sábado, diciembre 16, 2006

Buen humor


Y de repente estoy contenta. Ya ayer se me notaba, pues en cualquier sitio donde estuve despedía ese aura risueño. Es más, podría asegurar que no me río como ayer desde hace más de un año.
Y me refiero a todos los sitios, tanto aquí como en la calle, mi alegría era pegadiza. Además, volví a hacer algo que tenía olvidado en el trastero.
Hace unos años dejé de vacilar. Cuando lo hacía era de tal manera que provocaba la risa en el receptor o en la víctima. Se notaba que más que nada era una manera de conocer al otro y soltando alguna mentirijilla de vez en cuando. También he vacilado en el pasado de una manera malvada, simplemente porque veo que la otra persona se ha pasado. En cierto modo soy un poco como Amelie: cada uno recibe de mí lo que yo creo que se merece, es decir, si la persona es buena yo seré un ángel. Si veo una actitud cruel a mi alrededor... mejor no hablo de la maldad que puede salir de dentro de mí. Es más fácil ser malo que bueno. No hay ningún mérito en ser perverso.
Igual el estado de mi felicidad se debe a la proximidad de la Navidad. Sea por lo que sea, espero que dure un tiempo. Y que yo sepa disfrutar cada momento al máximo.

No tengo más ganas de escribir ahora. Son las 9 menos cuarto de la mañana. Y en vez de irme a la cama necesito pasear por las invernales calles de Salamanca a estas horas. Y es posible que vaya a paso de cangrejo, o saltando por la calle. De todas formas me sacaré la cámara, porque la ciudad está muy tranquila ahora. Por eso quiero salir, por ese silencio matinal del sábado que acaba de ver el alba.

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