lima (Robert de Niro) piensa que el origen de la locura inoportuna de la marquesa es esa vida solitaria que lleva, así que se dirige a un convento de novicias donde le pide a la abadesa (Geraldine Chaplin) compañía para la anciana acaudalada. Así que la abadesa despide temporalmente a la joven Pepita (Adriana Domínguez) para que descubra las costumbres mundanas junto a la marquesa. Y la novicia será la hija que la aristócrata nunca tuvo porque de ella recibirá el amor, el cariño y el cuidado que nunca recibió de su verdadera hija.
"La Perricholi" (Pilar López de Ayala) es la actriz más afamada y mejor pagada de Lima. La belleza y el talento de la joven llenan los teatros. Su maestro y admirador, el tío Pío (Harvey Keitel) cuida de ella, aunque no aprueba sus efímeros romances, hasta que aparece en escena el virrey del Perú (F. Murray Abraham), de quien necesitan su dinero y su apoyo. Los encantos de la actriz seducirán al virrey y terminan convirtiéndose en amantes. "La Perricholi" se queda embarazada y deja los escenarios, retirándose a un balneario donde pasará unos meses hasta que dé a luz.
Del convento habían salido dos hermanos gemelos, Esteban y Manuel, dos huérfanos a quienes las monjas les dieron una educación. Se comunican con un lenguaje secreto que nadie más conoce. La abadesa ve peligrar la virtud de sus novicias y decide sacarlos del convento y ponerlos a cargo del arzobispo. Éste es conocedor de su lenguaje secreto y les pide que se lo cuenten, pero ellos no hablan con nadie. Terminan trabajando en el teatro a las órdenes de "La Perricholi". Manuel le escribe las cartas, pero se atormenta con cada legajo que la actriz envía a sus amantes pues está enamorado de ella. Un día decide no seguir escribiéndole más misivas y los dos hermanos terminan huyendo del teatro. Se presentan en el puerto como estibadores y se pondrán a las órdenes del capitán Alvarado (John Lynch). Al amanecer, mientras cargan un barco, Manuel tiene un accidente que le produce un profundo corte en una pierna. Esteban le cuida pero cuando va a llamar al médico ya es tarde. Manuel muere y una parte de Esteban se va con él. Vuelve a las puertas del convento y la abadesa se da cuenta de la tristeza del muchacho, así que manda un mensaje urgente al capitán del barco. Cuando Esteban se cuelga de la cuerda con el fin de quitarse la vida, el capitán Alvarado entra en la estancia y le salva la vida. Le cuenta la historia de su hija, una hija que perdió, por eso va por todos los mares buscándola. Le trata con un afecto tal como podrían tenerlo un padre y un hijo y le propone ir con él por los mares.
Un foco de viruela se va extendiendo por Lima y la gente recoge sus escasas pertenencias y sale de la ciudad en busca de un lugar que no alcance la plaga. Una de las afectadas por la enfermedad es la actriz, que vive en un rancho alejado del mundo. En ese momento el tío Pío va a buscarla y le pide que le deje al niño a su cargo, que le educará y será su maestro en Lima. La actriz acepta. El capitán Alvarado decide llevarse al joven Esteban con él por las tierras peruanas y la marquesa se va de peregrinación para que su hija, de la que acaba de tener noticias, tenga un buen parto.
Todos coinciden en el mismo momento en el puente de San Luis Rey, pero sólo cinco lo cruzan, y sólo esos cinco fallecen. "Dios lo dispuso así" -comentaría fray Junípero.
Es una historia de amor, de los diferentes modos de amar de las personas, de cómo los desastres o las pérdidas nos unen hacia otras personas que jamás imaginábamos. La novela homónima, de Thornton Wilder, ganó el Premio Pulitzer en 1928. Me la tendré que leer.
"Hay una tierra de los vivos y una tierra de los muertos. El puente entre ellas es el amor. Sólo él sobrevive y tiene sentido".
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