miércoles, diciembre 06, 2006

Las caras de Bélmez

Bélmez de la Moraleda es un pueblo jienense situado en la Sierra Mágina. Era un lugar tranquilo hasta que en los años 70 tiene un hecho parapsicológico que pone a todos en vilo, un hecho que todavía hoy en día sigue patente, con hipótesis sobre su veracidad. Todavía hoy sigue siendo un misterio.
El 23 de agosto de 1971, María Gómez Cámara apartaba la sartén del fogón donde hacía la cena cuando ante ella apareció la tétrica imagen de una mujer que la miraba desde el más allá. Aterrorizada salió a la calle gritando para comentarlo con sus vecinos.
Primera imagen aparecida, conocida como "La Pava"

Alarmados ante la misteriosa aparición de esta efigie enseguida la casa de María se vio invadida por un montón de curiosos que querían ver el rostro recién aparecido.
Aquí comienza una historia que dura hasta nuestros días. Jamás los vecinos de Bélmez de la Moraleda creyeron que pudiera ser un engaño de la pareja de ancianos que vivía en aquella casa, porque les conocían y eran respetados por tratarse de "buena gente" en el pueblo, personas que no daban qué hablar.
A partir de aquel día las apariciones de rostros eran frecuentes. Las imágenes aparecían, desaparecían, otras permanecían y algunas cambiaban de posición. María intentó limpiarlas con lejía pero los rostros nunca se fueron de allí. Un arquitecto rehizo todo el suelo de la cocina para hacer desaparecer las caras, que poco después reaparecieron sobre el nuevo bloque de cemento.
La noticia no sale del pueblo hasta que un joven periodista del diario Jaén, que rondaba por allí para hacer un reportaje sobre los olivos, dio con la exclusiva de su vida. Tras la publicación en el susodicho periódico, las voces empiezan a extenderse. Y varios periodistas del diario Pueblo, uno de los periódicos más leídos en aquel entonces, se trasladan hasta Bélmez para dar cuenta de lo que allí acontece. Cuando la noticia estalla a nivel nacional, el pueblo serrano se ve invadido por todo tipo de especialistas y curiosos: periodistas, investigadores de lo paranormal, científicos, y no sólo de España, sino también del extranjero.
Nadie puede explicarse lo que ocurre en aquella cocina. Así descubren que en la manzana donde estaba la casa, antes de convertirse en vivienda, aquello había sido un templo religioso y la casa podía estar construida en la parte correspondiente al antiguo cementerio. También pensaron en la posibilidad de que varios siglos atrás aquello fuera un burdel pues las imágenes de mujeres desnudas eran frecuentes. Se llegaron a grabar psicofonías de gente gritando. Se sabe que durante la invasión francesa, las tropas galas amontonaban en los patios de las casas a mujeres, ancianos y niños, dando lugar a matanzas horribles; es otra de las hipótesis pues la mayoría de los rostros corresponden a mujeres, ancianos y niños. Hoy el misterio de las caras sigue en pie, porque todavía no se ha descubierto por qué están ahí.
De lo que no cabe ninguna duda es de que los análisis críticos hechos a mediados de los años 70 estaban amañados de tal forma que se silenciara el tema. Desde lo más alto del poder, el Generalísimo había hecho acallar las dudas sobre algo paranormal en el pueblo de Bélmez. También la iglesia se dedicó a criticar las caras e inventó todo tipo de artimañas para quitarles credibilidad. Pero las caras estaban ahí, hablaban por sí solas, variaban de posición incluso estando la casa precintada.
Los medios de comunicación son los primeros en hablar de "Los caras de Bélmez" alegando que todo había sido hecho concienciadamente para llamar la atención sobre el pueblo. Y dejan de hablar del tema durante muchos años.
Pero los protagonistas de entonces, que todavía viven hoy, están seguros que eso no era producto de las actividades dudosas de las gentes de Bélmez con afán de protagonismo.
El alcalde de aquellos años fue amenazado desde lo más alto de los círculos de poder para que pusiera fin a todo aquel circo, pero él no tiene dudas sobre el tipo de personas que eran aquellos ancianos en cuya casa aparecieron los extraños rostros, ni tiene dudas sobre el halo de misterio de aquellas caras.
El sacerdote de aquellos días, que tan duramente criticó todo lo que allá acontecía, se vio obligado a utilizar incluso la mentira para mantener alejadas a las gentes de aquella casa demoníaca. En la actualidad, el buen hombre ha cambiado la sotana por una vida tranquila dedicada exclusivamente a la educación. No quiere ni siquiera hablar del tema, pero también acepta la veracidad de unos rostros venidos de un lugar inalcanzable para los humanos.
El notario que selló la casa y que presentó las actas de lo que allí ocurría no tiene ninguna duda sobre las misteriosas caras de la cocina de Bélmez. Sabe que nadie entró en la casa en todo el período que estuvo cerrada, y con sus propios ojos vio cómo las figuras habían cambiado de posición, aparecido otras nuevas y desaparecido algunas. Y no le caben dudas de que es un hecho inexplicable.

Quizás algún día se descubra realmente de dónde vienen esas caras que parecen gritar y pedir ayuda. De momento es más la gente que cree que vienen del más allá que de mano de algún bromista. Pero las caras, 30 años después, siguen ahí, siguen variando, continúan apareciendo nuevos rostros y desapareciendo otros viejos. Igual es una comunicación ininteligible, lo que está claro es que vengan de donde vengan están ahí por algo. ¡Qué yuyu!

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